Una papelera para propaganda electoral.

La ciudad está llena de banderolas, vallas y carteles electorales. Propaganda política de todos los colores , en el sentido literal.

Además, sé que mi buzón ya estará sufriendo las consecuencias de ese SPAM en papel, legal y autorizado. Tendré programas electorales muy concisos, superficiales y publicitarios y papeletas preparadas para su uso.  En el 2021 los partidos políticos se gastaron 49 millones de euros en propaganda electoral..No sé qué parte será la del buzoneo o mailing electoral porque en estos importes hay banderolas y anuncios pero sería una idea magnífica, eliminar el papel que envían a nuestros domicilios. ¿Para qué ese derroche de papel y tinta? ¿Cómo encaja eso con la sostenibilidad,  el medio ambiente y bla, bla, bla? 

Lo más escalofriante es que no conozco a nadie que selos lea. Van directos a nuestra basura, la mayoría con el sobre sin abrir. Y es que tenemos a nuestra disposición medios de comunicación, digitales y tradicionales, redes sociales, Internet…Pero, tenemos ese montón de papel  en el buzón. Esa es la realidad.

Os propongo una papelera exclusiva para la propaganda electoral. Es un diseño sostenible de un cartón liviano que también es bolsa , pensado para reciclar papel fácilmente y lo propusieron , hace unos años,  un grupo de jóvenes diseñadores en la Design Week en Milán.

Se debería situar en el lugar donde están ubicados nuestro buzones, con un mensaje para que el cartero o repartidor, deposite la propaganda electoral directamente en la papelera…

Para acabar : antes de escribir el post , he buscado en Internet y la única formación política que he encontrado con renuncia al mailing electoral, ha sido Podemos en Jerez. Supongo, espero que habrá alguna más.  Y también que podemos excluirnos de este envío de información . En este artículo se explica el procedimiento. Eso sí, este año ya voy tarde pero estaré atenta para la próxima convocatoria.

Símbolo.

Fin de la emergencia mundial por pandemia de COVID según la OMS.

Ordenando mis armarios, encontré la sección “Virus”: mascarillas, gel hidroalcohólico y un par de test que, afortunadamente, ya no hemos tenido que utilizar en los últimos tiempos. 

Las mascarillas están clasificadas en tres tipos: las higiénicas y las FFP2 que aún me pongo en los centros médicos, hospitalarios y farmacias. También tengo de tela: flores, estrellas y con logos de empresas. Fueron las protagonistas en un momento en que no había mascarillas. Me doy cuenta de lo rápido que olvidamos y, también, de la facilidad con la que nos adaptamos a los cambios que iba generando la pandemia en nuestras vidas. Con esas mascarillas de tela, había una “proto-mascarilla”. Esa sí que me ha avivado recuerdos y sensaciones.

Fue en esos primeros días, en los que ya había la certeza que el virus era particularmente agresivo con las personas mayores. Además, ya se apuntaba al contagio por el aire, pero no había nada seguro. Mi madre, enseguida se encerró en casa. Yo iba a comprar y a la farmacia y le llevaba lo que necesitaba. Recuerdo que cuando abría la puerta de su casa, se ponía a dos metros de distancia… No había mascarillas, pero ya intuíamos que era importante cubrirse boca y nariz. Las primeras veces que fui a verla, me tapaba con un foulard. Descubrí que los antifaces que te dan en los vuelos transoceánicos podían funcionar y, me los ponía debajo del pañuelo. 

Después, me dediqué a buscar en casa con qué hacer algo similar a una mascarilla, cosa ya difícil si se tiene en cuenta mi poca habilidad en costura. Pero encontré unos calcetines de los que llaman patucos y en catalán, peücs. También tenía un trozo de goma elástica (qué no sé porque ni cómo llegó a la caja de costura que casi nunca abro) así que confeccioné mi primera “proto-mascarilla” que quedó como un churro, pero cumplió su función, por lo menos como placebo para mí. Era la mascarilla de la incertidumbre, la del temor. Teníamos miedo, un miedo ya olvidado.

Es fea, lo sé, pero me la he guardado como símbolo de resistencia y esperanza. 

Nota : Además, puse el calcetín al revés… : – (

Cubos y regaderas.

Foto de Amritanshu Sikdar en Unsplash

Antaño, mi madre siempre que llovía, sacaba sus cubos y regaderas para tener agua de lluvia para regar a posteriori. Antes, llovía más y muchas veces la hacíamos desistir de su acopio porque, a la vez, el agua estancada hacia proliferar los mosquitos tigre en esta zona mediterránea. Ahora, lo vuelve a hacer y, con razón. Emergencia. Sequía.  Quiere tener agua para, cuando no llueva, regar las plantas del pequeño jardín que mi padre le dejó con un mandato: “Cuídalo”. A ella le encanta: cortar flores marchitas, cambiar macetas y… regar. Ahora, no lo hace. Si los agricultores no pueden regar sus campos ella, no va a regar unas plantitas. Y mira que ese pequeño jardín es un refugio emocional donde se reencuentra con mi padre, pero es sabia y respetuosa. Y sabe que él hubiese hecho lo mismo.

Compraré cubos y regaderas de más para que esté más tranquila y por si hay suerte y hay más lluvia. Hay sequía y restricciones de agua en el campo. Si no llueve de aquí a septiembre, restricciones en los hogares. 

Y la incertidumbre de cómo podemos gestionar lo que viene. Porque viene y con los cubos y las regaderas no solucionamos, aunque mi madre ponga todo su empeño…

Foto de Markus Spiske en Unsplash

Lo de los calcetines abducidos.

Este martes pasado , se celebró el National Lost Sock Memorial Day, en honor a los millones de calcetines que desparecen misteriosamente . Hacía mucho tiempo que no me pasaba lo de los calcetines, pero, en esta última semana, me ha ocurrido tres o cuatro veces.

El cesto de mimbre en el que estoy poniendo los calcetines desparejados, ya empieza a llamar la atención. Mi lavadora, tras un tiempo a dieta de calcetines, ha decido tragárselos a pares, pero desparejados. Ironía de lavadora, imagino. Si no es la lavadora, hay un momento en la ruta «cesto ropa sucia-lavadora-secadora-colada limpia» en el que se produce algún fenómeno paranormal . ¿Calcetines abducidos?

Según un estudio de Samsung en Reino Unido, desaparecen 84 millones de calcetines al año. Hay quien  recicla los que se quedan solos y hace fundas para macetas o sacos anti-dolor, pero ya hay una tendencia, si quieres más lógica, que es ponerse los calcetines desparejados. Y punto.

En Instagram, hay un movimiento en este sentido con los hashtag #mismatchedsocks (calcetines sin combinar) y #oddsocks (calcetines impares).

Y vas más alla, Oddsocks ya vende, directamente, los calcetines sin emparejar.

Si algún día, descubro este misterio de los calcetines desaparecidos, lo publicaré.  Y ruego , encarecidamente , que si alguien ya sabe en qué dimensión espacio-tiempo están ubicados, me lo haga saber. Gracias!

Reencuentro.

Hace ya semanas que no tengo mi cámara conmigo. La olvidé en uno de los lugares donde más fotografías me gusta hacer, así que sabía que volvería y la recuperaría, pero, aun así, la he echado muchas veces de menos. El teléfono hace unas fotos muy chulas, pero la experiencia con la cámara es distinta y en mi universo personal, no la sustituye. 

Así que me he reencontrado con ella, en un universo de flores y colores. 

Y, de premio, mariposa…

Toque humano.

Lo de la IA está siendo asombroso. No sé si mi asombro se debe enmarcar en positivo o en negativo ya que, siendo muy fan de los avances tecnológicos y de la ciencia (lo positivo), no lo soy tanto del uso que puede hacer el ser humano de estas nuevas herramientas (lo negativo).

He probado a generar fotos con una de las múltiples plataformas de IA y, la verdad, el resultado ha sido sorprendente, pero, el proceso ha sido diferente: frio y aséptico. 

En cambio, estas fotos de la luna llena de este principio de mayo que ilustran este post tienen toque humano

El ratito que ha llevado montar el trípode que está viejo y cojea de alguna de sus patas y precisa de un ajuste manual que tiene su truco. Una vez preparado, se ha situado en el mejor lugar para captar la luna. Irradiaba tanta luz que parecía que estaba amaneciendo. Los pájaros cantaban, locos, como si fuera de día. Es primavera y su actividad nocturna es frenética. La foto no ha podido captar el canto que ha acompañado cada disparo de la cámara. Ni esa luz que convierte la noche en día.

La IA no sé, pero la fotógrafa de esta luna ha tenido una experiencia fantástica: una temperatura agradable, un paisaje precioso que puede ver, la naturaleza y sus melodías y una luna preciosa.

Toque humano, IA

Primera vez.

Lluvia.

Siempre me ha gustado la lluvia. A mi padre le encantaba y, de niños, cuando paraba de llover, nos hacía salir al bosque (uno que ya no existe y es un barrio residencial) para que pudiéramos oler el aroma peculiar de la tierra y la hierba mojada, de los pinos frescos… A mi abuelo también le gustaba la lluvia y él, además, salía a coger caracoles, lo que a nosotros nos parecía lo más divertido del mundo.

La casa donde veraneábamos tenía terrazas con barandas de hierro y, cuando llovía, se oía un tintineo que siempre percibíamos como una melodía relajante. 

El sábado llovió en Barcelona. Me alegré, como siempre que llueve, pero, también me sentí aliviada por la lluvia. Deseé que lloviera más y más días porque tiene que llover para que se pueda solucionar el abastecimiento de agua en este período de sequía severa.

Ya hay más cemento que bosque. Caracoles, pocos, pero la lluvia sigue siendo confortable y reparadora. Y, ahora, más necesaria que nunca.

Por primera vez, la lluvia no era una coreografía de sonidos y aromas con los que disfrutar sino un salvavidas que lanzan al mar cuando ya no quedan fuerzas para seguir nadando.

La próxima vez que llueva, ya no será una primera vez de alegría porque los pantanos se vayan llenando y las cabeceras de los ríos tengan un buen caudal. Serán -espero, deseo, ruego- muchas más veces. Segunda, tercera, cuarta y así hasta la octava vez. Según ha dicho el hombre del tiempo, nos hacen falta ocho lluvias…  

Lo triste es que el agua de esta primera vez ha llegado para avisarnos: sequía, cambio climático, exceso de consumo y desidia política en la gestión hídrica. 

Espero que sepamos hacerlo mejor para que la lluvia vuelva a evocar lo de antaño: aromas, melodías y vida.

Tierra y semillas.

Ante la imposibilidad económica de cursar “Licenciatura de la Felicidad”, decidí ser escritor.

Pasaron los años e, inexplicablemente, mi profesión me hizo feliz. Escribir me complacía y me permitía vivir decentemente. Formé una familia y fui feliz hasta que un día, los del Departamento de Intrusismo Profesional llamaron a mi puerta.

Ser feliz, sin la licenciatura correspondiente, se consideraba Intrusismo Profesional. Tuve que pagar una multa y dedicarme a escribir, camuflando lo mejor que podía, mi extraña felicidad intrusa.

Mientras la vida transcurría, la Licenciatura de Felicidad dejó de existir. Ya podía escribir y ser feliz sin esconderme pero el mundo, sin felicidad alguna, no me acompañaba.

Se declararon guerras entre países por acuerdos comerciales; entre civilizaciones, por creencias religiosas. Líderes estrambóticos empezaron a dominar nuestro destino. Lo peor, por eso, fue lo previsible. Lo anunciado pero no atendido.

Cuando yo era niño, se hablaba de la extinción de las abejas. Del incremento de la temperatura en la zona ártica, del descenso de krill en la Antártida , del peligro en el que se encontraban las cadenas tróficas tan bien diseñadas por la naturaleza para que el ecosistema subsistiera. Eran cosas pequeñas, que parecían insignificantes y no iban con nosotros. Pero ocurrió . La naturaleza se rebeló para intentar equilibrarse de nuevo: subió el nivel del mar, hubo terremotos, tsunamis, sequías, inundaciones, huracanes… La felicidad se secó, se ahogó, voló por los aires.

En mi vejez, veo a los jovenes buscando la felicidad. Una extraña felicidad. Su gran sueño es tener un pequeño campo dónde cultivar trigo o guisantes o cualquier planta comestible de las que se salvaron de la catástrofe climática en el planeta. No hay tiempo para leer o escribir. Hay que sobrevivir.

La felicidad , sí, se reduce a tener un trozo pequeño de tierra y unas cuantas semillas.

Y , por primera vez en mi vida, escribir esto no me hace feliz…

El Rebelde.

 

Siempre me he considerado una persona muy corriente. Muy sensata. Muy juiciosa. Muy conservadora. Muy de no molestar.

Soy contable en una empresa de exportación , tengo un utilitario, un físico que ni me dirías guapo pero tampoco feo y vivo con mi madre, que es viuda y que necesita que la cuiden. Soy hijo único.

No hay nada en mí que se pueda identificar con un “rebelde”. Sí, Rebelde como lo era James Dean. Ese tipo de rebelde…Pero…lo soy. Y mucho.

Ese es mi gran secreto. Descubrí que era capaz de ser rebelde, el día que mi ex novia me dijo que, «lo de casarnos e ir a vivir a casa de mi madre, Ni pensarlo”. Curiosamente, yo ya lo había pensado. Lo pensaba continuamente. Infringía la norma de no pensarlo.Ya era un rebelde

En la siguiente ocasión, una compañera de la oficina, me respondió con  un “Ni lo sueñes”cuando la invité a tomar una copa, al salir del trabajo. Y la cosa es que lo soñé. Despierto. ¿Quién me podía impedir soñar ? Así que lo soñé y me rebelé. ¡Qué bien se siente uno siendo rebelde!

Lo malo es que, ahora, mi rebeldía me ha metido en serios problemas.

El cuerpo de mi jefe, inerte, muerto, tendido en el suelo , después de sufrir un infarto. Ha sido justo después de que le comunicara mis aspiraciones de aumento de sueldo y le informara de las transacciones que he estado realizando en paraísos fiscales. Yo , me había hecho muy rico…

Se ha puesto muy rojo, muy violeta, se ha llevado la mano al corazón y se ha desplomado a mis pies. Lo último que me ha dicho es : Por encima de mi cadáver”. Y  yo…

Soy un Rebelde, ¿Por encima, no? ¿Eh? Así que he salido de su despacho, saltando por encima de su cadáver.

Mi plan de trasvase de fondos, empezó a gestarse la primera vez que pedí una mejora salarial. Mi jefe me dedicó la frase “ No en esta vida” y pensé que la mejor forma de rebelarme era creando otra vida.

Me tengo que despedir. Estoy aterrizando en Las Islas Caimán.

El Rebelde.

El mensaje y unas botellas.

El mensaje es una frase de la película “El Nuevo Exótico Hotel Marigold” (*).

“El presente es el momento”.

mensaje

Y estas son las botellas. Las de Los Simpson.

Las de cerveza. Con etiqueta de origami… Ideal para los que las despegan de la botella y las doblan, mientras hablan o esperan.

cerveza

Estas son botellas de vino “interactivas”. A medida que las vas vaciando, te va haciendo más gracia la “interacción”. En esta primera, puedes decorar la zona de la etiqueta con tizas.

botellatiza

También puedes distraerte con este Rioja. Un poco antisocial, por eso…

rioja

Esta es ideal para el final. Cuando las botellas ya están vacías y nosotros…llenos.

botella gafas

Una para llenar con lo que uno quiera ( también vale agua) con barquito incluido.

bottle

La última…

vino