Merci pour les fleurs.

Compré este jarrón hace meses. Blanco, simple, y con una frase en francés impecable: “merci pour les fleurs”. Pero no había flores, así que el jarrón se fue directo al armario hasta la ocasión y, siendo honestos, me olvidé de él.

Hasta ayer.

Ayer llegaron flores. Y me acordé del jarrón como si me llamara por su nombre. Lo saqué, puse las flores y lo planté en la mesa . Por fin, todo encajó: el objeto y el momento feliz.

El ramo era tan espléndido que salieron tres arreglos florales. Como solo tenía un jarrón – “el jarrón”- las he puesto en una cubitera cubierta por una cesta de mimbre y una jarra de agua.

Merci pour les fleurs .

Un ramo de pimienta de cayena y flores de albahaca.

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Ayer os comentaba que había cosechado la pimienta de cayena. En realidad, fue un vil homicidio huerteril pero lo llamo cosecha, purga y recolocación de los elementos para aliviar mi conciencia.

Primero, fui sacando los pequeños y picantes frutos rojos uno a uno (que espero secar ) pero después, me decidí cortar ramas enteras…La veía tan bonita que pensé en hacer un ramo… Total, se tiene que secar…

Iba a buscar un jarrón cuando mi vista se ha dirigido a las macetas viejas. Y entonces he visto mi “maceta” preferida, una que lleva conmigo más de quince años. Proviene de esas tiendas que son antecesoras de los chinos baratos. Eran tiendas de objetos de regalos, que tenían cosas de “China”, monísimas y muy baratas.

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Había una Triciclo azul dibujado en la superficie blanca y un texto que nunca me paré a leer. Parecía un trozo de papel viejo enganchado hábilmente…

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La quería repintar y decorar con mis rotuladores, pero algo en su decadencia me ha hecho pensar en su belleza pura (y con historia) y no la voy a tocar. Es más, le he puesto un ramo de pimienta de cayena y flores de albahaca…

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