Facepalm.

Facepalm es un término coloquial del inglés que se refiere al gesto propio de poner la palma de la mano en la cara en una muestra de exasperación, vergüenza, frustración, incredulidad, indignación… Esta palabra, no existe en español.

Te tapas la cara porque lo que oyes o lo que ves te suscita esos sentimientos. Es un gesto universal.

Y es el gesto que más repito cuando oigo/veo a los políticos. Facepalm a cada momento.

La traducción literal sería “palmada facial”. Como este blog es pacifista, no voy a decir que nuestros políticos se merecen una palmada facial, flojita, pero con la mano abierta, a ver si reaccionan.

No, no lo voy a escribir, pero cuando me llevo la mano a la cara de la vergüenza ajena que siento al escucharlos, lo pienso.

Facepalm literal.

Foto de melissa mjoen en Unsplash

El banco.

El día es nítido y la temperatura agradable. El mar absorbe la mirada y la lanza en dirección al infinito. Quieras o no quieras, el cerebro recibe el input y te envía una gran ola de calma. 

Estoy un rato mirándolo. Y, después, lo quiero fotografiar. Avanzando unos metros por el Camí de ronda, llego al mirador. 

El mejor banco está ocupado.  No importa. Tengo la foto y es algo más que la de un banco mirando el mar. 

Hay algo que no se ve en esta instantánea: el reencuentro, la alegría, la expectativa, la ilusión, las ganas y la juventud. Hay que añadir el sonido del mar, el olor a sal, la risas y el día brillante, como diciéndoles: “Hasta el infinito y más allá.”

Sigo el camino sonriendo. La alegría se contagia y, tal vez, también, la esperanza. 

En ese banco está el futuro…

«et”, “y” o “&” .

Fue un caligrafista el que unió las letras “e” y “t” (et), conjunción latina que significa “y” y creó el monograma “&”.

Aunque relacionemos este símbolo con la lengua inglesa, su origen se remonta al siglo I d.C. y se empleaba en cualquier lengua en alfabeto latino. Era una forma de abreviar las palabras. Dicen que su creador fue Tirón, un esclavo de Cicerón que debía transcribir los discursos del senador e ideo un sistema para ir más rápido. Fue la proto-taquigrafía. 

Tirón juntó en un solo trazo la “e “y la “t” para no levantar el puño de la mesa. Le iba la vida.

En español escrito, no es tan utilizado porque la conjunción copulativa que representa la “y”, no precisa de abreviación.

Sea como sea, es un signo de unión. Aglutina.

Parece que, en los últimos tiempos, en nuestra civilización, nos falta un poco de “et”, “y” o “&” …

Ni Wasas ni Wasos.

Imaginad uno de esos conflictos que se dan en una comunidad de vecinos. En este caso, uno de los más habituales: la temida fuga de agua. 

Sois los perjudicados: estáis en los bajos del edificio y el agua, viene de arriba. Encima de nuestras cabezas, hay varios pisos en los que hay que intervenir para ver de dónde viene el manantial. Va a ser una molestia para todos, pero el bajante defectuoso es comunitario, así que hay que colaborar. Parece lógico, fácil, ¿a qué sí? A nadie le gusta que vayan a picar paredes en su casa, pero es lo que hay. Es algo temporal, cuando se solucione, todo va a volver a la normalidad. No tiene más. Puro pragmatismo.

En un giro de guion insospechado, el Administrador de Fincas, notifica que un vecino impide la entrada a su casa para dicha reparación.

Foto de Kelly Sikkema en Unsplash

Al minuto uno de la recepción de la notificación por mail, el chat de WhatsApp de la comunidad se llena de comentarios: sorprendidos, enfadados, amenazadores. Las soluciones que se aportan son ninguna. Miento, solo hay una: denunciar a nivel municipal y si no, a juicio. WhatsApp aquí y allá. Venga.

Imaginad que el piso afectado es el de vuestra madre que no entiende nada de lo que pasa porque mantiene una relación cordial con todos los vecinos. Es muy mayor y no está para “Wasas ni Wasos”(literal). Ella es más de hablar. Me pregunta si he hablado con los vecinos opositores, los demonios de la escalera y no. Yo no he hablado y empiezo a dudar que alguien lo haya hecho. 

Hablamos de hablar. 

Hablar.

Foto de Volodymyr Hryshchenko en Unsplash

Comparad la fuerza de la información de los mails o los mensajes, redactados con más o menos fortuna, con una conversación. 

Y aún hay un nivel más: dejar el teléfono y hablar cara a cara, en plan antropológico: como miembros de la tribu que se reconocen al mirarse a los ojos y , oye, hasta pueden llegar a empatizar. ¡Qué cosa!

Y al hablar, las piezas se van poniendo en su sitio y el rompecabezas va encajando. Nadie es perfecto, errores y malentendidos, nadie es culpable y nadie es inocente, pero, la comunicación verbal permite poner en su sitio algunos signos de puntuación o frases que pueden ser interpretables. Todo se entiende mejor.

Podéis imaginar un final conciliador porque así ha sido. Ha habido colaboración, se está reparando la fuga y…el chat vecinal está en silencio. 

Y para acabar, imaginad: si esto pasa en una pequeña comunidad, como irá la cosa en otros niveles de “organización”. Una ciudad, una comunidad autónoma, un país, un continente, un planeta…

Mejor, no lo imaginéis…

 

Foto de Brett Jordan en Unsplash

La felicidad es una cosa pequeña.

En el Trastevere, hay una plaza dedicada a este poeta italiano. Trilussa fue su seudónimo, se llamaba Carlo Alberto Salustri (1871-1950). Fue uno de los poetas más importantes de la literatura italiana del siglo XX. 

Una de sus características es que escribía en romanesco, una variedad del italiano hablado en la región de Roma. He leído que era famoso por su estilo humorístico y satírico y por su forma de retratar la vida cotidiana.

Tiene una poesía llamada “La estadística”, en la que reflexiona sobre las medias estadísticas e hicieron famosos los “Pollos de Trilussa”: “Resulta que te toca un pollo al año, según las estadísticas de ahora; aunque no lo comas, entra igualmente en la estadística, porque existe otro que come dos”.

Acabo con un poema bonito como este: 

“C’è un’ape che si posa su un bottone di rosa: lo succhia e se ne va. 

Tutto sommato, la felicità è una piccola cosa.”

Hay una abeja que se posa sobre un botón de rosa: lo chupa y se va. / Considerándolo todo, la felicidad es una cosa pequeña.

Roma diversa.

No es mi primera vez en Roma y, aun así, no ha dejado de sorprenderme su belleza de piedra y esa triste decadencia que, a la velocidad que va, puede ser su perdición. La Ciudad Eterna será la del pasado, la del presente está sucia, desordenada, dejada y duele en el alma. Pero es tal su potencial que, entre basura, gente durmiendo en la calle, obras y caos circulatorio, pervive esa magnífica vivencia inmersiva en el arte y la historia. Es fascinante en su contradicción. 

Éramos multitud recorriendo el Trastevere, el Coliseum, el Vaticano, La Via del Corso o Condotti arriba y abajo, Piazza di Espagna, la Fontana di Trevi… Todo lo que es mito turístico que sí, es turístico, pero también mítico. Me llevé la cámara de fotos y me encontré a muchos como yo, pero minoría entre smartphones y palos de selfie. Tengo en mi fototeca las fotos más típicas, pero como ya son millones y millones las que se han hecho del mismo sitio, en el mismo plano y mejores que las de esta aficionada, voy a publicar otras fotos.

Esta foto es de la pared que da, frontalmente, a la Fontana di Trevi y anuncia la temática del comercio que acoge: “Tipografía”.

La puerta al viejo taller de impresión está en el lateral. Ese día, estaba abierta de par en par y se veía a dos ancianos, que hablaban tranquilamente sin reparar en los turistas que pasaban por ahí, sentados ante un viejo escritorio, casi desaparecido bajo montones de papeles, pero en la que destacaban dos tazas de café. Al fondo, las también viejas máquinas de impresión, que parecían de la época de Gutenberg. En el escaparate, con una pátina de polvo, un vasto ejemplo de invitaciones de boda, menús, tarjetas… 

Esta foto os la tenéis que imaginar. No la hice por respeto a esa conversación íntima, que trasmitía cercanía y sencillez, tan contradictoria con la riada humana que pasaba por delante en dirección a la famosa fuente.

Aquí un modesto y minúsculo negocio de take away

Take & vai.

Ese “vai “fantástico de Gino…

Bola o piedra.

Era un día normal, de los de rutina. Aquel hombre agradecía ese devenir sin cambios. Los cambios podían proporcionar alegrías pero, también, sustos y él había conocido más de lo segundo que de lo primero así que el famoso “No news,good news” era su slogan preferido.

Pero, aquel día iba a ser de todo menos rutinario. En la mesa de su anodino despacho, se encontró un pisapapeles en forma de bola de cristal. El hombre preguntó a todo el que encontró en la oficina, pero nadie sabía de quien era aquel objeto. La luz incidía en el centro e irradiaba rayos luminosos que lo hacían todo más bonito así que decidió dejar el pisapapeles y devolverlo a su propietario en caso de que alguien lo reclamara.

Después de comer el menú en el restaurante de siempre, el hombre volvió a su despacho. Para su sorpresa, al lado de la bola de cristal, había una piedra de color marrón. También podía ser un pisapapeles– pensó. Volvió a preguntar al personal de su planta, pero nadie sabía de quien era aquella piedra. No era muy bonita, pero, al suponer que también tendría un dueño, la dejó encima de una columna de papeles que siempre volaban al abrir la ventana.

Por la tarde, ya casi a la hora de fichar, se fue al tablón de anuncios. Había impreso un folio, notificando donde estaban esos pisapapeles, por si alguien los buscaba. Entonces, se percató del silencio, anormal en aquel horario. No había nadie. Estaba solo. El hombre miró su reloj y después, aquella sala vacía. Algo le llamó la atención: una luz brillaba en su despacho.

Alguien había colocado la bola de cristal y la piedra marrón en el centro de la mesa. También había una nota caligrafiada.

Puedes elegir uno de estos dos objetos: la bola de cristal que adivina el futuro o la piedra,esa con la que van tropezando los seres humanos a lo largo de la historia”.

Abrió la puerta para mirar si había alguien gastándole una broma, pero la oficina seguía vacía. Sin sonido, sin una brizna de aire en movimiento. Parecía que el tiempo se había detenido. Y sin saber por qué, el hombre creyó que la bola era mágica y la piedra era la famosa piedra, así que tenía que elegir entre ver el futuro o no volver a equivocarse.

Se fue con uno de los objetos dentro de su maletín y al salir, vio a todo el personal del departamento, trabajando, casi a punto de finalizar su jornada. 

Al cabo de una hora, el hombre feliz con su rutina se dirigió al aeropuerto.

Antes de la detención, los testigos confirmaron que el hombre estaba muy eufórico, un poco fuera de sí. Vociferaba, pero casi no se le entendía, que tenía la solución para no volver a cometer los errores que la historia nos enseña que no debemos repetir, que si el fin de los conflictos, que la paz mundial, bla, bla, bla. Lo peor fue cuando sacó una piedra de su maleta y quiso entrar en el edificio con ella en la mano, en alto. Al intentar reducirlo, la piedra impactó contra la colosal escultura de Poseidón que decoraba el vestíbulo.

Mientras el detenido esperaba la tramitación de la extradición a su país, se le hizo un examen psiquiátrico para valorar su grado de peligrosidad. 

El hombre explicó que tenía que elegir entre ver el futuro o no equivocarse nunca más pero que, por una vez en su vida, decidió no seguir las normas y no quedarse solo con una opción.

Miró la bola de cristal y vio el futuro. Después, aún conmocionado por la visión, cogió la piedra y se fue, directamente, al aeropuerto.

Su destino era la 405 E 45th St. de la ciudad de New York, la sede de la ONU, Organización de las Naciones Unidas.

Quería que tuvieran la piedra…

NB 1 : “El hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma Piedra” del historiador griego Polibio.

NB 2 : Significado: El ser humano no siempre sabe discernir conforme a la razón y por esa causa no aprende de la experiencia y vuelve a equivocarse en una situación semejante. (Centro Virtual Cervantes)

Lignum litteris.

El latín debe su nombre por haber sido una lengua hablada por los habitantes del Latium o Lacio (latinos) hacia el año 1000 a.C. aunque hay escritos que datan del siglo VI a.C ya en latín. Latium era una zona del centro de Italia y su capital era Roma. 

Del latín, derivaron las lenguas romances, románicas: español, portugués, gallego, catalán, provenzal, francés, italiano, rético, sardo, dálmata y rumano. La lengua actual que más se parece es el italiano. Respecto al español, su léxico está constituido por alrededor de un 70 % de palabras derivadas del latín. En El Vaticano, es lengua oficial.

Si en el 2023, nos pasearemos por el Lacio del Imperio Romano, algo entenderíamos ya que aún hoy, utilizamos palabras latinas. En Derecho es muy habitual, pero, también en nuestra vida cotidiana: ídem, ipso facto, ultimátum, a posteriori, a priori, curriculum vitae, in vitro, alter ego, bis, grosso modo, honoris causa, in fraganti, lapsus, viceversa, etc.

Se me ocurrió utilizar mis letras de madera con las que he hecho la serie de cuadros “Letras de Madera”, para crear un texto en latín, a partir de una frase que oí en una película. Fue el detonante.

La frase es: Memento moriRecuerda que vas a morir. Una buena frase para estos días de en los que recordamos a los que murieron. Es un inicio que podría parecer lúgubre, pero, no. Es todo lo contrario. 

Recordar que todos vamos a morir, sirve para recordar, también a su opuesto,  que debemos vivir, que el tiempo pasa y no te das cuenta. El cuadro se titula «Vivere».

NB : Lignum litteris./Letras de madera.

LO VE

Esta vez, las letras de madera me han servido para hacer un Love partido.

Porque no sé qué pasa en el mundo que el amor se ha roto y está por ahí, en fragmentos que se deben unir. Ojalá solo fueran dos trozos, pero parece que se ha fragmentado en nanopartículas.

Tengo un “Lo” y un “Ve” y los voy a colgar juntos.

Ojalá sea un presagio…

Con las gafas puestas…

Nadie sabía qué tenían aquellas gafas. Sí, eran especiales. Hechas a mano y de diseño atrevido con montura de madera de boj. Los cristales, tintados con una fórmula secreta, eran de un tenue tono rosado… Tras la aparición de una foto en Instagram de una It Girl, en la que la chica posaba con las gafas y los morritos fruncidos ( y esa V de victoria con los dedos que ponen siempre), el fabricante de las gafas se vio desbordado de pedidos.

Y mira que él iba haciendo. Sin prisa, pero sin pausa. Unas 5 gafas al día…No necesitaba más para que su pequeña tienda, en el Eixample de Barcelona, sobreviviera en estos tiempos de marcas fastuosas y macro tiendas tipo templo…

Durante mucho tiempo sólo algunos sabían lo que podían hacer aquellas gafas. Ahora, por culpa de la influencer, era de domino mundial. Aquel objeto, a caballo entre el diseño vanguardista y un producto artesano, te hacían ver la belleza de la vida … No el típico cuento del “color de rosa”. No. Era algo más exquisito, más trascendental…

conlasgafaspuestas

Cuando te ponías aquellas gafas, el cielo se veía más azul, casi comestible y te conducía, irresistiblemente, a inspirar profundamente y a sonreír. Con las gafas puestas, te sentías agradecido de estar vivo, sintiéndolo como un inmenso privilegio y no como un derecho adquirido. De repente, por tu lado pasaba un niño de la mano de su madre y te miraba y te sonreía y esa sonrisa, con las gafas puestas, se convertía en un regalo maravilloso. La mariposa de mil colores que se posaba en la rama de un árbol en plena calle la veías con un zoom milagroso, con las gafas puestas…Cualquier pequeño detalle del entorno, lo más simple, se convertía en una dosis de belleza exquisita…

Con las gafas puestas…

Como en las grandes historias, los dueños de una multinacional con tropecientas mil tiendas de gafas repartidas por el mundo visitaron al artesano. “Queremos la fórmula”- le dijeron “Le pagaremos lo que quiera” pero el creador de las gafas no sabía de qué le hablaban. Él había mostrado al mundo como hacía sus gafas, que productos utilizaba en todo el proceso, proporciones exactas y metodologías, pero… sólo sus manos producían la alquimia mágica para que las gafas te mostraran la vida en todo su esplendor… La pequeña tiendecita se llenó de gente, la venta on -line crecía sin parar… Unos señores, vestidos con un traje negro, no dejaban ni a sol ni asombra al pobre artesano…

Un día, la tienda amaneció cerrada, con un letrerito pequeño en la puerta: Vacaciones Indefinidas. Nadie supo decir cuando se había ido ni a dónde… Dejó unos paquetes con gafas de regalo para sus vecinos y sus amigos del barrio y nunca más se supo…

Pienso en ello mientras escribo este post. Entra la brisa por la ventana y veo los árboles, meciéndose al ritmo cadencioso de este viento suave. El verde es muy intenso y oigo a las hojas, bailando… ¡Oh! Un pajarito se posa en una rama…El canto es precioso y también, esos toques rojizos de las plumas de sus alas…

Dicen que te lo puedes encontrar en mercadillos, de los de artesanía, en pueblecitos pequeños de aquí y de allá…Aún hay gente que puede comprar las gafas y con ellas puestas, tener el privilegio de “ver” la vida…

Los hombres de negro, lo siguen buscando… Si alguien lo encuentra que no lo delate. Es más, que no dude ni un segundo en comprar una de esas gafas…

Yo ya tengo las mías…

NB :Gafas de Woodys Barcelona.

NB 2 : 2023 : Hay tanta violencia, maldad, crispación e ira en este mundo que, si alguien encuentra al artesano, le pida que haga millones y millones de gafas. Se necesitan más que nunca.