Empático o Ecpático pero amable.

“Cómo ser empáticos” sería una buena asignatura obligatoria en nuestro aprendizaje de mínimos. Yo soy de las que creen que la empatía es una gran herramienta para gestionar las relaciones humanas o, por lo menos, para intentarlo.

También es posible que, en algunas ocasiones, sea mejor ser ecpático, pero suelen ser las menos y en contextos de personalidades tóxicas. Nos sirve como un chubasquero para no dejar que la emotividad ajena nos arrastre a nosotros también.  

Todos los máximos son negativos, pero, puestos a ir desbordados de algo, mejor que sea de empatía que de ecpatía. 

Y más hoy.

Y, si puede ser, tanto si somos empáticos como ecpáticos, seamos más amables. 

Cuanto más amables, más felices. Todos.

Está comprobado.

Foto de Clay Banks en Unsplash

Empatía: capacidad de identificarse con algo o alguien. Nos conecta con los demás. 

Ecpatía: nos hace excluir de manera voluntaria los sentimientos que nos llegan de otras personas y que no son beneficiosos para nuestro bienestar.

Real Academia de la Lengua Española

Colección de flores.

La más colorida es la menos fragante.

Geranio

El perfume de esta es totalmente reconocible. Casi universal.

Lavanda

Estas flores son la base de muchos pefumes, sobre todos los veraniegos. De cada uno de ellas, nace una fruta especialmente cítrica.

Azahar limonero o flor de limón

Planta aromática. Es la que más olía mientras la manipulaba para la foto. Las flores son diminutas. Se utiliza en muchos platos de la comida mediterránea.

Tomillo

Son las flores de una verdura rica en vitamina C y hierro. Te la puedes encontrar en ensaladas , pasta y pizza.

Rúcula

Colección de flores.

La cuarta luna.

Esta vez, sí.

La tercera se me resistió, pero esta noche, he podido contemplar y fotografiar, la luna rosa.

Es tan blanca como siempre, pero debe su nombre a una planta nativa de América del Norte llamada musgo rosa o Phlox subulata que florece por estas fechas. Luna y naturaleza siempre conectadas.

Photo de Perry Merrity II en Unsplash

Por aquí abajo, luna rosa, todo está igual o peor que cuando salieron las otras tres. El ser humano sigue manifestando su estupidez, en pleno esplendor. Brilla más que tú. Espero que en la quinta, la luna de las flores, te pueda dar mejores noticias.

Leamos más!

Feliz Día del Libro.

Feliç Sant Jordi.

La botella negra…

Me encontré la botella negra al ir a tirar la basura. La vi encima de una repisa de la valla de un edificio de apartamentos. Paso por allí delante, cada noche, de camino a los contenedores de reciclado.

Me paré para cogerla y meterla en la bolsa correspondiente, según fuera de vidrio, plástico o aluminio…El tacto, por eso, me despistó…Parecía terciopelo o piel…Suave, muy suave. Tuve la impresión de que alguien la había olvidado allí y la dejé en su lugar. La noche siguiente, continuaba estando en el mismo sitio, así que me aventuré a examinarla debajo de una farola. El material me intrigaba…

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Me la llevé. Es verdad que caminé un poco más deprisa de lo que es habitual y que miré a un lado y otro de la calle para confirmar que no había ningún testigo del…robo de la botella negra.

Ya en casa, la observé con atención. No había nada especial en ella, más que aquel extraño tacto suave y cálido…

 

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Que era un artefacto diabólico, lo supe más tarde. Por casualidad. De verdad que siento lo de Loli … La botella negra es capaz de absorber a todo aquel que posea una personalidad conflictiva: tiquismiquis, tocacojones, yoístas, tóxicos, pesimistas contagiosos, etc,etc… Sólo hay que abrir la botella en su presencia y sólo ellos desaparecen… La forma en la que se introducen en su interior, no deja de tener su encanto. Es en plan un torbellino que se va haciendo minúsculo girando sobre sí mismo y después, ¡puf!, una pequeña porción de gas de nada y para adentro…

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Con lo de Loli me di cuenta de lo que pasaba. Diabólico, ya lo he dicho antes. ¿Y qué hice? ¿Destruir la botella por su peligro potencial?

Pues no.

Después de absorber a diez personas, la primera botella negra dejó de surtir efecto pero al salir esa noche a tirar mi basura, me encontré otra. Cuando se llenó la segunda, apareció una tercera…

Ahora las decoro. Y las voy llenando.

Mi vecindario está ahora lleno de gente amable y maravillosa. Igual que en mi familia. Y en la oficina. Y en el gimnasio. Y….

 

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NB : DIY – Reciclaje de Botella de Ratafía pintada con pintura de pizarra para vidrio. Decorada con rotulador blanco permanente.

Albahaca sibarita.

Tenía una maceta libre y unas semillas de albahaca.

En unos días, ha surgido una planta preciosa.

Requiere de agua, que la tierra este húmeda y no se encharque. En otros tiempos, la hubiese regado con el agua del grifo, pero ahora, con la sequía, hay pequeños hábitos que han cambiado para intentar consumir el mínimo posible.

Cada noche, dejo un vaso de agua en la mesilla de noche, por si acaso. Mi preferida es con gas y es @vichycatalan.

 La mayoría de los días, el vaso está lleno por la mañana. Antes, tiraba el agua. Ahora, la utilizo para regar.

Y, viendo el resultado, creo que a la albahaca le gusta el Vichy…

Ese Bar de la Esquina.

Ese entrañable lugar donde sirven el croissant y el cappuccino como a ti te gusta. O ese mini bocadillito de jamón y el zumo de naranja.

Ese Bar de la Esquina que puede no estar en una esquina..

Foto de Leohoho en Unsplash

Nada más entrar por la puerta, Jota buscaba con la mirada mi periódico  para que acompañara mi desayuno. Si tú hablabas, él hablaba. Pero si el día era de esos  perros, él te dejaba vivir en tu silencio.

Y siempre sonando música…

Muchos de nosotros tenemos Bares de la Esquina. Los barrios dónde hemos vivido o trabajado, nos han llevado a intimar a la hora del desayuno con unos seres humanos que, desde detrás de una barra,  nos ayudan afrontar el día con dignidad.

A cada traslado, y si tienes suerte  aparece un Bar de la Esquina. Un lugar agradable. Y si la suerte nos sigue sonriendo, es muy posible que los que allí habitan también sean agradables. Aunque vayamos cambiando de lugar,  siempre hay uno de esos establecimientos que pueden ser “Ese Bar de la Esquina”. Sea porque lo viviste en un espacio muy prolongado, o sea porque la experiencia fue corta pero intensa, hay una barra de un Bar de la Esquina a la que te encantaría volver.

Hace unos días, por casualidad, estuve por la zona y volví.

Mi Bar de La Esquina preferido ha cambiado para mejor. Hay más luz y otros cuadros. La historia del local ha ido creciendo y se ha atiborrado de cacharros que le dan más personalidad.

Como siempre, el último descubrimiento musical de Jota se escuchaba por los altavoces. Siempre atento a la música, sin tele (sólo para el fútbol, me comenta). Los dos somos más viejos pero nos hemos reconocido en los que fuimos hace veinte años.

Foto de Anastasiya Badun en Unsplash

En pocos minutos, hemos resumido mucha vida. Al final, todo bien. No he estado mucho tiempo en la barra pero la charla y el excelente café me han hecho salir con el espíritu más liviano.

Si puedes y tienes un Bar de la Esquina preferido del pasado, déjate caer un día. Es posible que las cosas no hayan cambiado (ojalá) y puedas vivir un encuentro afectuoso con los que fueron los responsables de tu desayuno durante tantos años.

Tiene efecto terapéutico.

 

El símbolo de Gerald Holtom.

A este extraño jardín, lo llamé flores marcianas. Lo he encontrado, escondido en un cajón. Es un bastidor muy pequeñito, con un fondo de pintura de pizarra negra y unas flores blancas. Algunas de ellas, son el símbolo de la paz que todos conocemos. 

Este símbolo no es muy antiguo (de la década de 1950) y su autor, el diseñador Gerald Holtom, no lo registró así que es utilizado libremente en multitud de manifestaciones a favor de la convivencia y el pacifismo. En su momento, fue creado como logotipo de la Campaña Británica para el Desarme Nuclear (NCD).

Y, desgraciadamente, como sigue habiendo guerras y armas nucleares en manos de gente a todas luces incompetente, antes y hoy, seguimos utilizando símbolo de Gerald Holtom para manifestarnos en contra de la guerra. De las guerras. De todas. 

El banco.

El día es nítido y la temperatura agradable. El mar absorbe la mirada y la lanza en dirección al infinito. Quieras o no quieras, el cerebro recibe el input y te envía una gran ola de calma. 

Estoy un rato mirándolo. Y, después, lo quiero fotografiar. Avanzando unos metros por el Camí de ronda, llego al mirador. 

El mejor banco está ocupado.  No importa. Tengo la foto y es algo más que la de un banco mirando el mar. 

Hay algo que no se ve en esta instantánea: el reencuentro, la alegría, la expectativa, la ilusión, las ganas y la juventud. Hay que añadir el sonido del mar, el olor a sal, la risas y el día brillante, como diciéndoles: “Hasta el infinito y más allá.”

Sigo el camino sonriendo. La alegría se contagia y, tal vez, también, la esperanza. 

En ese banco está el futuro…

Tengo una pregunta.

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Tengo una pregunta.

Nunca había tenido una pregunta hasta hoy.

 

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Esta pregunta estaba escondida, agazapada entre los rotuladores de colores pero yo la he encontrado. Y, dicen,que la pregunta es del que la encuentra.

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Tengo una pregunta que cambia a cada momento.

Es una pregunta que nunca es la misma pregunta.

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Pero es mía.

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