Paseos saludables y la cámara de fotos.

En la combinación de los paseos saludables y la fotografía, se requiere una cierta capacidad de sincronización con los seres humanos que te acompañan.

Cada foto, pues, supone una parada en el camino y una rotura del ritmo del paseo. Así que, tras disparar la cámara, debes realizar un breve y elegante sprint para volverte a sincronizar con el resto de paseantes que ya han avanzado unos metros más que tú.

Como esta breve carrerita es un buen ejercicio cardiovascular, resulta que hacer las fotos es una rutina de lo más saludable…

La playa se convierte en arte.

Si por casualidad ( vete tú a saber), estaís tomando el sol o paseando por una playa californiana y os encontráis a un tipo como el de la foto armado con un tronco-bastón haciendo dibujitos en la arena, es posible que estéis ante Jim Denevan. 

El artista de lo efímero, el pintor de la playa…. De California, lleva más de 17 años experimentando con este tipo de arte tan volátil, tan breve y tan bello, a la vez…

Y si últimamente me han fascinado los artistas urbanos tipo Bansky o Sam3, ahora es el tiempo de los playeros…

Me atrae el mar y la arena…

Me admira el diseño, la ejecución y ese “atreverse” a no dejar huella mientras la dejas.

Una expresión artística que será acariciada por el agua , para volver a dejar el lienzo en blanco, natural…preparado para más arte.

Pienso en lo que me fastidió que el mar se llevará un artístico “ByPils” que marqué en una playa caribeña , sin tiempo a hacer una foto que fuera testigo de mi proeza…Esa ola juguetona ( y mala) que borró, de un espumazo mi trabajo artístico… Los siguientes intentos, no fructificaron: letras torcidas, una huella de mi pie fastidiando el plano o la arena excesivamente húmeda. Y pienso en este Jim,ese artista que invierte tiempo y espíritu y aún me fascina más…

Si algún día nos dejamos caer por esas playas californianas, quien sabe, igual vemos a un tipo con una gorra y un gran bastón, dibujando en la arena…y convirtiendo la playa en arte.

 

 

 

 


 

Tocar fondo…

marnoche

Estoy muy cansado… Me asfixio, me falta el aire…

Prefiero dejarme ir, flotar, hundirme, morir,…No hacer nada porque ya no tengo fuerzas para hacer nada. Nada. Eso es lo que siento que soy en estos momentos, una gran Nada que pesa toneladas de Nada, en medio de la Nada absoluta…

¿Qué se va a perder?, ¿Una vida triste y gris?…

¿Quién me va a echar de menos? En mi Nada no hay Nadie. Los he ido expulsando de mi vida, poco a poco… He sido egoísta y no he querido amar.  Ha sido tanto el dolor que ha padecido mi alma,  que escogí no amar para no perder… Para no sufrir…

Si no hay Nada ni Nadie que me importe, Nada ni Nadie me hará sufrir. Y no he sufrido pero… me he quedado vacío. Tan, tan hueco de todo, que me extraña que ahora mismo no pueda flotar…

Me estoy meciendo, empiezo a bajar. No quiero moverme. No quiero respirar.

Me sorprende un tópico: mi vida pasa por delante de mis ojos en pequeños retazos de imágenes y sensaciones.

Me veo de niño, sonriendo, con aquel gran paquete envuelto con papel de regalo, que contenía ese velero auto dirigido con el que tantos mares exploré.

La sonrisa de mi madre, a la vera de la barbacoa en la playa, asando unas sardinas mientras nos observaba chapotear en la orilla.

Veo la cara de Mar, sus ojos irisados y también brillantes diciéndome que sería mi compañera de vida.

Una imagen de una rosa blanca encima de una lápida y la tristeza inmensa al decir adiós al amor de mi vida.

La mano de mi sobrino, envuelta en la mía. Sus ojos arrobados mientras le explico los secretos de mi antiguo velero de juguete.

Una comida familiar salpicada de risas. Oigo las risas.

Las oigo.

El rostro de mi madre, de nuevo pero envejecido… con esa gran sonrisa eterna mientras me abrazaba, ayer, antes de lanzarme a este viaje maldito.

Oigo a Mar diciéndome Vive por mí.

Todo brilla.

Resplandece.

Siento que he vivido con los ojos cerrados y no he podido percibir esos deliciosos destellos de luz que irradian los que me rodean pero, ahora, a punto de dejar que mis pulmones se inunden de agua, estoy abriendo los ojos y, aunque todo está oscuro, yo veo como brilla.

Y no quiero dejar de verlo.

Mis manos y mis pies despiertan y empiezan a moverse, buscando el mejor movimiento para emerger hacia la luz que yo veo, aunque ahí fuera la noche sea profunda.

La sonrisa de mi madre y la voz de Mar, me impulsan hacia arriba. Mis pulmones están a punto de estallar pero una fuerza brillante me anima.

Subo, subo, subo…y, por fin, respiro. Lo hago con furia, mientras el agua se mezcla con ese aire frío que me vuelve brillante y poderoso. Me bebo el oxígeno a grandes bocanadas, mientras mi cuerpo reacciona con violencia a esta nueva situación.

No quiero hundirme.

Estoy exhausto pero feliz. He visto toda la luz que me rodea y no quiero perderme en este mar oscuro.

Lentamente, mi respiración se acompasa. Me tiendo sobre el agua, mirando hacia el cielo, con los brazos en cruz. Me río, pensando que estoy haciendo el muerto cuando lo que he decidido es vivir.

El agua me mece y me lleva. Mis músculos se relajan y se preparan: hay que nadar hacia ese mundo brillante que me espera.

Algo me roza el brazo y me inquieta pero me hace sentir vivo. Tengo miedo y después de tanto tiempo sin Nada ni Nadie, recibo con placer un sentimiento, aunque sea ese.

Nado, nado, nado y nado.

Mi mente me tatarea una canción y acoplo el ritmo de mis brazos a lo que oigo en mi cabeza.

Nado, nado y nado.

Sólo me importa avanzar.

Nadando.

Cuando acaba la música,  mis brazos y piernas se hacen más pesados. Me preparo para descansar, de nuevo. Parar, relajarme y seguir nadando hacia la luz pero, cuando mis piernas alcanzan la posición vertical, siento algo en la punta de los dedos.

Es algo mórbido y mullido, que me acaricia los pies y que siento como una delicada caricia.

Me conforta.

Me deleito en la sensación, intentando mantenerme a flote hasta que mi cerebro procesa una posibilidad.

El fondo.

Estoy tocando fondo.

Me impulso pero esta vez hacia abajo y las plantas de mis pies chocan con una superficie arenosa que me llena de alegría.

La energía es tan poderosa que me permite dar unas brazadas más, venciendo a mi cuerpo que ahora es de plomo, e incorporarme, emergiendo del agua, con mis pies firmemente clavados en la fina textura de esa arena milagrosa.

Camino sin ver, arrastrándome, dejando surcos que anuncian que estoy vivo.

Me derrumbo en una playa pequeña, en la arena seca que aún conserva la tibieza del sol.

Encima de mí, un manto de estrellas relucientes me da la bienvenida.

Todo brilla.

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La playa.

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Ya va llegando el verano… La playa empieza a llenarse y va desnudándose de la calma y la serenidad con la que se viste en invierno…Mi condición de urbanita se ve acentuada cuando hablamos de huertos, de campos y de montañas. Me he ido acercando a ellos con la edad y por la convivencia y sigo aprendiendo  pero…no soy tan urbanita cuando hablamos del mar…

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Éramos urbanitas entre semana, pero el fin de semana y los largos, largos veranos (de junio a septiembre) , nos convertíamos en habitantes de un pueblo costero…

La playa y el mar han sido una constante en mi vida. Recuerdo los veranos de mi infancia, subidos en una barquita, bordeando las costas de Garraf, mientras los adultos se lanzaban a la caza del mejillón y el pulpo (con la redecilla anudada a la cintura y un machete) y los niños, jugábamos a tirarnos de la barca, a bucear con las gafas, a nadar entre las olas…Siempre, eso sí,  con mucho respeto por el mar (también nos encontramos con oleaje y barca volcada y servicio de emergencia al rescate)…

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Con lo que yo era en alta mar! ; – ) Un kit-Kat : Después de ver la película de “Tiburón”, todo cambió ( maldigo a Spielberg por quitarme la inocencia marinera) y cada vez que me tiraba al agua, no podía evitar pensar en todo lo que habitaba por debajo de mis pies, a muchos metros por debajo…De repente, una corriente de agua fría llegaba a mis piernas, y me convertía en la nadadora más veloz del universo rumbo a la barca. Si alguien tatareaba la melodía de la peli, ya lo que  iniciaba era una propulsión acuática tipo cohete (que viene a ser “salir disparada”) …

Un trauma, vamos.

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Aún hoy, confieso, me produce un cierto repelús…

(Rectifico : m-u-ch-o repelús.)

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Ir a la playa (menos en Agosto, irónicamente que es cuando más puedo) me reconforta. Me “limpia” y me ubica. Está llena de recuerdos felices, de costumbres, de aromas y sabores. Y…Es tan grande, tan magnífica que, cuando me planto en la orilla y miró el horizonte, con el mar también enorme delante de mí,  me recuerda lo que soy, lo pequeña que soy, lo insignificante que soy…Y en vez de empequeñecerme aún más, me descubro agradeciendo poder disfrutar de esa maravilla, de la playa, del mar…de toda su grandiosidad. Entonces…yo me hago grande.

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NB 1 : Arte en la playa de Andrés Amador ( San Francisco)

NB2 : Este mediodía he estado en la playa. He visto latas de refrescos y algunos plásticos. Gente ( mucha, por cierto) fumando y apagando las colillas en la arena… Habría que recordarles que son muy, muy pequeños. Insignificantes y que no tienen derecho a ensuciar algo tan…enorme. Espero que Neptuno, les mande a un grupito de medusas, especialmente irritantes…

Mundocomenosidiotas

De incógnito.

Este sol matador de estos días ( hay quién dirá que “radiante” pero , a mí, me ha chafado hasta convertirme en un mini-yo. Ya se ha visto) , el pájaro que emite ese “cucuuuuttt” por la mañana y la muchedumbre que he visto hoy en la playa, me confirman que el verano no es que se acerque. No, ya está aquí. Viene unos días de gorra, antes que unos señores salgan en la tele y digan que a la hora tal ( es exacta) , el verano ha hecho su aparición. Es en plan, “estoy en una esquina y las 7:37 ¡ta chán! aparezco”

Lo de la playa me ha parecido…raro. Yo la he visto desde el coche …y me he tenido que ir parando en todos los pasos de peatones para dejar pasar ( amablemente, siempre) a los que iban dirección hacia la arena , con sombrillas, colchonetas, pelotas y toda la parafernalia. Había mucha actividad. Gente joven, familias, jubilados, turistas… Eran las 10:30 de la mañana de un jueves, 31 de mayo…Debe ser que yo aún no me he puesto el chip del veranito porque me ha descolocado.

Ya he superado la fase “de ropa de invierno a ropa de verano” pero lo que es mentalmente, estoy en plena primavera ( o eso querría yo). Para que el “modo estival” se active en mi cerebro suelen pasar dos cosas : 1) el anuncio de Estrella Damm y 2) la verbena de Sant Joan. La primera fase de activación, ya se ha iniciado.

La marca de cerveza ya ha presentado su spot del 2012 de la serie “Mediterráneamente”. Localizado en Mallorca ( Serra de Tramuntana, Patrimonio de la Humanidad ) y con banda sonora sueca, de nuevo : los Lacrosse con su You can’t say no forever ( 2007). Esta canción es como la Tónica, con dos pasadas, ya te puede dar el enganche veraniego.

Cada año, desde que se inició esta campaña, la he comentado en el blog.El slogan de este año, es : “Cuando amas lo que tienes, tienes todo lo que quieres” y a eso,no hay que añadirle nada más. Me gusta. Como cada año…  El tono, la imagen, el argumento…nada cambia. Lo hace la canción y la localización pero no hay demasiadas diferencias con los spots de ediciones anteriores. En otras circunstancias, podríamos decir que no es muy creativo pero a mí lo que me llama, es ese factor de repetición. Porque consiguen, que evoque recuerdos y sensaciones , que me acuerde de los veranos jóvenes y que todo eso junto, me haga pasar un instante espléndido. Si algo de bueno tienen esos recuerdos, es que me alimentan el alma ( y no engordan).

Así que ya está aquí el spot de la cervecita y la verbena, acercándose… Si alguien se creyó aquello de no sacarse el sayo hasta el 40 de mayo, que se olvide y se lo vaya sacando. Si no, hay riesgo de asfixia.

El verano ya está aquí. Lo que pasa es que va de incógnito.

NB : Y quiero a Mallorca. Allí enraíza gente mía, amiga. Una  abraçada!