Dos frases y un chiste.

Con las frases “célebres”, me pasa como con los chistes “buenos”… Cuando los oigo, pienso que me acordaré (seguro) cuando necesite acceder a ellos. Son frases que me impactan y que creo que podría utilizar algún día. Lo mismo con los chistes: si son de los que me río a gusto ( a carcajada limpia y, a veces, hasta llorar…) me parece que esa risa va a crear una huella mental imborrable y que cuando sea el momento, podré repetirlos ( sin la misma gracia pero con un contenido fiel).

Todas esas suposiciones que me hago a mí misma, son erróneas.  Estoy en una conversación en la que “esa frase” podría entrar como la seda y…no me acuerdo. Rebusco (¿No era tan alucinante?)pero se me acercan aproximaciones que le quitan la magia a la frase. Acabo explicando el contenido, que sin esa poesía que tiene la semántica, ya no es lo mismo. Con los chistes… Lo mismo o peor. Les quito la gracia…

En cuanto a las frases : en mi memoria se guardan dos.  Las dos perlas que recuerdo y puedo reproducir fielmente, de momento, son estas:

1)     La felicidad es como una manta pequeña. Cuando has conseguido taparte los brazos, se te destapan los pies. Esta me la regaló un hombre mayor, muy sabio. Fue el primero que me introdujo en el concepto de “regalar frases” . ; – ) Ya no está entre nosotros pero su recuerdo perdura en mí cada vez que la pronuncio o la escribo.

manta

2)     «Hoy, en la ciudad, todos, absolutamente todos, se levantaron con granos de azúcar en los labios. Pero sólo se dieron cuentan los que al despertarse, se besaron.» No recuerdo dónde la leí o la capté o como llegó a mí. La he utilizado en un cuadro y en varios textos. En casa, somos besucones de entrada y de salida. De Buenos Días y de Buenas Noches y lo que se preste.Así que si algún día pasa esto del azúcar, creo que me enteraré.

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Gracias a las web y blogs recopilatorios, hoy en día es fácil dar con la frase olvidada pero , claro, otra cosa es que la frase dé en ti…

Para acabar, este es  chiste del que me acuerdo. No exactamente como lo vaís a leer ( lo he buscado para transcribirlo) pero con los suficientes datos como para que yo lo tenga almacenado en mi cerebro con más o menos acierto…

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Sherlock Holmes y el Dr. Watson se fueron a pasar unos días de campamento. Tras una buena cena y una botella de vino, se desearon buenas noches y se acostaron en sus respectivos sacos, dentro de la tienda de campaña.

Horas más tarde, Holmes se despertó y llamó con el codo a su fiel amigo:

-Watson, mira hacia arriba y dime: ¿Qué ves?

Watson contestó:

-Veo millones de estrellas…

-Y eso, ¿Qué te indica? Volvió a preguntar Holmes.

Watson pensó por un minuto y plenamente decidido a impresionar a su amigo con sus dotes deductivas contestó:

-Desde un punto de vista astronómico, me indica que existen millones de galaxias y potencialmente, por lo tanto, billones de planetas. Astrológicamente hablando, me indica que Saturno está en conjunción con Leo. Cronológicamente, deduzco que son aproximadamente las 3:15 de la madrugada. Teológicamente, puedo ver que dios es todopoderoso y que nosotros somos pequeños e insignificantes. Meteorológicamente, intuyo que mañana tendremos un hermoso y soleado día….-Y a usted, ¿que le indica mi querido Sherlock?

Tras un corto silencio, Holmes habló:

– Watson, eres cada día más estúpido. Lo que me indica es ¡que nos han robado la tienda de campaña!

Feliz lunes!

 

La playa se convierte en arte.

Si por casualidad ( vete tú a saber), estaís tomando el sol o paseando por una playa californiana y os encontráis a un tipo como el de la foto armado con un tronco-bastón haciendo dibujitos en la arena, es posible que estéis ante Jim Denevan. 

El artista de lo efímero, el pintor de la playa…. De California, lleva más de 17 años experimentando con este tipo de arte tan volátil, tan breve y tan bello, a la vez…

Y si últimamente me han fascinado los artistas urbanos tipo Bansky o Sam3, ahora es el tiempo de los playeros…

Me atrae el mar y la arena…

Me admira el diseño, la ejecución y ese «atreverse» a no dejar huella mientras la dejas.

Una expresión artística que será acariciada por el agua , para volver a dejar el lienzo en blanco, natural…preparado para más arte.

Pienso en lo que me fastidió que el mar se llevará un artístico «ByPils» que marqué en una playa caribeña , sin tiempo a hacer una foto que fuera testigo de mi proeza…Esa ola juguetona ( y mala) que borró, de un espumazo mi trabajo artístico… Los siguientes intentos, no fructificaron: letras torcidas, una huella de mi pie fastidiando el plano o la arena excesivamente húmeda. Y pienso en este Jim,ese artista que invierte tiempo y espíritu y aún me fascina más…

Si algún día nos dejamos caer por esas playas californianas, quien sabe, igual vemos a un tipo con una gorra y un gran bastón, dibujando en la arena…y convirtiendo la playa en arte.

 

 

 

 


 

Un Touch…

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Estoy acabando de ver la serie Touch. La empecé sin expectativas, con el único objetivo de que un capítulo me hiciera más liviana la elíptica y mi sesión diaria de ejercicio y ¡Oh, sorpresa! Me está encantando…

Lo que más me fascina es la idea general en la que se basa la serie: Todo lo que nos ocurre está predeterminado por la probabilidad matemática. ¡Mates!!!!

No hay azar, ni coincidencias.

Todo es explicable con matemáticas.

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El hecho de que yo no perciba esas reglas matemáticas, no significa que no estén ahí y que no haya seres humanos capaces de leerlas pero a mí, que soy más de letras, me cuesta entender que existen y que rigen …todo. Ya le dediqué un post a la sucesión de Fibonacci y la proporción áurea… Y sigo sin comprender como ese número algebraico irracional puede explicar tanto la Mona Lisa como la forma de una caracola…

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Al final va a resultar que el destino está predeterminado por las matemáticas…

Glups!

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NB: La serie Touch tiene como protagonista a un niño, aparentemente autista, que ve el mundo a través de los números…

En el primer episodio, la voz el niño (que no habla en la serie), nos dice esto:

 “La proporción es siempre la misma. 1:1618, una y otra vez. Los patrones se esconden a plena luz del día. Sólo hay que saber dónde mirar. Las cosas que para la mayoría de las personas son un caos siguen en realidad sutiles reglas de comportamiento. Galaxias, plantas, conchas marinas.

Los patrones nunca mienten. Pero sólo algunos de nosotros somos capaces de ver cómo encajan las piezas. Vivimos 7.080.360.000 personas en este diminuto planeta. Esta es la historia de algunas de esas personas. Hay un antiguo mito chino que habla sobre el hilo rojo del destino. Dice que los dioses han atado un hilo alrededor de cada uno de nuestros tobillos y lo han unido a todas las personas cuyas vidas estamos destinados a tocar. Este hilo puede estirarse o enmarañarse, pero nunca se romperá.

Todo está predeterminado por la probabilidad matemática, y mi trabajo consiste en seguirle la pista a esos números, en hacer las conexiones para aquellos que necesitan encontrarse, aquellos cuyas vidas necesitan tocarse. Nací hace 4.161 días, el 26 de octubre del 2000. Llevo vivo 11 años, 4 meses, 21 días y 14 horas. Y en todo ese tiempo…no he dicho ni una sola palabra.”

Hawi & Sumi

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El cambio de estación en este blog, se produce cuando Hawi deja de bailar… Mientras ella se mueva, estamos en veroño. Ni verano, ni otoño…

Hawi es la pequeña muñeca que me acompaña desde hace un año. Se mueve con energía solar y está en un alfeizar de una ventana que veo al salir de casa. Verla, se han convertido en una rutina. Uno de esos detalles insignificantes del día…

En este año, Hawi ha sufrido tormentas, lluvias, granizadas, viento y frío. El sol, su aliado, pero también su enemigo, ha desgastado los vívidos colores con los que llegó a mi casa, pero… ha sobrevivido a todo y este verano, ha estado bailando otra vez… Tiene un pequeño tic y emite un click click que antes no se oía, pero …ahí está. Bailando…

Lo que no os he dicho que, desde hace dos meses, Hawi tiene un compañero.

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En un alarde de originalidad, lo he llamado Sumi.

Sumi estaba en una estantería de “Oportunidades” a 0,50€. Lo encontré muy simpático y lo puse en el alfeizar de la ventana, junto a Hawi. Él está más nuevo, sus colores son más brillantes y, sorprendentemente, baila en el sentido contrario que ella. Si ella se balancea hacia la derecha, él lo hace hacia la izquierda. Los primeros días, lo paraba con los dedos y lo coordinaba con el ritmo de Hawi. Ahora, ya no. Hay veces que los veo conjuntados y, otros, arrítmicos perdidos…Los dejo a su aire…

Esto me ha hecho pensar en el concepto de soledad que nos rige. Nos aflige, nos oprime, la tememos cuando, en realidad, la soledad es un hecho objetivo. No es bueno ni es malo. El adjetivo, el sentimiento que provoca sólo puede interpretarlo cada individuo y de forma diferente. Feliz o triste. Deseada o temida. Nueva o vieja conocida. Obligada o por elección… Cada soledad es una edición original y única…

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A Hawi, la compañía le ha venido impuesta. Igual prefería estar sola, con su tic y su baile.De repente, ha aparecido un luchador de sumo en su parcela del alfeizar de la ventana. No sé si acabaran siendo amigos… Yo creo que sí porque Sumi se mueve bien pero , de momento, no bailan al unísono todos los días…

Aunque…no me hagáis mucho caso. A veces, olvido que son dos muñecos de plástico…

 

 

 

 

Entrenando el izquierdo.

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Matthieu Ricard era un bioquímico del Institute Pasteur que lo dejó todo para irse al Himalaya y hacerse monje budista. Era uno de los colaboradores más cercanos del Dalai Lama y tiene el título simbólico de ser «el hombre más feliz del mundo».

Como sujeto de estudio en la investigación del Profesor Davidson (Universidad de Wisconsin) sobre la Plasticidad de la Mente, Matthieu reventó los marcadores y consiguió puntuaciones nunca vistas en cuanto al uso del hemisferio izquierdo del cerebro. Haciéndolo muy básico (y un poco frívolo): la actividad en el córtex derecho está asociada a la tristeza, la depresión, la negatividad y en el izquierdo ocurre todo lo contrario . Allí el córtex es optimista y positivo ( es una fiesta continua!).

cerebro

Cuanto más pensamos en negativo, más actividad neuronal en la región derecha. Si por el contrario, nuestros pensamientos son positivos, la zona que va loca  es la izquierda. Localizada la cuestión en nuestra geografía cerebral, se plantea la siguiente cuestión : ¿El cerebro es «fijo» o se transforma?.

Las evidencias científicas nos dicen que es plástico, que puede cambiar…Matthieu lo explica con un ejemplo de violinistas. Un virtuoso con una media de 10.000 horas de práctica, tiene unas nuevas áreas en la actividad que responde al control de los dedos. Su cerebro, por la práctica larga y continuada ( entrenamiento) se ha transformado.Ha cambiado respecto a cómo era previamente al proceso de «aprendizaje » de tocar el violín. Es cierto que el cerebro es plástico… y también la mente, por defecto.

La mente es plástica… y transformable. Y aquí ya podreís intuir la cuestión transcendental : ¿Podemos entrenar para modificar nuestra estructura mental y hacer que el hemisferio izquierdo sea el que gane la batalla de los bandos cerebrales?. Pués segun el monje Matthieu Ricard y los estudios de Davidson, sí es posible.

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Posible pero no fácil . De la misma forma que en un gimnasio fortaleces los músculos del cuerpo, en el cerebro se irá fortaleciendo la zona que más utilizamos ( o sea , la que más entrenamos).Cuantos más pensamientos negativos , más entrenamiento para el córtex derecho y , por lo tanto, más ansiedad, angustia y frustración. Entrenar el izquierdo es que el te puede proporcionar la «felicidad», «Bienestar», «la emoción placentera». Y cómo los músculos, el cerebro cambiará y nos hará usuarios, por defecto, del hemisferio izquierdo, el más entrenado para afrontar las circunstancias externas de la vida.

El entrenamiento consiste en poder dedicar un tiempo al día ( llámalo meditación o como quieras), limitado y fijo para acumular horas( como en un entrenamiento cualquiera) en lo de pensar en positivo. Cada día, 15 minutos, por ejemplo. Si lo haces regularmente, puede ser que tu cerebro se transforme y seas de esa minoría que disfruta del «bienestar». Si no consigues tal gesta, por lo menos, servirá para neutralizar la actividad del otro lado . Por desgracia ,  la Depresión como patologia mental es una de la epidemias del siglo XXI así que, visto lo visto, sería bueno intentarlo.

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Como veo que es necesario mucho entrenamiento, apostaría por introducir una asignatura en las escuelas , para todos los niños del mundo, en la que simplemente, se les enseñara a pensar en positivo. Es la única asignatura que debería tener «deberes para casa»… Proporcionaremos a los que vienen, un hemisferio izquierdo pletórico que, por lo menos, ayudará a resolver los conflictos de la vida de otra manera. Con otra actitud… y desde el principio.

Y aunque a mí ya me pilla crecidita, voy a aplicarme eso ( muy propio del córtex izquierdo) de «Nunca es tarde si la dicha es buena» y voy a empezar a entrenar. Mirando hacia dentro , aplicando antídotos a cada emoción negativa y haciendo que mi mente, haga unas cuantas flexiones y un poco de ejercicio aeróbico…

¡Eh! ¡Y sin agujetas!

NB : Aquí la charla TED de Matthieu Ricard «Los Hábitos de la felicidad»

Low Writery.

En estos días de vacaciones…me ha vuelto a pasar.

He tenido un brote de hipergrafía…. En realidad, no he padecido “la inevitable necesidad de escribirlo absolutamente todo”, pero sí que me topé con mi proyecto fallido del último NaNoWriMo y, tras una lectura rápida, sentí la inevitable necesidad de acabar ese texto. Y lo he hecho este mes de agosto.

Al principio, era la historia de un escritor sin historias y, al final, se ha convertido en “Low Writery”, una novela corta o un relato largo, según como se mire.

Ahora viene el mejor momento del proceso: la libero y la dejo aquí, para que sirva de alimento a los habitantes de Leganon…

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Low Writery

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¿Puedes estar de vacaciones, pero no estar de vacaciones?

 

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Sí, se puede.

Es posible que estés de vacaciones, pero no lo estés… Es normal y pasa mucho más de lo que crees…

La palabra vacaciones deriva del latín vacans, participio del verbo vacare: estar libre, desocupado, vacante … La etimología de la palabra, nos indica que la esencia del concepto es “Estar libre, desocupado”.

Ese es el gran secreto.

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Puedes estar de vacaciones en cuanto a la rutina laboral /familiar se refiere, pero …eso no quiere decir que estés libre o desocupado…

Ocioso.

Disfrutador . Tranquilo…

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Si por fortuna eres de los que están de vacaciones y sí que lo están disfruta sin reparos. Nunca sabes cuándo podrás, de nuevo, ser libre, estar ocioso y tranquilo…

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Si estás, pero no lo estás ya has aprendido que las vacaciones no son una garantía de libertad y ociosidad… Y llegas a entender lo de aprovechar al máximo cualquier otro espacio vital en el que estás de vacaciones, aunque no estés de vacaciones…

En fin, un lío…

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NB1: Disfrutador no existe. Una pena. Me funciona como sustantivo y como adjetivo… Podía haber elegido “hedonista” por lo de “ la actitud vital basada en la búsqueda de placer” ( según la RAE) pero el verbo disfrutar habla de percibir o gozar. Definitivamente, me quedo con el gozo del Disfrutador mientras los hedonistas van buscando…

Siguiéndola…

“La única cosa realmente valiosa es la intuición”, Albert Einstein

Seguro que te preguntarás: ¿Qué hace un tipo como yo, con una gabardina en pleno mes de agosto, gafas oscuras y sombrero de ala ancha? Pues te lo voy a decir: Estoy siguiéndola.

Me he puesto el atuendo que creo que es normal para hacer los seguimientos. Es posible que esté un poco contaminado por el cine, lo sé, pero con este disfraz no me puede reconocer y, además, ando sigilosamente…

Estoy siguiéndola…

La gente que me aprecia, me lo ha aconsejado: “Sigue a tu intuición” y aquí estoy…

A ver si hay suerte…

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N.B : La intuición, es el conocimiento acumulado a través de nuestra propia experiencia. Nuestro cerebro va registrando una gran cantidad de datos, muchos de los cuales no tenemos consciencia de ellos, sin embargo, estos datos existen y se utilizan en momentos de necesidad o cuando nos encontramos relajados mentalmente.

 

El colchón de Yoko.

Esta mañana, he recibido este mail de una persona desconocida. Me ha pedido que publique su historia en el blog. Ha sido leer el mail y decidir hacer un “Copiar y Pegar”

Ahí va:

“Hola, me llamo Yoko García y te escribo para hablarte de uno de esos “objetos raros” que aparecen en tus relatos. Tú no me conoces, pero yo voy siguiéndote en el blog. Lo descubrí investigando sobre mi objeto y me ayudó saber que había otras personas que también tenían cosas, en casa, que eran …especiales. Ayer leí lo de la cajonera…En mi caso, se trata de un colchón. Un sencillo y cómodo colchón…

Soy de Valladolid: allí nací y allí vivo. Vallisoletana por los cuatro costados.

Te lo comento para que mi nombre, Yoko, no te despiste. No tengo ninguna vinculación con Japón pero si un padre absolutamente fan ( fanático) de John Lennon. Así que, cuando nací, no se le ocurrió nada mejor que ponerme el nombre de la mujer de Lennon…Yo ya estoy acostumbrada. La presencia del Beatle en mi casa, siempre ha sido una constante. Mi padre se vestía como Lennon, se peinaba igual y llevaba las mismas gafitas redondas. Sólo escuchaba su música, devoraba todos los documentales, vídeos de conciertos oficiales e inéditos, analizaba las letras de todas sus canciones y pujaba, en eBay y en las subastas serias también,  por todos los objetos que habían pertenecido al cantante…

Cuando anunció que había comprado el colchón en el que John Lennon y Yoko Ono habían protagonizado su semana  Bed-in peace, a mi madre y a mí, se nos cayó el mundo encima… ¿Un colchón de segunda mano y de…42 años?pero, evidentemente, mi padre estaba encantado. Me había explicado mil veces que en Marzo de 1969, tras su boda, John y Yoko se había encamado durante una semana en la Habitación 902 del Hotel Hilton de Amsterdam , en una acción pacifista para pedir el cese de las guerras y proclamar la paz en el mundo.  La historia me gustaba mucho pero… el colchón, no. Demasiado trote, demasiado ser humano…

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El colchón debía llegar a casa, justo la semana que yo me mudaba a mi apartamento de propiedad e inauguraba mi vida independiente. Mi padre, en un acto de generosidad extrema, me regaló “el colchón”. La cara de alivio de mi madre me indicó que lo que me iba a encontrar era lo que me esperaba encontrar: un colchón viejo y usado pero, claro, no podía defraudar a mi padre. Estaba tan ilusionado…

Mi sorpresa fue encontrarlo en condiciones óptimas. Limpio y aparentemente, bien cuidado. Sólo tenía una pequeña tara pero estaba en la parte posterior por lo que no me importó… Algún romántico había escrito con una preciosa caligrafía y rotulador indeleble: El lugar donde tus sueños se harán realidad.

Confieso que el colchón era muy cómodo y que, ya desde el principio, se adaptó a mi cuerpo con precisión. Tampoco es que yo fuera muy exigente: soy de ese tipo de personas que pueden dormir en cualquier lugar y lo hago a los pocos minutos de ubicarme. Además, mi sueño es profundo y reparador, aunque…no sueño. Bueno, los expertos dicen que todos soñamos por la noche pero que, la mayoría de las veces, no recordamos los sueños y yo soy de las que no me acuerdo de nada.

También dicen que los sueños se pueden provocar, pero yo tampoco he tenido éxito en este tema. Intento imaginar, fabular historias antes de dormir para que me acompañen en el sueño, pero no me ha dado ningún resultado.

En algunas ocasiones, muy pocas, cuando me despierto, tengo en mi mente retazos de lo que ha pasado en mi mundo onírico, aunque se dispersan con rapidez. En una de esas ocasiones, durmiendo en el colchón, se produjo el primer suceso.

Tuve un sueño erótico. Mira, como no me conoces, te diré la verdad: pornográfico. Me sorprendió despertarme con una excitación sexual, real como la vida misma, mientras acudían a mí los destellos del sueño. La historia tenía una cierta lógica en mi vida, ya que, en el sueño, pasaba la noche practicando sexo salvaje con un compañero del trabajo del que estaba enamorada secretamente. Podía ser, claramente, la expresión de un deseo, pero…, me sentí extraña al despertar por todas esas corrientes de sensualidad que no me abandonaban…Por los detalles que recordaba, tan nítidos y tan…como de verdad.  Además, los pocos sueños que podía recordar en toda mi vida, no tenían un argumento lógico, no concluían y, en este, concluí, te lo puedo asegurar.

Ese día, al ver a mi compañero de trabajo, sentí una vergüenza inmensa. Él me miró cómo si supiera lo que mi cerebro calenturiento había fabricado por la noche. Pero su mirada, no me decía que no. Me decía: “Sí”. ¡Si! Ese fin de semana, después de una noche espectacularmente romántica, acabé rodando por la cama y haciendo, de verdad, todo lo que había hecho en mi sueño X…y cuando me besó y su barba acarició mi rostro, supe que era la segunda vez que eso pasaba…

Pensarás que es fantástico, ¿no?

 ¿Te imaginas un colchón que hace realidad tus sueños? pero… ¿Todos, t-o-d-o-s los sueños?…

Al cabo de un tiempo, mis sospechas sobre el colchón se habían calmado. El colchón era eso, un simple colchón…

Seguía sin soñar y durmiendo plácidamente. Mi aventura amorosa era una delicia y nada parecía enturbiar mi vida. Es más, me creía que estaba viviendo uno de esos momentos dulces y, entonces, un día, me desperté con esos destellos de un sueño que me había hecho pasarlo mal.

Al salir del trabajo, me fui a un centro comercial a hacer unas compras y sin saber por qué, me desnudé. Cuando vi que la gente me miraba (entiendo que no es normal, ver a una chica desnuda en pleno centro comercial), empecé a correr hacia el parking para meterme en el coche. Mis piernas, ágiles y entrenadas, se quedaron pegadas al suelo. Me costaba mucho despegarlas y empezar a correr y, a la vez, veía acercarse a mí un grupo de chicos con pintas de pertenecer a una banda urbana, con pretensiones poco amables. El terror me sacudió, pero seguía sin poder moverme. Cuando mis piernas reaccionaron, lo hicieron como a cámara lenta y por un momento, casi pude sentir una mano rozándome el hombro y a punto de atraparme.

Consciente de mi desnudez , corrí todo lo deprisa que me dejaba ese extraño ritmo que se respiraba en la atmósfera y llegué al ascensor. Pulsé el botón de apertura de las puertas, mientras sentía que el peligro se acercaba por la espalda. A los pocos segundos, las puertas se abrieron y me precipité al interior pero allí, no había ascensor . Lo que había era un gran vacío y… caí, lentamente, sin que el final llegará nunca y sintiendo, en mi estómago, una sensación continua del gran loop de una montaña rusa. Aterricé en el suelo, sin daños aparentes y completamente vestida. No sé cómo encontré mi coche, ni cómo pude acertar con la llave. Cuando me senté, dejé caer mi cabeza sobre el volante. Estaba paralizada por el miedo: todo lo que me había pasado era lo que ya había soñado la noche anterior… La chica desnuda en el Centro Comercial, salió en el noticiario de las nueve de la noche. Menos mal que la imagen era borrosa…

Mi gran suerte ha sido que no me acuerdo de mis sueños. Parece ser el factor determinante para que el colchón los haga realidad, sean cuales sean. Si no los recuerdas, no se activan. Los pocos que he recordado, se han hecho reales : me he vuelto a encontrar en la Facultad, a punto de entrar a un examen oral, con los nervios a flor de piel y esa inseguridad tan desagradable de cuando te quedas en blanco delante de más de cien personas;  he asistido a extrañas comidas o fiestas con gente que no conocía de nada pero tenían las caras de mis amigos, aunque no fueran ellos ; he cenado con John Lennon y mi padre, en un hotel al que fui hace muchos años en Mallorca,…y me he hundido en una especie de agujero lleno de serpientes del que no tengo forma de salir hasta que uno de los reptiles empieza a reptar por mi muslo…

Son pocos, pero ya he tenido bastante. Más que nada porque yo no sé controlar lo que sueño y aunque sea poco, es angustioso. Sueños felices o más normalitos, pocos. Eróticos, nada de nada. En eso también he pensado seriamente: ¿Y si me da por soñar cosas con quien no debo y… me acuerdo, y… se convierten en realidad? ¿Qué pasaría con mi novio?… Demasiados problemas…Así que he decidido donarlo.

Lo regalo, pero… con una condición. Una única condición: que la persona que se lo quede sea capaz de controlar sus sueños. Deberá firmar un documento en el que, confirma esta capacidad y asume que actuará bajo su responsabilidad.

Si no es así, mejor que el colchón se quede en el guardamuebles en el que está actualmente.

Si te parece un objeto lo suficiente interesante para tu colección, te agradecería que publicaras esta carta y mi mail de contacto. Si alguien quiere el colchón puede contactar conmigo. Abstenerse quien no cumpla “la condición” y coleccionistas de objetos de John Lennon.

Gracias por tu atención.

Yoko García

yokog1@gmail.com»

………………………………………………

N.B : La habitación 702 del Hilton  Amsterdam, fue remodelada y actualmente es la Suite de John & Yoko. Puedes pasar una noche allí por 1750€… Eso sí, en nombre de la paz y el amor… ; – )

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El décimo cajón.

 

Pepa era una mujer práctica. Todo lo que la rodeaba era funcional. Podía haber una coincidencia entre “bonito” y “funcional” y si la había, Pepa se decantaba por lo “bonito” pero…siempre “funcional”.

Había vivido muchos años, sumergida en la agobiante atmósfera del piso de su madre . Allí los tapetes de ganchillo, los jarrones con flores ( de plástico), los recuerdos de bodas, comuniones y bautizos, las fotografías enmarcadas en plata, de todos los miembros de la familia, las cajitas que no servían para nada pero se coleccionaban ( de niña, las había contado: más de doscientas!) ), las cortinitas con volantes, los libros falsos para dar prestancia a la librería de diseño barroco,…La mayoría de objetos que habitaban con la familia, no servían para nada. “pero queda bonito” le decía su madre.

A Pepa ,tanto tiempo bajo el reinado de  “lo-bonito-de-su-madre”, se le había desequilibrado la percepción de lo que era bonito y lo que era feo. Ya no lo sabía. Así que lo único que le importaba de las cosas, era que le fueran útiles.

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Al contrario de lo que puedes estar pensando ahora mismo, la casa de Pepa era bonita. Liviana y clara, de paredes blancas diáfanas, sin cuadros. Había pocos muebles, pero los que había llamaban la atención. Una gran mesa giratoria presidía la sala, y sobre ella descansaba una gran tele extraplana que podía verse perfectamente desde cualquier ángulo. Le gustaba ver la tele.

No tenía sofá. Siempre acaba estirada , en posición horizontal , así que decidió facilitarse la vida y , directamente, comprar una chaise longue ( doble, por sí tenía visita).

Los libros ocupaban una estantería que llegaba al techo, de listones blancos y sencillos con una escalera con ruedas. Lo importante era tenerlos todos a la vista y llegar fácilmente.

El salón se completaba con una gran mesa , rodeada de seis sillas ( para las cenas con amigos), en la que siempre estaba presente su MacBook, abierto y conectado.

En su habitación, sólo había una gran cama y otra tele colgada en la pared. Un gran vestidor daba paso al lavabo en el que había unas mullidas toallas blancas , un albornoz y un espejo-armario en el que guardaba los productos de belleza ( también pocos pero imprescindibles).En el vestidor,  tenía clasificada su práctica ropa : camisas y camisetas blancas, pantalones y faldas negras, jeans , unas cuantas americanas y chaquetas…. Los zapatos , horrorosos pero muy cómodos, ocupaban una zona preferencial y Pepa, había situado una banqueta para sentarse y otra, inclinada, para apoyar el pie y abrocharse los cordones, cremalleras o hebillas más cómodamente.

No había flores, ni plantas. Ni jarroncitos. Ni cajitas.

A Pepa le habían dicho que era la máxima expresión del minimalismo y a ella ya le iba bien. Prefería que la llamaran minimalista que rara…Y es que no le quedaba más remedio que reconocer que aquella aversión por cualquier elemento superfluo a su alrededor, era raro.

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Hacía unos meses que Pepa tenía un amante. Una aventura. Un no-sé.-qué. Ya hacía tiempo que había dejado de buscar una relación seria y formal. No sabía si era por su rareza o por la superficialidad de los amores que  había encontrado pero no tenía pretensiones más allá de compartir unos buenos momentos con otro ser humano. Esta vez, habían pasado los límites temporales habituales y aquel hombre estaba cada vez más afianzado en su vida, muy cómodo en su casa espartana y absolutamente encandilado con Pepa. Ni siquiera le había pedido que se pusiera otro tipo de zapatos… De una forma natural, ella también se empezó a encandilar.

Y encandilándose , encandilándose , un día se descubrió admirando un mueble cajonero en el escaparate de una tienda. Cuando lo vio, su corazón empezó a latir más deprisa. Una sensación de anhelo la recorrió,  de arriba abajo,  mientras su mirada recorría y acariciaba las formas de la cajonera. Lo más extraordinario del suceso es que aquel mueble, no le servía para nada. No lo necesitaba. Era inútil.

Pepa intentó resistirse a la tentación y cada día, se desviaba de su ruta para no pasar por delante del escaparate pero cuando entraba en su habitación, se imaginaba el mueble cajonero perfectamente integrado en una de las paredes…Vacío, claro, porque no lo necesitaba para nada.

Era tal su obsesión que Pepa le explicó su desazón a su amorcito. Al día siguiente, el mueble cajonero llegaba a su puerta, coronado con un gran lazo rojo y un mensaje que decía : Te quiero.

A Pepa nunca le habían dicho te quiero. Ni de viva voz, ni por escrito ni siquiera con un gesto así que se vio aplastada por una onda de amor desbordante y no pudo evitar que el mueble cajonero que no le servía para nada, acabara en la esquina izquierda de su habitación.

En el ultimo cajón encontró una nota del diseñador. El mueble constaba de diez cajones y su nombre era “La Cajonera Definitiva Nº 10”. Explicaba que el décimo cajón era un archivador definitivo. Cualquier cosa que se introdujera allí, quedaría definitivamente archivada y fuera de su vida. Sonrío ante la audacia del diseñador y del departamento de Marketing pero no pudo evitar explorar el décimo cajón para ver si allí había algo especial o fuera de lo común. Cómo era de esperar, sólo encontró un compartimiento vacío…

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Pasaron los días y se fue acostumbrando a la cajonera. El primer cajón le resulto útil y, aunque sólo fuera uno, aquello ya le daba un sentido al mueble. Cada día, lo abría para soltar las llaves del coche y las de casa. Ese, era el cajón de las llaves…Al cabo de un tiempo, utilizó el segundo para dejar las monedas y el cambio pesado que tenía en los bolsillos. Ese , se convirtió en el cajón de las monedas.

Y mientras le otorgaba una función a cada cajón de su mueble, su historia de amor, la que la tenía encandilada, se convertía en una relación sólida , duradera, formal…

Cuando Pepa ya iba por el quinto cajón ( ese sería el de los cargadores de móvil), el amor de su vida le planteó la posibilidad de vivir juntos.  Ella , dudó. Todo era muy “bonito” y , por fin, había sabido que significaba aquello. Sabía que aquello era “bonito”.

No era funcional y práctico…era hermoso. Y tenía miedo…Tal vez, sólo tal vez, aquella faceta minimalista de su alma, podía acabar con aquella relación …Con toda aquella belleza…. Pero Pepa, que ante todo era muy práctica, reflexionó y pensó que podían hacer una prueba. Un “ a ver qué tal”. Si la cosa se intuía mal, siempre podían volver a ser amantes y amigos.

Las vacaciones , les otorgaban una semana de tiempo libre y… de test. El amor de Pepa, hizo su maleta para pasar una semana con ella. Llegó a su casa y no esperó a acomodar sus cosas sin antes besarla, abrazarla y hacerle el amor. Cenaron, vieron películas antiguas estirados en la chaise longue y se fueron a dormir. Al entrar en la habitación, se demoraron admirando el mueble cajonero, símbolo de su querer y leyeron, de nuevo, la curiosa etiqueta que había en el décimo cajón.

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Al día siguiente, desayunaron haciéndose arrumacos mientras se juraban amor eterno. Pepa estaba tan emocionada que estaba dispuesta a aceptar unas flores para ponerlas en un jarrón. No servían para nada pero…¡eran tan bonitas!…

Mientras se duchaba, oyó la voz del amor de su vida. Lo había dejado deshaciendo su maleta : Cariño, ocuparé el último cajón para mi ropa interior. ¡El décimo y definitivo!- dijo mientras reía.

Y cuando Pepa oyó la última palabra, un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Salió de la ducha, envuelta en su albornoz y no vio a nadie en la habitación. La maleta no estaba en su sitio. Recorrió la casa y revisó todas las habitaciones, mientras iba preguntando ¿Amorcito?. No había ni rastro.

Temblaba descontroladamente cuando entró, de nuevo, en su dormitorio. El décimo cajón del mueble cajonero, emitía una luz roja intermitente. El pomo se desplazó hacia fuera y desplegó una pantalla digital . No era bonita pero sí muy funcional…

Lo último que Pepa vio, antes de desmayarse ,fue el mensaje que parpadeaba en el display del pomo del cajón : “Archivado y Fuera de Su Vida” .