¿Qué hay que tener para ser insensible a una guerra? ¿Qué mecanismo se activa para olvidar la sangre y el terror? ¿Qué vuelve a alguien aséptico ante la muerte, las mutilaciones y el destrozo de vidas en toda su magnitud?
Tiene que existir una explicación científica para este fenómeno, porque el sentido común te dice, casi a gritos, que eso está mal. Muy mal.
Tal vez no se trate solo de un fallo del cerebro, sino también de una renuncia a la compasión, esa disposición humana básica que nos permite reconocer el dolor ajeno. Son personas que han desarrollado una forma de desconexión moral. La psicología la describe como un proceso cognitivo por el cual uno se separa de sus propios frenos morales y deja de sentirse interpelado por el daño.
Sí, hay explicaciones, pero ninguna tranquiliza. Porque cuando desaparecen la compasión y la respuesta moral, dejamos de parecernos a la humanidad.
Pero conviene no olvidarlo: son más los que no quieren la guerra que los que la alimentan. Más los que la rechazan y siguen creyendo en la paz. Ha llegado el momento de que esa mayoría deje de ser silenciosa. Es la única cura posible para evitar que la enfermedad del horror se propague.
Gimme Shelter -Dame Refugio- (1969): la canción de The Rolling Stones que sigue sonando actual en 2025.
El título y la letra deGimme Shelter, grabada en 1969, nos recuerdan que nuestra evolución —en lo que respecta a la concordia y al entendimiento humano— avanza con una lentitud desesperante. Hace ya56 años, Mick Jagger cantaba “dame refugio” y advertía de que la guerra estaba a solo un disparo de distancia.
Hoy, en2025, seguimos conviviendo con conflictos armados y millones de personas continúan necesitando refugio. No parece que hayamos aprendido demasiado.
Este tema alude a los horrores de laguerra de Vietnamy al clima de amenaza permanente que marcó una época. Aunque nunca fue lanzado como sencillo, con el tiempo se convirtió en uno de los temas favoritos del público en los directos deThe Rolling Stonesdesde sus primeras interpretaciones.
La crítica la considera una de las mejores grabaciones de la banda y, también, una de las grandes canciones de la historia del rock.
Y, aun así,Gimme Shelterno termina mal. Con toda la energía del rock y una letra demoledora, la canción se cierra con una estrofa que deja espacio para la esperanza:
I tell you… Love, sister, It’s just a kiss away…
Necesitamos ir más rápido en lo de la humanidad para que el significado de esta canción quede, por fin, definitivamente desfasado. Porque el amor —como decía Jagger— está a solo un beso de distancia.
NB 1 : En el contexto de la canción Gimme Shelter , shelter no es solo un lugar físico, sino protección frente al caos, la violencia o la guerra.
NB 2 : Gimme Shelterfue clasificada en el puesto nº 38 deLas 500 mejores canciones de todos los tiempos, según la lista publicada en 2004 por la revistaRolling Stone.
En invierno, los plataneros se quedan como esqueletos elegantes: ramas desnudas, cielo limpio y esas bolas cargadas de polen, esperando la primavera.
Estos días se han balanceado con frenesí por el episodio de viento fuerte que hemos tenido en la zona. Mirando su baile, de repente vi algo blanco colgado en lo alto de las ramas.
De lejos era un trapo. Una camiseta. Una sábana pequeña… Y durante unos segundos —qué fácil es esto— pensé: una señal. Una de esas señales tontas y necesarias que una se inventa para esperanzarse.
Me pareció una bandera de la paz. Un deseo. Una señal del futuro… pero hice zoom.
No era tela. Era plástico.
Una bolsa atrapada entre las ramas, una “enseña” blanca que no debería estar ahí.
Lo inquietante no fue la bolsa, sino lo bien que imitaba la paz desde lejos.
La próxima vez que vea algo blanco en lo alto de un árbol, volveré a pensar —por un segundo— que es una bandera de las buenas, la única buena. Y luego no haré zoom.
Teodora trabajaba como restauradora en el Museo de Historia de la ciudad. Se había doctorado en la especialidad de Objetos del Siglo XXI y pasaba largas horas devolviendo la vida a piezas rescatadas de los yacimientos arqueológicos de las antiguas urbanizaciones.
El último trabajo, del que estaba especialmente orgullosa, había sido la restauración de un teléfono primitivo llamado iPhone, cuya minuciosidad había sorprendido a sus superiores.
No la extrañó que la citaran en la planta de Dirección. Entró en el despacho preparada para recibir una felicitación y salió de allí emocionada: le habían confiado el encargo más importante de su vida.
El sofá amarillo.
El sofá de la Revolución.
Ese sofá.
Acababa de desembalarlo. Lo examinó con cuidado: un modelo Chester, con su capitoné característico y los brazos a la misma altura que el respaldo. La piel amarilla, gastada por el tiempo, parecía aún guardar el calor de quienes lo habían habitado. Restaurarlo exigiría toda su destreza.
Al someterlo al escáner molecular, apareció algo inesperado: un fragmento de celulosa entre los muelles centrales del respaldo.
¿Papel?
Lo extrajo con delicadeza y lo aisló en atmósfera cero. Era una carta. Una carta de papel, del siglo XXI.
Con el corazón acelerado, activó el tecno-lector. La voz del pasado comenzó a desplegarse ante sus ojos.
Aquí lo hicimos.
Aquí nació todo. Fue en este sofá. Este mismo.
Eran malos tiempos. La pobreza alcanzaba al ochenta por ciento de la población, y los recursos y el poder se concentraban en unos pocos. Nadie podía intervenir en sus decisiones. No existía el diálogo… y la miseria crecía.
Empezamos a reunirnos en las calles. Éramos centenares de desilusionados que buscábamos lo mínimo para sobrevivir. Nos encontrábamos en parques o junto a los contenedores. Hablábamos. Nos reconocíamos.
Un día apareció este sofá amarillo. Yo, agotado, me senté. Cerré los ojos un instante y alguien me saludó. Era un hombre lleno de ideas, de soluciones posibles. Mientras hablábamos, se unieron otros dos. Entre todos dimos la vuelta al mundo con palabras, con puntos de vista distintos, con ideas, muchas ideas.
Al día siguiente, el sofá nos esperaba. Y nosotros a él. La conversación continuó. Pronto llegaron más personas con otros sofás: floreados, rayados, de todos los colores.
Un mes después, las calles eran un tapiz de sofás. Cada uno rebosaba voces, conocimiento, experiencias. Así nació lo que llamaron la Revolución del Sofá.
Cuando miles de sofás ocuparon las ciudades, comprendimos que teníamos en las manos algo esencial: la fuerza de dialogar. Entonces hicimos que aquellos que decidían por nosotros se sentaran también. Que escucharan. Que respondieran.
Ese fue el inicio de una nueva era. Un tiempo en que la multitud silenciosa habló, y fue escuchada.
Ruego a quien lea estas palabras que no lo olvide nunca.
Aquí lo hicimos.
Una lágrima resbaló por la mejilla de Teodora. No era una mujer propensa a la emoción, pero aquel sofá agrietado parecía latir bajo su mano.
Tenía en sus manos el encargo de su vida: restaurar y preservar un símbolo.
Se enfundó el traje de protección y comenzó a trabajar.
Hoy, el sofá amarillo de la Revolución del Sofá, restaurado por la doctora Teodora Comonuevo, y la carta hallada en su interior forman parte de la exposición itinerante No hay que olvidar, que recorre las ciudades del país como memoria viva de un tiempo en que un simple mueble encendió la chispa del cambio.
Las pelotas de playa en una zona de la costa mediterránea oriental.
Las pistolas de agua.
Ovila Lanö es una artista digital contemporánea que explora la paradoja entre guerra y paz a través de lo artesanal. En su serie más destacada, “Wool not War”, reinterpreta armas—tanques, pistolas, granadas—tejidas con lana (ovillos), creando imágenes poderosamente simbólicas que aluden a la transformación del conflicto en ternura y resistencia pacífica .
Me imagino a mi madre, esta mañana, que ya estará con sus amigas , en el súper de turno y carrito en mano, preparada para hacer acopio de existencias.
Lo ha visto en las noticias: hay que preparar un kit de supervivencia.
Me pregunta si va a haber una guerra.
Imagínatelo.
Ya hay guerras pero están lejos…
Eso no se lo digo. Le digo que tranquila, que nadie está tan loco como para llegar a eso pero el telediario , me quita credibilidad.
Dudo y lo nota.
Me dice que no me preocupe, que ella comprará los kits de supervivencia para todos. Esta decidida. Menos lo del agua, que me pide que lo haga yo online porque se puso ósmosis para no tener agua embotellada y mira ahora.
Y no le digo que no a nada aunque no me puedo imaginar que vayamos a necesitar el kit ( me cuesta volver a escribir «de supervivencia» ) pero ¿era imaginable todo lo que está pasando ahora mismo en el mundo?
Al despedirnos, me da una radio porque ella tiene varias.
Dicen que será útil para estar informados en caso de necesidad.
Imagínatelo…
Prefiero que al poner esa radio suene este otro Imagine.
Grandpa Elliott con su armónica, Clarence Bekker desde Amsterdam y el propio Lennon , a partir del minuto 3:06.
Hay que añadirlo al kit, es necesario para la supervivencia…
Imaginad que no hay paraíso es fácil si lo intentáis ni infierno a nuestros pies en lo alto solo el firmamento imaginad todo el mundo viviendo el hoy.
Imaginad que no hay países no es difícil hacerlo nada por lo que matar o morir y tampoco religiones imaginad a todo el mundo viviendo su vida en paz.
Diréis que soy un soñador pero no soy el único quizá algún día os suméis a nosotros y el mundo será de todos.
Imaginad que no hay propiedades me pregunto si podréis hacerlo que no tiene por qué haber avaricia ni hambre una hermandad humana imaginad que todos compartimos el mundo.
Me gusta caminar. No es nada nuevo. De joven, había días en los que no cogía la moto para ir a la facultad y hacía el camino andando. No era mucho, unos tres cuartos de hora, pero resultaba placentero, sobre todo a la vuelta. Si ya había anochecido o casi, veía los pisos iluminados, las diferentes estancias, y fantaseaba con las vidas que se adivinaban allí.
Ahora acostumbro a unificar recados y hacerlos todos andando. Lo he convertido en una rutina. Al principio, llegaba a casa con las bolsas colgadas al hombro, y el camino se volvía penoso al final. Pero evolucioné hasta comprar un carrito de la compra, un artilugio que nunca había tenido en mi vida. Todo un descubrimiento. Es simple, pero muy funcional.
Modelo RADARBULLE de IKEA.
Y me sigue pasando lo del fantaseo. Voy con los cascos, oyendo música, y ahora que es invierno, cuando el sol ya se pone, veo las luces de los pisos. El fulgor azulado de las televisiones me hace pensar en alguien sentado en un sofá o un sillón, pendiente de la pantalla. Pero las luces que más me gustan son las de las cocinas: focos, lámparas colgantes, fluorescentes que se intuyen detrás de las cortinas o se ven directamente desde ventanas desnudas. Hay trasiego. Apago la música y escucho los sonidos de la cocina. Llegan aromas, a veces apetecibles, otras no. Veo personas moviéndose por la estancia como en una coreografía, estirando los brazos, removiendo lo que haya en la sartén. Imagino las vidas de las familias, de las parejas, de los solitarios que habitan allí.
Pienso en positivo. Son imágenes bonitas. No tiendo al drama, que bastante hay ya en el mundo. Pero el otro día, en mi fantasía, apareció una pregunta: ¿qué hemos hecho?, ¿qué han hecho todas esas almas para que el gobierno mundial del planeta esté en manos de gente que, si algo no aporta, es luz? Todo lo contrario, imponen la oscuridad.
Sigo caminando , arrastrando mi carrito y vuelvo a la música . Escucho la voz luminosa de Chiara Civello cantando Il Mondo.
Il mondo Non si è fermato mai un momento La notte insegue sempre il giorno Ed il giorno verrà.