El colchón de Yoko.

Esta mañana, he recibido este mail de una persona desconocida. Me ha pedido que publique su historia en el blog. Ha sido leer el mail y decidir hacer un “Copiar y Pegar”

Ahí va:

“Hola, me llamo Yoko García y te escribo para hablarte de uno de esos “objetos raros” que aparecen en tus relatos. Tú no me conoces, pero yo voy siguiéndote en el blog. Lo descubrí investigando sobre mi objeto y me ayudó saber que había otras personas que también tenían cosas, en casa, que eran …especiales. Ayer leí lo de la cajonera…En mi caso, se trata de un colchón. Un sencillo y cómodo colchón…

Soy de Valladolid: allí nací y allí vivo. Vallisoletana por los cuatro costados.

Te lo comento para que mi nombre, Yoko, no te despiste. No tengo ninguna vinculación con Japón pero si un padre absolutamente fan ( fanático) de John Lennon. Así que, cuando nací, no se le ocurrió nada mejor que ponerme el nombre de la mujer de Lennon…Yo ya estoy acostumbrada. La presencia del Beatle en mi casa, siempre ha sido una constante. Mi padre se vestía como Lennon, se peinaba igual y llevaba las mismas gafitas redondas. Sólo escuchaba su música, devoraba todos los documentales, vídeos de conciertos oficiales e inéditos, analizaba las letras de todas sus canciones y pujaba, en eBay y en las subastas serias también,  por todos los objetos que habían pertenecido al cantante…

Cuando anunció que había comprado el colchón en el que John Lennon y Yoko Ono habían protagonizado su semana  Bed-in peace, a mi madre y a mí, se nos cayó el mundo encima… ¿Un colchón de segunda mano y de…42 años?pero, evidentemente, mi padre estaba encantado. Me había explicado mil veces que en Marzo de 1969, tras su boda, John y Yoko se había encamado durante una semana en la Habitación 902 del Hotel Hilton de Amsterdam , en una acción pacifista para pedir el cese de las guerras y proclamar la paz en el mundo.  La historia me gustaba mucho pero… el colchón, no. Demasiado trote, demasiado ser humano…

colchq

El colchón debía llegar a casa, justo la semana que yo me mudaba a mi apartamento de propiedad e inauguraba mi vida independiente. Mi padre, en un acto de generosidad extrema, me regaló “el colchón”. La cara de alivio de mi madre me indicó que lo que me iba a encontrar era lo que me esperaba encontrar: un colchón viejo y usado pero, claro, no podía defraudar a mi padre. Estaba tan ilusionado…

Mi sorpresa fue encontrarlo en condiciones óptimas. Limpio y aparentemente, bien cuidado. Sólo tenía una pequeña tara pero estaba en la parte posterior por lo que no me importó… Algún romántico había escrito con una preciosa caligrafía y rotulador indeleble: El lugar donde tus sueños se harán realidad.

Confieso que el colchón era muy cómodo y que, ya desde el principio, se adaptó a mi cuerpo con precisión. Tampoco es que yo fuera muy exigente: soy de ese tipo de personas que pueden dormir en cualquier lugar y lo hago a los pocos minutos de ubicarme. Además, mi sueño es profundo y reparador, aunque…no sueño. Bueno, los expertos dicen que todos soñamos por la noche pero que, la mayoría de las veces, no recordamos los sueños y yo soy de las que no me acuerdo de nada.

También dicen que los sueños se pueden provocar, pero yo tampoco he tenido éxito en este tema. Intento imaginar, fabular historias antes de dormir para que me acompañen en el sueño, pero no me ha dado ningún resultado.

En algunas ocasiones, muy pocas, cuando me despierto, tengo en mi mente retazos de lo que ha pasado en mi mundo onírico, aunque se dispersan con rapidez. En una de esas ocasiones, durmiendo en el colchón, se produjo el primer suceso.

Tuve un sueño erótico. Mira, como no me conoces, te diré la verdad: pornográfico. Me sorprendió despertarme con una excitación sexual, real como la vida misma, mientras acudían a mí los destellos del sueño. La historia tenía una cierta lógica en mi vida, ya que, en el sueño, pasaba la noche practicando sexo salvaje con un compañero del trabajo del que estaba enamorada secretamente. Podía ser, claramente, la expresión de un deseo, pero…, me sentí extraña al despertar por todas esas corrientes de sensualidad que no me abandonaban…Por los detalles que recordaba, tan nítidos y tan…como de verdad.  Además, los pocos sueños que podía recordar en toda mi vida, no tenían un argumento lógico, no concluían y, en este, concluí, te lo puedo asegurar.

Ese día, al ver a mi compañero de trabajo, sentí una vergüenza inmensa. Él me miró cómo si supiera lo que mi cerebro calenturiento había fabricado por la noche. Pero su mirada, no me decía que no. Me decía: “Sí”. ¡Si! Ese fin de semana, después de una noche espectacularmente romántica, acabé rodando por la cama y haciendo, de verdad, todo lo que había hecho en mi sueño X…y cuando me besó y su barba acarició mi rostro, supe que era la segunda vez que eso pasaba…

Pensarás que es fantástico, ¿no?

 ¿Te imaginas un colchón que hace realidad tus sueños? pero… ¿Todos, t-o-d-o-s los sueños?…

Al cabo de un tiempo, mis sospechas sobre el colchón se habían calmado. El colchón era eso, un simple colchón…

Seguía sin soñar y durmiendo plácidamente. Mi aventura amorosa era una delicia y nada parecía enturbiar mi vida. Es más, me creía que estaba viviendo uno de esos momentos dulces y, entonces, un día, me desperté con esos destellos de un sueño que me había hecho pasarlo mal.

Al salir del trabajo, me fui a un centro comercial a hacer unas compras y sin saber por qué, me desnudé. Cuando vi que la gente me miraba (entiendo que no es normal, ver a una chica desnuda en pleno centro comercial), empecé a correr hacia el parking para meterme en el coche. Mis piernas, ágiles y entrenadas, se quedaron pegadas al suelo. Me costaba mucho despegarlas y empezar a correr y, a la vez, veía acercarse a mí un grupo de chicos con pintas de pertenecer a una banda urbana, con pretensiones poco amables. El terror me sacudió, pero seguía sin poder moverme. Cuando mis piernas reaccionaron, lo hicieron como a cámara lenta y por un momento, casi pude sentir una mano rozándome el hombro y a punto de atraparme.

Consciente de mi desnudez , corrí todo lo deprisa que me dejaba ese extraño ritmo que se respiraba en la atmósfera y llegué al ascensor. Pulsé el botón de apertura de las puertas, mientras sentía que el peligro se acercaba por la espalda. A los pocos segundos, las puertas se abrieron y me precipité al interior pero allí, no había ascensor . Lo que había era un gran vacío y… caí, lentamente, sin que el final llegará nunca y sintiendo, en mi estómago, una sensación continua del gran loop de una montaña rusa. Aterricé en el suelo, sin daños aparentes y completamente vestida. No sé cómo encontré mi coche, ni cómo pude acertar con la llave. Cuando me senté, dejé caer mi cabeza sobre el volante. Estaba paralizada por el miedo: todo lo que me había pasado era lo que ya había soñado la noche anterior… La chica desnuda en el Centro Comercial, salió en el noticiario de las nueve de la noche. Menos mal que la imagen era borrosa…

Mi gran suerte ha sido que no me acuerdo de mis sueños. Parece ser el factor determinante para que el colchón los haga realidad, sean cuales sean. Si no los recuerdas, no se activan. Los pocos que he recordado, se han hecho reales : me he vuelto a encontrar en la Facultad, a punto de entrar a un examen oral, con los nervios a flor de piel y esa inseguridad tan desagradable de cuando te quedas en blanco delante de más de cien personas;  he asistido a extrañas comidas o fiestas con gente que no conocía de nada pero tenían las caras de mis amigos, aunque no fueran ellos ; he cenado con John Lennon y mi padre, en un hotel al que fui hace muchos años en Mallorca,…y me he hundido en una especie de agujero lleno de serpientes del que no tengo forma de salir hasta que uno de los reptiles empieza a reptar por mi muslo…

Son pocos, pero ya he tenido bastante. Más que nada porque yo no sé controlar lo que sueño y aunque sea poco, es angustioso. Sueños felices o más normalitos, pocos. Eróticos, nada de nada. En eso también he pensado seriamente: ¿Y si me da por soñar cosas con quien no debo y… me acuerdo, y… se convierten en realidad? ¿Qué pasaría con mi novio?… Demasiados problemas…Así que he decidido donarlo.

Lo regalo, pero… con una condición. Una única condición: que la persona que se lo quede sea capaz de controlar sus sueños. Deberá firmar un documento en el que, confirma esta capacidad y asume que actuará bajo su responsabilidad.

Si no es así, mejor que el colchón se quede en el guardamuebles en el que está actualmente.

Si te parece un objeto lo suficiente interesante para tu colección, te agradecería que publicaras esta carta y mi mail de contacto. Si alguien quiere el colchón puede contactar conmigo. Abstenerse quien no cumpla “la condición” y coleccionistas de objetos de John Lennon.

Gracias por tu atención.

Yoko García

yokog1@gmail.com”

………………………………………………

N.B : La habitación 702 del Hilton  Amsterdam, fue remodelada y actualmente es la Suite de John & Yoko. Puedes pasar una noche allí por 1750€… Eso sí, en nombre de la paz y el amor… ; – )

suite

13 pensamientos en “El colchón de Yoko.

  1. es un dejavú o qué? porque esta entrada y la de ayer, ya los leí!!
    ayer me permití dudarlo pero hoy lo confirmé jaja que miedo!

    • Estás bien, E. ;-)
      Son relatos del 2010 y 2011, retocados. Estoy empezando una serie nueva de “Objetos Sencillos que tienes en casa” y mientras voy preparando, estoy releyendo y publicando algunos de la más antiguos…para ponerme en modo ” Objetos” :-)
      Besos!

      • jajaja qué alivio! no tengo ganas de andar con premoniciones por ahora…!
        los objetos cotidianos dan para mucho escribir..!
        besos!

Puedes leer, puedes escribir , puedes hacer lo que quieras...

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