El viaje.

Hace ya unos años hice un viaje de esos en los que todo sale bien.

Las playas, la compañía, los nuevos amigos, la comida, el hotel, el tiempo, las experiencias… Todo sin un pero.

En ese viaje había un aroma. El hotel tenía una selección de amenities impresionantes y, en cada habitación, un frasco precioso de un perfume que nos acompañó todos los días.

Nunca lo encontré en una perfumería. Hay fragancias exclusivas para hoteles, y ese perfume era una de ellas… hasta que, hace unos días, lo vi en una estantería. Me bastó con rociar el papel secante para probarlo y volver allí de nuevo. Me teletransporté en segundos y me hizo feliz.

Ya lo tengo en casa para cuando quiero viajar a aquel lugar perfecto. Y lo hago a menudo.

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