Hawi & Sumi

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El cambio de estación en este blog, se produce cuando Hawi deja de bailar… Mientras ella se mueva, estamos en veroño. Ni verano, ni otoño…

Hawi es la pequeña muñeca que me acompaña desde hace un año. Se mueve con energía solar y está en un alfeizar de una ventana que veo al salir de casa. Verla, se han convertido en una rutina. Uno de esos detalles insignificantes del día…

En este año, Hawi ha sufrido tormentas, lluvias, granizadas, viento y frío. El sol, su aliado, pero también su enemigo, ha desgastado los vívidos colores con los que llegó a mi casa, pero… ha sobrevivido a todo y este verano, ha estado bailando otra vez… Tiene un pequeño tic y emite un click click que antes no se oía, pero …ahí está. Bailando…

Lo que no os he dicho que, desde hace dos meses, Hawi tiene un compañero.

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En un alarde de originalidad, lo he llamado Sumi.

Sumi estaba en una estantería de “Oportunidades” a 0,50€. Lo encontré muy simpático y lo puse en el alfeizar de la ventana, junto a Hawi. Él está más nuevo, sus colores son más brillantes y, sorprendentemente, baila en el sentido contrario que ella. Si ella se balancea hacia la derecha, él lo hace hacia la izquierda. Los primeros días, lo paraba con los dedos y lo coordinaba con el ritmo de Hawi. Ahora, ya no. Hay veces que los veo conjuntados y, otros, arrítmicos perdidos…Los dejo a su aire…

Esto me ha hecho pensar en el concepto de soledad que nos rige. Nos aflige, nos oprime, la tememos cuando, en realidad, la soledad es un hecho objetivo. No es bueno ni es malo. El adjetivo, el sentimiento que provoca sólo puede interpretarlo cada individuo y de forma diferente. Feliz o triste. Deseada o temida. Nueva o vieja conocida. Obligada o por elección… Cada soledad es una edición original y única…

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A Hawi, la compañía le ha venido impuesta. Igual prefería estar sola, con su tic y su baile.De repente, ha aparecido un luchador de sumo en su parcela del alfeizar de la ventana. No sé si acabaran siendo amigos… Yo creo que sí porque Sumi se mueve bien pero , de momento, no bailan al unísono todos los días…

Aunque…no me hagáis mucho caso. A veces, olvido que son dos muñecos de plástico…

 

 

 

 

Otoño. Ya.

Una lucha enconada. Choque de trenes. Uno que no se quiere ir, el otro que quiere entrar y no lo dejan.

El clima está como el mundo…

El verano decidiendo que este año, mira, se quedaba un mes y medio más.

El otoño, asombrado (el verano le dio con la puerta en las narices), no ha sabido cómo reaccionar.

Hasta hoy.

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El otoño está hasta el otoño que lo llamen veroño (palabra nueva, muy aguda, de la fusión de verano + otoño).

El verano ya ha tenido su momento de gloria, así que ni veroño ni veroña. Se ha puesto firme y ha desplegado lluvia, granizo y viento.

Otoño. Y punto.

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