La envidia infinita

envyEstaba poniendo gasolina,  cuando me ha llamado la atención una pareja que estaba en la zona de aire para neumáticos.  Estaban comprobando la presión de las ruedas de un coche muy viejo y hecho polvo que según he oído cuando cotilleaba, era de la hermana de la chica. Los dos ,  jóvenes ,  se reían con complicidad mientrás seguían con sus cosas, haciéndolo todo rápido para ponerse en ruta cuanto antes…

Por las sonrisas y la actitud me he imaginado que eran amantes , con esa ilusión tan de esos años…Felices por estar unos días de vacaciones, libres… Con cuatro euros, un coche viejo y la expectativa , en el más alto nivel al que puede llegar.

Se han ido.Y les he envidiado.

Por la ilusión, sobre todo,  que a esa edad, sale de forma natural y que despues, debemos esforzarnos en «fabricar».

He llegado a mi destino y he ido a comprar. En la cola del super me he encontrado con una conocida.  Arrastraba        ( literalmente) a sus dos hijos, mientras intentaba hacer lo mismo con el carrito. Me ha explicado su plan de vacaciones ( me canso solo recordándolo) y yo le he hablado del mío,  que sin ser nada especial, es más…relajado. Me ha envidiado.

Más tarde, en la sobremesa , he asistido a otra encadenación infinita de envidias : el dueño del restaurante que no tiene vacaciones ( «Tú sí» , te recuerda), la novia fea que se mira a la novia guapa del amigo de su novio, la pareja solitaria que mira la mesa de la pareja con niños con nostalgia, la pareja con niños que mira a la parejita ( ellos no la ven solitaria, la ven romántica) pensando en todo lo que podrán hacer después, solos, sin niños y con ese cava tan rico….

El vecino que quiere ( pero no le llega) el coche que tiene el del 4ºB, la mujer del del 4ºB que piensa que el vecino dedica tiempo a su mujer y su familia, no como su marido que siempre está trabajando…

Yo te envidio, tu me envidias, todos nos envidiamos.

Todos necesitamos / deseamos algo que no tenemos, no podemos o no somos. Y como eso es lo que hay, envidiamos a los que tienen, pueden o son. De la misma forma, estos nos envidian:  nosotros tenemos algo que ellos necesitan/desean y no tienen, no pueden o no son…

Es el círculo vicioso de la envidia infinita…

Típico de humanos.

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NB : Se ve que el tema se «corrige» con la edad : «poca gente es ajena a este tipo de resquemor: el 79,4% de las mujeres y el 74,1% de los hombres confesaron haberlo experimentado en el último año. Pero si se centraban en las edades de los entrevistados, los psicólogos ya detectaban diferencias importantes: mientras que el 80% de los menores de 30 años decían haber envidiado a alguien, el porcentaje entre quienes habían cumplido más de 50 caía al 69%.» Estudio de la Universidad de San Diego ( California)

Contagiada de inseguridad.

 

 

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Sí, estas fotos de la luna, las he tomado contagiada.

Hace un par de días, entraron a robar en la casa de los vecinos de mi madre. Tras hacer unas compras navideñas, entrábamos las dos en el portal cuando nos encontramos: 1) la vecina muy histérica, 2) la policía desplegada y 3) el corrillo de vecinos comentando la jugada.

Sentí empatía por la vecina. Su carácter ya muy teatral de por sí, aún hacia más dramático el suceso, pero a mí me pasó hace unos años y recuerdo, como si fuera hoy, el sentimiento de intromisión-violación de (tu) hogar (templo):  puerta destrozada, cajones abiertos, contenido desparramado, desperfectos, objetos que ya no están y… la sensación de inseguridad. Muy potente.

En estas situaciones, normalmente aparece algún vecino que te comenta otros robos en el barrio, siempre cerca de tu ubicación, aparentemente segura y, entonces, se te contagia “la potente inseguridad “como si fuera el virus de la gripe…

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Las fotos las he hecho contagiada perdida y viviendo la situación excepcional de que estos días, estoy sola en casa… Son las fotos de la luna más rápidas que he hecho en mi vida…Para poder volver a entrar en casa y encerrarme… Me han robado el momento zen con la cámara,  que le vamos a hacer…

Se me irá pasando el contagio. Los procesos víricos tienen su tiempo, pero se acaban… Eso sí, mientras hacia las fotos, he ido insultando a los jodidos ladrones.Viene a ser como tomar Vitamina C…

Más narcisismo, imposible.

Cuando Sara contactó conmigo para que le enviara personalizada la novela corta “Lo mío con George”, me pasaron varias cosas.

La primera, la sorpresa. Me quedé sorprendida. “Lo mío con George” es una de mis obras compulsivas de hace cuatro años y pico… Digo “compulsiva” porque en ese tiempo, producía, con facilidad, relatos de corte romántico. Me lo pasaba en grande escribiéndolos, colgándolos en este blog y en webs de libros gratuitos, dejándolos ahí, en la inmensa red, libres, para que volaran solos… Y, de repente, una lectora, Sara, me pide la novela para regalársela a una amiga .

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Tras la sorpresa viene la gratitud. Es una gran sensación saber que alguien te ha leído y que le ha gustado lo que ha leído. Y que lo quiere regalar.  Máximo placer. ¡Gracias, Sara!

Y, por último, apareció la necesidad de releer. Mis últimas incursiones en lo de escribir algo más que un relato breve para el blog, se han desviado por otros caminos. «La asesina del pollo«, «Íncipits»pretendiendo ser un thriller… Otro estilo, ya no me da por lo romántico…Además, ahora ya no soy tan impetuosa…Así que me enfrento a una tarea arriesgada: releer “Lo mío con George”, después de cuatro años y medio de haberlo escrito. ¡Ups! El tiempo que ha pasado, hará que mi valoración sea mucho más severa, estoy segura. Dicen que el escritor es el primer lector y quizás el más exigente…

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Vuelvo a leer la novelita. Cambiaría cosas, redactaría algunas frases de otra forma, la cuidaría mucho más, pero… me gusta lo que leo. Me lo paso bien. Pienso que estoy como una chota. Sonrío …Resulta que soy un monstruo de la vanidad: releo algo que he escrito y me gusta.

Así que, gracias a Sara y a su amiga Beatriz, he recuperado «Lo mío con George»: el placer de compartirlo, la acaricia al ego de saberse leída, el que guste y … el que me haya proporcionado el placer del lector, aunque lo haya escrito yo! (paradójico)

Y lo admito, más narcisismo, imposible.

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NB1 : No puedo evitar dejaros aquí el enlace de descarga en PDF : lo-mio-con-george

NB 2 : El texto está escrito de una forma que permite “personalizarlo”. Con un simple reemplazo automático en el Word, puedo hacer que la historia se convierta en “Lo mío con Brad” ( por ejemplo) y personalizar a la protagonista, para que sea el lector, directamente. Me pareció gracioso para regalar …

NB3 : Las fotos son de Sara ( gracias, de nuevo! ; – ) que lo imprimió, lo encuadernó y lo envolvió en papel violeta con lazo de plata  ( que tiene su significado en la novela… )

 

Zutanita.

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Fulanito, Menganito y Zutanita son tres vinos. Uno tinto (Ribera de Duero), otro blanco (Rueda) y un tercero rosado (Côtes de Provence), de la empresa Cuveé 3000.

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Unos queridos amigos me han regalado un Zutanita, sabiendo de mi predilección por el rosado…

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Copio de dviciobarcelona.blogspot.com.es : “Zutanita es sin duda un rosado con clase elaborado en la Provence Francesa, tiene un alma fresca y ligera con un toque afrutado muy suave, lo que te hará tomarte la botella sin apenas darte cuenta.”

Doy fe. Ni me he dado cuenta…

Tras disfrutar del vino, la comida y la compañía me he guardado la botella ( como ya viene siendo habitual) y le he puesto unas ramas de romero y laurel.

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Estará en mi cocina, dando testimonio de un puñado de buenos instantes…

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Conjunción.

 

 

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Estaba yo mirando cómo hacerle fotos a la luna, cuando observé una conjunción.

Dos astros están en conjunción cuando, observados desde un tercero, se hallan en la misma longitud celeste.  Pues sí, el sábado, desde la Tierra, la vi. Eran la Luna y Venus.

La luna, vieja amiga de este blog, ya es conocida pero … ¿Venus?.

Su año dura menos de un día y la temperatura de la superficie está a 470ºC.

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¿Se ve pequeñito, ¿no?

Pues resulta que se le denomina el “planeta gemelo “debido a sus múltiples características comunes con la Tierra como tamaño, composición superficial y la presencia de una atmósfera densa capaz de albergar un complejo sistema meteorológico.

Miradlo bien…

Ese puntito tiene el tamaño de la Tierra…

Revival.

Estos días, he tenido un revival. Una visita a mi infancia …

Os lo explico en cinco pasos.

Mucha lluvia, muchísima. Una tarde de ausencia en casa. Una ventana abierta. Viento. La tele, al lado de la ventana. Más lluvia…

Cuando hago el gesto automático de dar al botoncito rojo del mando a distancia de la TV, no pasa nada. La tele está negra y en silencio. Vale.

Paso 1 : Las pilas del mando. ¿Algún día se tienen que cambiar, ¿no? Parece que nunca va a llegar pero llega… Las pilas nuevas, no resuelven nada.

Paso 2: Ir a buscar un mando de otra tele que también funciona con la difunta. Nada. La tele sigue en paz descanse.

Paso 3 : Me acerco a la tele, ya temerosa. ¡Uy! Hay un lateral muy, muy mojado. Lo seco con cuidado. En esa zona está el sensor remoto del mando a distancia pero, de eso me entero después. En ese momento, sólo intuyo que el problema no va a ser el mando. No. Va a ser la tele.

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Paso 4 : Muestra de inteligencia descomunal, digna de Sheldon Cooper.  Razonamiento : si la tele es SmartTv y está conectada por Wifi seguro que encuentro una app que sustituya al mando. Encuentro tres para mi marca pero…¡Oh, disgusto! Ninguna da como compatible el modelo de mi tele. Es moderna pero ya es antigua…

Paso 5 : Encendido manual. Difícil de encontrar, por cierto. Al final, en la parte trasera encuentro un botoncito. Se mueve como un joystick. Puedo encender, apagar, moverme por los canales y bajar y subir el volumen.

Y , en este momento, y hasta que se produzca la reparación del sensor remoto , me recreo en un revival de mis tiempos de niña. Ese levantarse ( por turnos) de la silla para cambiar el canal, bajar o subir el volumen (¡Cómo sube en los anuncios, por Dios!).

Todo es diferente ahora pero ese “ir y venir al cambio de canal”, me recuerda a las agradables tardes en el salón, viendo la tele en familia, cambiando del 1 al 2 …

Y aún con esa impronta tan afectiva y bonita, tengo muchas ganas de volver a utilizar el mando a distancia… Lo echo mucho de menos…

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Os va a apetecer…

 

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Ayer visité un local especializado en café de especialidad. Todo muy especial…Venden café de pequeños productores ( fincas) y,  en este caso, eran mezclas (blends) que ellos mismos tostaban y envasaban.

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El aroma era impactante. Los silos , llenos de granos de café. El barista, delante de su cafetera (varias: espresso, filtro, percolación), de cara al cliente ( cosa no habitual en España), ejecutando una coreografía precisa para ofrecerte una taza excepcional.  El que me acompañaba pidió café con hielo. Le trajeron una taza vacía, con una jarrita de cristal llena de café infusionado en frío (no hay mayor trastada , nos dijeron, que poner hielo en un café caliente para cargarse todas sus cualidades de sabor y aroma). Además, nos pidieron que lo probáramos sin azúcar. ¿?

Esta variedad de café es especial, con un tostado muy suave y, de verdad, es dulce. Antes de endulzadlo, probadlo. Tenía razón. Estaba buenísimo…Y mi cappuccino, también…

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Al salir de allí, me paré en una nueva panadería que han abierto muy cerca. Tuve una sensación similar : aroma a pan recién hecho, decenas de tipo de panes, tartas caseras…

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Estamos tratando los productos artesanos con el respeto que merecen. No puedo evitar que me guste el concepto. Que me guste que el café y el pan se traten casi como un vino. Y que cada vez más,  se abran pequeños cafés de especialidad o panaderías que nos recuerdan que lo hecho a mano, con mimo, sabe mejor.

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O por lo menos, así me pasó con el cappuccino y el  pan de sésamo y semillas de amapola que compré…Me supo a gloria.

¿A qué apetece?

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NB : Las fotos son de Unplash.

Es la primera vez que lo hago.

Esta vez, si he completado el ciclo…

Mis quehaceres en el huerto urbano, pasan por plantar vegetales, dejar que completen su ciclo, sacarlos cuando ya lo han finalizado, airear la tierra, abonarla y volver a plantar lo que toque para la época.

Pero algunas plantas han prosperado de tal manera que, este año, no las he “reemplazado” al finalizar el ciclo… Resulta que ese “ciclo” es falso. Es el de la mano del hombre en su empeño en domesticar la naturaleza. El verdadero curso de la naturaleza, no arranca, abona y vuelve a plantar…En un mundo silvestre, las plantas florecen, crean semillas y se marchitan no sin antes asegurar su descendencia, depositando las semillas en la tierra.

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Así que este año, siguiendo un consejo de un experto (eso sí, súper escéptica con el experimento y su resultado), he dejado que la rúcula floreciera e iniciara su declive…y completara su ciclo natural. Lo he hecho voluntariamente…

La he ido viendo crear preciosas flores amarillas, perder hojas (la mayoría me las he llevado yo a mis ensaladas), desvigorizarse, empalidecer … La verdad, aparentemente, no pasaba nada más…

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Hasta que la semana pasada, lo vi con mis propios ojos. Tal y como me dijeron, las semillas depositadas en la tierra por la propia planta, germinan rápidamente entre finales de verano y principios de otoño.

Y ahí están…

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Ruculitas de segunda generación en el huerto.

Mi primera vez…

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Mares y el taburete.

Mares… lunares.

“Los mares lunares, denominados también mare (del latín, plural maria) son planicies extensas, oscuras y basálticas de la superficie lunar, conformadas por afloramientos basálticos en erupciones provocadas por impactos de meteoritos.”

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Aunque son considerados llanuras, los mares no son completamente planos. Son atravesados por riscos, están plagados de cráteres y son interrumpidos por precipicios y paredes. También hay grietas, con profundidades de hasta 400 metros y varios kilómetros de longitud.

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He visto esos mares sin él…El taburete…Estas fotos las he hecho sin mi taburete-compañero-de-sesiones-lunáticas. Mucho tiempo en la intemperie… Se ha resquebrajado y lo he dejado en la zona de recogida de trastos viejos del domingo por la noche. Era un taburete de baño que nunca he utilizado en el baño… Se convirtió en mi compañero de sesiones fotográficas, junto con el trípode (que resiste) y las diferentes cámaras que han pasado por mis manos.

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En fin, esta noche de luna llena,  lo he echado de menos…

Tengo un pimiento enamorado…

Primero, pensé que era un pimiento introvertido. Encerrado en sí mismo, recogido. Tímido…

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Como suele pasar, las primeras impresiones no suelen ser las acertadas. Había que conocer más al pimiento. Podía ser el protagonista de la frase “Me importa un pimiento” sufriendo una involución. O un pimiento yogui, un asceta que sigue la filosofía del yoga…

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Al final, he creído que el pimiento era un narcisista. Se había enamorado de sí mismo, pero… otra vez, he juzgado demasiado deprisa.

El pimiento vive una bonita historia de amor. No hay que pensar en el pimiento como un pimiento. Es una entidad con partes personalizadas e independientes: pedúnculo, cáliz, hombro, exocarpio, etc.

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El pedúnculo y el ápice de este pimiento se han enamorado locamente.

Y se abrazan…

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No seré yo la que se coma este amor…A ver quién es el que se atreve a decírselo al pedúnculo y al ápice…