Son cucharas de boj, talladas por manos temblorosas hace ya más de diez años. También conservo espátulas. Me hizo muchas y, aunque cada una que me regalaba era una ocasión única, uso unas para cocinar y otras las convertí en cuadros para rendir homenaje a esas manos que ya no están.
Este es un cuadro reciclado, sencillo y de un solo tono, pero con pequeños destellos: el brillo del tesoro que guarda.
Han hecho una “Interpretación Semiótica Visual Subjetiva” de uno de mis cuadros.
La semiótica visual es una rama de la semiología (semiótica) que trata sobre el estudio o interpretación de las imágenes, objetos e incluso gestos y expresiones corporales, para comprender o acoger una idea de lo que se está visualizando. Por ejemplo, un cuadro…
Alguien lo ve y me dice: “Esto ha nacido de la tristeza. El color lo dice todo. Estás triste…”.
Interpreta la imagen, canaliza toda la información y lo percibe así: triste…
En realidad, la cronología de la creación es otra:
Se me rompió una pulsera que llevaba años conmigo; su valor era emocional y quise conservar las cuentas de cristal.
Al ordenar el trastero descubrí un lienzo hecho polvo que podía reciclar y un espray de pintura de pizarra.
Al salir del trastero hacía un día espléndido. Todo se conectó de forma fluida: bastidor, pintura, cuentas de cristal, pegamento, sol. Me puse los cascos y… no hay semiótica para explicarlo.
Disfruté enormemente.
Lo que más me costó fue parar. Quería transmitir calma y, al mismo tiempo, tenía un propósito decorativo claro. Mi idea era dejar el bastidor casi vacío, porque sabía que iba a convivir con un pequeño taburete de mimbre y un jarrón. No hacía falta que compitiera con ellos: todos los elementos debían tener su propio espacio para respirar.
Fui disciplinada: pinté la base, pegué las estrellas que había ido encontrando en estos últimos tiempos y las situé en la parte superior, para que quedaran visibles. Después, dejé que la gran superficie en blanco hablara por sí misma, sostenida solo por la textura del fondo.
Pero no fue fácil. Con los cascos puestos, pintando al aire libre, las manos pedían seguir. El impulso era llenar, añadir, completar. Me costó detenerme.
Al final lo logré. Aunque confieso que estuve a dos canciones de rendirme.
“Para el Día del Orgullo, he creado una espiral infinita de ovillos de colores del arcoíris, cada uno sin cortar, sin dividir, sin esconder su centro. Porque están enteros, incluso cuando el mundo quiere reducirlos a hilos sueltos.
Cada ovillo representa una identidad. Algunos brillan, otros son mates. Hay lanas suaves, otras ásperas. Algodones, acrílicos, fibras mezcladas. Porque el Orgullo no es una bandera perfecta: es una madeja de diferencias que elige mostrarse sin pedir permiso.
En otra pieza, los colores se apilan verticalmente, sin tensión, sin disimulo. Rojo, naranja, amarillo, verde, azul, violeta. Uno encima del otro, con el peso justo. Sin aplastar.”
“La libertad de amar a quien quieras no necesita permiso, solo espacio para entrelazarse”
Este cuadro lo hice el día de San Juan, sin un plan. Usé la estructura de unos farolillos solares que tenía guardados y formé con ellos una flor. En el centro, un cristal.
Pinté una botella de vidrio con pintura de pizarra beige. También pinté las ramas secas para que todo respirara la misma calma. En el ramo, coloqué otro farolillo como un guiño al cuadro.
Luz de verano y algo de inspiración.
Estará en el hogar de una gente preciosa…
NB : La IA lo explica así.
“Inspirado por la dualidad entre lo natural y lo artificial, el conjunto nace de materiales cotidianos transformados en arte a través del gesto manual, la mirada poética y la precisión geométrica.
El elemento central del cuadro está compuesto por estructuras de farolillos solares para iluminación exterior, reutilizadas para formar una flor estilizada de seis pétalos. Su diseño recuerda el facetado de piedras preciosas, con un pequeño cristal en el centro que actúa como núcleo brillante, generando una metáfora visual entre la energía solar y la belleza natural.
Para acompañar la obra, se creó un ramo escultórico que dialoga con el cuadro. Una botella de vidrio fue pintada a mano con pintura de pizarra en tono beige, generando una base sobria y mate. Las ramas secas fueron también pintadas cuidadosamente, en la misma gama, para integrarse en una composición armónica y monocromática. Como gesto final, uno de los farolillos fue integrado en el centro del ramo, como un eco tridimensional del motivo floral del lienzo.
Todo el proceso fue realizado con calma, en un entorno doméstico, al aire libre. La elección de materiales sostenibles y la reutilización de objetos funcionales aportan un discurso silencioso sobre la belleza que nace del uso consciente, del detalle y de la luz que se conserva.”
Solo queda un cuadro que representa a la humanidad en el año 2025. Durante este milenio, los analistas han escrutado cada detalle, buscando en sus trazos las claves de un colapso del que apenas quedan registros. El tiempo ha borrado los nombres, las ciudades, las historias. Solo permanece el cuadro. Tras siglos de especulación, los estudiosos apenas han alcanzado una única certeza : aunque de diferentes tamaños, todos eran iguales.
Las pelotas de playa en una zona de la costa mediterránea oriental.
Las pistolas de agua.
Ovila Lanö es una artista digital contemporánea que explora la paradoja entre guerra y paz a través de lo artesanal. En su serie más destacada, “Wool not War”, reinterpreta armas—tanques, pistolas, granadas—tejidas con lana (ovillos), creando imágenes poderosamente simbólicas que aluden a la transformación del conflicto en ternura y resistencia pacífica .
Menos mal que hay gente que no sigue al rebaño, que no compra ideas en oferta.
Gente que dice “¿y si no?” cuando todo el mundo dice “claro que sí”. A veces se equivocan,pero muchas otras, hacen que el mundo avance. Porque para que algo cambie, alguien tiene que atreverse a pensar diferente. A ir contracorriente.
No hacen ruido por gusto, simplemente no encajan en los moldes . Son ovejas negras, mirlos blancos, girasoles que miran hacia otro lado. Porque si todos miramos en la misma dirección… ¿quién ve lo que nos estamos perdiendo?
El cuadro de los peces es el único real. Es el más imperfecto. Tanto la exposición como el resto de obras está generado por IA.