Una mantita de ganchillo.

colcha

 

Me cobijo bajo la manta de ganchillo y cuento hasta tres.

Uno, dos, tres…

Ya he desaparecido. No estoy. Los que estaban conmigo, levantarán la manta y no encontrarán nada. Un espacio vacío. Una huella de mi cuerpo, aún tibia, marcada en el sofá pero yo…no estaré ahí.

Habrá unos minutos de desconcierto. Palparán los cojines del sofá, incluso los sacarán buscando un mecanismo que, aunque oculto, les proporcione la dosis de lógica para explicar cómo es posible que antes estuviera ahí y, ahora, ya no.

Ya no estoy.

Cogerán la manta, que ya no es mía, y la sacudirán. Mirarán por debajo y por encima hasta que alguien confirme, con total certeza, que yo no estoy allí.

Entonces, se desatará la histeria. Los que estaban conmigo, quedaran marcados de por vida por el suceso inexplicable de “la mujer que desapareció bajo la manta”.

No importa. Me olvidaran y lo superaran…

Mientras, yo, voy saltando de vida en vida…Una vida, otra vida y otra y otra…

Ya es mi décima vez y sigo sin saber dónde estoy. Cuando me cobijo bajo la manta para desaparecer, me siento en una zona intermedia, entre la manta de ganchillo y la realidad, que no sabría describir. La única palabra que me viene a la mente es “aséptica”.

No sé el tiempo que estaré allí. En unos minutos, segundos, horas, días o años apareceré debajo de mi manta, en otro sofá, o en un sillón, o en una cama… En una casa desconocida…

Nadie se preguntará quién soy ni que hago allí. Convivirán con la mujer de la manta, como si hubiese estado en sus vidas,  toda la vida…

Unas veces, he aparecido como madre, otras como amante, como niña, como suegra, como amiga,… En cada lugar, he desempeñado un papel y me he quedado un tiempo pero, tras unos meses y de forma irremediable, me he aburrido con esas personas que para mí, siempre eran desconocidas.

Y aunque me quisieran, yo no las quería a ellas. Así que me envolvía en la manta de ganchillo y me iba a otro lugar. Y punto.

Noto que estoy a punto de emerger de nuevo.

Falta poco.

Mi abuela había tejido esa manta para mí. La había creado para protegerme de los monstruos y de la oscuridad. Si tenía miedo, sólo debía envolverme en la deliciosa pieza tejida a ganchillo y los miedos desaparecían…

Supongo que algo ocurrió en algún momento de mi vida para qué, al cabo del tiempo, fuera yo, y no mis temores, la que desaparecía del lugar. He pensado que podría ser la tendencia a ser cobarde y egoísta que adquirí al crecer y madurar y que mi abuela no tuvo en cuenta al tejer aquella maravilla. No podía prever que aquella niña temerosa y adorable se convirtiera en…mí.

La primera vez, fue desconcertante. Dejé a mi familia y me encontré en otra. Quise volver pero nada de lo que hacía me permitía retornar al punto de partida. Más tarde, descubrí que necesitaba estar rodeada de gente para que funcionara “el viaje”.  Una vez descubierto el mecanismo de activación, en cada viaje me he concentrado en recuperar mi vida y volver a mi sofá, con mi marido pero…no lo consigo. Podría tener que ver con la realidad de mis deseos. Pienso en mi vida monótona. Gris… Y, realmente, nunca me apetece volver. Y sí, sé que lo estará pasando mal… pero…

Cada vez que lo hago, aparezco en un lugar que no conozco,  con gente qué no sé quién es. Sólo una vez, aquella en la que aparecí como la amante de aquel famoso actor moreno y de pelo canoso (del que no puedo decir el nombre) tuve deseos de quedarme allí y de hacer desaparecer la manta pero… me fue infiel con una luchadora profesional…

Siento ese tirón que me lleva al exterior. Percibo el tenue perfume de mi manta de ganchillo. Estoy arrebujada bajo ella, confortada por su calor. De repente, mi cuerpo siente dolor. En los huesos, en las articulaciones… Oigo un ruido, una especie de maullido. Me preparo para sacar la cabeza y observar, por primera vez, el lugar en el que me encuentro. Reconozco la habitación. Es el salón de mi casa, en la que vivía con mi marido. Todo está polvoriento y un tanto descuidado. Abandonado.

Hay, apenas un par de muebles: una mesa y sillas y el sofá del que me acabo de levantar. No veo a mi marido y tampoco hay huellas de que esté por llegar. Aquí no hay nadie. Nadie más que yo.

En la cocina, me sorprendo de mi desorganización. Los platos sucios se amontonan en el fregadero y en la nevera, hay cuatro cosas que si no han caducado, están a punto de hacerlo. Veo cajas de comida a domicilio: chino, japonés, turco, pizza…Oigo el maullido y dirijo la vista a mis pies. Un gato se frota contra mis pantorrillas, encantado de verme. Parece que me conoce. Después, veo otro. Y otro más…

Vuelvo al sofá y me envuelvo en mi manta de ganchillo que ahora está llena de pelos de gato. Me quiero ir de aquí pero…no pasa nada. No hay otras personas…La manta no funciona.

Aquí no hay nadie.

Nadie más que yo y estos tres gatos…

Ganchillos en ristre.

Yarnbombing, o lo que vendría ser la “guerrilla del ganchillo”  es una forma de arte callejero que consiste en decorar las calles y el mobiliario urbano con piezas de ganchillo con el máximo colorido posible y , en muchos casos, con obras artísticas creadas por muchos yarnbombing que envían su “parte” para formar parte de la obra final.

Como la mayoría de disciplinas del arte callejero, la misión del yarnbombing es decorar y alegrar  los espacios públicos para que nuestros ojos se recreen y nuestros corazones se alegren. También hay espacio para el mensaje con contenido social y la denuncia pero es una forma de “intervenir” en plan guerrillero,  que no agrede al entorno, que se puede quitar facilmente y que, en definitiva, lo que provoca es una sensación agradable en nuestro cerebro, asaltado por ese arco iris de lanas…

El movimiento artístico “yarnbombing”  (o urban knitting ) se creó en Holanda en el 2004. Actualmente, hay muchos grupos de guerrillera/os del ganchillo, haciendo de las suyas por todos los países del mundo…

Tejen que te tejen, oculta/os, como un grupo de resistencia, preparados para plantar cara con sus lanas de colores, ganchillos en ristre…Me encanta el concepto.

En España, también tenemos grupos activos de yarnbombing. Os podéeis tropezar pivotes “ganchilleados” , por ejemplo…

Mi abuela tenía obsesión por el ganchillo. Tapetes ( de los que se almidonaban), matelerías, puntillas en las toallas y…aquellos sombreritos que cubrían el papel higiénico ( horrosos, lo siento). Si se paseara por la calle y viera esto, fliparía en colores… ; – )

No te digo que no  refresque mis clases de ganchillo ( me obligaban) y me una  al movimiento. Me llama eso de ser guerrillera , ganchillo en ristre…

 

 

Cuatro píldoras…

La primera píldora va de “Arte Urbano”.

Soy especialmente fan de esta disciplina y espero, algún día, encontrarme un Banksy en Barcelona pero, mientras eso ocurre, podemos deleitarnos con otros artistas de la calle.

En Jaén.

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En Vancouver, Canadà. Del artista urbano  que firma como  I♥.

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En Barcelona , del artista Sam3. “The small birds are the tree’s words”.

La segunda píldora está asociada a una neuralgia que me afecta a un brazo, cuando mi cabeza ( con todo su peso) y la almohada ( traidora ella), se alian para hacer que todo eso , descanse sobre el pobre brazo que , hecho polvo se pregunta ¿Qué hago yo aquí?.

Así que coincido con el titular de este invento: Brillante.

La tercera píldora es un DIY. Para la gente que sepa hacer labores y que le pirren los cojines. La única cosa a tener en cuenta es que este diseño de cojín, debe ser ubicado en casa con previo aviso a todos sus habitantes… Si abres la luz del salón y te encuentras esto, seguro que te ríes pero, primero: gritas!.

La cuarta y última píldora es multidosis. Van un par de chistes , para cerrar esta toma con una sonrisa.

 

Flower Power.

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Haruka Misaw  ve flores en sus lápices y en las serraduras que crean al utilizar el sacapuntas.

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Seb Janiak, en cambio, ve flores en las alas de los insectos y visto así, yo también…

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Yunona Josan hacen cupcakes con increíbles formas de flores. Da pena comérselos…

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Y llegamos a las flores del Flower Power, uno de los más famosos eslóganes de la No Violencia. Hace ya 50 que se acuñó el término…

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Para conmemorarlo,  200 crocheters y knitters de 24 países distintos han creado esta fantástica pieza. Iniciativa de Prudence Mapstone.

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