LO VE

Esta vez, las letras de madera me han servido para hacer un Love partido.

Porque no sé qué pasa en el mundo que el amor se ha roto y está por ahí, en fragmentos que se deben unir. Ojalá solo fueran dos trozos, pero parece que se ha fragmentado en nanopartículas.

Tengo un “Lo” y un “Ve” y los voy a colgar juntos.

Ojalá sea un presagio…

Con las gafas puestas…

Nadie sabía qué tenían aquellas gafas. Sí, eran especiales. Hechas a mano y de diseño atrevido con montura de madera de boj. Los cristales, tintados con una fórmula secreta, eran de un tenue tono rosado… Tras la aparición de una foto en Instagram de una It Girl, en la que la chica posaba con las gafas y los morritos fruncidos ( y esa V de victoria con los dedos que ponen siempre), el fabricante de las gafas se vio desbordado de pedidos.

Y mira que él iba haciendo. Sin prisa, pero sin pausa. Unas 5 gafas al día…No necesitaba más para que su pequeña tienda, en el Eixample de Barcelona, sobreviviera en estos tiempos de marcas fastuosas y macro tiendas tipo templo…

Durante mucho tiempo sólo algunos sabían lo que podían hacer aquellas gafas. Ahora, por culpa de la influencer, era de domino mundial. Aquel objeto, a caballo entre el diseño vanguardista y un producto artesano, te hacían ver la belleza de la vida … No el típico cuento del “color de rosa”. No. Era algo más exquisito, más trascendental…

conlasgafaspuestas

Cuando te ponías aquellas gafas, el cielo se veía más azul, casi comestible y te conducía, irresistiblemente, a inspirar profundamente y a sonreír. Con las gafas puestas, te sentías agradecido de estar vivo, sintiéndolo como un inmenso privilegio y no como un derecho adquirido. De repente, por tu lado pasaba un niño de la mano de su madre y te miraba y te sonreía y esa sonrisa, con las gafas puestas, se convertía en un regalo maravilloso. La mariposa de mil colores que se posaba en la rama de un árbol en plena calle la veías con un zoom milagroso, con las gafas puestas…Cualquier pequeño detalle del entorno, lo más simple, se convertía en una dosis de belleza exquisita…

Con las gafas puestas…

Como en las grandes historias, los dueños de una multinacional con tropecientas mil tiendas de gafas repartidas por el mundo visitaron al artesano. “Queremos la fórmula”- le dijeron “Le pagaremos lo que quiera” pero el creador de las gafas no sabía de qué le hablaban. Él había mostrado al mundo como hacía sus gafas, que productos utilizaba en todo el proceso, proporciones exactas y metodologías, pero… sólo sus manos producían la alquimia mágica para que las gafas te mostraran la vida en todo su esplendor… La pequeña tiendecita se llenó de gente, la venta on -line crecía sin parar… Unos señores, vestidos con un traje negro, no dejaban ni a sol ni asombra al pobre artesano…

Un día, la tienda amaneció cerrada, con un letrerito pequeño en la puerta: Vacaciones Indefinidas. Nadie supo decir cuando se había ido ni a dónde… Dejó unos paquetes con gafas de regalo para sus vecinos y sus amigos del barrio y nunca más se supo…

Pienso en ello mientras escribo este post. Entra la brisa por la ventana y veo los árboles, meciéndose al ritmo cadencioso de este viento suave. El verde es muy intenso y oigo a las hojas, bailando… ¡Oh! Un pajarito se posa en una rama…El canto es precioso y también, esos toques rojizos de las plumas de sus alas…

Dicen que te lo puedes encontrar en mercadillos, de los de artesanía, en pueblecitos pequeños de aquí y de allá…Aún hay gente que puede comprar las gafas y con ellas puestas, tener el privilegio de “ver” la vida…

Los hombres de negro, lo siguen buscando… Si alguien lo encuentra que no lo delate. Es más, que no dude ni un segundo en comprar una de esas gafas…

Yo ya tengo las mías…

NB :Gafas de Woodys Barcelona.

NB 2 : 2023 : Hay tanta violencia, maldad, crispación e ira en este mundo que, si alguien encuentra al artesano, le pida que haga millones y millones de gafas. Se necesitan más que nunca.

Píldoras.

Lo que se puede hacer con una palabra, retocando una letra…

Cuando he visto estas esculturas, he pensado que ya hay una o dos generaciones que jamás han visto un teléfono de estos, ni sus cables rizados…Me hago mayor. Lo sé.

 

 

Una diminuta pero luminosa flor, pintada en una pared. De Paul Harflee.

El momento oportuno.

¿Cuántas veces hemos buscado el momento oportuno?

En primer lugar, el “momento”: Porción de tiempo muy breve.

Y el adjetivo, su cualidad, “oportuno”: Que sucede o se realiza en unas circunstancias o un momento buenos para producir el efecto deseado.

O sea, en una porción de tiempo muy breve sucederá algo bueno que producirá un efecto X que ya hemos previsto y que queremos que sea ese. A nadie se le escapa que disponemos de un lapso temporal demasiado pequeño para tener el tiempo y espacio necesarios para decidir si es o no oportuno lo que sea que vamos a hacer o decir. Es por eso que los “momentos oportunos” escasean. Es más, corren por ahí muchos momentos que creemos oportunos y se convierten en momentos a secas porque no producen el efecto deseado o lo que es peor, producen el efecto contrario al deseado…

Lo que escasea, se encarece. Lo que escasea, se desea más.

Y así me encontraba yo, buscando de forma desesperada el momento oportuno.

momentos 1

Cuando abrí la puerta y me encontré con el anciano con una maleta, me sorprendí. Esperaba un vendedor de momentos oportunos más ejecutivo. No sé. Con traje y corbata…

El hombre me habló deprisa: Sólo tengo un momento para Ud. Ya sabe, el tiempo es muy caro. Le hice pasar al salón. Se sentó en el sofá y apoyó con mucha delicadeza la vieja maleta de madera en la mesita de centro. La abrió con cuidado y pude ver que contenía unos frascos de cristal repletos de algo líquido, de muchos colores diferentes.

Con una voz serena, me explicó que cada frasco contenía un momento oportuno y que eran los únicos que le quedaban. Los momentos oportunos tenían que reposar un mínimo dos años en bodega y sólo se podían recolectar en las noches de luna llena que coincidieran con el equinoccio de la estación… La complicación hacia que la serie de momentos disponibles tuviera unos precios elevados. Muy elevados.

–Ahora mismo le puedo ofrecer el momento oportuno para pedir una hipoteca, para cambiar de trabajo, para un divorcio o separación, para formar una familia, para decir que sí, para decir que no y para morir.

momentos 2

En esa lista estaba el que yo quería. El que necesitaba. ¿Cuál sería? ¿El azul? ¿El rosa?

 -Sólo yo se lo puedo administrar en la dosis correcta. – Continuo el anciano– Una equivocación en el gramaje lo convertiría en un “momento letal”. Emitió una risita que se me antojo siniestra, pero…lo quería.  Quería mi momento oportuno para…

El hombre se desmayó.. Mis reflejos no fueron lo suficientemente rápidos y la cabeza del anciano impactó contra la maleta. Los frascos salieron disparados y se estrellaron contra el suelo, fragmentándose y dejando perder los momentos que contenían.

Me acerqué y lo toqué con un dedo. Con cuidado de no moverlo. Nada.

Le grité. Después, me atreví a zarandearlo. y finalmente, llamé a Emergencias.

Unos días más tarde, me llamaron del Hospital.

-. Este era el único teléfono que había en su móvil. No tiene familia y nadie ha reclamado sus cosas. Las trajeron de la habitación que había alquilado. Es una vieja maleta de madera con muestras de colorantes y llevan un post-it con su número.

Tengo todos los momentos oportunos en mis manos pero no sé como va esto.

¿Alguien sabe como identificar un momento oportuno?

Fotos con palabras.

Dudó.

No sabía si sentarse.

No se fiaba de los bancos…

¡No vayas a la fuente!

Decidió sentarse de espaldas al mundo.

Y se quedó parada en la calle.

Inamovible.

Dice que le enseñaron a no pisar las plantas.

Ninguna planta.

Street Art (relatado).

Street-Art de Pejac (en París)

Cada vez hacía más calor. Se oían truenos.

Se asemejaban a unas carcajadas infantiles, distorsionadas y a un volumen que reventaba los tímpanos….

Estábamos desconcertados.

Corríamos, corríamos, corríamos…Huyendo del haz de fuego que aparecía de repente.

Desesperados.

Elegía a uno de nosotros y lo carbonizaba…

Seguimos huyendo pero, por poco tiempo …

Se nos acaba la pared…

 

Asombro, miedo y «acojonante».

A veces, las palabras parecen esquivas, y la mente se queda en silencio, incapaz de encontrar la chispa creativa necesaria para escribir un post. La pantalla en blanco se convierte en un desafío abrumador. La falta de ideas se cierne como una nube gris, frustrando nuestros intentos de plasmar pensamientos en papel.

Pero en esos momentos de bloqueo, debemos recordar que la inspiración puede surgir de las situaciones más inesperadas. Observar el mundo, sumergirse en diferentes experiencias y permitirse el tiempo para reflexionar, son puertas que pueden abrirse a nuevas ideas. La clave está en perseverar y confiar en que la musa volverá a encontrar su camino hacia nosotros.

En este momento, empiezo a escribir yo, en plan humano, tecleando, porque el texto que acabáis de leer , lo ha generado ChapGPT y la imagen, DreamStudio. Lo que aparece en este momento en mi mente imperfecta es la palabra «acojonante» que según la Inteligencia Artificial es : «Decimos «acojonante» para expresar asombro o admiración ante algo impactante o sorprendente. Aunque su origen es relacionado con el miedo, en el uso coloquial adquiere un tono informal y enfático. Es una forma de resaltar algo extraordinario o impresionante, superando las expectativas.» También me advierte que tenga cuidadín con la palabra : «Es importante mencionar que se trata de una expresión informal y puede ser considerada vulgar en ciertos contextos o por algunas personas. Por ello, es recomendable utilizarla con precaución y tener en cuenta el tono y el público al que nos dirigimos al emplear esta palabra en una conversación o en un texto.»

Yo lo utilizo en sus dos sentidos : asombro y miedo.

Esta última imagen también es humana : hay una foto base que hice de un marco que pinté de negro pizarra . Le he dado el efecto, la he convertido en B/N y le he puesto el texto. Un generador de imágenes por IA , esto lo hace en segundos. Pues eso…

Entre pitos y flautas…

El otro día, en una conversación en la cocina, salió la expresión “Entre pitos y flautas”. Fue algo así como: ¡Nos hemos olvidado de las patatas! No pasa nada, entre pitos y flautas, nos da tiempo. Los pitos podrían ser las alcachofas que se estaban haciendo en el horno y las flautas, la parafernalia asociada: pon el mantel, la cubertería, la vajilla, la cristalería. Aceites y vinagres. El pan en su panera…

Entre una cosa y otra … Las patatas estuvieron a punto en la mesa.

Conocedores de mi interés por saber el origen de este tipo de expresiones, me lo preguntan. Ni idea ¿Por qué decimos entre pitos y flautas? Así que me he dedicado a investigar y , por primera vez, me he quedado sin una respuesta clara a la pregunta.

Lo más popular es su asociación con La cuentas del Gran Capitán. Un caudillo cordobés que tuvo que justificar ante los Reyes Católicos los gastos de su campaña y que se dedicó a apuntar en una libretita todo tipo de dispendios, algunos de ellos muy por encima de coste de mercado . Ejemplos de las cuentas: reparación de campanas que se estropearon al ser utilizadas para clamar la victoria, las oraciones de los frailes, monjas y curas para que los soldados ganaran o  las limosnas para que se rezara al alma de los que murieron en la contienda. Supongo que el Gran Capitán compró pitos ( para los marineros) y flautas ( para dar ánimos a los combatientes). Y digo «supongo» porque en ningún caso aparecen los pitos y las flautas de marras en el listado.

La diferencia entre un pito y una flauta está clara. Una cosa es un artefacto mecánico que produce un sonido único y la flauta es un instrumento. Son rangos diferentes : uno es de más calidad que el otro ( menos si estás en un campo de fútbol). En mi investigación, lo más cercano que he encontrado es el estribillo de un poema de Luis de Góngora, en el que se lamenta de lo injusta que es la Fortuna al otorgar su don : «cuando pitos flautas, /cuando flautas pitos.»

Y si te lo lees, ves que la Diosa Fortuna sigue repartiendo, así, sin demasiado criterio desde los tiempos del Barroco.

Letrillas.LIV
Da bienes Fortuna 
que no están escritos: 
cuando pitos flautas, 
cuando flautas pitos.
¡Cuán diversas sendas 
se suelen seguir 
en el repartir 
honras y haciendas! 
A unos da encomiendas, 
a otros sambenitos. 
Cuando pitos flautas, 
cuando flautas pitos
.
A veces despoja 
de choza y apero 
al mayor cabrero, 
y a quien se le antoja; 
la cabra más coja 
pare dos cabritos. 
Cuando pitos flautas, 
cuando flautas pitos.
Porque en una aldea 
un pobre mancebo 
hurtó sólo un huevo, 
al sol bambolea, 
y otro se pasea 
con cien mil delitos. 
Cuando pitos flautas, 
cuando flautas pitos.

Pero de mis pitos y mis flautas, nada.

Entre una cosa y la otra, entre esto y lo otro, por un motivo o por otro, no he podido saber por qué decimos “Entre pitos y flautas”.

Mulder , Scully, si seguís por ahí , tenéis un Expediente X…

¿Te apetece venir a tomar un café?

Foto de Thomas Murphy en Unsplash

“Tomar un café” es uno de esos ritos encantadores que nos hace más sociables, más amigos y, claro, en un primer impulso me vas a decir que sí. Quedaremos en mi casa, te haré pasar a mi salón y te dejaré sentado en mi nuevo sofá color chocolate.

Un poco de música suave enriqueciendo la atmósfera, te hará sentirte cómodo. Tendrás ganas de hablar de la vida, de lo transcendental o, simplemente, de lo que es superfluo, pero nos hace reír.

Mientras comentamos la jugada, me oirás trastear por la cocina. Sacaré mi vieja cafetera de puchero de uno de los armarios y, tú, sorprendido, me preguntarás por mi máquina de espresso de diseño. Sí, la de las capsulitas. Yo te responderé que he vuelto a mis orígenes y que te estoy preparando el mejor café del mundo en la vieja cafetera de mi abuela. Te distraeré, describiéndote los orígenes que he elegido para esta mezcla de granos: un poco de Kenia, Brasil y un toque napolitano…

Foto de Alexandra Gorn en Unsplash

A los pocos minutos de encender el fuego, empezarás a sentir la fragancia sutil del café que se hará más insistente, más poderosa. Ya estarás absolutamente relajado y dispuesto a que nos conectemos con este ritual del tomar el café… Entonces, la cafetera alcanzará su punto místico, al borde de la ebullición y se pondrá a cantar La Traviata. Sí, no lo has leído mal: La Traviata de Verdi.

Serán unos compases que tú no oirás…

Lo descubrí el día ese tan famoso en el que se fue la luz. La avería general afectaba a mi calle y la voz automática del Servicio de Atención al Cliente, me informó que tenía para cinco horas sin suministro.  Esperaba visita así que empecé a pensar como iluminarnos…

Busqué la linterna y no encontré la linterna. Tampoco di con las velas de emergencia que todos, todos, tenemos en casa así que recurrí al precioso velón de vainilla que me regalaron para mi cumpleaños que me había resistido a encender para no perder la delicada forma cubista en la que estaba esculpido.

La cocina se iluminó tenuemente con la suave luz de la llama y un aroma dulzón de vainilla se esparció por la cocina. Me apeteció un café. Un rico espresso, de esos aromáticos y cremosos. Un Blue Mountain sería una buena elección, pero miré mi preciosa máquina de café, de diseño, con sus capsulitas y totalmente muerta y borré de mi mente la idea del café. Pero la idea se imponía en mi cabeza: café, café, café….

Desde pequeña, he vivido el” tomar café” como un rito sagrado. Íbamos a un tostadero, dónde mi padre elegía según los orígenes. Lo compraba en grano, ya que consideraba imprescindible molerlo instantes antes de ponerlo en su cafetera. Este grato recuerdo que casi huelo, me hizo recordar que tenía la vieja cafetera de mi abuela en el fondo de un armario y ¡Funcionaba con mi cocina de gas natural! No necesitaba la dichosa luz. La lavé y la llené de agua. ¿Y el café?  Miré las cápsulas, miré la cafetera. Me dediqué a rasgarlas e ir llenando el viejo cacillo con el café de George.

Foto de Frédéric Dupont en Unsplash

Mientras la cafetera iniciaba la ebullición, cogí mi móvil, que milagrosamente estaba cargado, y llamé a mi cita. Tenía mis esperanzas puestas en que, por fin, había encontrado a alguien interesante y con posibilidades de un futuro común.  Me saltó el buzón de voz, al mismo tiempo que la cafetera empezaba a cantar La Traviata. Yo también salté. Primero estaba asustada y después, más tranquila al ver que el viejo cacharro lo único que hacía era tatarear el Brindisi. Me acerqué y con todo el valor que pude reunir, abrí la tapa. El café, caliente y especiado, aparentaba una normalidad absoluta.

Entonces, mi teléfono empezó a sonar. Era él. Para entonces, la cafetera ya se había callado y mi imaginación volvió a encarrilarse hacia la normalidad.

– ¿Cuándo vendrás? Se ha ido la luz, pero se me ocurren cosas maravillosas que podemos hacer totalmente a oscuras.

-. Dentro de un ratito. Tengo mucho trabajo– me respondió él.

La cafetera silbó el inicio del Brindisi. 

No le di importancia.

– ¿Me echas de menos?

– Sí, muchísimo–. 

Y fue acabar la frase y la cafetera, ya absolutamente lanzada, subió el volumen.

La Traviata en su máximo apogeo. Parecía que había una orquesta sinfónica en mi cocina…que sólo oía yo. Fue colgar el teléfono y la cafetera, enmudeció. Me serví un café y vertí el resto en una jarrita de porcelana. Revisé el interior del viejo pote, buscando el ingenioso mecanismo que hacía que sonora la música. Nunca he sido muy de máquinas, así que tampoco me sorprendió no encontrar nada.

Foto de Chris Weiher en Unsplash

El hombre con el que hablé duró dos meses en mi vida. Me abandonó y me partió el corazón. La cafetera tuvo algo que ver, evidentemente. No pude volver a guardar la reliquia de la abuela y, poco a poco, recuperé la vieja tradición familiar del rito del café. Dejé de hacer colas para que me vendieran las capsulitas cómo si fuera caviar y localicé pequeños tostaderos artesanos donde podía experimentar con diferentes blends y siempre que nos apetecía un café lo hacíamos en el viejo puchero.

Y el viejo puchero me cantó tantas veces La Traviata que tuve que admitir que había una relación causa-efecto. Si mientras se hacía el café, si yo le hacía una pregunta a quien estuviera conmigo, El Brindisi me decía si la respuesta era verdadera o falsa. Si me estaba mintiendo, yo oía La Traviata.

Ya llevo bastantes relaciones finiquitadas por mi cafetera-polígrafo.

Ahora entiendo porque mi padre la escondió durante todos estos años en el garaje, en una caja de cartón. Es un chivato de la mentira. De todas las mentiras: las transcendentales y las superficiales y eso es peligroso. Es más fácil vivir ignorando la verdad, creedme.

Yo soy adicta a esa cafetera. Puede ser que también sea adicta a la verdad, pero no siempre toda la verdad es importante. Sí, si lo que quieres saber es si te quieren, pero no si la pregunta es si te queda mejor ese nuevo corte de pelo. No puedo evitar someter a todos mis amantes a la prueba de La Traviata. Ni a mis amigos. Ni a la familia. Podría dejar que las cosas fluyeran naturalmente y volver a conectar mi máquina de café espresso en cápsulas, pero no puedo. La cafetera de la abuela me supera…

Si vienes, te invitaré a catar un increíble blend de un torrefactor artesano. Te encantará. Me lo envían desde Roma. Esperaré que el aroma te llegue al cerebro y te preguntaré…

Foto de Dessy Dimcheva en Unsplash

Libiamo, libiamo ne’lieti calici
che la belleza infiora.
E la fuggevol ora s’inebrii
a voluttà.
Libiamo ne’dolci fremiti
che suscita l’amore,
poichè quell’ochio al core
Omnipotente va.

Atascados.

Estos días he estado ordenando libros de mi padre. Entre las joyas de la corona que me he guardado para relectura y futuras reflexiones, estaba uno de sus libros preferidos.

Es del humorista gráfico y escritor catalán Jaume Perich, conocido como El Perich. Fue un maestro en la crítica social y política en tiempos en los que hacerlo era más difícil que ahora (aunque algunos digan que no). El libro en cuestión es “Nacional II”.

Además de las viñetas, siempre aparece El Perich escritor-pensador con perlas como estas:

Nuestra sociedad.

En nuestra sociedad todo el mundo cree que la honestidad debe ser una cualidad ajena.

Maravillas de la Humanidad.

Las tres cosas más extraordinarias que ha inventado el hombre son: a) libertad, b) democracia, y c) la posibilidad de no utilizarlas para nada.

Releyendo este “Nacional II”, he sentido que se hacía una radiografía a nuestra sociedad actual, con algunos matices, pero muy cercana. El libro se publicó en 1972 y, salvo alguna excepción, parece que nos hemos quedado atascados, que la cosa no ha avanzado como era de esperar en 51 años. 51 : se escribe y se dice rápido pero eso son cinco décadas.

Así que espero que , en las próximas cinco décadas, nuestra evolución inteligente sea más veloz y «Nacional II» sea una obra desactualizada.

 

 

Acabo con uno de los consejos del maestro Perich:

Consejo

Carpintero a tus zapatos.