Sueño-Deco.

Me despierto en una casa que no es mi casa pero que yo creo que es mi casa. La sensación es muy rara .

cama

El dormitorio, lleno de color, no tiene nada que ver con el que yo creo que es el mío, de colores crema y blanco roto. Minimalista y soso. En cambio, las sabanas coloristas, la caja decapada que hace de mesita de noche, las flores,…todo aquello me pertenece. Estoy segura.

Me levanto de la cama, mullida y cómoda. Estoy confusa y expectante .Mi cuerpo está descansado y me dice que se duerme muy bien en mi cama. Sé qué dirección tomar sin dudar. Aquella es mi casa aunque no la conozca ( que sí).

En la cocina, el desayuno está servido. Me espera.

desayuno

De nuevo, los colores me impactan. No dudo en tomarme unos croissants y un cappuccino. Algo me dice que voy a necesitarlo.

Tras el desayuno, me doy una vuelta por esta casa que no es mi casa. Estoy en la playa. Genial!

casaplaya

Me detengo en la buhardilla con ganas de tener un libro en mis manos y todo el tiempo del mundo.sofa

Llego a una habitación en la que hay un sillón lleno de cojines y unas maletas. Todo es precioso. Me podría acostumbrar a vivir aquí. Prendido del respaldo, hay un sobre con mi nombre manuscrito.Leo la nota que contiene. No debo olvidar que esto es un sueño…¿verdad?.

cojines

“ Si te sientas en este sillón, aquí te quedarás para siempre. Si eliges las maletas, seguirás tu camino”.

maletas

Entiendo que en este sueño de una casa preciosa que-es-mía-pero-no, debo tomar una decisión. Puedo sentarme en esta preciosa butaca y dejar que el tiempo pase, en este lugar hermoso que, ahora , me pertenece pero miro las maletas y me digo. ¿Por qué parar aquí? ¿Por qué no seguir caminando?…

…¿No es ese el gran secreto de la vida?

No me hace falta más. Elijo la maleta de color violeta y me digo que sí puedo elegir, de verdad, ahora quiero montaña.

camamontaña

Y me despierto, de nuevo, en una cama diferente pero que yo reconozco. Es otra de esas camas mías.

Inspecciono mi casa de ahora.

ventanas

Hay flores y estrellas.

flores

tumblr_ldn3dkiLlo1qzj88yo1_500

Veo, complacida, que hay una hamaca en el jardín.

hamacas

Y a lo lejos, un precioso camino arbolado…

camino

Y un butacón con una mantita.

sillon

Y unas maletas…

maletas2

 

Una puerta cerrada.

Muy bonita, sí, pero cerrada. Lo intenté todo para abrirla. No era para menos.

¿No era esa la puerta cerrada de la que hablaba mi abuelo, quien lo había escuchado de mi bisabuelo, que a su vez lo supo por mi tatarabuelo? La puerta más famosa de mi familia. Aquella que, según la historia, guardaba el tesoro más fabuloso que un hombre pudiera imaginar. Todo parecía indicar que era esa puerta.

Los primeros años la visité con cerrajeros y ladrones expertos, convencido de que no había cerradura que se les resistiera. Después probé con palancas, sopletes y martillos; incluso la embestí con mi coche. Nada. La puerta seguía intacta. Siempre cerrada.

Con el tiempo, me convertí en un experto en puertas. Sabía de bisagras, maderas y anclajes. También memoricé todas las frases célebres sobre puertas que encontré. De forma inexplicable, esa puerta cerrada moldeó mi vida. Escribí libros, di conferencias, y fotografié puertas que luego expuse con éxito en las mejores galerías del mundo.

En una de esas exposiciones conocí a la persona que amo, con quien formé una familia y un proyecto de vida maravilloso.

Hoy estaba frente a la puerta cerrada cuando comprendí que, en realidad, esa puerta había sido el origen de una vida feliz. Me planté frente a aquel trozo de madera y, mirando la cerradura, le dije:

—Gracias.

Oí un crujido y luego el chirrido de los goznes. La puerta se abrió ante mis ojos.

Y sí, allí estaba el tesoro más fabuloso que un hombre pudiera imaginar.

La cerré y volví a casa.

Me gusta cenar con mis hijos y tengo que preparar la presentación de mi exposición sobre puertas andaluzas, que se inaugurará en el MOMA el mes que viene.

Surrealismo.

Nunca antes había estado en esta situación. Mi labor como investigador de campo ha sido elogiada por mis superiores y respetada por mis competidores. Soy uno de los genios más destacados del sector.

Las misiones en las que he participado han sido arriesgadas. En muchas ocasiones, mi vida ha estado en peligro. Por eso no entiendo cómo, después de las condecoraciones, los aplausos y la admiración, ahora estoy encerrado en el Centro de Reordenamiento Cerebral.

Desde que el planeta perdió la memoria—histórica, cultural, moral… toda—he viajado a ciudades abandonadas para documentar su estado y evaluar la posible reubicación de la población. Hace años que vivimos bajo tierra, desde que las radiaciones solares se volvieron mortales. Pero ahora sabemos que el sol se ha estabilizado y podemos volver a plantearnos la vida en el exterior.

Aunque nadie recuerda el pasado, conservamos conocimientos básicos. Un compendio de conceptos que hemos reaprendido.

Documenté un hecho imposible: vi un buzo. Un buzo en una ventana.

El conocimiento básico es claro: buzo significa agua, no ventanas ni aire. Pero sé lo que vi. Estoy seguro de que el buzo estaba en la ventana.

Ahora estoy aquí, injustamente retenido por desordenamiento cerebral.

Y aún no les he dicho lo del huevo que piensa…

Detalle de la fachada del Museu Teatre Dalí (Figueres)

Echar un cable .

O varios.

Y con los cables que te echan, vas y haces una obra de arte…

cable

Esto es lo que han hecho estos artistas.

David Oliveira

davidoliveira

Celia Smith

celia Smith

Martin Senn

MartinSenn

Richard Stainthord

richardstainthorp

Robin Wight

robinwight8

Byeong Doo Moon

ByeongDooMoon

Estudio de Arquitectura Choi Shine ( Postes eléctricos/Nueva Zelanda)

choishine

choishine-2

NB : Posible orígen de «Echar un cable» : o echar un cabo -término marinero- que indica facilitar ayuda, socorrer. En el origen está el cabo que se lanzaba desde el barco a quien caía al agua para salvarlo de morir ahogado.

Esa famosa serie distópica es hoy.

Tiempos sombríos y extraños.

Parecen irreales, como si viéramos capítulos de una serie de éxito, con grandes efectos especiales. Una de esas distópicas, repleta de tópicos recurrentes:

Ocurren cosas que, al principio, parecen insignificantes.


Los protagonistas se acostumbran a guerras y cadáveres, incluso de niños.

El planeta sigue consumiéndose sin que nadie logre detener su degradación.


Locos y payasos llegan al poder. La gente observa, pasiva, consciente de que debe actuar como sociedad, como humanidad, pero no lo hace. No sabe cómo. Solo mira. Incrédula.

Anuncian que un meteorito se acerca a la Tierra con cierta probabilidad de impacto.


La probabilidad aumenta.

Mientras siguen en sus guerras , carecen de tecnología para evitar la colisión, como hizo Bruce Willis, en Armageddon.


El meteorito impacta.


La humanidad se extingue.

El planeta renace. Surge otra humanidad, teóricamente más consciente y feliz.

Me viene a la cabeza el dicho: La realidad supera la ficción. Y así estamos. Los eventos reales pueden resultar más sorprendentes, inverosímiles o impactantes que cualquier historia imaginada.

De nuevo, recurro al querido Bruce . Necesitamos un giro de guion urgente y contundente, como en El sexto sentido, para que esta temporada de nuestra serie tenga un final verdaderamente bueno. Bueno para todos.

Ojalá.

La ventana triste.

Desde esta ventana se ven unas montañas preciosas. Hubo un día, en el que alguien podía asomarse y deleitarse con las vistas.

La ventana parece estar triste.

Pregunto en el pueblo por esa casa.

Cosas de familia. Nadie se ha puesto de acuerdo en como repartir la herencia y, al final, la casa se ha venido abajo.

Y, sí, esa ventana está triste…

El hombre más rico del mundo.

Año 2090

El hombre más rico del planeta acaba de cosechar una lechuga de su huerto. Disfrutar de una lechuga fresca, crujiente y llena de sabor es un privilegio. Una pizca de sal y unas gotas de aceite de oliva virgen, producido por la cooperativa del pueblo, bastan para elevar la experiencia al más alto nivel.  

Ricos como él, ahora son la mayoría.

El mundo se perdió entre algoritmos y concentración de poder. Los más influyentes quedaron atrapados en un entorno artificial, mientras el 98% de la población luchaba por cubrir las necesidades básicas de una sociedad desarrollada y democrática.

Durante siglos, el péndulo osciló de un lado a otro. Un movimiento constante entre posturas conservadoras y progresistas, centralistas y descentralizadoras, intervencionistas y liberales.  

Esta vez, la ley del péndulo en la historia política llevó la situación de un extremo a otro. Se pasó de posiciones radicalmente opuestas: unos planificaban cómo ganar más dinero, acumular poder e irse a otro planeta; otros solo buscaban cómo sobrevivir.  

Ganaron quienes querían sobrevivir. Eran muchos más. Demasiados para ser dominados por tan pocos. Triunfaron quienes se alejaron del ruido, la violencia, las guerras y los conflictos. Quienes renunciaron a las redes sociales y sus algoritmos. Ganaron los que formaron comunidad, cultivaron sus alimentos, protegieron la naturaleza y recorrieron montañas y playas.  

Y vencieron porque aprendieron a no necesitar más que una lechuga fresca y sabrosa para sentirse las personas más ricas del mundo.

La lechuga se ha convertido en un bien de valor incalculable porque no es solo una lechuga. Es una actitud, y hacerse rico en actitud es un desafío. No se puede comprar.

Por ahora, el péndulo permanece inmóvil, aunque todos sabemos que volverá a oscilar. Solo queda esperar hacia dónde nos llevará…

Va de velas.

Son universales. No importa la tendencia religiosa que se practique, la celebración o el rito. Las velas siempre han estado presentes en templos, altares y palacios.

Serían de los pocos objetos actuales que un egipcio o un cretense del 3.000 a.C., si aparecieran de repente en este siglo, reconocerían sin problemas. Eso sí, quedarían sorprendidos por los aromas y colores de nuestras velas. Se cree que ellos usaban sebo animal, lo que generaba humo negro y un olor desagradable.

Las velas están presentes en frases que utilizamos habitualmente.

“Estar a dos velas” significa estar sin blanca, es decir, sin dinero ni recursos. La expresión se extiende a cualquier tipo de escasez. En El porqué de los dichos, José María Iribarren sugiere que proviene del juego. Antiguamente, en las timbas y partidas de naipes ilegales, el banquero solía contar los puntos y el dinero a la luz de dos velas. Si un jugador ganaba todo el dinero de la banca, literalmente dejaba al banquero “a dos velas.” (Revista Muy Interesante).

“Dar vela en un entierro,” o no darla, se refiere a involucrarse en asuntos ajenos. Antiguamente, se acompañaba al difunto desde casa hasta el cementerio en una comitiva a pie, llevando una vela encendida en la mano. Si no formabas parte de la comitiva, no tenías vela.

Para velas curiosas, esta de Batman. Sirve para pedir ayuda y tal como está el mundo, hay que encenderla ya mismo.

Y, por último, una vela especial para quienes no soportan las velas de cumpleaños. Para quienes no quieren soplarlas ni verlas. O, simplemente, para quienes no les gustan las velas en absoluto. Esta es su vela.

Porque no hay más cera que la que arde, aquí termina el post sobre velas.

Si hoy es tu cumpleaños…

Has dado otra vuelta al Sol a 107,000 km por hora y ni te has enterado.

Has recorrido 940 millones de kilómetros por el espacio sin escalas.

Has visto otro ciclo de estaciones completo, aunque ya no se parezcan a las de antes.

Has celebrado 12 lunas llenas que han estado ahí , aunque no las hayas visto todas.

Han existido 365 amaneceres y atardeceres, aunque es posible que solo te hayas deleitado con unos pocos.

Has respirado el oxígeno de millones de árboles durante un año más. Un gran privilegio en un mundo , en el que cada vez hay menos árboles.

Ya tienes experiencia en el viaje así que no desperdicies un atardecer,  una noche de luna llena o un paseo por el bosque o la playa.

Hoy empieza otra vuelta.

Feliz viaje.

Temperaturas invernales.

Dicen en la radio que mañana hará frío. Hablan de “temperaturas invernales”. Lo escucho mientras ordeno un armario y decido qué hacer con los jerséis de lana que no uso desde hace tiempo.

Ocupan demasiado espacio y, con el clima actual, dudo que el invierno vuelva a Barcelona. Antes era un invierno suave, pero al menos ofrecía días para llevar lana, bufanda y abrigo. Ahora es un invierno que te invita a comer en la terraza de un restaurante, con el sol tibio que aún calienta y una temperatura de 19 ºC en pleno enero.

Abrigos y bufandas están ahí, olvidados. En una esquina del armario, la de invierno, en una ciudad donde el invierno apenas existe.

Algunas prendas se salvarán. Los viajes ocasionales al frío verdadero serán su salvoconducto. Pero la mayoría, por ahora, irá a unas cajas. Les pondré un rótulo para identificarlas: jerséis de lana en peligro de extinción.