El otro día releí un artículo de 2013 sobre cómo “fabricar” un best seller y sentí ternura hacia mí misma: yo también quería escribir uno.
Aún hoy, me gustaría escribir ese libro que lo peta, que se vende, se recomienda, se regala y acaba teniendo adaptación audiovisual. Pero no solo por el éxito. Sobre todo, porque sé que quienes escriben historias se lo pasan en grande mientras las escriben. Doy fe.
Releyendo aquellas viejas recetas, ya no creo que la clave sea ser famoso, ni escribir siempre bonito, ni colocar un mensaje optimista con lacito. Creo que hoy un libro funciona si tiene pulso. Si provoca algo. Si te engancha.
El protagonista no tiene que ser ejemplar: tiene que ser inolvidable. El estilo no tiene que ser simple: tiene que ser claro y tener voz. Y la novela no tiene por qué ser larguísima: basta con que sea imposible de soltar.
Tampoco compro del todo eso de crear mundos escapistas. La realidad, bien mirada, ya es bastante extraña, bastante divertida y bastante feroz. Material no falta.
Pero la fórmula para el best seller del mundo mundial sigue siendo un misterio. Alguna idea me ronda pero para que sea un éxito debo combinar una voz propia, emoción, personajes memorables, una trama que no te suelte y la suerte de que los lectores entren ahí dentro y se queden .Ahí no es nada.
Y aunque, comparado con 2013, ahora haya más escaparates y más maneras de hacerse visible gracias a las redes, sospecho que en este asunto sigue habiendo un componente menos confesable: una pizca de alquimia.
Así que seguiré intentándolo.
¿Alguien conoce a un brujo o una bruja que trabaje por encargo?
El título de una obra no es un detalle menor: es la primera puerta de entrada, el lugar desde el que el lector empieza a mirar. Puede seducir, desconcertar, emocionar o quedarse grabado antes incluso de abrir el libro.
El Bookseller/Diagram Prize for Oddest Title of the Year, organizado por The Bookseller desde 1978, lleva esa idea al extremo: premia cada año el título de libro más extraño o insólito y juzga solo el título, no el contenido. Desde 2000, el ganador se decide por votación pública.
Lo curioso es que muchos de estos títulos no intentaban ser graciosos. Proceden de libros científicos, técnicos o académicos en los que el título describe exactamente el tema, pero fuera de contexto suena completamente surrealista. Por ejemplo, el ganador del año pasado es un ensayo serio sobre cultura y arte.
Ganadores de los últimos tres años
2025 The Pornographic Delicatessen: Midcentury Montréal’s Erotic Art, Media, and Spaces La delicatessen pornográfica: arte, medios y espacios eróticos del Montreal de mediados de siglo
2024
The Philosopher Fish: Sturgeon, Caviar, and the Geography of Desire El pez filósofo: esturión, caviar y la geografía del deseo
2023 Danger Sound Klaxon! The Horn That Changed History ¡Alerta sonora, klaxon! La bocina que cambió la historia
Mención honorífica
El libro How to Poo on a Date: The Lovers’ Guide to Toilet Etiquette, de Mats Jonasson, ganó el Diagram Prize en 2014. Forma parte de una pequeña serie humorística sobre “etiqueta de baño”. En este caso, no se trata de un ensayo científico, sino de un manual cómico e ilustrado sobre cómo sobrevivir a una situación incómoda cuando estás con alguien que te gusta.
Mi cuñada cree que estoy mal. Se le nota cuando entra con sus tacones —que arañan mi tarima— y su sonrisa de “hoy vengo a desordenarte”.
En mi casa las cosas van donde deben. Las revistas de decoración no se tiran en la mesa: se colocan. Alineadas, apiladas por tamaño, portada centrada. Mi cuñada se sienta, suspira y las manosea como si fueran folletos gratis: abre una, dobla otra, deja una boca abajo… encima del platito inca. Luego aparta los cojines “porque molestan”. Yo respiro, cuento hasta diez y sonrío…
Pero, hoy, por primera vez, he dudado de mí. Es urgente que os lo explique.
Abrí el cajón de la cubertería para coger la cuchara perfecta del cappuccino y vi un tenedor en el compartimento de los cuchillos. Pensé en mi cuñada, que había estado trasteando los cajones en busca de un abridor. Seguro que lo había movido para molestarme.Lo agarré para corregirlo y noté un tirón leve, una resistencia absurda del metal. Lo dejé con los tenedores. Cerré.
Sollozos.
Abrí: silencio. Y el tenedor había avanzado hacia las cucharas. Lo devolví a su lugar. .
Cerré el cajón.
Llanto. Abrí. Silencio.
Ahora estaba atravesado, perpendicular y ocupando más espacio. Tuve la sensación que el tenedor se movía a su antojo. De locos.
Salí de casa para no pensar. Volví del mercado, necesité un cuchillo para cortar la malla de las naranjas y abrí el cajón.
El tenedor estaba con los cuchillos.
Ahí lo supe: no era un error. Se trasladaba de compartimento y me estaba desafiando.
Lo tiré a la basura. Bajé la bolsa y la arrojé al contenedor, satisfecha, como quien restablece el orden mundial. Al subir, los sollozos se habían convertido en alaridos. Abrí el cajón y lo entendí demasiado tarde:
El que lloraba no era el tenedor.
Era el cuchillo.
Escribo con el metal clavado en el pecho, gimoteando histéricamente. Ha sido un crimen pasional: el cuchillo y el tenedor se amaban. No soportaron la separación. El exilio del tenedor despertó al monstruo del cuchillo, que se abalanzó sobre mí y se ha quedado aquí, clavado en el centro de mi corazón , llorando por su amor perdido.
Me queda poco.
Mi última voluntad es simple:
Que este cuchillo sea entregado, como herencia, a mi cuñada.
De andar por casa” : algo sencillo, casero y nada sofisticado.
Esta es una recopilación de diez relatos breves de andar por casa porque, si los lees, recorrerás una casa: recibidor, baño, dormitorio, cocina, salón, terraza… Espacios de hogar, espacios de vida.
Os invito a cruzar la puerta.
Lo primero que encontraréis es un recibidor y a Manuela.
Es la casa. Creo. ¿Será la casa la que convierte los objetos?… ¿Qué les pasa a estos muebles? El sofá se me sube por las paredes. Una silla se me pone en plan obsceno… ¿O me hace una peineta? No sé.
La blanca, de lamas, me intenta agredir cada vez que me acerco.
Y la silla de la cocina, esa silla…Se desploma cada vez que voy a sentarme.
Los cubiertos han mutado…
Durante semanas he estado buscando información en la Biblioteca Municipal. He investigado todo: fecha de construcción, reformas, censo de propietarios e inquilinos, estado del terreno antes de edificar…
A mí me marcóPoltergeisty, cuando empezaron estos episodios, pensé: “Ya está, cementerio, tierra sagrada”. Reconforta tener una explicación, aunque no encaje. Pero no: ni tierra sagrada ni rinconcito místico—eran campos de patatas.
La casa —un bajo esquinero adosado— se levantó en 2003, en una urbanización de altostandingcon piscina comunitaria. Hablé con los antiguos dueños: nada raro.
Aquí, además, nunca pasa nada… “Es todo muy tranquilo” —dicen los vecinos—.
Salvo una novedad: han inaugurado, a pocos kilómetros, un granoutletde mobiliario.
Desde entonces, mis muebles y el menaje, están a la defensiva. Se mueven, gruñen, posan. No es poltergeist: esuna revolución.
Han oído lo de “renovar por menos” y no quieren acabar sustituidos por madera hueca y barniz de oferta.
Algunos, incluso, han empezado a imitar a losobjetos imposiblesde Jacques Carelman, como si la rareza les garantizara el puesto.
Les he propuesto un trato: se quedansi firmanla paz. Nada de trepar paredes ni peinetas. A cambio, prometo no meter nada del outlet. Creo que están dispuestos a negociar.
Estoy preparando una mudanza y me he dedicado a clasificar los libros y ponerlos en cajas. Hay algunos que son muy especiales para mí y, dos de ellos, me han hecho evocar una experiencia única.
La noche que conocí a un Premio Nobel de Literatura…
Camilo José Cela (1916-2002) Nobel de Literatura, Marqués de Iria Flavia, Senador, Miembro de la Real Academia de la Lengua Española y Gran Provocador.
Sus novelas son joyas literarias en las que Cela, pule y cuida nuestro idioma y lo hace con virtuosismo, ajustándolo con precisión y sencillez :
“Los mismos cueros tenemos todos los mortales al nacer y, sin embargo, cuando vamos creciendo, el destino se complace en variarnos como si fuésemos de cera y destinarnos por sendas diferentes al mismo fin : la muerte”.
Esta es una exquisita micro porción de La familia de Pascual Duarte, su primera novela de éxito. Después vendrían otras novelas La Colmena, La Catira ,Madera de boj, etc. ; libros de viajes como El Viaje a la Alcarria, Del Miño al Bidasoa, Judíos, moros y cristianos ; narraciones breves recogidas en Apuntes Carpetovetónicos , obras de teatro, cientos de artículos periodísticos…
Una personalidad destacada en la prosa española y reconocida a nivel internacional, con la concesión del Premio Nobel de Literatura (1989).
Mi primer contacto con este escritor es extraño. Mi padre, tenía un libro en su biblioteca que no nos permitía leer. O sea: estaba prohibido. En aquella época se me antojaba un libro muy atrayente. ¿Ya os he dicho que estaba prohibido? Cuando mis padres se iban y nos dejaban solos, nos las apañábamos para localizar y llegar a ese libro: el de las fotos. Y con esos textos oscuros…El título: “Izas, Rabizas y Colipoterras “. Fotografías del Barrio Chino de Barcelona y las prostitutas, clientela y entorno en los años 60. Pequeños relatos de Camilo José Cela, acompañando las fotos de Juan Colom. Aún hoy, me produce una cierta sensación de que estoy leyendo algo prohibido.
Más tarde, tuvimos que leer a Cela en el colegio. Siempre me gustó La Familia de Pascual Duarte, así que no fue mucho problema.
En los 90, tuve el inmenso placer de conocer personalmente al flamante Premio Nobel de Literatura (aunque para mí siempre sería el “señor que había escrito el libro prohibido”).Me gustaría explicarlo con humildad y con la emoción que me produce, ahora, rememorarlo. Hace muchísimo tiempo que no recordaba esa noche especial. Y es que me sorprende pensar que viví esa experiencia de una manera más o menos normal y, ahora, muchos años después, me parece una pasada. El tiempo da un baño de brillo especial a según qué recuerdos, supongo.
En esa época, para mí en la Universidad, me atreví a enviar un relato a un Concurso en Valencia y gané. Para ser más exactos, compartí el primer premio con un afable escritor, ya mayor y retirado en Castellón , después de muchos años de trabajo en Ginebra, en El Club del Libro Español de la ONU . Ese hombre fue mi mentor y maestro en mis primeros pasos en esto de escribir. Eran tiempos de correo manuscrito, de envíos de mis cuentos, escritos a máquina, que él me devolvía corregidos y con asesoramiento.Un día, me llamó por teléfono para invitarme a una “cena de gala” en su casa, para homenajear a su gran amigo Camilo José Cela. ¿? Aquello me sonó galáctico.
Recuerdo a mi pareja, alquilando un esmoquin. Mi padre, más emocionado que yo, también con el suyo.Yo misma, con un chal de seda (de los que sólo te ponías si ibas de boda y siempre te lo dejaba alguien que tenía uno bueno). Aquella casa, imponente. El jardín iluminado y Camilo Jose Cela sentado en un butacón de mimbre, saludando a los invitados. Después, mi amigo me lo presentó y le habló de ese premio compartido. De ese momento recuerdo instantes de la charla agradable , los consejos y que el chal me resbalaba continuamente por los hombros… Fue muy amable y prometió enviarme un libro dedicado.
Al cabo de un tiempo, recibí un paquete. Dentro, había un libro , con una nota “De parte del maestro” y una dedicatoria.
Ni que decir tiene que fueron tiempos de leer mucho a Cela y que tengo una especial debilidad por él. Será por esos dos libros únicos y llenos de recuerdos : el libro prohibido y “mi” libro dedicado.
«Al otro lado de la mirilla», es el lema de la XVII edición del Premio de Microrrelatos, convocado por las Bibliotecas Municipales del Ayuntamiento de Madrid.
«Una mirilla no deja de ser una abertura que comunica dos espacios diferenciados. Probablemente la primera idea al leer la palabra nos lleve a la abertura en la puerta de casa que comunica con el descansillo. Lógico, pero con este tema queremos abrir las posibilidades, ese es nuestro objetivo: ampliar las miras y dejarnos llevar por una infinidad de aberturas que comunican mundos, espacios, emociones…»
Os dejo una novela corta para las vacaciones. Una mezcla de arte románico, de historia, de misterio, de amor, de pueblos pequeños y de la #Españavaciada.
Tiene hasta un Indiana Jones… ; – )
Basada en hechos reales y con un protagonista que no me abandona : el Inspector Eusebio Flórez ( el agudo policía de la novela Incipits )que ahora lo tengo jubilado y aburrido en su pueblo natal…
Me encantó escribirla y espero, deseo que. al osado lector que se atreva a dedicarle su tiempo de lectura, le encante leerla.
Ha pasado un mes. Sólo treinta días desde que compré este lápiz con goma incorporada. De esos de toda la vida pero de color negro. Si hubiese sabido todo lo que me depararía el destino por un maldito lápiz no me hubiese detenido en aquella extraña tienda. Ni hubiese entrado. No habría visto a esa mujer, arrugada y casi ciega que había recitado un extraño verso cuando me tendió el lápiz. No hubiesen desaparecido tantas personas…
Y lo más curioso es que ni necesitaba ni quería un lápiz.
Estoy a punto de acabar con esta locura.
Debo borrar mi nombre de esta hoja arrugada: ”Pepita Pérez”. Me he recreado y lo he escrito con una delicada caligrafía .Ahora, sólo tengo que pasar la goma por encima, suavemente…
Descubrí que podía hacer desparecer a cualquier persona de la que conociera su nombre. Sólo tenía que escribirlo para después, borrarlo con aquella puntita de goma que corona el lápiz. Sí, sí, de esos de toda la vida pero de color negro. El ser humano escogido, se desintegraba, dejando una desagradable estela de olor a chamuscado. Rápido y eficaz.
He perdido la cuenta de cuantos he borrado.Muchos. Demasiados e inocentes pero ahora puedo pararlo.
Debo pararlo.
Pepita Pér…
Esta es una adaptación del texto «Soul Eraser» , reducido a 200 palabras para un Certamen de Microrrelatos .