Y con los cables que te echan, vas y haces una obra de arte…
Esto es lo que han hecho estos artistas.
David Oliveira
Celia Smith
Martin Senn
Richard Stainthord
Robin Wight
Byeong Doo Moon
Estudio de Arquitectura Choi Shine ( Postes eléctricos/Nueva Zelanda)
NB : Posible orígen de «Echar un cable» : o echar un cabo -término marinero- que indica facilitar ayuda, socorrer. En el origen está el cabo que se lanzaba desde el barco a quien caía al agua para salvarlo de morir ahogado.
Parecen irreales, como si viéramos capítulos de una serie de éxito, con grandes efectos especiales. Una de esas distópicas, repleta de tópicos recurrentes:
Ocurren cosas que, al principio, parecen insignificantes.
Los protagonistas se acostumbran a guerras y cadáveres, incluso de niños.
El planeta sigue consumiéndose sin que nadie logre detener su degradación.
Locos y payasos llegan al poder. La gente observa, pasiva, consciente de que debe actuar como sociedad, como humanidad, pero no lo hace. No sabe cómo. Solo mira. Incrédula.
Anuncian que un meteorito se acerca a la Tierra con cierta probabilidad de impacto.
La probabilidad aumenta.
Mientras siguen en sus guerras , carecen de tecnología para evitar la colisión, como hizo Bruce Willis, en Armageddon.
El meteorito impacta.
La humanidad se extingue.
El planeta renace. Surge otra humanidad, teóricamente más consciente y feliz.
Me viene a la cabeza el dicho: La realidad supera la ficción. Y así estamos. Los eventos reales pueden resultar más sorprendentes, inverosímiles o impactantes que cualquier historia imaginada.
De nuevo, recurro al querido Bruce . Necesitamos un giro de guion urgente y contundente, como en El sexto sentido, para que esta temporada de nuestra serie tenga un final verdaderamente bueno. Bueno para todos.
El hombre más rico del planeta acaba de cosechar una lechuga de su huerto. Disfrutar de una lechuga fresca, crujiente y llena de sabor es un privilegio. Una pizca de sal y unas gotas de aceite de oliva virgen, producido por la cooperativa del pueblo, bastan para elevar la experiencia al más alto nivel.
Ricos como él, ahora son la mayoría.
El mundo se perdió entre algoritmos y concentración de poder. Los más influyentes quedaron atrapados en un entorno artificial, mientras el 98% de la población luchaba por cubrir las necesidades básicas de una sociedad desarrollada y democrática.
Durante siglos, el péndulo osciló de un lado a otro. Un movimiento constante entre posturas conservadoras y progresistas, centralistas y descentralizadoras, intervencionistas y liberales.
Esta vez, la ley del péndulo en la historia política llevó la situación de un extremo a otro. Se pasó de posiciones radicalmente opuestas: unos planificaban cómo ganar más dinero, acumular poder e irse a otro planeta; otros solo buscaban cómo sobrevivir.
Ganaron quienes querían sobrevivir. Eran muchos más. Demasiados para ser dominados por tan pocos. Triunfaron quienes se alejaron del ruido, la violencia, las guerras y los conflictos. Quienes renunciaron a las redes sociales y sus algoritmos. Ganaron los que formaron comunidad, cultivaron sus alimentos, protegieron la naturaleza y recorrieron montañas y playas.
Y vencieron porque aprendieron a no necesitar más que una lechuga fresca y sabrosa para sentirse las personas más ricas del mundo.
La lechuga se ha convertido en un bien de valor incalculable porque no es solo una lechuga. Es una actitud, y hacerse rico en actitud es un desafío. No se puede comprar.
Por ahora, el péndulo permanece inmóvil, aunque todos sabemos que volverá a oscilar. Solo queda esperar hacia dónde nos llevará…
Son universales. No importa la tendencia religiosa que se practique, la celebración o el rito. Las velas siempre han estado presentes en templos, altares y palacios.
Serían de los pocos objetos actuales que un egipcio o un cretense del 3.000 a.C., si aparecieran de repente en este siglo, reconocerían sin problemas. Eso sí, quedarían sorprendidos por los aromas y colores de nuestras velas. Se cree que ellos usaban sebo animal, lo que generaba humo negro y un olor desagradable.
Las velas están presentes en frases que utilizamos habitualmente.
“Estar a dos velas” significa estar sin blanca, es decir, sin dinero ni recursos. La expresión se extiende a cualquier tipo de escasez. En El porqué de los dichos, José María Iribarren sugiere que proviene del juego. Antiguamente, en las timbas y partidas de naipes ilegales, el banquero solía contar los puntos y el dinero a la luz de dos velas. Si un jugador ganaba todo el dinero de la banca, literalmente dejaba al banquero “a dos velas.” (Revista Muy Interesante).
“Dar vela en un entierro,” o no darla, se refiere a involucrarse en asuntos ajenos. Antiguamente, se acompañaba al difunto desde casa hasta el cementerio en una comitiva a pie, llevando una vela encendida en la mano. Si no formabas parte de la comitiva, no tenías vela.
Para velas curiosas, esta de Batman. Sirve para pedir ayuda y tal como está el mundo, hay que encenderla ya mismo.
Y, por último, una vela especial para quienes no soportan las velas de cumpleaños. Para quienes no quieren soplarlas ni verlas. O, simplemente, para quienes no les gustan las velas en absoluto. Esta es su vela.
Porque no hay más cera que la que arde, aquí termina el post sobre velas.
Dicen en la radio que mañana hará frío. Hablan de “temperaturas invernales”. Lo escucho mientras ordeno un armario y decido qué hacer con los jerséis de lana que no uso desde hace tiempo.
Ocupan demasiado espacio y, con el clima actual, dudo que el invierno vuelva a Barcelona. Antes era un invierno suave, pero al menos ofrecía días para llevar lana, bufanda y abrigo. Ahora es un invierno que te invita a comer en la terraza de un restaurante, con el sol tibio que aún calienta y una temperatura de 19 ºC en pleno enero.
Abrigos y bufandas están ahí, olvidados. En una esquina del armario, la de invierno, en una ciudad donde el invierno apenas existe.
Algunas prendas se salvarán. Los viajes ocasionales al frío verdadero serán su salvoconducto. Pero la mayoría, por ahora, irá a unas cajas. Les pondré un rótulo para identificarlas: jerséis de lana en peligro de extinción.
El fondo estaba listo, pintado con pintura de pizarra en color crema. Había encontrado las letras en un cajón olvidado. En su momento, eran autoadhesivas, pero estuvieron tanto tiempo guardadas que ya no pegaban. Por eso usé mi superpegamento, ese que te engancha los dedos antes de que te des cuenta.
Coloqué las letras con cuidado. Sin embargo, al añadir los puntos de las “i”, que no existían, la “m” se movió, y también un poco la “n”. El pegamento era tan fuerte y rápido que no pude corregirlas. Ahora, no hay quien las mueva sin romper la tela del bastidor. No sé si repetiré este experimento, pero ya tiene un título.
Twitter ( el X de ahora, pero no me acostumbro) ha liberalizado la herramienta de IA , GROK, para crear imágenes. En estos últimos tiempos , he estado utilizando DALL-E y he querido compararlas.
Utilizando las mismas instrucciones, cada IA me ha dado resultados diferentes. Parece que me entiendo menos con GROK.
En primer lugar, pido “ilustración” y no “fotografía” pero GROK se empeña en darme una foto en modo real.
GROK
DALL-E
Tampoco me ha entendido con la emoción : le he dicho que la mujer de la ilustración está desesperada porque las luces de navidad están enmarañadas. En GROK, la chica sonríe. En DALL-E está hasta las narices de las luces.
Quería ilustrar lo que me ha pasado con la decoración navideña de este año. He sacado todas las luces que , ahora, son de un fino cable de cobre y estaban hechas un lío. Las de antes, las de cable de plástico verde me costaban menos de desenredar pero estas , que son más pequeñitas y más monas, son como un cubo de Rubik sin solución. No hay manera de tener el cable lineal… Siempre hay nudos y, en algún caso, de gran tamaño. Mea Culpa por no guardarlas como toca, pero es lo que hay.
Al final, algo de orden he conseguido, aceptando que , en algún lugar , iba a quedar un agrupamiento amorfo luminoso.
Le he pedido a GROK y a DALLE-E un abeto con las luces desordenadas.
GROK
DALL-E
Cuando tenía las luces más o menos listas, con intención de ponerlas en el exterior, se ha puesto a llover.
GROK
DALL-E
La IA ha puesto las luces, aún lloviendo, pero yo me voy a esperar que aún quedan dos semanas…
El origen de este DIY, está en una jornada dedicada a ordenar el armario y, básicamente, a hacer un harakiri de camisetas. O sea, prescindir de esas que llevan conmigo más de una década y que, por una extraña razón, me siento reacia a reciclar, aunque lleven años encerradas sin ver la luz.
Inmersa en la labor de orden y concierto, he encontrado un cuello de pelo sintético que saqué de la capucha de una parka. Nunca me lo he puesto…También, aquel jersey de color caqui que utilicé hasta casi deshacer el algodón y que acabó con un manchurrón de lejía en el centro y la camiseta marrón, destinada al mundo de los trapos.
Al ver el cuello peludo, me he acordado de un DIY que guardé para unas futuras píldoras navideñas: la creación de un Tomtenisse, un duende navideño escandinavo, encargado de la protección del hogar.
Así que , me he puesto manos a la obra.
Al final, me han salido dos.
La Sra Nis y el Sr. Se son mis duendes navideños.Voy a estar super-protegida…
Son imperfectos, como es habitual en este blog. Los gorros son un poco amorfos, las narices no acaban de estar conseguidas, pero ahí están.
Facilísimo, por cierto. Incluso para torpes como yo…