Personas.

Este post va de personas.

Personas que estaba en la playa…

Un paseante solitario.

Un hombre pensativo.

Dos amigas.

Una deportista.

Un pescador.

En todas las fotos hay alguien, menos en esta última en la que la única persona, está detrás de la cámara.

La guardé y me convertí en otra persona más, en la playa…

Los círculos efímeros.

Pude hacer la foto porque pasé por allí justo cuando el hombre de la máquina que limpia la arena salía de la playa.

Desde la distancia, lo podía ver, trazando círculos concéntricos, concentrado, intentando hacerlos muy, muy bien.

Al tomar el camino de vuelta, la obra de arte que había creado el hombre de la máquina que limpia la arena,  ya no estaba…

Cuando lo vuelva a ver, le diré que yo la vi…

Oxígeno, siempre…

Pasear es una de las mejores terapias de oxigenación mental que existen.  Puedes hacerlo por las calles de tu ciudad, no digo que no, pero si se puede optar por un trocito de naturaleza, la terapia es de máximo alcance. Bosque, valle, montaña…

También el mar…

Se combina la ciudad y la naturaleza, porque los paseos marítimos suelen estar asfaltados y hay coches cerca pero, ya que no tenemos acceso a una playa virgen, en esta simbiosis de  coches, humanos y edificios, la brisa, el sonido de las olas, la luz y sus reflejos compensan…

Cada día es diferente. El aire huele y sabe diferente. Sol o nubes. Día azul o día gris…

Siempre bonito.

Siempre oxigenante

La playa.

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Ya va llegando el verano… Hoy ya es junio!!!!!! La playa empieza a llenarse y va desnudándose de la calma y la serenidad con la que se viste en invierno…Mi condición de urbanita se ve acentuada cuando hablamos de huertos, de campos y de montañas. Me he ido acercando a ellos con la edad y por la convivencia y sigo aprendiendo  pero…no soy tan urbanita cuando hablamos del mar…

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Éramos urbanitas entre semana, pero el fin de semana y los largos, largos veranos (de junio a septiembre) , nos convertíamos en habitantes de un pueblo costero…

La playa y el mar han sido una constante en mi vida. Recuerdo los veranos de mi infancia, subidos en una barquita, bordeando las costas de Garraf, mientras los adultos se lanzaban a la caza del mejillón y el pulpo (con la redecilla anudada a la cintura y un machete) y los niños, jugábamos a tirarnos de la barca, a bucear con las gafas, a nadar entre las olas…Siempre, eso sí,  con mucho respeto por el mar (también nos encontramos con oleaje y barca volcada y servicio de emergencia al rescate)…

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Ir a la playa (menos en Agosto, irónicamente que es cuando más puedo) me reconforta. Me “limpia” y me ubica. Está llena de recuerdos felices, de costumbres, de aromas y sabores. Y…Es tan grande, tan magnífica que, cuando me planto en la orilla y miró el horizonte, con el mar también enorme delante de mí,  me recuerda lo que soy, lo pequeña que soy, lo insignificante que soy…Y en vez de empequeñecerme aún más, me descubro agradeciendo poder disfrutar de esa maravilla, de la playa, del mar…de toda su grandiosidad. Entonces…yo me hago grande.

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NB 1 : Arte en la playa de Andrés Amador ( San Francisco)

NB2 : Este mediodía he estado en la playa. He visto latas de refrescos y algunos plásticos. Gente ( mucha, por cierto) fumando y apagando las colillas en la arena… Habría que recordarles que son muy, muy pequeños. Insignificantes y que no tienen derecho a ensuciar algo tan…enorme. Espero que Neptuno, les mande a un grupito de medusas, especialmente irritantes…

Mundocomenosidiotas

Cosas horrorosas, horrorosas.

Este post va de cosas horribles. Horrorosas. Por lo menos, según mi escala “estética”.

Me gustaría conocer el proceso mental para llegar a la conclusión que esto, tiene algún sentido. Me ha recordado a la sensación que tengo en Formentera con los italianos y sus atuendos para ir a la playa. Que nadie se me ofenda pero es que , alucino cada vez que los veo a ellos , casi modelos Armani total, con foulard anudado al cuello . Siempre el foulard. Aunque te estés friendo a pleno sol…Ellas van perfectamente arregladas, manicuradas, peinadas, conjuntadas. De punta en blanco aunque hundan sus tacones en la arena.  Y , oye, que cada uno vaya como quiera a la playa ( faltaría más) pero hay un gran contraste con el estilo mediterráneo autóctono que es como más fresco…

Bien, para esas mujeres que no pueden bajarse de los tacones ni para…bucear, aquí está la primera cosa horrorosa.

Después está lo de este peluquero… Un iluminado que dijo: “Mira, con los postizos puedo hacer esculturas”. La frase “llevo un cerdo/a ( o lo que sea eso) en la cabeza” sólo se entiende si miras esto. Es la segunda cosa horrorosa.

Y la chica es mona… Imaginaos , esto, en un ser humano normal… También tengo la del perrito. Espero que esteís preparados :

La tercera ( o cuarta, si contamos al perro-pelo)cosa horrible, se le ocurrió a un diseñador de ropa deportiva, que no sé si es un orgulloso patriota o un guiri-amante-de-los-estereotipos ( y al pensar en España…) pero la cuestión es que si veís a alguién corriendo con esto, podéis brindarle un “Olé” bien grande.

 

Ya para ir acabando, una muestra del estilo de los que diseñan alta costura. Yo creo, que este tipo ( por mucho Marc Jacobs que sea) aún se está partiendo el pecho…Porque para ir así, debes tener un gran, gran sentido del humor.

…Y para asistir a una gala en el MET de Nueva York… Horroroso.

El último atentado estético, no lo es tanto. Si os centráis en su funcionalidad, el invento está muy bien. Una almohada-gorro que se mantiene fija si estás en un coche, o en el avión…Lo que pasa es que ves la foto del producto y dices : Sí, es horroroso.

Siento las molestias visuales que este post os haya podido ocasionar.

La buena noticia es que , con esto, lo bello aún es más bello…

En tierra firme…

La belleza de estas fotos reside en el mar, pero, sobre todo, en el espacio amplio que aparece casi solitario… Es un casi, porque hay una sola foto en la que no existe presencia humana. Hay una soledad absoluta y, es curioso, porque es el lugar dónde unos seres humanos han ideado un espacio para el uso y disfrute de otros seres humanos…

Una pista de vóley playa vacía. Nadie en tierra firme.

En cambio, en esta otra foto, en el mar, está la tripulación del velero y las barquitas que se le cruzan…Nadie en tierra firme (menos la gaviota que se adivina a la derecha) pero…algunos en el mar.

Y, al final, avisto a dos personas paseando tranquilamente, en este espacio amplio, solitario y bello…

Por fin, alguien en tierra firme…

Paseos saludables y la cámara de fotos.

En la combinación de los paseos saludables y la fotografía, se requiere una cierta capacidad de sincronización con los seres humanos que te acompañan.

Cada foto, pues, supone una parada en el camino y una rotura del ritmo del paseo. Así que, tras disparar la cámara, debes realizar un breve y elegante sprint para volverte a sincronizar con el resto de paseantes que ya han avanzado unos metros más que tú.

Como esta breve carrerita es un buen ejercicio cardiovascular, resulta que hacer las fotos es una rutina de lo más saludable…

La playa se convierte en arte.

Si por casualidad ( vete tú a saber), estaís tomando el sol o paseando por una playa californiana y os encontráis a un tipo como el de la foto armado con un tronco-bastón haciendo dibujitos en la arena, es posible que estéis ante Jim Denevan. 

El artista de lo efímero, el pintor de la playa…. De California, lleva más de 17 años experimentando con este tipo de arte tan volátil, tan breve y tan bello, a la vez…

Y si últimamente me han fascinado los artistas urbanos tipo Bansky o Sam3, ahora es el tiempo de los playeros…

Me atrae el mar y la arena…

Me admira el diseño, la ejecución y ese “atreverse” a no dejar huella mientras la dejas.

Una expresión artística que será acariciada por el agua , para volver a dejar el lienzo en blanco, natural…preparado para más arte.

Pienso en lo que me fastidió que el mar se llevará un artístico “ByPils” que marqué en una playa caribeña , sin tiempo a hacer una foto que fuera testigo de mi proeza…Esa ola juguetona ( y mala) que borró, de un espumazo mi trabajo artístico… Los siguientes intentos, no fructificaron: letras torcidas, una huella de mi pie fastidiando el plano o la arena excesivamente húmeda. Y pienso en este Jim,ese artista que invierte tiempo y espíritu y aún me fascina más…

Si algún día nos dejamos caer por esas playas californianas, quien sabe, igual vemos a un tipo con una gorra y un gran bastón, dibujando en la arena…y convirtiendo la playa en arte.

 

 

 

 


 

Tocar fondo…

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Estoy muy cansado… Me asfixio, me falta el aire…

Prefiero dejarme ir, flotar, hundirme, morir,…No hacer nada porque ya no tengo fuerzas para hacer nada. Nada. Eso es lo que siento que soy en estos momentos, una gran Nada que pesa toneladas de Nada, en medio de la Nada absoluta…

¿Qué se va a perder?, ¿Una vida triste y gris?…

¿Quién me va a echar de menos? En mi Nada no hay Nadie. Los he ido expulsando de mi vida, poco a poco… He sido egoísta y no he querido amar.  Ha sido tanto el dolor que ha padecido mi alma,  que escogí no amar para no perder… Para no sufrir…

Si no hay Nada ni Nadie que me importe, Nada ni Nadie me hará sufrir. Y no he sufrido pero… me he quedado vacío. Tan, tan hueco de todo, que me extraña que ahora mismo no pueda flotar…

Me estoy meciendo, empiezo a bajar. No quiero moverme. No quiero respirar.

Me sorprende un tópico: mi vida pasa por delante de mis ojos en pequeños retazos de imágenes y sensaciones.

Me veo de niño, sonriendo, con aquel gran paquete envuelto con papel de regalo, que contenía ese velero auto dirigido con el que tantos mares exploré.

La sonrisa de mi madre, a la vera de la barbacoa en la playa, asando unas sardinas mientras nos observaba chapotear en la orilla.

Veo la cara de Mar, sus ojos irisados y también brillantes diciéndome que sería mi compañera de vida.

Una imagen de una rosa blanca encima de una lápida y la tristeza inmensa al decir adiós al amor de mi vida.

La mano de mi sobrino, envuelta en la mía. Sus ojos arrobados mientras le explico los secretos de mi antiguo velero de juguete.

Una comida familiar salpicada de risas. Oigo las risas.

Las oigo.

El rostro de mi madre, de nuevo pero envejecido… con esa gran sonrisa eterna mientras me abrazaba, ayer, antes de lanzarme a este viaje maldito.

Oigo a Mar diciéndome Vive por mí.

Todo brilla.

Resplandece.

Siento que he vivido con los ojos cerrados y no he podido percibir esos deliciosos destellos de luz que irradian los que me rodean pero, ahora, a punto de dejar que mis pulmones se inunden de agua, estoy abriendo los ojos y, aunque todo está oscuro, yo veo como brilla.

Y no quiero dejar de verlo.

Mis manos y mis pies despiertan y empiezan a moverse, buscando el mejor movimiento para emerger hacia la luz que yo veo, aunque ahí fuera la noche sea profunda.

La sonrisa de mi madre y la voz de Mar, me impulsan hacia arriba. Mis pulmones están a punto de estallar pero una fuerza brillante me anima.

Subo, subo, subo…y, por fin, respiro. Lo hago con furia, mientras el agua se mezcla con ese aire frío que me vuelve brillante y poderoso. Me bebo el oxígeno a grandes bocanadas, mientras mi cuerpo reacciona con violencia a esta nueva situación.

No quiero hundirme.

Estoy exhausto pero feliz. He visto toda la luz que me rodea y no quiero perderme en este mar oscuro.

Lentamente, mi respiración se acompasa. Me tiendo sobre el agua, mirando hacia el cielo, con los brazos en cruz. Me río, pensando que estoy haciendo el muerto cuando lo que he decidido es vivir.

El agua me mece y me lleva. Mis músculos se relajan y se preparan: hay que nadar hacia ese mundo brillante que me espera.

Algo me roza el brazo y me inquieta pero me hace sentir vivo. Tengo miedo y después de tanto tiempo sin Nada ni Nadie, recibo con placer un sentimiento, aunque sea ese.

Nado, nado, nado y nado.

Mi mente me tatarea una canción y acoplo el ritmo de mis brazos a lo que oigo en mi cabeza.

Nado, nado y nado.

Sólo me importa avanzar.

Nadando.

Cuando acaba la música,  mis brazos y piernas se hacen más pesados. Me preparo para descansar, de nuevo. Parar, relajarme y seguir nadando hacia la luz pero, cuando mis piernas alcanzan la posición vertical, siento algo en la punta de los dedos.

Es algo mórbido y mullido, que me acaricia los pies y que siento como una delicada caricia.

Me conforta.

Me deleito en la sensación, intentando mantenerme a flote hasta que mi cerebro procesa una posibilidad.

El fondo.

Estoy tocando fondo.

Me impulso pero esta vez hacia abajo y las plantas de mis pies chocan con una superficie arenosa que me llena de alegría.

La energía es tan poderosa que me permite dar unas brazadas más, venciendo a mi cuerpo que ahora es de plomo, e incorporarme, emergiendo del agua, con mis pies firmemente clavados en la fina textura de esa arena milagrosa.

Camino sin ver, arrastrándome, dejando surcos que anuncian que estoy vivo.

Me derrumbo en una playa pequeña, en la arena seca que aún conserva la tibieza del sol.

Encima de mí, un manto de estrellas relucientes me da la bienvenida.

Todo brilla.

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