Creo que la zona cercana a la ventana de mi dormitorio tiene una acústica increíble para insectos y pájaros. Por lo que sea, debe reunir las condiciones físicas y ambientales adecuadas para que los sonidos se amplifiquen.
Lo que me tiene desconcertada es que atraiga a criaturas de cantos monótonos, monocordes y continuos. Me pasó con la cigarra del verano y, ahora, repito con el carbonero común de la primavera.
Este precioso pajarillo emite un canto tipo “ti-tu, ti-tu” para atraer pareja y marcar territorio. Lo hace a una hora temprana, cuando más silencio hay en la calle.
La intensidad es máxima, y se ha venido arriba. El carbonero común que resuena en mi ventana a las seis de la mañana no es común. Se cree que es un Pavarotti con plumas…
No es mi intención silenciar a la naturaleza, pero, si no encuentra pareja pronto, le agradecería que cambiara de horario y lo retrase un par de horas.
Lo malo es que no sé cómo decírselo. A ver si encuentro el código oculto en el “ti-tu, ti-tu”…
El chocolate es uno de los protagonistas indiscutibles de las celebraciones de Semana Santa y Pascua en muchas partes del mundo. Su presencia está ligada al final de la Cuaresma, un periodo tradicional de ayuno y abstinencia que concluye el Domingo de Pascua.
El chocolate, considerado un placer o lujo, simboliza la recompensa y la alegría del renacimiento.
La forma más común de celebrarlo es a través de los huevos de Pascua de chocolate, que se regalan en países como Alemania, Francia, Italia, Suiza, Reino Unido, Estados Unidos o Canadá. En los países anglosajones, es típico que el conejo de Pascua «esconda» estos huevos para que los niños los encuentren en una divertida búsqueda.
En España, especialmente en regiones como Cataluña, la Comunidad Valenciana o Aragón, destaca la tradición de la Mona de Pascua, que ha evolucionado de un pastel con huevo cocido a elaboradas figuras de chocolate.
En Italia son típicos los uova di Pasqua rellenos con sorpresa, mientras que en Francia también se elaboran figuras de campanas, gallinas y conejos.
Vayas donde vayas, el riesgo de sobredosis te acompaña…
Si me lo preguntara, le contestaría que no. No cogería una bolsa de una de mis tiendas favoritas que estaba allí, en el hueco de un árbol, como si alguien la hubiese olvidado.
Le diría que no me acerqué como por casualidad, y que no vi que la bolsa estaba nueva, nuevísima, y que dentro había un paquete, nuevo también, envuelto en un precioso papel violeta.
Afirmaría con contundencia que no la cogí tras asegurarme de que nadie me veía, y que no corrí a una velocidad vertiginosa hasta llegar a mi casa.
Negaría haber abierto el paquete.
Nunca confesaría que encontré esos sentimientos. Que los cogí, me los llevé y los escondí en casa.
Pero escúcheme, señor juez: si lo hubiese hecho, si tuviera conmigo ese odio, ese amor, esa alegría y esa tristeza, no podría acusarme de robo.
En estos momentos, muchas de las cosas que pasan y pasarán en el mundo, dependen de un señor que firma actas pomposas y presidenciales, con unos rotuladores que, después , regala como souvenir.
Lo más curioso es que ese rotulador es un producto de la economía globalizada. Posiblemente lo ensamblaran 100% en su país, el de este señor, pero es casi inevitable que , participen muchos países, en la fabricación de ese y casi todos los productos que compramos cada día en el mundo.
La situación es paradójica.
El rotulador que se esgrime como arma de nacionalización y enfrentamiento , es un producto fruto de estos tiempos modernos en los que todo está interconectado.
Una solución adecuada, acertada y en consonancia con el mensaje sería una piedra , un cincel y un martillo. Todo materia prima del país. Se tardará más en firmar las actas, hasta es posible que durante este tiempo , se cambie de opinión y se prepare otra piedra para firmar otra cosa.
Y se hace ejercicio físico.
Todo ventajas.
Componentes de un rotulador. Tintas/pigmento: Del país y otros químicos que pueden venir de China, Alemania o India. Plásticos : Posiblemente de Asia, aunque moldeados en el país final. Puntas (fibras): Posiblemente, de Japón o Corea.
La piedra está harta. Décadas, siglos, milenios viendo cómo la humanidad tropieza con ella una y otra vez.
Tropezamos. Siempre con la misma piedra. Le hemos puesto nombres: ideología, religión, patria, mercado, orgullo, algoritmo. A veces la pintamos de colores y la llamamos bandera.
Podríamos aprender. Podríamos esquivarla. Pero preferimos tropezar con estilo, grabarlo en TikTok y culpar al suelo.
Desde arriba, el bosque se ve precioso. Copas frondosas, árboles de todos los colores, un cielo azul al que le puedes dar un mordisco… Un espacio, desde el que, ni queriendo, puedes ver lo que hay abajo.
Me imagino a mi madre, esta mañana, que ya estará con sus amigas , en el súper de turno y carrito en mano, preparada para hacer acopio de existencias.
Lo ha visto en las noticias: hay que preparar un kit de supervivencia.
Me pregunta si va a haber una guerra.
Imagínatelo.
Ya hay guerras pero están lejos…
Eso no se lo digo. Le digo que tranquila, que nadie está tan loco como para llegar a eso pero el telediario , me quita credibilidad.
Dudo y lo nota.
Me dice que no me preocupe, que ella comprará los kits de supervivencia para todos. Esta decidida. Menos lo del agua, que me pide que lo haga yo online porque se puso ósmosis para no tener agua embotellada y mira ahora.
Y no le digo que no a nada aunque no me puedo imaginar que vayamos a necesitar el kit ( me cuesta volver a escribir «de supervivencia» ) pero ¿era imaginable todo lo que está pasando ahora mismo en el mundo?
Al despedirnos, me da una radio porque ella tiene varias.
Dicen que será útil para estar informados en caso de necesidad.
Imagínatelo…
Prefiero que al poner esa radio suene este otro Imagine.
Grandpa Elliott con su armónica, Clarence Bekker desde Amsterdam y el propio Lennon , a partir del minuto 3:06.
Hay que añadirlo al kit, es necesario para la supervivencia…
Imaginad que no hay paraíso es fácil si lo intentáis ni infierno a nuestros pies en lo alto solo el firmamento imaginad todo el mundo viviendo el hoy.
Imaginad que no hay países no es difícil hacerlo nada por lo que matar o morir y tampoco religiones imaginad a todo el mundo viviendo su vida en paz.
Diréis que soy un soñador pero no soy el único quizá algún día os suméis a nosotros y el mundo será de todos.
Imaginad que no hay propiedades me pregunto si podréis hacerlo que no tiene por qué haber avaricia ni hambre una hermandad humana imaginad que todos compartimos el mundo.
Tener “un hilo de esperanza” significa tener una leve expectativa de que algo positivo ocurra, incluso cuando las circunstancias parecen adversas . Es una conexión muy frágil, un delgado hilo que apenas sostiene la esperanza, pero que aún así no se rompe del todo.
En cambio si lo que tenemos es “una cuerda de esperanza”, tenemos algo más resistente y capaz de soportar mayor tensión. Ahí, suspendida en la cuerda, la esperanza parece más fuerte…
Es el título de este cuadro : “Una cuerda de esperanza”.