Me han regalado un libro de la obra de Banksy. Me encanta.
( Gràcies! )
Me gusta su arte urbano y el mensaje. Y me fascina el misterio que rodea su identidad.
Piensas en referentes tópicos: joven, con sudadera y capucha, pero puede ser cualquiera. Mujer, hombre, joven, no tan joven, de profesión creativa, de profesión aburrida, uno, varios, …
Lo que más me fascina, por eso, es que, en un mundo tan intercomunicado, plagado de manos con smartphones que pueden aparecer en cualquier calle o ventana y cámaras de seguridad que lo graban todo, Banksy siga siendo un desconocido/a.
Cada día, veíamos a un pintor, concentrado, con todo su material expuesto en una escalera de un portal de camino a la Fontana Di Trevi. Pintaba lentamente, ajeno a la marabunta humana que pasaba por su lado. Una de las veces, esperé un rato a su lado, mientras hacían cola para comprar un helado. Pude ver cómo iba completando una de las láminas, con trazo seguro y de esos que salen fácil. Dada mi incapacidad para el dibujo y la pintura, envidié sanamente ese don. También que sonreía a cualquiera que le interpelaba o miraba como pintaba… como yo.
Le compré una lámina. El tema de incluir Vespa o Seiscientos, en el paisaje turístico, no es demasiado original, pero yo le puedo dotar de un análisis semiótico artístico-emocional imbatible: la pintura representa el recuerdo del viaje a Roma y la de ese extraordinario y humilde pintor.
La Vespa (una modelo Primavera y otra con faro Mortadelo) me traslada a mi juventud. Esa moto me llevó a muchos sitios a los que volvería.
Y, finalmente, el Seiscientos. Ese coche encantador, que fue el primero que tuvo mi madre. Arranque de palanca y muchos viajes con “parada técnica” porque el coche se recalentaba y salía humo por el radiador. También volvería allí…
NB: No le pregunté al pintor por su nombre. No caí en ese momento así que publico su firma para que quede constancia de la autoría.
En el Trastevere, hay una plaza dedicada a este poeta italiano. Trilussa fue su seudónimo, se llamaba Carlo Alberto Salustri (1871-1950). Fue uno de los poetas más importantes de la literatura italiana del siglo XX.
Una de sus características es que escribía en romanesco, una variedad del italiano hablado en la región de Roma. He leído que era famoso por su estilo humorístico y satírico y por su forma de retratar la vida cotidiana.
Tiene una poesía llamada “La estadística”, en la que reflexiona sobre las medias estadísticas e hicieron famosos los “Pollos de Trilussa”: “Resulta que te toca un pollo al año, según las estadísticas de ahora; aunque no lo comas, entra igualmente en la estadística, porque existe otro que come dos”.
Acabo con un poema bonito como este:
“C’è un’ape che si posa su un bottone di rosa: lo succhia e se ne va.
Tutto sommato, la felicità è una piccola cosa.”
Hay una abeja que se posa sobre un botón de rosa: lo chupa y se va. / Considerándolo todo, la felicidad es una cosa pequeña.
Esta casa está en el barrio de Prati, en Roma, en la orilla derecha del río Tíber.
Está decorada con pinturas de pájaros en los frisos.
Y coronada por golondrinas.
El amor por las aves se hace tan evidente en su fachada, que he estado varios días, pensando que la gaviota que estaba posada en el techo era una escultura. La veía siempre. Inmóvil. En la misma posición.
Me gusta el edificio y los detalles que lo hacen peculiar, así que decido hacer las fotos.
Y entonces, le hago zoom a la gaviota.
Parece que se mueve. Y lo hace. Y como si supiera que la estoy fotografiando, alza el vuelo.
Cabeza cuadrada, según la RAE, se refiere a una persona metódica y demasiado obstinada.
En cambio, no he encontrado en la Real Academia, la expresión Mente cuadradaque es el título de este cuadro. Y aunque no esté recogido oficialmente, existe un significado asociado que casi todos reconocemos: alguien poco flexible, con unas ideas o comportamientos rígidos que es difícil cambiar. Tener la mente cuadrada, no es malo en sí mismo. Lo que lo hace un rasgo negativo es el marco cuadrado en el que se ancla esa mente. Si se es una mente cuadrada en lo referente a la ecología y a la sostenibilidad, es un atributo positivo. Si, en cambio, por poner un ejemplo, la mente cuadrada no acepta la diversidad de pueblos y razas y solo es buena opción su pueblo y su raza, es un atributo negativo. Desgraciadamente, cuando nos referimos a mentes cuadradas que no cuadriculadas, no nos referimos a lo bueno.
Si algo vas aprendiendo, de la naturaleza, del ser humano y de la vida en general es que hay cambios. Muchos, pocos, buenos, malos, pero nos enfrentamos a situaciones nuevas en contextos nuevos que solo podemos superar si nos adaptamos, cambiando al más puro estilo Darwiniano y ahí, de nada sirve ser cuadrado.
El latín debe su nombre por haber sido una lengua hablada por los habitantes del Latium o Lacio (latinos) hacia el año 1000 a.C. aunque hay escritos que datan del siglo VI a.C ya en latín. Latium era una zona del centro de Italia y su capital era Roma.
Del latín, derivaron las lenguas romances, románicas: español, portugués, gallego, catalán, provenzal, francés, italiano, rético, sardo, dálmata y rumano. La lengua actual que más se parece es el italiano. Respecto al español, su léxico está constituido por alrededor de un 70 % de palabras derivadas del latín. En El Vaticano, es lengua oficial.
Si en el 2023, nos pasearemos por el Lacio del Imperio Romano, algo entenderíamos ya que aún hoy, utilizamos palabras latinas. En Derecho es muy habitual, pero, también en nuestra vida cotidiana: ídem, ipso facto, ultimátum, a posteriori, a priori, curriculum vitae, in vitro, alter ego, bis, grosso modo, honoris causa, in fraganti, lapsus, viceversa, etc.
Se me ocurrió utilizar mis letras de madera con las que he hecho la serie de cuadros “Letras de Madera”, para crear un texto en latín, a partir de una frase que oí en una película. Fue el detonante.
La frase es: Memento mori. Recuerda que vas a morir. Una buena frase para estos días de en los que recordamos a los que murieron. Es un inicio que podría parecer lúgubre, pero, no. Es todo lo contrario.
Recordar que todos vamos a morir, sirve para recordar, también a su opuesto, que debemos vivir, que el tiempo pasa y no te das cuenta. El cuadro se titula «Vivere».
Esta vez, las letras de madera me han servido para hacer un Love partido.
Porque no sé qué pasa en el mundo que el amor se ha roto y está por ahí, en fragmentos que se deben unir. Ojalá solo fueran dos trozos, pero parece que se ha fragmentado en nanopartículas.
Tengo un “Lo” y un “Ve” y los voy a colgar juntos.
Una mañana fui de compras a un súper y en la entrada, había un expositor con muchos artículos para hacer tus DIY. Antes que la fruta y la verdura, cargué en el carrito: letras de madera, dos cajas, un cactus de cartón y pegamento. En casa tengo pintura de pizarra …
La figura del cactus siempre me ha gustado. Una planta de tipo suculenta, que almacena agua en sus tallos y necesita poca para sobrevivir. Es de climas extremos y poco amables. Se dice que los cactus tienen espinas para defenderse de los depredadores, pero no son solo un arma de protección. Su principal cometido es ayudar a la planta a soportar temperaturas extremas) de hasta 60 ºC). Son hojas modificadas para retener el agua.
Tiene mala fama. Yo la he utilizado en este blog como metáfora de las personalidades tóxicas. Todos habréis oído frases del tipo: “Amar a quien no te ama, es como abrazar un cactus” “Cuanto más lo abraces, más te dolerá” pero hemos sido injustos con los cactus.
Le atribuimos el mal abrazo cuando no deberíamos abrazarlo, ni sentarnos encima, ¿no? La lógica es abrumadora. Y en cambio, olvidamos que simboliza la resistencia y que, aun estando en el desierto, florece y cuando lo hace sus flores son preciosas.