Expedientes X caseros.

Foto de Mockup Graphics en Unsplash

Calcetines single.

Ya tengo, de nuevo, tres pares de calcetines huérfanos de par. O sea, son 3 calcetines single. Se ha investigado, exhaustivamente, la escena del crimen y no hay rastro de los desaparecidos. Estarán un tiempo en un cajón que no se abre nunca, hasta que sean reciclados.

  Foto de Ella Olsson en Unsplash

Tuppers sin tapa.

Dos tapas en paradero desconocido. Estarán con los calcetines, en algún lugar remoto, conociéndose mejor.

Foto de Ranurte en Unsplash

San Antonio (y mi madre) al rescate.

No encuentro mi carnet de conducir. Sé que no lo he perdido. Está en casa. Lo percibo…Durante un par de días, todos los bolsos, bolsas, maletines, carteras y porta documentos son registrados. También los cajones donde a veces, sólo a veces, dejó la pequeña cartera que contiene ese documento. En el coche-hay una mínima posibilidad de que se haya caído-, tampoco. 

Al tercer día, vuelvo a hacer la ronda de búsqueda y le añado la invocación a San Antonio. Me doy por vencida. Estará, riéndose se mí, con las tapas de tupper y los calcetines.  Veo que puedo pedir un duplicado vía on line con el certificado digital. Es fácil y me dispongo a hacerlo, pero, me llama mi madre. Ha recibido la llamada telefónica de una señora muy simpática, que le propone un análisis del agua en su domicilio, gratuito y, además, le darán un regalo por participar en dicho análisis de agua del vecindario.  Para cualquier cosa de este tipo, antes de quedar con la señorita simpática, les da mi número de teléfono (al que casualmente, nunca llama nadie) pero como hace unos meses, instalamos un sistema de osmosis, dudo si no será para la revisión, aunque parece demasiado pronto. Voy a buscar la carpeta donde tengo todos sus documentos y facturas para llamar a la empresa instaladora y … ¡Pam! Dentro de la carpeta, está la carterita con mi carnet de conducir. ¿Cómo ha llegado allí? Ni idea. 

He mirado a mi alrededor por si estaban los calcetines y las tapas. Igual es una zona cero, tipo agujero negro, donde van a parar las cosas perdidas, pero, no. Siguen escondidos…

Ni luna, ni luno.

Las nubes han tapado la luna llena.

No hay foto y ya no cumpliré con mi objetivo de una fotografía por cada luna llena del año.

Foto de <a href="http://Foto de Valery Sysoev en Unsplash

Pero es una buena noticia. Muy buena.

No veo la luna pero hay nubes cargadas de agua y llueve. Lo hace de manera constante y suave .

Desde aquí me parece oír a árboles , a arbustos , a plantas, a huertos y a flores cantando de alegría. Si no fuera por sus raíces creo que hasta bailarían.

N luna, ni luno, lluvia.

Por fin llueve por aquí, luna.

Foto de <a https:="" unsplash.com="" es="" href="http://Foto de Marc Zimmer en Unsplash

Esperando la luna llena…

Saldrá esta noche.

Y mientras espero, voy a por el sol.

No importa esperar a la luna…

«et”, “y” o “&” .

Fue un caligrafista el que unió las letras “e” y “t” (et), conjunción latina que significa “y” y creó el monograma “&”.

Aunque relacionemos este símbolo con la lengua inglesa, su origen se remonta al siglo I d.C. y se empleaba en cualquier lengua en alfabeto latino. Era una forma de abreviar las palabras. Dicen que su creador fue Tirón, un esclavo de Cicerón que debía transcribir los discursos del senador e ideo un sistema para ir más rápido. Fue la proto-taquigrafía. 

Tirón juntó en un solo trazo la “e “y la “t” para no levantar el puño de la mesa. Le iba la vida.

En español escrito, no es tan utilizado porque la conjunción copulativa que representa la “y”, no precisa de abreviación.

Sea como sea, es un signo de unión. Aglutina.

Parece que, en los últimos tiempos, en nuestra civilización, nos falta un poco de “et”, “y” o “&” …

Paparazzi de petirrojos.

Nada, este año se ha dejado ver, pero no fotografiar.

En el momento que lo detectaba desde la ventana, era hacer el gesto -sutil-de coger la cámara y se largaba, volando como le toca. Bien alto y fuera de mi alcance.

Es joven. Empieza a colorear el plumaje, pero solo apunta tonos rojizos en la cola, hay que esperar que se haga mayor. Entonces, ya se habrá acostumbrado a la persona que hay tras la ventana con la cámara preparada para vulnerar su intimidad.

Paparazzi de petirrojos, la llaman.

El reloj que marca la hora que quiere.

Tenía un mecanismo de reloj de un pack de manualidades y aún me quedaban unas letras de madera así que pinte “El Reloj que marca la hora que quiere”.

No solo es libre de marcar las horas, si no que se para cuando él cree conveniente y vuelve a funcionar también cuando le da la gana.

Me dicen que pinté las manecillas y las desequilibré con la pintura. Es posible, pero, a veces ha dado la vuelta completa al día y, a veces, no. Más o menos, cuando él quiere. También he comprobado la pila que lleva el mecanismo, pero, ni nueva, marca el tiempo de forma continua. 

Lo quería colgar en mi cocina, pero, de momento, lo he dejado apoyado en una pared. He decidido registrar a qué hora se para y a qué hora vuelve a funcionar. 

Ahí, en ese reloj, hay un misterio…

Os presento a los aquenios.

La fresa es una deformación natural del tallo y, pertenece al grupo de las infrutescencias…

La parte carnosa y roja del exterior, con forma cónica, es lo que se llama “eterio”. El eterio , en realidad, es un contenedor. En su estructura, perfectamente agrupados, están los “aquenios” que son los verdaderos frutos de la planta…Sí, son esos puntos oscuros que sobresalen del eterio…

Además, descubro que el poder antioxidante de las fresas, no lo tienen los nutrientes de la pulpa. ¡Son los aquenios!  El dato concreto es : los aquenios aportan el 81% del total de antioxidantes que contiene la fresa.

Mis respetos a los aquenios.

Las fotos que no quiero hacer.

He hecho muchas fotos de estos rincones verdes.

Cuando los veo, aunque ya sean viejos conocidos de décadas, siempre encuentro algo que cambia, algo diferente que me hace volver a fotografiarlos. Tonalidades, texturas, luces y sombras, …

Pero al mirar el campo esta vez, he pensado en esas lluvias que no llegan o que si llegan son escasas. Y que todo ese verde oxigenante, se irá secando y pasará a tonos ocres y marrones.

Esas fotos son las que no quiero hacer.

La Luna de la nieve.

Segunda luna llena del año.

Te llaman la de la nieve.

Habrá lugares en los que seguirá vigente la nomenclatura porque habrán visto estas lunas de febrero en paisajes y montañas nevadas. Donde yo habito, este año, no hay nieve. O muy poca. Las montañas que antes veía nevadas son grises… Tendremos que ir pensando en cambiarte el nombre. ¿Luna seca?

Este mes, te hemos enviado otro aparatejo humano hacia allí. Esta foto, pues, contiene una cosa que no veis, pero está ahí. Se llama Odiseo. Es una nave privada americana de la empresa Intuitive Machines y ha recorrido más de 1 millón de kilómetros para llegar al cráter Malapert A.

Va a estudiar las condiciones ambientales de la atmosfera lunar, en su polo sur, donde hay hielo, para ver como enviar allí a nuestros astronautas. Es un primer aviso de que pronto vamos a ir para allí. 

Empezaremos a poner fronteras, a pelearnos por si ese cráter es tuyo o mío, a repartirnos los recursos según el primero que haya llegado y pueda hacer más negocio y no nos importará agotarlos. Ten cuidado, que allí donde vamos y estamos arrasamos. 

Al final, luna seca va a ser un nombre adecuado…

Banksy.

Me han regalado un libro de la obra de Banksy. Me encanta.

( Gràcies! )

Me gusta su arte urbano y el mensaje. Y me fascina el misterio que rodea su identidad.

Piensas en referentes tópicos: joven, con sudadera y capucha, pero puede ser cualquiera. Mujer, hombre, joven, no tan joven, de profesión creativa, de profesión aburrida, uno, varios, …

Lo que más me fascina, por eso, es que, en un mundo tan intercomunicado, plagado de manos con smartphones que pueden aparecer en cualquier calle o ventana y cámaras de seguridad que lo graban todo, Banksy siga siendo un desconocido/a.

¿Alguna pista?