Tengo un telescopio chulo.

Mi nuevo telescopio, me da un buen rollo tremendo. Es un “regalo-en-diferido” ( eso es lo bueno de los cumpleaños por partes : van cayendo regalos a cuenta gotas) y me ha hecho mucha ilusión . No sólo podré ( remarco que lo escribo en futuro y , espero, cercano) ver la luna con todo detalle, si no que sé que contiene mucho cariño y , eso, me encanta.

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Mi experiencia con mi primer Celestron ( el más básico del mundo mundial) fue un desastre total. No pude ver nada, nunca. Al recibir este regalo, un modelo más complejo que el que yo tuve, casi tuve la certeza que la próxima luna llena, casi podré avistar al hombre que vive allí pero… Tras dos horas de montaje, con tutorial de youtube incluido, salimos a la terraza y … nada. La oscuridad absoluta. Enfocábamos a los pisos vecinos, porque el cielo estaba muy nublado, pero… no.

Más tarde, investigué en Internet.

Me he propuesto ver algo. Lo que sea.

Ni empiezo a escribir en Google “No veo nada en mi telescopio” que ya me sale como frase de las más buscadas. ¡Somos muchos! Encuentro multitud de artículos de seres humanos como yo, que no ven nada de nada… Ni una sombra de luz. Es un problema común con unas variables muy definidas: escasa o nula formación de cómo funciona un telescopio y una utilización errónea del artefacto.

Tiene su qué: las primeras veces, es mejor manejarlo de día. Nunca mirando al sol, claro. Intentar descubrir cómo enfocar, cómo utilizar el localizador, etc… Después, la luna. Es lo segundo más fácil…

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Así que ahora estoy en la fase de formación y adaptación al aparato, esperando que la próxima luna llena me pille en pleno romance con mi Celestron. ; -)

 

Los que más saben.

Ayer celebré que acabo de cumplir un año más de estancia y, espero, de evolución en el planeta tierra. Como típico ser humano que soy, he cumplido con todos los ritos que se esperan de un día así. Todo el pack pagano: pastel de cumpleaños, velas, recepción de regalos y mensajes de cariño. Amor.  Y flores, muchas flores.

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Pero, también, reflexión. El día X, se construye esa especie de frontera temporal en la que, antes de pasar y transitar de un año a otro, se produce una reflexión de cómo ha sido tu vida y, lo más importante, cómo esperas y deseas que sea …

Al despertar, pensé que el día me regalaría la sabiduría del que se hace mayor y que la reflexión fronteriza, igual sería más sesuda, pero, también, más sabia. Pero resulta que no. Que desperté siendo la misma, con un día más de estancia en el planeta y las mismas ilusiones y dudas que tenía en mi otra edad… Así que decidí escuchar a los que son más mayores que yo, a los que ya se han acostumbrado a ir traspasando fronteras, a los que ya saben del futuro…

Sea cual sea el fruto de la reflexión a la que lleva la vida en que cada uno navega, todos los sabios que me rodean han coincido en un punto.

 “Disfruta”

Hay una urgencia en el mensaje y se matiza con un contundente “Aprovecha”. Porque ellos ya son sabios y lo saben. Y saben que tú, aunque tengas un año más, te vas a olvidar de hacerlo. Porque casi todo el mundo se olvida, porque es así…Uno se deja llevar por la vida misma y va transitando por las fronteras y no disfruta ni aprovecha…

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Me lo voy a apuntar en las paredes, lo voy a colgar de la puerta de la nevera, en la primera página de mi agenda semanal, en el espejo del lavabo, pondré un post-it en el salpicadero del coche, me crearé una alarma que me lo diga cada mañana. Me he propuesto disfrutar y aprovechar .

Siempre hay que hacer caso a los que más saben…

 

 

La luna de siempre.

Siempre es la misma luna. Siempre hago las mismas fotos, pero, siendo todo tan de siempre, cada luna es diferente.

Las hay más cotidianas, más suaves. Con un fluir de la mente que no va más allá del frío que hace o de esas dichosas nubes que me la tapan, ahora sí, ahora no… Otras veces, la foto viene acompañada de un repaso de lo que ha acontecido o la planificación de lo que acontecerá.

También hay lunas de siempre, muy intensas. Muy emocionales.

Como esta de hoy, impregnada de los recuerdos de un 83 cumpleaños, lleno de amor y risas, que se olvidarán casi, inmediatamente, después de soplar las velas. Mientras miro al cielo buscando el encuadre perfecto, pienso que todo ese afecto está escondido en algún lugar. A buen recaudo, custodiado, pero nunca olvidado.  Y, mientras hago esta foto de la luna, yo lo recuerdo por las dos…

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Fais, fais.

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Son traicioneras, las olas de tristeza. Te pillan desprevenido, te golpean por la espalda y te bajan el bañador, dejándote el culo al aire. Suelen ser un impacto, un revolcón que te deja sin respiración unos segundos para, después, dejarte emerger hacia el oxígeno, aunque sea tosiendo y atragantado…

Yo creo que todos los seres humanos (incluyendo al ser más feliz del mundo), sufrimos del remojón de la ola de tristeza traicionera. Y la cosa es compleja porque en esto de la tristeza, hay muchas modalidades: puede ser por la cara, gratuita, sin motivo, de regalo. O por un catalizador, un estímulo externo, un algo que te ha desequilibrado el equilibrio. Puede ocurrirte de vez en cuando, a menudo o demasiado a menudo. Pueden ser olas cortitas o de esas gigantes que rompen con furia … Sea como sea la tuya, seguro que has conocido la tristeza.

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Para surfear esas olas, que nos hacen borrar de un plumazo lo bueno de nuestra vida y nos colman de esa tristeza densa que se te agarra al corazón sin saber el motivo,  existe una técnica de expulsión. Básicamente, consiste en utilizar una palabra mágica. La pronuncias dos veces y la ola se empequeñece. Toda su potencia se ve neutralizada por un conjuro.

No puede ser una palabra cualquiera: debe ser “la palabra”. Una que condensa los dos conceptos claves: 1) Si no hay motivo para la tristeza, ¿Qué coño haces aquí? y 2) Vete a …(cada uno que la mande – a la tristeza-donde mejor le vaya).

La palabreja mágica es: “Fais”. Y la debéis pronunciar dos veces: “Fais, fais”. Si pronuncias el “Fais, fais” acompañado con movimientos de las manos como de “a mí déjame en paz” , el efecto se ve reforzado.

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Te lo puedes creer o no. Pero…no te cuesta nada intentarlo. Nadie te verá, te lo juro. Al mínimo indicio de chapuzón, conjuras el “Fais, fais”. Si no toca estar triste, no toca… aunque tu cerebro tenga ganas de jugar contigo.

La Técnica del “Fais , fais” descoloca completamente a tu mente que, confusa, se olvida de que debe estar triste y centra sus esfuerzos en decodificar que es lo que significa el dichoso “Fai, fais”. Tú, que ya lo sabes, ya estás nadando hacia la superficie.

Así, sales a flote, chapoteando y, si hay suerte, con el bañador en su sitio….

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Fotos de Unplash.

La envidia infinita

envyEstaba poniendo gasolina,  cuando me ha llamado la atención una pareja que estaba en la zona de aire para neumáticos.  Estaban comprobando la presión de las ruedas de un coche muy viejo y hecho polvo que según he oído cuando cotilleaba, era de la hermana de la chica. Los dos ,  jóvenes ,  se reían con complicidad mientrás seguían con sus cosas, haciéndolo todo rápido para ponerse en ruta cuanto antes…

Por las sonrisas y la actitud me he imaginado que eran amantes , con esa ilusión tan de esos años…Felices por estar unos días de vacaciones, libres… Con cuatro euros, un coche viejo y la expectativa , en el más alto nivel al que puede llegar.

Se han ido.Y les he envidiado.

Por la ilusión, sobre todo,  que a esa edad, sale de forma natural y que despues, debemos esforzarnos en «fabricar».

He llegado a mi destino y he ido a comprar. En la cola del super me he encontrado con una conocida.  Arrastraba        ( literalmente) a sus dos hijos, mientras intentaba hacer lo mismo con el carrito. Me ha explicado su plan de vacaciones ( me canso solo recordándolo) y yo le he hablado del mío,  que sin ser nada especial, es más…relajado. Me ha envidiado.

Más tarde, en la sobremesa , he asistido a otra encadenación infinita de envidias : el dueño del restaurante que no tiene vacaciones ( «Tú sí» , te recuerda), la novia fea que se mira a la novia guapa del amigo de su novio, la pareja solitaria que mira la mesa de la pareja con niños con nostalgia, la pareja con niños que mira a la parejita ( ellos no la ven solitaria, la ven romántica) pensando en todo lo que podrán hacer después, solos, sin niños y con ese cava tan rico….

El vecino que quiere ( pero no le llega) el coche que tiene el del 4ºB, la mujer del del 4ºB que piensa que el vecino dedica tiempo a su mujer y su familia, no como su marido que siempre está trabajando…

Yo te envidio, tu me envidias, todos nos envidiamos.

Todos necesitamos / deseamos algo que no tenemos, no podemos o no somos. Y como eso es lo que hay, envidiamos a los que tienen, pueden o son. De la misma forma, estos nos envidian:  nosotros tenemos algo que ellos necesitan/desean y no tienen, no pueden o no son…

Es el círculo vicioso de la envidia infinita…

Típico de humanos.

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NB : Se ve que el tema se «corrige» con la edad : «poca gente es ajena a este tipo de resquemor: el 79,4% de las mujeres y el 74,1% de los hombres confesaron haberlo experimentado en el último año. Pero si se centraban en las edades de los entrevistados, los psicólogos ya detectaban diferencias importantes: mientras que el 80% de los menores de 30 años decían haber envidiado a alguien, el porcentaje entre quienes habían cumplido más de 50 caía al 69%.» Estudio de la Universidad de San Diego ( California)

Contagiada de inseguridad.

 

 

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Sí, estas fotos de la luna, las he tomado contagiada.

Hace un par de días, entraron a robar en la casa de los vecinos de mi madre. Tras hacer unas compras navideñas, entrábamos las dos en el portal cuando nos encontramos: 1) la vecina muy histérica, 2) la policía desplegada y 3) el corrillo de vecinos comentando la jugada.

Sentí empatía por la vecina. Su carácter ya muy teatral de por sí, aún hacia más dramático el suceso, pero a mí me pasó hace unos años y recuerdo, como si fuera hoy, el sentimiento de intromisión-violación de (tu) hogar (templo):  puerta destrozada, cajones abiertos, contenido desparramado, desperfectos, objetos que ya no están y… la sensación de inseguridad. Muy potente.

En estas situaciones, normalmente aparece algún vecino que te comenta otros robos en el barrio, siempre cerca de tu ubicación, aparentemente segura y, entonces, se te contagia “la potente inseguridad “como si fuera el virus de la gripe…

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Las fotos las he hecho contagiada perdida y viviendo la situación excepcional de que estos días, estoy sola en casa… Son las fotos de la luna más rápidas que he hecho en mi vida…Para poder volver a entrar en casa y encerrarme… Me han robado el momento zen con la cámara,  que le vamos a hacer…

Se me irá pasando el contagio. Los procesos víricos tienen su tiempo, pero se acaban… Eso sí, mientras hacia las fotos, he ido insultando a los jodidos ladrones.Viene a ser como tomar Vitamina C…

Más narcisismo, imposible.

Cuando Sara contactó conmigo para que le enviara personalizada la novela corta “Lo mío con George”, me pasaron varias cosas.

La primera, la sorpresa. Me quedé sorprendida. “Lo mío con George” es una de mis obras compulsivas de hace cuatro años y pico… Digo “compulsiva” porque en ese tiempo, producía, con facilidad, relatos de corte romántico. Me lo pasaba en grande escribiéndolos, colgándolos en este blog y en webs de libros gratuitos, dejándolos ahí, en la inmensa red, libres, para que volaran solos… Y, de repente, una lectora, Sara, me pide la novela para regalársela a una amiga .

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Tras la sorpresa viene la gratitud. Es una gran sensación saber que alguien te ha leído y que le ha gustado lo que ha leído. Y que lo quiere regalar.  Máximo placer. ¡Gracias, Sara!

Y, por último, apareció la necesidad de releer. Mis últimas incursiones en lo de escribir algo más que un relato breve para el blog, se han desviado por otros caminos. «La asesina del pollo«, «Íncipits»pretendiendo ser un thriller… Otro estilo, ya no me da por lo romántico…Además, ahora ya no soy tan impetuosa…Así que me enfrento a una tarea arriesgada: releer “Lo mío con George”, después de cuatro años y medio de haberlo escrito. ¡Ups! El tiempo que ha pasado, hará que mi valoración sea mucho más severa, estoy segura. Dicen que el escritor es el primer lector y quizás el más exigente…

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Vuelvo a leer la novelita. Cambiaría cosas, redactaría algunas frases de otra forma, la cuidaría mucho más, pero… me gusta lo que leo. Me lo paso bien. Pienso que estoy como una chota. Sonrío …Resulta que soy un monstruo de la vanidad: releo algo que he escrito y me gusta.

Así que, gracias a Sara y a su amiga Beatriz, he recuperado «Lo mío con George»: el placer de compartirlo, la acaricia al ego de saberse leída, el que guste y … el que me haya proporcionado el placer del lector, aunque lo haya escrito yo! (paradójico)

Y lo admito, más narcisismo, imposible.

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NB1 : No puedo evitar dejaros aquí el enlace de descarga en PDF : lo-mio-con-george

NB 2 : El texto está escrito de una forma que permite “personalizarlo”. Con un simple reemplazo automático en el Word, puedo hacer que la historia se convierta en “Lo mío con Brad” ( por ejemplo) y personalizar a la protagonista, para que sea el lector, directamente. Me pareció gracioso para regalar …

NB3 : Las fotos son de Sara ( gracias, de nuevo! ; – ) que lo imprimió, lo encuadernó y lo envolvió en papel violeta con lazo de plata  ( que tiene su significado en la novela… )

 

Zutanita.

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Fulanito, Menganito y Zutanita son tres vinos. Uno tinto (Ribera de Duero), otro blanco (Rueda) y un tercero rosado (Côtes de Provence), de la empresa Cuveé 3000.

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Unos queridos amigos me han regalado un Zutanita, sabiendo de mi predilección por el rosado…

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Copio de dviciobarcelona.blogspot.com.es : “Zutanita es sin duda un rosado con clase elaborado en la Provence Francesa, tiene un alma fresca y ligera con un toque afrutado muy suave, lo que te hará tomarte la botella sin apenas darte cuenta.”

Doy fe. Ni me he dado cuenta…

Tras disfrutar del vino, la comida y la compañía me he guardado la botella ( como ya viene siendo habitual) y le he puesto unas ramas de romero y laurel.

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Estará en mi cocina, dando testimonio de un puñado de buenos instantes…

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Conjunción.

 

 

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Estaba yo mirando cómo hacerle fotos a la luna, cuando observé una conjunción.

Dos astros están en conjunción cuando, observados desde un tercero, se hallan en la misma longitud celeste.  Pues sí, el sábado, desde la Tierra, la vi. Eran la Luna y Venus.

La luna, vieja amiga de este blog, ya es conocida pero … ¿Venus?.

Su año dura menos de un día y la temperatura de la superficie está a 470ºC.

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¿Se ve pequeñito, ¿no?

Pues resulta que se le denomina el “planeta gemelo “debido a sus múltiples características comunes con la Tierra como tamaño, composición superficial y la presencia de una atmósfera densa capaz de albergar un complejo sistema meteorológico.

Miradlo bien…

Ese puntito tiene el tamaño de la Tierra…

Revival.

Estos días, he tenido un revival. Una visita a mi infancia …

Os lo explico en cinco pasos.

Mucha lluvia, muchísima. Una tarde de ausencia en casa. Una ventana abierta. Viento. La tele, al lado de la ventana. Más lluvia…

Cuando hago el gesto automático de dar al botoncito rojo del mando a distancia de la TV, no pasa nada. La tele está negra y en silencio. Vale.

Paso 1 : Las pilas del mando. ¿Algún día se tienen que cambiar, ¿no? Parece que nunca va a llegar pero llega… Las pilas nuevas, no resuelven nada.

Paso 2: Ir a buscar un mando de otra tele que también funciona con la difunta. Nada. La tele sigue en paz descanse.

Paso 3 : Me acerco a la tele, ya temerosa. ¡Uy! Hay un lateral muy, muy mojado. Lo seco con cuidado. En esa zona está el sensor remoto del mando a distancia pero, de eso me entero después. En ese momento, sólo intuyo que el problema no va a ser el mando. No. Va a ser la tele.

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Paso 4 : Muestra de inteligencia descomunal, digna de Sheldon Cooper.  Razonamiento : si la tele es SmartTv y está conectada por Wifi seguro que encuentro una app que sustituya al mando. Encuentro tres para mi marca pero…¡Oh, disgusto! Ninguna da como compatible el modelo de mi tele. Es moderna pero ya es antigua…

Paso 5 : Encendido manual. Difícil de encontrar, por cierto. Al final, en la parte trasera encuentro un botoncito. Se mueve como un joystick. Puedo encender, apagar, moverme por los canales y bajar y subir el volumen.

Y , en este momento, y hasta que se produzca la reparación del sensor remoto , me recreo en un revival de mis tiempos de niña. Ese levantarse ( por turnos) de la silla para cambiar el canal, bajar o subir el volumen (¡Cómo sube en los anuncios, por Dios!).

Todo es diferente ahora pero ese “ir y venir al cambio de canal”, me recuerda a las agradables tardes en el salón, viendo la tele en familia, cambiando del 1 al 2 …

Y aún con esa impronta tan afectiva y bonita, tengo muchas ganas de volver a utilizar el mando a distancia… Lo echo mucho de menos…

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