Un minuto.

Un minuto exacto… Da para muchas cosas.

Se puede dar un beso y un abrazo o beber un trago de agua fresca. Dar un número impreciso de pasos en un paseo. Escribir unas líneas de un post o leer un e-mail. Parece mucho cuando hablas en público o buceas para atravesar la piscina. Parece demasiado cuando esperas que suene la alarma del horno. Es muy veloz cuando se acaba la caricia. Relativo, como el tiempo que es.

Un minuto.

En uno de los muchos minutos que consumimos al día, pasan muchas cosas. Te pasan a ti y les pasan a los demás. Venga minutos, venga cosas. Se respira, se come, se nace, se muere. En un minuto te puedes equivocar, y mucho; puedes decidir; te pueden dejar; puedes dejar. Lo trascendental y lo que no lo es.

Una canción, un chiste, un bostezo… ¿Te imaginas un minuto de carcajadas? ¿O un minuto de cosquillas?

Si has leído hasta aquí, has consumido aproximadamente treinta segundos. Medio minuto de esos minutos que tiene tu vida.

Ahora, ya casi llegando a los sesenta segundos, quiero que sepas que mientras leías este artículo, en este minuto —que parece poca cosa pero vale oro— no solo han seguido pasando cosas en tu vida: también ha latido el mundo digital a una velocidad difícil de imaginar. 

En este mismo minuto, aproximadamente, se han enviado 251.100.000 e-mails. Se han realizado 5.900.000 búsquedas en Google. Siri ha respondido más de 1.000.000 de preguntas. Se han subido 16.000 vídeos a TikTok. Se han visto 138.900.000 Reels en Facebook e Instagram. YouTube ha sumado más de 3.400.000 visualizaciones. Y Microsoft Teams ha acumulado 229.000.000 de minutos de reunión.

Es una pequeña muestra de lo que ha ocurrido en la (www)ida de ahí fuera en los sesenta segundos, aproximadamente, que has tardado en leer este post. Y, por si fuera poco, en ese mismo minuto , se han publicado más de 5.000 entradas en blogs.

Ya que estamos aquí, casi llegando al minuto, aprovecho para darte las gracias por la dedicación de tu tiempo a leer este artículo de El Blog Imperfecto.

Es un honor que me regales tu minuto.

Leer las bases y querer escribir.

Recibo alertas de premios y concursos literarios porque, de vez en cuando, alguno actúa como catalizador y me empuja a escribir algo nuevo.

Tengo mis cosas. Priorizo los que permiten envío digital. Me da bastante pereza todo ese ritual de imprimir, encuadernar, meter en un sobre, ir a Correos y certificar. También necesito que el tema me seduzca. Si es libre, mejor. El premio, en cambio, me da igual. Lo que de verdad me atrae es escribir y saber que alguien al otro lado —un jurado, unos lectores— va a dedicarle atención a ese texto.

Prefiero, además, que sea un cuento. Breve. Las novelas, incluso las cortas, exigen un tiempo y una organización que no siempre encajan con esa pulsión instantánea que siento cuando leo unas bases y algo hace click. Un relato, en cambio, puede aparecer de golpe: rápido, entero y, con suerte, sin demasiado sufrimiento.

Hace poco descubrí la nueva convocatoria de Verano de Cuento, organizada por Teatrofia. El plazo de envío termina el 30 de abril, y confieso que me han entrado ganas de presentarme solo por el tono de sus bases. Están escritas con una mezcla de humor, cercanía y falta absoluta de solemnidad que me resulta casi irresistible.

No es habitual encontrar unas bases que parezcan redactadas por personas reales que saben perfectamente lo que pasa cada año: textos que llegan mal, correos pidiendo confirmación, autores que no leen las instrucciones y participantes que se saltan, con entusiasmo, lo que parecía clarísimo. 

La propuesta es sencilla y tentadora: tema libre, un solo relato por persona, en castellano, con una extensión máxima de dos folios y envío por correo electrónico. Nada de plicas, nada de ceremonias innecesarias. Solo tu texto, tu nombre o seudónimo.

Entre mis partes favoritas de las bases está esa advertencia de que no hace falta llegar a los dos folios, que un relato puede ser incluso un párrafo, siempre que funcione. O esa otra en la que piden que no copies el texto en el cuerpo del correo “por dior”. Y, por supuesto, el tercer premio: un abracito. Solo por eso, ya merecen ser leídas.

No sé todavía qué voy a escribir. No sé si saldrá algo decente. No sé siquiera si lograré terminarlo a tiempo. Pero quiero intentarlo. Y he pensado que quizá a alguno de vosotros también le pase lo mismo al leerlas: que le entren ganas. No de competir, necesariamente. No de ganar. Solo de sentarse y escribir un cuento, si se deja.

Que, al final, ya es bastante.

Si os pica la curiosidad, aquí están las bases. XXVII Festival de Narración Verano de Cuento, organizado por Teatrofia. Cierre el 30 de abril de 2026.

Renuncio a ocho millones de dólares….

Una encantadora abuelita. Imaginaros: 83 años y el pelo blanco reluciente, peinado en un moño bajo. Está sentada en una preciosa mecedora de caoba, vestida de rosa pálido …Se mece, suavemente, y sonríe. Recuerda a su querido esposo, Rob… La dejó ya hace catorce años…Cuando él murió, se trasladó a vivir al rancho de sus sueños, esperando la hora en que pudiera volver a reunirse con él…

rancho

No tuvieron hijos. A ella le fue diagnosticada una enfermedad que le produjo esterilidad y, en aquellos tiempos, no existían las técnicas avanzadas de hoy en día… La abuelita suspira… Vuelve a sonreír… Esta agradecida a la vida. Rob y ella, no necesitaron descendencia para ser felices pero…¿Qué hacer ahora con los ocho millones de dólares que tiene en el banco?

Ya ha hecho donaciones a diferentes organizaciones sociales pero aun así, le queda mucha pasta por “repartir”. La encantadora abuelita, Maya Garvin, decide entonces realizar una acción magnánima y bondadosa y ofrece esta ingente cantidad de dinero a la autora de este blog. ( ¡Qué suerte la mía!) . Totalmente decidida a legarme esa herencia millonaria, envía un mail a  pilar@entretazas.com ofreciendo su “regalo”.

mail

Ocho millones de dólares… Sólo debo ponerme en contacto con un tipo del banco en el que está el dinero. Me adjunta los mails ….

Lo iba a borrar, pero, antes, se me ha ocurrido escribir este post. El simple hecho de que sigan existiendo estos mails tipo “Timo del nigeriano”, confirma que existe gente que pica el anzuelo. O sea, se cree la historia, contacta al mail y acaba siendo estafada…

estafa2

Y siendo tan evidente que la cosa es de pega, sorprenden aún más datos como este: “Este mes de junio,  en Valencia, agentes de la UDEF detuvieron a 22 personas, nigerianas y españolas, por estafar 1.900.000 euros desde 2012 a más de 100 víctimas. Su método era seleccionar al azar varios correos y hacerles creer que eran beneficiarios de una jugosa herencia. Les solicitaban los datos de su cuenta bancaria para transferirles grandes cantidades de dinero que querían sacar de Nigeria a cambio de una comisión. Si aceptaban, les pedían el dinero por adelantado para cubrir los gastos. Hace dos años los agentes desmantelaron otra red que, mediante estas estafan, lograron blanquear más de 11 millones de euros.”

Alucinante.

Voy a renunciar a los ocho millones de dólares…La abuelita encantadora puede esperar sentada, balanceándose en su mecedora…

mecedora

 

 

“QWERTYUIOP”

¿Qué hacíais en 1971?

En ese año, un ingeniero enviaba el primer email del mundo mundial… Ese hombre era Ray Tomlinson. Diseñó un programa que permitía enviar mensajes entre diferentes usuarios conectados a una misma red. Lo consiguió entre dos ordenadores que estaban uno al lado de otro. El mensaje no era de esos épicos y para recordar: “QWERTYUIOP” ( son la primera línea de los caracteres del teclado) , pero sí el símbolo que escogió para poder separar los nombres del usuario y de la red : la conocidísima “@”.

Ray

Escogió un símbolo que no fuera utilizado por ningún sistema informático. La medida de peso “arroba” (@) estaba ya en desuso ( es la cuarta parte de un quintal ¿?) y decidió reciclar el símbolo para su creación : el email.

En la actualidad, diariamente, se envían 250 billones de mails en el mundo. Unos 2,4 millones por segundo. Al año, 74 trillones . Se debe remarcar que el 90% son SPAM pero, aun quedándose con el 10% de los 74 trillones ( yo esa magnitud, ni me la puedo imaginar) , Ray Tomlinson, en 1971 inició una verdadera revoluci@n…

Nos dejó la semana pasada , a los 74 años. Como usuaria de su invento ( hay 2,5 billones de ellos por ahí), quería rendirle mi pequeño homenaje.

mail

 

NB : Descubro que el quintal son 100Kg, así que la @ pesa 25 Kg…