Marie Kondo Art

 

 

 

Esto es el resultado de una conjunción de tres factores:

1) Día de sol y tranquilidad. Perfecto para terapia antiestrés.

2) Lienzo para reciclar que ya había pintado con fondo de pintura de tiza de color blanco roto.

3) “Restos” del proceso Marie Kondo que llevé a cabo hace un mes.

Estos “restos” son cuentas de pulseras y collares, botones y cualquier cosa susceptible de ser pegada en un cuadro que fui recogiendo en una cajita cuando me dediqué a ordenar todos los cajones de mi casa en un episodio Kondo muy intenso.

 

 

 

Resolución 57/249

Tras la adopción de la Declaración Universal de la UNESCO sobre la Diversidad Cultural en 2001, la Asamblea General de las Naciones Unidas proclamó el 21 de mayo “Día Mundial de la Diversidad Cultural para el Diálogo y el Desarrollo” . Resolución 57/249

Diverso no debe ser contrario o excluyente. Simplemente, diferente. Somos muchos y todos diferentes. Y como dice Mafalda, sin esos “todos” …

 El dato : las tres cuartas partes de los conflictos que hay en el mundo, tienen una dimensión cultural.

 

Que llueva y yo tenga mi paraguas a mano.

Hoy, al abrir el maletero del coche para acomodar las bolsas de la compra, he visto mi súper-paraguas. Hoy , que hace un sol radiante , soy consciente de este paraguas. Cuando llueve a cántaros, como días atrás,  lo olvido completamente…

Es verdad que aquí, en Barcelona, llueve poco  y que si viviera en Londres, por poner un ejemplo, sabría – siempre-dónde está mi paraguas.

Justamente este que llevo en el coche, es uno de mis preferidos. Es de un color verde caqui muy sufrido. Es grande y se abre suavemente y, lo más importante,también se cierra con facilidad.

Pocas veces he tenido un paraguas que vaya tan bien como este. Siempre me ha fallado algo: el cierre ( duro para abrirlo), el cierre, de nuevo, que pellizca al cerrarlo. La varilla rebelde que se dobla y la que salta…Esos plegables que nunca caben en su funda. Los pequeños que casi mejor ir sin ellos…

Y, después, está el llevarlos…Poca práctica, claro. El encaje del paraguas entre dedos y bolsas, por ejemplo. Los cambios de mano, el apartarse cuando te encuentras con uno que no lleva o con otro que lleva uno más grande que el tuyo. Esa zona ciega en la zona lateral, o en la frontal si el viento arrecia y lo llevas en modo escudo protector...

Yo, en caso de vivir en zona lluviosa ( ahora, en Seattle) me compraría este :

Y es que el paraguas , tiene su qué. Si lo dejas caer dos veces, quiere decir que tienes a bien, establecer relaciones con la persona que tienes delante. Os lo aviso, por si alguién no lo sabía. Aunque fuera una costumbre del S. XVIII, no se sabe nunca… Ya en la antigua China, en Egipto y en Asia en general, se utilizaba el parasol o sombrilla. Les protegía del sol, básicamente. Es ya en el S. XVII cuando se introduce en Europa y cambia de funcionalidad, para pasar a parar las aguas… He leído que los primeros paraguas pesaban casi 5 kilos. Yo estaría destinada a mojarme, siempre : ¡5 Kg!

paraguas1

Tiene asociada la superstición de que si lo abres en el interior de una casa , atrae la mala suerte. Hay dos explicaciones de diferentes signos . El histórico : al proteger del “Sol” , símbolo divino en muchas culturas, se consideraba sacrilegio abrirlo en un lugar sombreado. Incluso, por su forma circular, representativa del astro rey.

La visión más pragmática es la que dice que cuando se inició la producción de paraguas desplegables, los mecanismos de apertura eran tan burdos y malos que podían abrirse, disparando las varillas.Nadie sabía lo que podía pasar y qué se podía romper al abrir un paraguas en casa. Era peligroso…

 

No sé si esta semana habrá lluvia… La previsión es de cielos nublados, sin chubascos pero ,ahora, tengo al paraguas en mi mente. Venga , que llueva,  que esta vez estoy preparada.

paraguas

 

 

 

 

Ojalá sea ficción…

Nos avisaban de los riesgos. Eran voces poco audibles en un mundo tan contaminado de ruido.

Nos informaban que el límite de no retorno era de 30 años. En tres décadas, el planeta estaría en riesgo de destrucción inminente.

Nos decían que contaminábamos los mares, el cielo, el aire.

Nos advertían del consumo masivo, de la construcción masiva, del desastre masivo.

Nos hablaban del cambio climático, del calentamiento global.

 

 

Era el año 2019 cuando escribí “Ensucio el cielo” y no creí que viviría para ver esto,  pero aquí estoy …En estos tiempos que corren, sobrepasados los 30 años de gracia, estamos como nos dijeron que estaríamos: al borde de la extinción…

El mundo tuvo que cambiar por obligación. De políticas negacionistas de lo que se avecinaba, pasamos a políticas disuasorias en las que se podía contaminar pero pagando: ¿Conduces con combustible fósil? Impuesto y tasas. ¿Quieres bolsas de plástico que destrozan nuestros oceános? Pues las pagas, que ensucias el mar con ellas. Si quieres un coche eléctrico o proveerte de energía solar o eólica, también pagas.

Nosotros, por eso, íbamos a lo nuestro: consumíamos sin parar. ¿Ropa? Era tan barata que teníamos cientos de prendas. ¿Sabías que un tejano requiere de 7.000 litros de agua y tinte contaminante para su confección? ¿Comida? Los frutos más exóticos, los productos de agricultura intensiva, cultivados a miles de kilómetros, viajando por tierra, mar y aire junto con la ropa, llegando a nuestros hogares…

 

 

Los que predecían el fin de nuestro modo de vida, eran  tildados de agoreros. Exagerados… ¿Cómo se iban a dar por finiquitados los  modelos productivos? ¿Qué harían las personas que trabajaban para el sistema industrial, inmerso en la globalización? Se perderían millones de puestos de trabajo en todo el planeta, se resquebrajaría el sistema. Por mucho que cada individuo, intentará aportar su granito de arena para la gran solución, era un desierto demasiado grande e incontrolable: política, intereses económicos y sociales…Pero llegó ese instante de irreversibilidad que nos condenó a todos.

Deshielo descontrolado, sequía, temperaturas extremas y niveles de contaminación nunca antes alcanzados en la tierra.

Nos vimos obligados a volver hacia atrás para mirar hacia adelante.

En el 2050, ya no viajamos como si el mundo fuera pequeño. Cada habitante del planeta tiene un número limitado de transporte por aire o mar. Para el transporte terrestre, hay coches eléctricos , pero solo para los que se los pueden permitir, pero aún no existen aviones y barcos que no dependan de la combustión fósil. En nuestro entorno, además de los transportes públicos sostenibles, utilizamos bicicletas, coches de caballos y, lo más básico, nuestras piernas.  Sin darnos cuenta, ha salido algo bueno de todo esto y es que empezamos a estar más sanos…

Nuestra alimentación se basa en los productos de Km 0 y en el autocultivo. Cada vez somos más los que tenemos huertos, gallinas y panales de abejas.

La ropa también está limitada por persona. Los jeans han desaparecido por completo. Toda nuestra vestimenta, se reutiliza, se parchea y se arregla antes de pedir nueva dotación.

 

 

Todos nuestros aparatos, funcionan con energía solar. El sol, cada vez más intenso y cruel, nos provee de energía limpia, casi infinita. La sociedad que se imaginó Elon Musk es casi real. Incluso, hay algunos valientes viajando hacia Marte…Eso sí, cayeron muchas personas y gobiernos hasta que se liberalizó el sol,  y la tecnología pasó a ser propiedad de los habitantes del planeta y no de corporaciones empresariales. Esto nos ha permitido seguir teniendo conexión con el mundo y, por primera vez, poder compartir experiencias, aprender de los otros, aportar nuestras ideas  y, lo más importante, sentirnos parte de un colectivo que ya no se dividía por países. Somos, todos, ciudadanos del planeta tierra.

Nuestro único objetivo es sobrevivir, salvando lo que queda… Que, por cierto, sigue siendo precioso…

 

Photo by Daniel Olah on Unsplash

 

Aguijón.

 

No son espinas, son aguijones. Que quede claro.

Tanto tiempo con el tema de las espinas (“ no hay rosa sin espinas”) y resulta que es un fail .

Según la botánica básica, la espina es parte del tallo y tiene sistema vascular. Es una adaptación de la hoja de la planta que la minimiza para economizar recursos , por ejemplo,  en terrenos áridos en los que hay poca agua. En otras zonas, la adaptación se produce para protegerse de animales herbívoros y que no se las coman.

Si arrancas una espina, te llevas parte del tallo. En cambio, la rosa NO tiene espinas. Son aguijones de protección pero están aislados del tallo y si los extraes, no lo daña.Es como una armadura. Los aguijones también deberían servir para los depredadores humanos pero con unos buenos guantes y tijeras de podar , toda protección de la rosa se queda en nada…

Sabiendo que hablamos de aguijones y no de espinas, se deberían cambiar  frases célebres . Por ejemplo:
  • No hay rosa sin aguijón ( Proverbio anónimo)
  • Las verdades, como las rosas, tienen aguijones; recíbelas por la parte de la flor y no te pincharás. (Salvador Polo de Medina)
  • No son mis aguijones los que me defienden, dice la rosa, es mi perfume.(Paul Claudel)

Aunque admito que espina me gusta más que aguijón

 

 

 

 

Algunas fotos.

Estas son algunas fotos que he rescatado tras hacer una limpieza de archivos de mi pobre portátil. Le he hecho un Marie Kondo…

Esta fue la primera fresa que recogí de mi primer intento de huerto urbano en una maceta…

Y este,  el primer tomate…

En esta, me impactó el juego de azules. La cámara no captó los matices…Había más azules...

El primer plano de un fragmento de un móvil de viento “ornamental”. La luz y la tela de araña…

Y, para finalizar, el espíritu que se ríe del lunes… Es un antídoto.

 

Un neumático, una cuchara, una botella, una huevera…

Hay gente capaz de proyectar el uso de una cosa , en uno completamente diferente al ideado originariamente. Tienen esa capacidad creativa…

Ven un neumático e inmediatamente piensan : “Lo pinto de un color fluor y le pongo unas ruedecitas “…

Y , encima, queda bien.

rueda

O se encuentran con unos cubiertos desparejados y exclaman : ¡Mira, un perchero! (o un móvil, unas flores o un espejo…)

cubiertosDe Creative Ideas.

Dónde yo veo botellas de cristal, ellos ven  jarrones con flores.

botellas¿Botas de agua que ya no sirven? Nada, maceteros coloristas…

botas

Cajas, pallets =Mesas y organizadores. Y en colores pastel ( rosa chicle y mint)

lestoc

lestoc (2)De L’estoc

Unos escurridores, se convierten en fantásticas lámparas de cocina.

escurridorDe Creative Ideas

Y…. lo que se puede hacer con una huevera … Convertirla en un “mete-todo”., un contenedor para ese cajón en el que tenemos esas cosas que no sirven para nada.

una hueveraLa huevera da juego…

Cuidado con la Puri.

Por si alguién se lo pregunta al acabar de leer :

No tengo ni idea dónde venden el jabón de bergamota y lima.

Lo juro.

Puri era una enamorada de los jabones artesanos. Por mucho gel o mousse hidratante que le pusieras delante, ella prefería su pastillita de jabón. De los de porción, con su forma cuadrada o rectangular. Hecho a mano, a poder ser.

Sus jaboncitos producían crema que no espuma. A Puri le habían explicado que la espuma, era un invento psicológico de la industria de la cosmética.  Y no había más que observar la luminosidad de su piel para confirmar que sus cremosos jabones eran una maravilla.

Prefería los que tenían una base de aceite de oliva a los de glicerina. Tenía un surtido de diferentes aromas que escogía en base a su estado de ánimo: manzana verde con toques de esencia de coco para la alegría; aloe vera y rosas para el amor; melisa y caléndula para relajarse pero el que más utilizaba era el de manzana porque Puri era, ante todo, una persona alegre.

Alegre y bondadosa. Alegre y paciente. Alegre y resignada.

Alegre y complaciente.

Puri no sabía decir “No”. Y tampoco sabía hacer “No”.

Siempre estaba disponible para su familia, para sus amigos, para sus vecinos…

Puri te ayudaba si lo necesitabas…

Puri, cariño, ¿Puedes ir a buscar a Mamá –aunque tú vivas a 2 horas del centro y yo a un cuarto de hora- y llevarla al médico? Puri iba.

Puri, tesoro, ¿No podría hacer tú la cena de Nochebuena? Aunque seamos 18, te apañas mejor en la cocina que yo– Dieciocho adultos (y siete niños inesperados) en casa de Puri.

Puri, no puedo más. Me he enfadado con mi marido (por una tontería insignificante) y quiero quejarme de él durante un par de horas. Me da igual que acabes de llegar de la visita al médico de tu madre. No importa que sospechen que tiene un principio de Alzheimer. ¿Tú, preocupada? Nada, mujer.  Yo te voy a taladrar durante dos horas con mis (insignificantes) problemas… Y Puri escuchaba los lamentos y los “y yo” de la amiga de turno a la que el marido le había dicho que las lentejas estaban sosasPero Puri parecía asumir su condición de “Puri” de forma asombrosamente serena y vivía sus días entre jabones y abusones.

Una mañana, mientras se lavaba la cara con su jabón de manzana verde, descubrió que era la última pastilla que le quedaba. Iba tan ajetreada con los problemas familiares que había olvidado comprar una de recambio. Se dirigió a la Jabonería Rosita, la única tienda de jabones que había cerca de su barrio (a una hora, caminando), y contempló con estupor el pequeño local, cerrado a cal y canto y con un gran cartel: “Se Traspasa”.

Regresó a casa, decidida a buscar en Internet otra jabonería donde comprar productos artesanales, no sin antes pasar a dejar el curriculum de su sobrina en un Bufete de Abogados, recoger las medicinas para su madre, la ropa de la tintorería de su hermano y tomarse un café con su amiga Pepa, que tenía una hija adolescente que la traía por el camino de la amargura (!Esta hija mía, me va a matar!).

Ya delante del ordenador- había ayudado a una vecina anciana a subir la compra y después había estado un rato conversando con ella (para hacerle compañía)  aunque aquella era la vecina que tiraba lejía a la ropa tendida – investigó en los buscadores y encontró dos posibles tiendas de jabones. Visitó las webs de ambas y descartó la Jabonería Marsellesa: no tenían jabón de manzana verde con esencia de coco. Al día siguiente, visitaría “Tu jabón”. Estaba más lejos de su casa pero tenía productos que valían la pena… Además, se había encaprichado de un jabón de canela y vainilla…

Lo tenía en las manos en aquel preciso momento y se estaba deleitando con su aroma…

El intenso olor le recordó su visita de esa tarde a “Tú jabón”. A pesar de estar rodeada de sus jabones preferidos y otros deliciosos como el de rosa mosqueta y violeta africana, se sentía inquieta. La mujer que la atendió le explicó que cada persona tenía asociado un jabón y que éste actuaba en la personalidad de cada uno de forma diferente. Lo de la “personalidad “le pareció escalofriante. El binomio era jabón y piel pero… ¿El carácter? La señora de la jabonería le tendió una pieza: “Este es tu jabón: bergamota y lima. Es el primero en el que te has fijado. Es tu jabón. “.

El cajón de los jabones de Puri acogía más de 20 pastillas (la mitad de manzana verde y esencia de coco) que había adquirido en “Tu jabón”, precisamente , para volver lo más tarde posible y evitar a la extraña mujer. La pieza de bergamota y lima estaba colocada en el fondo del cajón. Casi oculta…

La vida de Puri seguía su curso normal “de la vida de Puri”. Trabajo, familia, amigos,… Su madre había empeorado y , afectada por la situación, se sentía muy triste. En eso pensaba mientras abría el cajón de los jabones.  Sus manos eligieron una de las piezas y se sorprendió al ver el jabón de bergamota. Lo iba a dejar de nuevo,  escondido,  cuando recordó un artículo que había leído en el periódico en el que hablaban de las propiedades antidepresivas de la fruta…

Ese día, se duchó con el jabón de bergamota.  Antes de hacerlo, le dio un mordisquito. Sabía que era una costumbre tonta pero , siempre que lo hacía, recordaba a su abuela, riñéndola (ella siempre se declaraba culpable de las trastadas de sus hermanos) y obligándola a lavarse la boca con jabón.

El aroma cítrico y fresco le pareció revitalizante. Se sentía fresca. Chispeante…

Puri, querida, vamos a quedar para comer. ¡Hace tiempo que no nos reunimos todo el grupo y ya hay ganas! Seremos doce y, claro, los niños. María no puede hacerlo en su casa: esta de obras. Julia y Jaime acaban de poner tarima y dicen que el olor de barniz es muy molesto. Ya sabes que Lucas vive lejos y con los niños no nos podemos meter en el coche tres horas. A mí no me importa hacerlo pero los niños quieren salir de casa y cambiar de aires. ¿Qué te parece en tu casa?

Y Puri contesta: Mira, querida, las tres últimas reuniones de grupo las he hecho yo en mi casa. Venís sin nada, ni una botella de vino barata y, aún peor, os bebéis mis reservas de vino y cava. Los niños son unos maleducados a los que dejáis saltar en mi sofá blanco con las manos pringadas de Nocilla, sin decirles ni mú. Y aprovecho ese “mú” para decirte que ese vestido blanco y negro que llevabas la última vez (y que me preguntaste como te quedaba y yo te dije que “genial”) te hace parecer una vaca. Lo siento, soy tu amiga y te tengo que decir la verdad. Ya me llamarás para decirme en casa de quien es la comida… ¡Ah! Y yo voto por una barbacoa.

Puri también habló con su hermana: Esta semana llevas tú a mama al médico que ya es hora de que lo conozcas. Con su vecina: Señora Eufemia, le ayudaré con la compra que Ud. Ya está mayor, pero cómo vea una gotita de lejía en mi ropa, vengo y saco todo lo que llevo poniendo en los armarios todos estos años y se lo dejó en el salón. ¿Estamos? Con su amiga: Dile a tu marido que cocine él las lentejas: “yo me lo guiso, yo me lo como” así no tendrá problema con el punto de sal…Capullo.

Y, sí, el extraño jabón afectó a la personalidad de Puri que, tras lavarse la boca con él, dejó salir por la susodicha todo lo que le venía. De sopetón. Sin piedad.

Los que la conocían, echaban de menos a aquella mujer alegre y bondadosa. Alegre y paciente. Alegre y resignada.  Y, la verdad,  nadie podía decir que no estuviera alegre. Alegre y descarada. Alegre y combativa. Alegre y segura.  Un “alegre” que hacía que  Puri se sintiera como nunca.

Así que se fue a “Tu jabón” y ante la sonrisa complacida de la dependienta de la jabonería, se llevó todas las existencias de pastillas de bergamota y lima…

Y voy a ir acabando que si se entera que estoy escribiendo su historia para publicarla en este blog , me va a llamar y me va a decir que para mis relatos utilice mis experiencias y no las de otros. ¡Vaya cara, escribir de mí sin mi permiso!-me dirá.

Tal vez se lo debería haber pedido , que esta Puri es mucha Puri y visto su armario repleto de jabones de bergamota y lima, tiene para un rato de…alegría.

Si pregunta, yo no he sido.