
Y volverá, con la misma imperfección de siempre…


Y volverá, con la misma imperfección de siempre…


Hay gente que pone árbol: es bonito, luce bien, huele a infancia y proclama la Navidad. Y también están quienes, sin renunciar a la fiesta, se las ingenian sin árbol.

Cualquier cosa sirve para crear la estética navideña: una pirámide de ovillos, de libros, una escalera, una constelación de luces o una forma triangular hecha con lo que ya tienen en casa.


Es un árbol que, además de luces, tiene imaginación. Y convierte la Navidad en un gesto creativo.


Propongo una nueva tradición, a libre disposición de quien quiera adoptarla: cada año hay que inventar un árbol distinto… sin árbol. Y si queda torcido, mejor: es más real.

La Navidad se va acercando y el blog entra en modo navideño.
Hoy, con espíritu Grinch.

El Grinch-Gruñón es ese duendecillo verde, con una mala baba increíble, que intentó robar la Navidad. Se dice que su corazón es dos tallas más pequeño. Es curioso que se haya convertido en la figura oficial de quien odia la Navidad cuando, en realidad, al final del fantástico cuento del Dr. Seuss, el Grinch se da cuenta de su gran equivocación, se ablanda y se vuelve casi adorable. Su error fue pensar que, robando los adornos navideños y los regalos, podía cargarse la fiesta. La moraleja es que la Navidad es mucho más que luces y paquetes. A él, incluso, le crece el corazón…
A mí, el Grinch me cae simpático. Sobre todo ahora, que empiezo a entender perfectamente eso de robar adornos navideños. No es mala idea…
Sobre todo si empezamos por los que contaminan visualmente. Mi vecino ya ha colgado sus luces, como cada año y las veo desde a mi ventana: una auténtica bofetada visual, ya os lo digo. No tanto por los colores , que creo que están todos los posibles, si no por el parpadeo histérico. Van locas.
Debería colgar un letrero con un aviso tipo : “Este balcón contiene luces estroboscópicas que pueden afectar a personas fotosensibles.”
Es posible que las eche de menos el día que no las ponga, pero ahora mismo me sale el espíritu Grinch.
Este año, además, venía con innovación y emitían una melodía navideña, pero la canción dejó de sonar al segundo día. Menos mal.

Foto de Andy Holmes en Unsplash
Ahora mismo, mientras escribo, las estoy viendo con su intermitencia desquiciada.
No consigo que me inunde el ambiente navideño, y mira que me gusta observar las decoraciones que voy viendo cuando camino por las calles; y aunque la de mi vecino no sea en absoluto de mi estilo y respeto su entusiasmo navideño, no hay manera de que me acostumbre a ese caos visual arrítmico.
Mejor dejo el tema antes de que me brote el pelaje verde.

Foto de Alex Stone en Unsplash

Foto de Sincerely Media en Unsplash
Comparto mis propias fotos en Unsplash, pero lo que de verdad disfruto es compartir las de otros. Me los imagino frente a la escena —o construyéndola—, cámara en mano, saboreando el instante y el resultado.
Esto es una muestra de gente que hace fotos inspiradas en la Navidad.

Foto de Laura Beth Snipes en Unsplash

Foto de Brigitta Schneiter en Unsplash

Foto de Jon Foster en Unsplash

Foto de Seoyeon Choi en Unsplash

Ya estamos en la casi Navidad: la de las luces en las calles, en las terrazas, en las casas, en las tiendas. Motivos navideños aquí y allá, ramas de abeto en los escaparates, mercadillos, árboles encendidos en las plazas de ciudades y pueblos. Todo parece dispuesto para que empiece algo, aunque todavía no haya empezado del todo.
Mientras la estética te envuelve, la publicidad insiste: familia , amor , nieve que cae a cámara lenta, chocolate humeante. Felicidad absoluta.
Hay quien lo disfruta, tanto la casi Navidad como la Navidad entera.
Y hay quien solo espera que pase rápido, que se evapore sin hacer demasiado ruido.
En este tiempo de reunión, las ausencias se hacen presentes, se agrandan, se despiertan. En estas fechas se echa de menos más. Un poco más fuerte, un poco más hondo.
Y, sin embargo, no hay que olvidar que el paso del tiempo es inexorable.
Inexorable es una palabra curiosa: suena a puerta que se cierra sin vuelta atrás. Nombra aquello que no se detiene ni se puede desviar. Como el paso del tiempo: sigue, aunque uno quiera quedarse un momento más en lo bueno, o saltarse lo que duele.
Visto así, con esta precisión temporal casi quirúrgica, quizá haya que recordar a los navideños que lo vivan con intensidad; y a los no navideños, que respiren hondo, que tengan paciencia y que se queden, al menos, con lo hermoso que tienen las luces cuando cae la noche.
Lo inexorable tiene una certeza: la Navidad pasará.
Y, como decía mi abuela: “Y que yo lo vea”.

En un mundo polarizado, lleno de agresividad, violencia, guerras y conflictos, estos días las palabras que más utilizaremos serán Paz, Amor, Esperanza, Prosperidad…

Desearemos “felicidad” a todo el que nos encontremos y nos dejaremos llevar por esos anuncios publicitarios llenos de lucecitas cálidas y personajes encantadores que reflejan lo mejor del ser humano.
Lo ideal sería que esta época de fiestas , que nos llevan hacia una conciliación emocional entre semejantes, se convierta en un estilo de vida.
Tengo el slogan.

Felices fiestas a todos!
Fotos de Annie Spratt en Unsplash
Un poco de humor e ironía.
Papá Noel sorteando el tráfico aéreo.
El tráfico global de pasajeros previsto para 2024 es de 9.400 millones.

Los Reyes Magos tienen competencia.
Y no hace falta esperar hasta el 6 de enero.

Adaptación al cambio climático.

Un respeto a Papá Noel.
Hace unos años, si un niño escuchaba ruido cerca del abeto navideño, pensaba que era Papá Noel. Se hacía el dormido, se quedaba quieto y esperaba a la mañana para descubrir sus regalos.
Ahora es posible que ocurra esto:

VILLANCICOS
Nota científica: El famoso villancico «Los peces en el río» parte de una premisa errónea.
Los peces de agua dulce no beben activamente; absorben el agua a través de sus branquias.
Como el villancico se popularizó en el siglo XVIII, es probable que el autor desconocido no lo supiera.

Otro dato de villancicos.
“La Marimorena” no es una persona.

La expresión antigua en España significa jaleo o algarabía.
En el contexto del villancico, representa una gran fiesta popular llena de ruido, alegría y celebración.
Feliz viernes!
NB : Ilustraciones creadas con DALL-E
Twitter ( el X de ahora, pero no me acostumbro) ha liberalizado la herramienta de IA , GROK, para crear imágenes. En estos últimos tiempos , he estado utilizando DALL-E y he querido compararlas.
Utilizando las mismas instrucciones, cada IA me ha dado resultados diferentes. Parece que me entiendo menos con GROK.
En primer lugar, pido “ilustración” y no “fotografía” pero GROK se empeña en darme una foto en modo real.

GROK

DALL-E
Tampoco me ha entendido con la emoción : le he dicho que la mujer de la ilustración está desesperada porque las luces de navidad están enmarañadas. En GROK, la chica sonríe. En DALL-E está hasta las narices de las luces.
Quería ilustrar lo que me ha pasado con la decoración navideña de este año. He sacado todas las luces que , ahora, son de un fino cable de cobre y estaban hechas un lío. Las de antes, las de cable de plástico verde me costaban menos de desenredar pero estas , que son más pequeñitas y más monas, son como un cubo de Rubik sin solución. No hay manera de tener el cable lineal… Siempre hay nudos y, en algún caso, de gran tamaño. Mea Culpa por no guardarlas como toca, pero es lo que hay.
Al final, algo de orden he conseguido, aceptando que , en algún lugar , iba a quedar un agrupamiento amorfo luminoso.
Le he pedido a GROK y a DALLE-E un abeto con las luces desordenadas.

GROK

DALL-E
Cuando tenía las luces más o menos listas, con intención de ponerlas en el exterior, se ha puesto a llover.

GROK

DALL-E
La IA ha puesto las luces, aún lloviendo, pero yo me voy a esperar que aún quedan dos semanas…
NB : Y , de momento, me gusta más DALL-E

GROK
El origen de este DIY, está en una jornada dedicada a ordenar el armario y, básicamente, a hacer un harakiri de camisetas. O sea, prescindir de esas que llevan conmigo más de una década y que, por una extraña razón, me siento reacia a reciclar, aunque lleven años encerradas sin ver la luz.
Inmersa en la labor de orden y concierto, he encontrado un cuello de pelo sintético que saqué de la capucha de una parka. Nunca me lo he puesto…También, aquel jersey de color caqui que utilicé hasta casi deshacer el algodón y que acabó con un manchurrón de lejía en el centro y la camiseta marrón, destinada al mundo de los trapos.
Al ver el cuello peludo, me he acordado de un DIY que guardé para unas futuras píldoras navideñas: la creación de un Tomtenisse, un duende navideño escandinavo, encargado de la protección del hogar.

Así que , me he puesto manos a la obra.
Al final, me han salido dos.
La Sra Nis y el Sr. Se son mis duendes navideños.Voy a estar super-protegida…

Son imperfectos, como es habitual en este blog. Los gorros son un poco amorfos, las narices no acaban de estar conseguidas, pero ahí están.

Facilísimo, por cierto. Incluso para torpes como yo…

No sé como decoraré la Navidad de este año así que le he pedido a la IA que me ilustre ideas creativas para tener un abeto navideño que no tenga abeto.
A una velocidad alucinante, me ha generado estas fotos.




