«He vuelto», me dice el despertador…

Una de las cosas que más me gusta de las vacaciones es NO tener que poner el despertador. Hay gente que, de forma natural, se suele despertar a la misma hora. Gente a la que la cama, le cansa y se pone en pie nada más abrir los ojos, dispuesta, incluso, a comerse el mundo.

Yo requiero, obligatoriamente, de un despertador para regular mi sueño, menos en vacaciones… En vacaciones, NO existe ese artilugio… Y no es que varíe mucho mi pauta: necesito las ocho horas (que ahora, científicamente, se consideran casi obligatorias para una vida saludable) pero en estado de relax, puedo rebasarlas o situarlas en franjas poco habituales, dependiendo de la hora a la que me fui a dormir…

La consigna es: manda el cuerpo. Y punto.

Ahora, se acaba este período de libertad y debo volver a vérmelas con el sonido armonioso del iPad, pero …este año, estoy preparada.

Ha sido un mes de agosto lleno de muchas cosas. Muchas de ellas hermosas y energéticas, pero, otras, tristes y de reflexión y en el caso de mi querida ciudad , Barcelona, heridas terribles que te sitúan en un espacio-tiempo diferente. Todas esas cosas, juntas y revueltas, almacenadas en mi cerebro, me predisponen a pensar que, no puedo ni debo quejarme. Y que qué bien que suene el despertador…

 

Bienvenidos!

Experiencia sensorial.

Cuando levanté la vista al cielo y vi esas nubes, me pregunté en qué momento el hombre fue consciente de la belleza. El instante preciso en la humanidad, en que el “Homo” pertinente tuvo conciencia de la belleza…El impacto debió ser brutal…

El cielo ofrece mucha, mucha belleza. Las estrellas, la luna y los planetas en la noche. Las nubes y el color durante el día…En lugares concretos del planeta, la aurora boreal o el reflejo de las nubes y el cielo en un salar, en un mar o en un lago.

O en un atardecer en el Alt Empordà…

Todas esas cosas, crean una experiencia sensorial que produce un sentimiento de satisfacción y placer.

Esa es la definición de belleza…

 

Los hijos del sol …

…o los niños de la playa….

Hubo una generación -la mía – que vivió un sol más amable. Los hijos del sol mediterráneo, eramos niños que estábamos todo el día en la playa (convenientemente embadurnados con Nivea y, creo, que sin demasiado factor de protección… o ninguno) y que después, con el crecimiento y la adolescencia, seguimos frecuentando la playa : para ponerse moreno, como lugar de reunión matinal, como «secret place» para romances veraniegos… Pero lo del moreno era esencial.

El «embadurne» entonces se hacía con  cremas bronceadoras  sin factor de protección,  que -teoricamente-te ponía moreno más rápido. Había una crema de un color marrón que te teñía la piel de un color…marrón al instante. También había ondas de cremas de zanahoria ( de laboratorios varios) con la que asegurabas el tono del verano. En aquella época, si me visualizo a mí misma con una crema de protección 50 , no me lo hubiese creído…

Hoy en día, la exposición prolongada al sol, me molesta. Lo que antes me proporcionaba placer , ahora me disgusta. En mi juventud (snifff!) podía someterme a sesiones largas , obteniendo color y… disfrutando enormemente de los sonidos, aromas, temperatura. Ahora, el sol me asfixia . Algo ha cambiado: puede ser mi cuerpo y mi tolerancia al astro rey o, también, puede ser que el sol sea, ahora, más agresivo gracias al agujero en la capa de ozono.

Ahora, me pongo morenita ( morena, ya no) pero sin sufrir demasiado en aras del tono. Me rebozo en protección, camino o estoy en movimiento y cuando me estiro, es bajo una sombrilla o el porche con hamaca del verano… Como mis vestigios de niña de playa siguen pulsando en mi memoria, de vez en cuando me tienta la posición de estirado ( vuelta y vuelta) para que mi moreno sea más integral pero es dejar que el sol me lama la piel durante unos minutos para darme cuenta que mi relación de amor con él, ya es cosa del pasado.

Antes, me fastidiaba enormente que , en pleno verano y en vacaciones, amaneciera un día nublado o de lluvia. Estos días en los que el calor es sofocante y el sol aparece cada día, más intenso, estoy deseando una mínima tregua que haga esto un poco más llevable. Este es un sentimiento extraño en los hijos del sol.  No tomar el sol… A mí me ha costado un tiempo de adaptación …Estoy rehabilitada y ahora disfruto enormemente de la sombra de un parasol de brezo, máxima protección , un libro y el sonido del mar .

Ni el sol, ni yo , somos como antes…

 

Decorando el cielo…

Un clásico del verano mediterráneo y sus fiestas, es la combinación de pólvora y sales metálicas que pinta el cielo y nos deja fascinados.

Estroncio para el rojo, bario para el verde, cobre para el azul y sodio para el amarillo.

Fuegos artificiales para ir decorando la noche…

Un deseo.

Post de autoterapia.

Hay una persona en este mundo que me llama “Princesa”. Él puebla los mejores recuerdos de mi niñez, los más divertidos y los más gamberros…Está asociado a muchas horas de risas y carcajadas (que no es lo mismo), increíbles regalos, fabulosas aventuras y un amor incondicional que me ha acompañado desde el día de mi nacimiento.

Sigue siendo un ser especial y me ha hecho comprender la expresión “lleno de luz” : sólo cobra sentido cuando conoces a alguien que lo está. Y él, lo está. Lleno de luz.

Cuando nos despedimos , siempre me dice : “Quiero que pidas un deseo. “- y yo le sigo la corriente. Me sumerjo en un silencio reverencial y, mira, ¿por qué no?, me concentro en un deseo. Me deja unos segundos para que lo haga . Después, se despide con uno de sus abrazos que se notan…La sensación, tras esta experiencia tan sencilla, es de máximo buen rollo. Sonrisa colgada. Alivio del alma. Menos peso en la mochila. Chute de 100ml de bienestar.

Y, entonces, me he puesto sentimental ( creo que hasta cursi, a mi manera) y he pensado que podía compartir esa luz que me brinda.

Dejemos que el cerebro se deleite con un poco de optimismo y de expectativa . Que se recree en lo deseado.Nunca se sabe. Ya han descubierto el Bosón de Higgs, así que ¿Por qué no va a ser que las ondas cerebrales, por medio de “transpondios telenuméricos afotonados” ( por ejemplo) , pueden incidir en la realidad, transformándola? El coste del intento es pedir un deseo Fácil. Hay que hacerlo, sin dudar. No vaya a ser que los transpondios funcionen y se cumpla…

Sólo hay que parar un momento de nada, apenas unos segundos, y concentrarse en un deseo.

Si se hace con los ojos cerrados, mejor.

 

Ahora… viene el abrazo.

Feliz fin de semana.

¿Qué hay que ser?

¿Qué hay que ser para desear una sanidad eficiente?

¿Qué hay que ser para querer una educación excelente?

¿Qué hay que ser para no tolerar una infancia indefensa?

¿Qué hay que ser para exigir un cuidado digno para nuestros mayores?

¿Qué hay que ser para querer la libertad de los presos políticos?

¿Qué hay que ser para desear el fin de los conflictos armados y del terrorismo?

¿Qué hay que ser para estar a favor de las políticas de preservación del planeta?

¿Qué hay que ser para exigir libertad de expresión?

¿Qué hay que ser para proclamar la igualdad sin importar raza, sexo ni credo?

¿Qué hay que ser para acoger a los que lo necesitan?

¿Qué hay que ser para luchar por un mundo mejor?

¿Hay que ser de derechas, de izquierdas, de centro? ¿Hay que ser nacionalista, soberanista, republicano, monárquico, lobista, activista, …?

¿Qué hay que ser?

NB : Hoy, post filosófico. Sorry. ; – )

#BricoTerapia.

Cuando vivo una situación de incertidumbre o ansiedad, mi cerebro busca formas de escapar de lo más variadas. La respuesta de “lucha o escape”, está perfectamente programada en nuestra herencia biológica. Estábamos preparados para escapar de nuestros predadores, que nos cazaban y se nos comían… Ahora, escapar es más una cuestión de encéfalo que de músculo, así que ese complejo sistema evolucionado, nos provee de herramientas de escape más sofisticadas.

Yo he utilizado la rotuterapia (pintar con rotuladores) y el orden y concierto de los armarios. Si algo me ronda, es fácil que me veas reordenando armarios. Esta vez, sorprendentemente, mi conducta de escape ha sido el “bricolaje”. El encéfalo no deja de asombrarme…

Este fin de semana detecté que había unas manchas de moho en la ducha. Es un espacio muy pequeñito, que pintamos copiándonos el sistema de una ducha de un hotel en Ibiza. Es de micro cemento y pintada en tonos de ocre.

Me he ido a un gran centro de bricolaje con la foto de mi moho y me han aconsejado un pack de productos y utensilios varios y las instrucciones, detalladas, de la ejecución. Mira, hasta me hacía ilusión. Con el detergente anti-moho, la pintura, el colorante, los pinceles y la esponja he iniciado el proceso. A la media hora, ya he empezado a cambiar de opinión. El calor y la posición me han pasado factura… Cuando he tenido el área desinfectada y seca, he empezado a pintar.

Como siempre (no me lo aprendo), he sido impulsiva. He probado unos tonos de color, aplicando colorante a la pintura anti-moho (que es blanca) y he considerado que me había aproximado casi al 100% al color de la ducha. No he probado en una esquinita, no… He aplicado un brochazo con decisión y…ops! , demasiado claro. Ya no había manchas, lo que veía eran unas franjas mal aplicadas de una pintura que ni se aproximaba a mi color ocre. He pensado: “Falta pasarle la esponja”. Tampoco…Y ahí ha empezado el bucle: he ido añadiendo colorante para uniformar y, al final, en vez de unas manchitas de nada , me he visto pintando y pasando la esponja por toda la superficie pintada…

Al final, me ha quedado bastante bien . Cansada y llena de pintura ocre, me he sentido satisfecha con el resultado de mi gesta… Y mientras tanto, mi encéfalo me ha permitido escapar…

Eso sí, la próxima vez, o cojo los rotuladores o me pongo al ordenar los armarios.

NB : Fotos de duchas de microcemento.

 

Con ritmo ( y mosquitos).

 

Una de las cosas que más me gustan del verano, es poder leer al aire libre, debajo de un toldo que se mueve al son de la brisa y crea una melodía que es muy relajante.

Lo único es que está sensación tan placentera, deja de serlo a los 15-20 minutos en los que, parece ser, que el repelente anti-insectos, ya no hace nada a los mosquitos tigre que hay por aquí (yo creo que hasta los oigo reír) y me empiezan a incordiar con sus picaditas, aquí y allá.

Normalmente, aguanto unos segundos, antes de retirarme al cobijo de mi casa, sin mosquitos… Es por eso que aún tiene más valor, el tiempo que he estado sometida al expolio de los insectos, sólo porque el libro que estaba leyendo me tenía tan enganchada que prefería ser alimento de otra especie animal…

Esto se lo digo, directamente, a @StephenKing. . Él es el culpable de mis picaduras. Él y su libro “Quien pierde, paga”. Una novela, con tanto ritmo, casi de maratón de serie de TV , que me ha dejado indefensa ante el ataque de los mosquitos hambrientos.

Love.

Resumen de la noche de Sant Joan 2017 .

 

NB : Y sin petardos, que la cosa se nos está yendo de las manos…; – )

 

Prometen…

Será por este famoso calor veraniego que arrasa todo el país, será porque los estoy regando más frecuentemente, será porque están cómodos, será porque les vuelvo a prestar atención y, de vez en cuando, cuando sé que el vecino de al lado no me puede oír, les hablo con cariño…

Sea por lo que sea, este año, los tomates prometen…