Un sofá blanco…

Encontré el sofá el lunes pasado por la noche. Lloviznaba suavemente …Tan delicada era la lluvia que parecía no mojarte pero la leve capa de agua que escapaba del cielo, estaba muy, muy fría. No había sido buena idea bajar la basura a aquella hora de la noche , en pijama y con las zapatillas mullidas de estar por casa…pero de eso, me di cuenta más tarde. Mucho más tarde.

Fueron escasos los minutos que invertí en depositar mis escombros en los recipientes adecuados .Mi espíritu reciclador (Reciclator, era cómo lo llamaba en mi intimidad interior) me ayudaba a realizar un exhausto proceso selectivo de todos mis deshechos y llevaba mis bolsas ya clasificadas para tal menester. La última bolsa a depositar era la del papel, y para ello tenía que desplazarme en línea recta, los diez metros que ocupaban cada uno de los containeres de cada una de las cosas que debíamos separar para su reciclado… Aceites, pilas, vidrio, papel, plástico , orgánico, cápsulas de café, spray…

Los lunes, a partir de las nueve de la noche, se podían sacar todos los muebles y trastos viejos, ya que había un servicio de recogida habilitado para todo el vecindario. Normalmente, me encontraba con ese triste espectáculo del colchón lleno de manchas de origen desconocido ( o mejor , desconocerlo ), o ese mueble de fórmica desconchado, o una silla de mimbre desecha… pero, esta vez, lo que vieron mis ojos fue un imponente sofá de tres plazas que parecía brillar a la luz de la luna.

No sé si serían las gotitas de agua , ya escarchadas sobre la tapicería o mi imaginación que me jugó una mala pasada, pero el sofá , brillaba. Te lo juro. Me atraía como un imán…Al acercarme y observarlo con detenimiento, pude comprobar que no tenía ningún desperfecto y que ni siquiera el color blanco deslumbrante se veía mermado. ¿Quién tiraría un sofá nuevo, por Dios?. Pensé en mi pobre armatoste del IKEA , lleno de manchitas irrecuperables y pequeños surcos allí donde mi cuerpo  lo había moldeado y en , ese momento, Reciclator, mi férreo espíritu reciclador, apareció con toda la furia que poseen los espíritus furiosos. No es una redundancia… es mucha furia.

Esa es la única explicación posible para que yo sola pudiera cargar el sofá de tres plazas y entrarlo por la puerta de mi casa ( ya sé que vivo en la primera planta pero…¿Tú has visto ese sofá?). El Reciclator me dio fuerzas divinas  y no sólo dejé el  sofá en mi salón, precioso y brillante si no que bajé mi pobre dos plazas ( color marrón chocolate) y lo dejé en la zona de los trastos viejos.

Lo estaba admirando, felicitándome por mi buena suerte y apreciando lo bien que quedaba frente a mi televisor. Estaba empapada y dejando un charco de agua , gracias al poder de absorción de mis mullidas zapatillas de estar por casa. Me daba miedo acercarme al sofá para no mancharlo… Entonces apareció mi gata, dándome la Bienvenida tras la expedición nocturna de “Tirar la basura y encontrar un sofá”.

Se detuvo al ver aquel objeto que no le era familiar, en el centro de nuestros salón. Lo olisqueó, recorrió su perímetro, lo volvió a olisquear… Entonces toda ella se arqueó dramáticamente y dejó que su suave pelaje se levantara , en plan puerco espín. Y mira que eso es raro. Missy es ( perdón, era), una gata amistosa y muy cariñosa. Nunca se había mostrado así ante nadie ni nada …

Bueno, miento. Una vez  me dejaron al cuidado de un amable cachorro de pastor alemán , durante apenas 48 horas y Missy ( nunca he sido original para esto de los nombres, lo sé) se volvió loca pero… nunca más, la verdad. Eso me tenía que haber hecho sospechar pero… ¿Cómo iba a pensar yo…? …

La cogí en mis brazos y acaricié su cabecita peluda. – Tranquila , solo es un nuevo sofá– le murmuré al oído…

Esa fue la última vez que la toqué…¡Pobre Missy!.

Ya con la urgencia de sacarme el pijama y las chorreantes ( y mullidas zapatillas), la lancé suavemente al centro del sofá blanco y brillante .Y , ¿qué pasó?… Se oyó un gran “Flop” y Myssy desapareció como engullida por el maldito sofá.

No te puedes imaginar que espanto. No me saco ese “Flop” de la cabeza.

Grité su nombre pero el sofá no me devolvió a Missy. Aterrada, cogí un libro que tenía encima de la mesa. No te creas que uno cualquiera… Era el tocho de los “Pilares de la Tierra”. Bien grande y hermoso…y visible. Lo tiré al sofá y ¡desapareció!. Lancé un cenicero, un jarrón de Murano ( especialmente feo . Ese que me había regalado mi cuñada), el mando de la tele ( si ya sé que eso fue una estupidez) y , por fin, las chorreantes y mullidas zapatillas… El sofá se lo zampó todo. No dejó ni las migas…¿Entiendes ahora por qué te llamo pidiéndote ayuda?. Llevo una semana en una habitación de hotel, esperando que llegué de nuevo el lunes y pueda volver a sacar el sofá maldito del salón de mi casa…

Sólo se pueden tirar los trastos viejos el lunes por la noche y yo sola, no podré sacarlo…

¿Puedes venir a ayudarme?…

 

Foto : Sofá diseño de Lila Lang.

La playa se convierte en arte.

Si por casualidad ( vete tú a saber), estaís tomando el sol o paseando por una playa californiana y os encontráis a un tipo como el de la foto armado con un tronco-bastón haciendo dibujitos en la arena, es posible que estéis ante Jim Denevan. 

El artista de lo efímero, el pintor de la playa…. De California, lleva más de 17 años experimentando con este tipo de arte tan volátil, tan breve y tan bello, a la vez…

Y si últimamente me han fascinado los artistas urbanos tipo Bansky o Sam3, ahora es el tiempo de los playeros…

Me atrae el mar y la arena…

Me admira el diseño, la ejecución y ese «atreverse» a no dejar huella mientras la dejas.

Una expresión artística que será acariciada por el agua , para volver a dejar el lienzo en blanco, natural…preparado para más arte.

Pienso en lo que me fastidió que el mar se llevará un artístico «ByPils» que marqué en una playa caribeña , sin tiempo a hacer una foto que fuera testigo de mi proeza…Esa ola juguetona ( y mala) que borró, de un espumazo mi trabajo artístico… Los siguientes intentos, no fructificaron: letras torcidas, una huella de mi pie fastidiando el plano o la arena excesivamente húmeda. Y pienso en este Jim,ese artista que invierte tiempo y espíritu y aún me fascina más…

Si algún día nos dejamos caer por esas playas californianas, quien sabe, igual vemos a un tipo con una gorra y un gran bastón, dibujando en la arena…y convirtiendo la playa en arte.

 

 

 

 


 

Se me ha encendido el LED…

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La bombilla incandescente fue considerada por la revista ‘Life’ como el segundo invento más útil del siglo XIX ( la primera posición la ostenta la locomotora) . En España llegaron a venderse hasta 100 millones de unidades anuales. Mucha bombilla…

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Pronto, el objeto que simboliza las ideas, será un objeto “vintage”.  Ya están desapareciendo casi por completo…No diremos que «se nos ha encendido la bombilla» , lo que se nos encenderán serán los LEDs (Acrónimo de  light-emitting diode: ‘diodo emisor de luz’) y , admito, que la frase pierde parte de su romanticismo…

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Las bombillas incandescentes, cuya retirada progresiva del mercado comenzó en 2009, han dado paso a otras tecnologías capaces de conseguir la misma eficacia luminosa con un menor consumo.

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Las que dejamos atrás son más bonitas, pero menos eficientes energéticamente y generan más residuos.

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Si aún tenéis bombillas incandescentes de las que ya no se fabrican ni se fabricarán, podéis hacer cosas como las de estas fotos que ilustran el post.

 Una muestra de respeto y admiración a la bombilla incandescente dos siglos después…

Gracias, bombilla.

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Cuatro píldoras…

La primera píldora va de «Arte Urbano».

Soy especialmente fan de esta disciplina y espero, algún día, encontrarme un Banksy en Barcelona pero, mientras eso ocurre, podemos deleitarnos con otros artistas de la calle.

En Jaén.

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En Vancouver, Canadà. Del artista urbano  que firma como  I♥.

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En Barcelona , del artista Sam3. “The small birds are the tree’s words”.

La segunda píldora está asociada a una neuralgia que me afecta a un brazo, cuando mi cabeza ( con todo su peso) y la almohada ( traidora ella), se alian para hacer que todo eso , descanse sobre el pobre brazo que , hecho polvo se pregunta ¿Qué hago yo aquí?.

Así que coincido con el titular de este invento: Brillante.

La tercera píldora es un DIY. Para la gente que sepa hacer labores y que le pirren los cojines. La única cosa a tener en cuenta es que este diseño de cojín, debe ser ubicado en casa con previo aviso a todos sus habitantes… Si abres la luz del salón y te encuentras esto, seguro que te ríes pero, primero: gritas!.

La cuarta y última píldora es multidosis. Van un par de chistes , para cerrar esta toma con una sonrisa.

 

El décimo cajón.

 

Pepa era una mujer práctica. Todo lo que la rodeaba era funcional. Podía haber una coincidencia entre “bonito” y “funcional” y si la había, Pepa se decantaba por lo “bonito” pero…siempre “funcional”.

Había vivido muchos años, sumergida en la agobiante atmósfera del piso de su madre . Allí los tapetes de ganchillo, los jarrones con flores ( de plástico), los recuerdos de bodas, comuniones y bautizos, las fotografías enmarcadas en plata, de todos los miembros de la familia, las cajitas que no servían para nada pero se coleccionaban ( de niña, las había contado: más de doscientas!) ), las cortinitas con volantes, los libros falsos para dar prestancia a la librería de diseño barroco,…La mayoría de objetos que habitaban con la familia, no servían para nada. “pero queda bonito” le decía su madre.

A Pepa ,tanto tiempo bajo el reinado de  “lo-bonito-de-su-madre”, se le había desequilibrado la percepción de lo que era bonito y lo que era feo. Ya no lo sabía. Así que lo único que le importaba de las cosas, era que le fueran útiles.

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Al contrario de lo que puedes estar pensando ahora mismo, la casa de Pepa era bonita. Liviana y clara, de paredes blancas diáfanas, sin cuadros. Había pocos muebles, pero los que había llamaban la atención. Una gran mesa giratoria presidía la sala, y sobre ella descansaba una gran tele extraplana que podía verse perfectamente desde cualquier ángulo. Le gustaba ver la tele.

No tenía sofá. Siempre acaba estirada , en posición horizontal , así que decidió facilitarse la vida y , directamente, comprar una chaise longue ( doble, por sí tenía visita).

Los libros ocupaban una estantería que llegaba al techo, de listones blancos y sencillos con una escalera con ruedas. Lo importante era tenerlos todos a la vista y llegar fácilmente.

El salón se completaba con una gran mesa , rodeada de seis sillas ( para las cenas con amigos), en la que siempre estaba presente su MacBook, abierto y conectado.

En su habitación, sólo había una gran cama y otra tele colgada en la pared. Un gran vestidor daba paso al lavabo en el que había unas mullidas toallas blancas , un albornoz y un espejo-armario en el que guardaba los productos de belleza ( también pocos pero imprescindibles).En el vestidor,  tenía clasificada su práctica ropa : camisas y camisetas blancas, pantalones y faldas negras, jeans , unas cuantas americanas y chaquetas…. Los zapatos , horrorosos pero muy cómodos, ocupaban una zona preferencial y Pepa, había situado una banqueta para sentarse y otra, inclinada, para apoyar el pie y abrocharse los cordones, cremalleras o hebillas más cómodamente.

No había flores, ni plantas. Ni jarroncitos. Ni cajitas.

A Pepa le habían dicho que era la máxima expresión del minimalismo y a ella ya le iba bien. Prefería que la llamaran minimalista que rara…Y es que no le quedaba más remedio que reconocer que aquella aversión por cualquier elemento superfluo a su alrededor, era raro.

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Hacía unos meses que Pepa tenía un amante. Una aventura. Un no-sé.-qué. Ya hacía tiempo que había dejado de buscar una relación seria y formal. No sabía si era por su rareza o por la superficialidad de los amores que  había encontrado pero no tenía pretensiones más allá de compartir unos buenos momentos con otro ser humano. Esta vez, habían pasado los límites temporales habituales y aquel hombre estaba cada vez más afianzado en su vida, muy cómodo en su casa espartana y absolutamente encandilado con Pepa. Ni siquiera le había pedido que se pusiera otro tipo de zapatos… De una forma natural, ella también se empezó a encandilar.

Y encandilándose , encandilándose , un día se descubrió admirando un mueble cajonero en el escaparate de una tienda. Cuando lo vio, su corazón empezó a latir más deprisa. Una sensación de anhelo la recorrió,  de arriba abajo,  mientras su mirada recorría y acariciaba las formas de la cajonera. Lo más extraordinario del suceso es que aquel mueble, no le servía para nada. No lo necesitaba. Era inútil.

Pepa intentó resistirse a la tentación y cada día, se desviaba de su ruta para no pasar por delante del escaparate pero cuando entraba en su habitación, se imaginaba el mueble cajonero perfectamente integrado en una de las paredes…Vacío, claro, porque no lo necesitaba para nada.

Era tal su obsesión que Pepa le explicó su desazón a su amorcito. Al día siguiente, el mueble cajonero llegaba a su puerta, coronado con un gran lazo rojo y un mensaje que decía : Te quiero.

A Pepa nunca le habían dicho te quiero. Ni de viva voz, ni por escrito ni siquiera con un gesto así que se vio aplastada por una onda de amor desbordante y no pudo evitar que el mueble cajonero que no le servía para nada, acabara en la esquina izquierda de su habitación.

En el ultimo cajón encontró una nota del diseñador. El mueble constaba de diez cajones y su nombre era “La Cajonera Definitiva Nº 10”. Explicaba que el décimo cajón era un archivador definitivo. Cualquier cosa que se introdujera allí, quedaría definitivamente archivada y fuera de su vida. Sonrío ante la audacia del diseñador y del departamento de Marketing pero no pudo evitar explorar el décimo cajón para ver si allí había algo especial o fuera de lo común. Cómo era de esperar, sólo encontró un compartimiento vacío…

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Pasaron los días y se fue acostumbrando a la cajonera. El primer cajón le resulto útil y, aunque sólo fuera uno, aquello ya le daba un sentido al mueble. Cada día, lo abría para soltar las llaves del coche y las de casa. Ese, era el cajón de las llaves…Al cabo de un tiempo, utilizó el segundo para dejar las monedas y el cambio pesado que tenía en los bolsillos. Ese , se convirtió en el cajón de las monedas.

Y mientras le otorgaba una función a cada cajón de su mueble, su historia de amor, la que la tenía encandilada, se convertía en una relación sólida , duradera, formal…

Cuando Pepa ya iba por el quinto cajón ( ese sería el de los cargadores de móvil), el amor de su vida le planteó la posibilidad de vivir juntos.  Ella , dudó. Todo era muy “bonito” y , por fin, había sabido que significaba aquello. Sabía que aquello era “bonito”.

No era funcional y práctico…era hermoso. Y tenía miedo…Tal vez, sólo tal vez, aquella faceta minimalista de su alma, podía acabar con aquella relación …Con toda aquella belleza…. Pero Pepa, que ante todo era muy práctica, reflexionó y pensó que podían hacer una prueba. Un “ a ver qué tal”. Si la cosa se intuía mal, siempre podían volver a ser amantes y amigos.

Las vacaciones , les otorgaban una semana de tiempo libre y… de test. El amor de Pepa, hizo su maleta para pasar una semana con ella. Llegó a su casa y no esperó a acomodar sus cosas sin antes besarla, abrazarla y hacerle el amor. Cenaron, vieron películas antiguas estirados en la chaise longue y se fueron a dormir. Al entrar en la habitación, se demoraron admirando el mueble cajonero, símbolo de su querer y leyeron, de nuevo, la curiosa etiqueta que había en el décimo cajón.

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Al día siguiente, desayunaron haciéndose arrumacos mientras se juraban amor eterno. Pepa estaba tan emocionada que estaba dispuesta a aceptar unas flores para ponerlas en un jarrón. No servían para nada pero…¡eran tan bonitas!…

Mientras se duchaba, oyó la voz del amor de su vida. Lo había dejado deshaciendo su maleta : Cariño, ocuparé el último cajón para mi ropa interior. ¡El décimo y definitivo!- dijo mientras reía.

Y cuando Pepa oyó la última palabra, un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Salió de la ducha, envuelta en su albornoz y no vio a nadie en la habitación. La maleta no estaba en su sitio. Recorrió la casa y revisó todas las habitaciones, mientras iba preguntando ¿Amorcito?. No había ni rastro.

Temblaba descontroladamente cuando entró, de nuevo, en su dormitorio. El décimo cajón del mueble cajonero, emitía una luz roja intermitente. El pomo se desplazó hacia fuera y desplegó una pantalla digital . No era bonita pero sí muy funcional…

Lo último que Pepa vio, antes de desmayarse ,fue el mensaje que parpadeaba en el display del pomo del cajón : “Archivado y Fuera de Su Vida” .

 

Believe y encontrarás el camino…

Esta canción la descubrí, buscando música de Jocelyn Brown. Ya incorporada a una selección de canciones para mi coche, empecé a frecuentarla. Inexplicablemente, si de camino al trabajo (o adonde sea) me sentía un poco triste, sin ganas o hasta los mismos eggs, la buscaba…La música y la voz negra de J. Brown me inyectaban energía y buen humor…

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Es una canción mágica, os lo aseguro. He probado su efecto en muchas personas y, siempre, acaban rindiéndose a esa vibración del universo de Believe…Te anima. Te dinamiza.

Si hay un mínimo conocimiento de inglés, casi entiendes la letra perfectamente. Si no tienes ni idea, curiosamente también transmite un mensaje con una fuerza tipo gospel. En cualquier caso, la letra es muy motivacional. Muy de autoayuda, pero, también, muy de verdad.

If you believe (in yourself), you’ll find the way.

Creer en uno mismo.

Si “te” crees, encontrarás el camino…

Visto así, parece una cursilada pero es tan auténtico a la vez, que escucharlo en esa voz potente y a ritmo house, lo convierte en toda una experiencia.

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Está canción es el primer trabajo de Ministers de La Funk ( alias de Erik Morillo)  para  Subliminal Records(2000). Me ha sorprendido descubrir que : 1) es house (en muchos foros se considera una de las mejores canciones de house ), 2) que a mi edad, va a ser que me gusta el house y 3) he pasado 15 años visitando Ibiza en verano y me he hartado de ver posters y vallas de Erik Morillo como DJ en Pachá y no sabía que era el autor de esta canción joya…(www.subliminalrecords.com)

© Al Powers, PowersImagery.com

Disfrutad de la canción y de este directo de Jocelyn Brown apabullante… y, si queréis un buen antídoto contra la tristeza, convertirla en una de las canciones de la B.S.O de vuestra vida.

Funciona.

NB : Mejor a un volumen considerable. Con auriculares, ya total. ; – )

 

 

Demasiada estupidez.

Nunca hubiese dicho que disfrutaría de la lectura de un ensayo.  Un análisis demográfico, económico e histórico … Suena duro pero si resulta que sobre lo que se reflexiona es sobre la estupidez humana, la cosa entra mejor. Es más, se desliza suavemente, te sorprende y te engancha.

El libro de Carlo M. Cipolla, «Allegro ma non troppo» llegó a mis manos , con la exquisita recomendación (fervorosa) de una gran lectora ( de la que me creo todo lo que me aconseja…). Cipolla fue un historiador italiano , especializado en economía que un día se puso a pensar en la estupidez humana.

Y en estos últimos tiempos, visto lo visto en cuanto a la gestión económica y social del país, yo diría que en España, abundan los estúpidos poderosos. Y, cuidado, que la estupidez es contagiosa y ya no sirve eso de ser estúpido sólo si eres del bando A o del bando B. Ahora, la estupidez ya va en plan plaga, afecta a todos los bandos.

Las cinco «Leyes Fundamentales» de Cipolla , no tienen desperdicio. Sería bueno que «Alegro ma non tropo» fuera de lectura obligatoria para ayudarnos a sobrevivir a la estupidez. La nuestra por dejarnos y la de los otros, por «causar pérdidas» ( ver ley nº 3).

1-. Siempre e inevitablemente todos subestiman el número de individuos estúpidos en circulación.

2-. La probabilidad de que cierta persona sea estúpida es independiente de cualquier otra característica de esa persona.

3-.Una persona estúpida es aquella que causa pérdidas a otra persona o grupo de personas sin obtener ninguna ganancia para sí mismo e incluso incurriendo en pérdidas.

4-. Las personas no estúpidas subestiman siempre el potencial nocivo de las personas estúpidas. Los no estúpidos, en especial, olvidan constantemente que en cualquier momento, lugar y circunstancia, tratar y/o asociarse con individuos estúpidos se manifiesta infaliblemente como un costosísimo error.

5-. La persona estúpida es el tipo de persona más peligrosa que existe.

Pero, tras su lectura, hay que añadir lo siguiente :«Corolario de Livraghi a la Primera Ley de Cipolla : En cada uno de nosotros hay un factor de estupidez que siempre es más grande de lo que suponemos.» El poder de la estupidez, Giancarlo Livraghi

Demasiada estupidez.

En definitiva, un post estúpido ?…

N. B 1( no tenía ni idea ) : Corolario :m. Proposición que no necesita comprobarse, sino que se deduce fácilmente de lo demostrado antes.

N.B 2: Ilustración Imjustcreative


Mafalditis Crónica .

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Dedicándome a re-situar algunas cosas de la casa , me he reencontrado con el libro-tocho «Todo Mafalda».

Siempre que capta mi atención , me paro unos minutos y lo abro al azar…Es inevitable que pase el tiempo y me quede enganchada… Siempre me sorprende …Y tiene mérito, porque ese es un libro manoseado y leído y releído… Pero ahí está ella, la niña contestona y preguntona . Me encanta Mafalda.

Hace un tiempo le preguntaron a Quino, su creador, si creía que Mafalda aún estaba vigente :  «La temática, lamentablemente, sigue de actualidad. Eso de que el mundo sea un desastre no cambia». 

Mafalda tirasEste hombre podía haber estado haciendo tiras de Mafalda de forma infinita y en bucle, sin apenas alterar los esquemas básicos. Un producto sin fecha de caducidad. Por ejemplo:

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El día que Mafalda esté obsoleta, ese día, tenemos que alzar nuestras copas y brindar. Pero eso no quita, que yo deje de ser adicta al espíritu Mafaldero y, de vez en cuando,me de unas dosis.

Como ahora.


 

N.B : Siempre he tenido curiosidad por saber cómo habría evolucionado el personaje de Mafalda. ¿Cómo sería de mayor?. Pocos se han atrevido a jugar con esta niña prodigiosa, pero he encontrado dos «versiones» de Mafalda : a los 18 y a los 30.

Tira del dibujante Caloi. Diario Clarín de Buenos Aires

Caricatura del dibujante Ombú . Semanario «El País Cultural» Uruguay.

 

 

#Banksy, no lo hagas.

Banksy, no lo hagas.

No te quiero conocer. No quiero ver tu rostro…Y en el fondo sí quiero, pero …no.

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Leo que Banksy podría asistir a la entrega de premios de los South Bank Sky Arts Awards, en el Hotel Savoy de Londres. El artista de Bristol, ha sido nominado por su obra “Dismaland”, un parque temático al estilo Banksy : de denuncia,  crítica y advertencia de la sociedad que -todos- estamos construyendo.

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Espero que no vaya a recoger el premio porque uno de sus rasgos diferenciales es el anonimato. Nadie sabe quién es Banksy… Sus obras, stencils e intervenciones de Street Art en diversas ciudades del mundo, continúan teniendo esa aura de misterio. Cuando ves un Banksy en una pared, sabes que el artista lo ha pintado con nocturnidad y alevosía, saltándose las leyes, escondido, rápidamente, saliendo por patas al acabar…

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Y es curioso, porque si Banksy pinta un algo en un muro de tu propiedad, lo puedes subastar y vender por precios astronómicos (Brad Pitt es uno de sus coleccionistas más mediáticos). Es más, en una de esas “intervenciones”, vendió obras suyas en un tenderete de un mercadillo callejero de Central Park a 60 dólares que, después, se han subastado entre 85-100.000 dólares.

Conviviendo en el equilibrio de esos dos mundos opuestos, el de la denuncia callejera y el de la subasta en Sotheby’s, Banksy ha podido sobrevivir artísticamente. No sólo eso, ha continuado provocando con sus mensajes …

Ba2Muro de Cisjordania

No quiero saber quién es.

Me gustaría seguir imaginándomelo, sin rostro, planeando como intervenir. Como hacerlo sin que lo vean. Como irse sin que lo pillen.

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No vayas, please.

Rojo

He encontrado una vieja carpeta con un texto que escribí en 1990.  : Rojo .

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El protagonista de ROJO se llamaba Eusebio.

El hombre, habitante de un pequeño pueblo, tenía una debilidad cromática. Todo lo que le rodeaba era rojo…. Vestía de rojo, su casa era roja, los objetos ( tazas, botas de vino, vasos, etc.) también rojos.

Vivía de crear tallas de madera que pintaba de rojo, sólo bebía vino tinto , comía alimentos “rojos” y no se pudo casar nunca porque quería que su futura esposa vistiera de rojo el día de la boda… Aún con esta debilidad por el color rojo (“Roja es la sangre, rojo el corazón. ¿Qué hay más importante que el rojo color? Rojo es el amor, roja es el alma. ¿Aún dudas que el color rojo no tiene importancia?” Tela la frasecita que puse en boca del protagonista), Eusebio era feliz. Nadie en el pueblo lo marginaba o lo trataba diferente por esa manía con el rojo. Al contrario, era una persona  muy querida por sus vecinos…

El relato, de 11 páginas mecanografiadas, sigue con la llegada al pueblo de un nuevo médico tras la jubilación de su predecesor.  Y ahí llega el Doctor Juan Blanco ;- )… Se queda maravillado con la supuesta patología (“La monomanía cromática” ) de Eusebio y lo convierte en su sujeto de estudio. Lo somete a mil pruebas y , a medida que las va realizando, Eusebio,  extenuado va perdiendo vigor… Se va marchitando.

El clímax del relato es la escena en la que Eusebio Rojo es observado como un conejillo de indias en un congreso médico. El Doctor Juan Blanco ya ha conseguido la fama al etiquetar y describir esta nueva patología y aun viendo que el pobre Eusebio está cada vez peor, sigue utilizándolo.

El pueblo entero, vestido de rojo, irrumpe en la sala de la ponencia y rescata al pobre hombre. Evidentemente,  a las pocas semanas de retomar su vida, vuelve a ser el Eusebio de siempre.

El relato acaba así:

El Doctor Juan Blanco se instaló en un confortable piso de la ciudad. Su vida había cambiado : entrevistas en la radio, publicaciones en las mejores revistas científicas, conferencias en la Universidad… Incluso estaba preparando la publicación de su primer libro…

Llegó a su piso muy entrada la noche. Sacó las llaves de su gabardina blanca. Ante sus ojos, apareció un gran salón: paredes blancas, sofá blanco, cuadros blancos, chimenea blanca…

Se sentó en su sillón blanco de piel y se sirvió , en un vaso blanco, un poco de leche fresca.

Recordaba las palabras de su mujer. ”Qué manía tienes con lo blanco! No paro de limpiar” Ni tan siquiera el día de su entierro se había puesto una corbata negra…

Sumido en sus recuerdos, el Doctor Juan Blanco se introdujo en las blancas sábanas de su cama blanca y se quedó profundamente dormido…

Pues bien, este relato fue ampliamente analizado por un escritor profesional ( muy amigo de Cela y al que le debo haber conocido al Premio Nobel). Su opinión me hizo comprar,inmediatamente,  el María Moliner e intentar  aprender a escribir . Junto con el relato, he encontrado su carta ya muy maltrecha ( se ha quedado pegada en la carpetita de plástico en la que ha estado guardada 26 años) y no puedo evitar reproducir lo que aún se lee…

Pura nostalgia…

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