Quita. Vete. Calla. Déjame.

Hay una voz en mi cabeza. Es muy clara y nítida pero…sólo la oigo yo.

Hay una voz en mi cabeza que recita, sin descanso, todos los dichos del refranero popular. Quita. Vete. Calla. Déjame.

Me duelen los brazos. El hacha pesa mucho y empieza a hacer frío.

Hay una voz en mi cabeza que me hace observar mi lengua en el espejo para ver si allí hay pelos o no. Que me ha incitado a construir una cama con ramas de laurel.

Hay una voz en mi cabeza que me ha obligado a comprar un loro y darle chocolate. A atar a mi perro con longanizas. A buscar por toda el pueblo, a ese gato que tiene tres pies. A marear a todas las perdices que me encuentro. Me llaman loco. Quita. Vete. Calla. Déjame.

Ya queda poco…Se me están congelando las manos. Me duelen. Me duelen mucho .Los escalofríos me impiden acertar. Ya se me han congelado las pestañas y la nariz pero…tengo que seguir.

Me lo dice esa voz en mi cabeza. Tengo mucho sueño. Me dormiría. El hacha pesa mucho. Me duermo.

Quita. Vete. Call…

Pobre hombre, dicen en el pueblo. Lo encontraron congelado, aún con el hacha en sus manos.

A sus pies, el árbol caído y un montoncito de leña…

calla

ANEXO — DOCUMENTO INCORPORADO AL EXPEDIENTE

Caso: 47/IX-22
Nombre figurado del sujeto: E. M.
Localización del cuerpo: Sendero forestal, margen norte del bosque municipal
Objeto encontrado en el bolsillo interior de la chaqueta
(Documento manuscrito, deterioro leve por humedad y congelación)

Transcripción de frases manuscritas halladas en poder del sujeto.

  1. No tener pelos en la lengua

  2. Dormirse en los laureles

  3. Atar los perros con longanizas

  4. Darle chocolate al loro

  5. Buscar tres pies al gato

  6. Marear la perdiz

  7. Hacer leña del árbol caído

Gente que hace fotos de Navidad.

Foto de Sincerely Media en Unsplash

Comparto mis propias fotos en Unsplash, pero lo que de verdad disfruto es compartir las de otros. Me los imagino frente a la escena —o construyéndola—, cámara en mano, saboreando el instante y el resultado.

Esto es una muestra de gente que hace fotos inspiradas en la Navidad.

Foto de Laura Beth Snipes en Unsplash

Foto de Brigitta Schneiter en Unsplash

Foto de Jon Foster en Unsplash

Foto de Seoyeon Choi en Unsplash

Casi Navidad.

Ya estamos en la casi Navidad: la de las luces en las calles, en las terrazas, en las casas, en las tiendas. Motivos navideños aquí y allá, ramas de abeto en los escaparates, mercadillos, árboles encendidos en las plazas de ciudades y pueblos. Todo parece dispuesto para que empiece algo, aunque todavía no haya empezado del todo.

Mientras la estética te envuelve, la publicidad insiste: familia , amor , nieve que cae a cámara lenta, chocolate humeante. Felicidad absoluta.

Hay quien lo disfruta, tanto la casi Navidad como la Navidad entera.
Y hay quien solo espera que pase rápido, que se evapore sin hacer demasiado ruido.

En este tiempo de reunión, las ausencias se hacen presentes, se agrandan, se despiertan. En estas fechas se echa de menos más. Un poco más fuerte, un poco más hondo.

Y, sin embargo, no hay que olvidar que el paso del tiempo es inexorable.

Inexorable es una palabra curiosa: suena a puerta que se cierra sin vuelta atrás. Nombra aquello que no se detiene ni se puede desviar. Como el paso del tiempo: sigue, aunque uno quiera quedarse un momento más en lo bueno, o saltarse lo que duele.

Visto así, con esta precisión temporal casi quirúrgica, quizá haya que recordar a los navideños que lo vivan con intensidad; y a los no navideños, que respiren hondo, que tengan paciencia y que se queden, al menos, con lo hermoso que tienen las luces cuando cae la noche.

Lo inexorable tiene una certeza: la Navidad pasará.
Y, como decía mi abuela: “Y que yo lo vea”.

El aloe se queda…


Llegó de otras latitudes, hace siglos, viajando de mano en mano. Con el tiempo se adaptó a cualquier clima que no fuera de frío intenso o muy húmedo. No la veremos en Canadá ni en Singapur, pero cualquier clima semiárido le sienta de maravilla a esta planta suculenta.

No sabía si el frío del invierno y la tramontana la harían sentirse cómoda, pero, contra todo pronóstico, decidió quedarse en casa. Aprendió a doblarse sin romperse, a guardar agua y paciencia, a dividirse para llenar nuevas macetas o para regalar. Siempre en forma, creciendo, multiplicándose.

He visto que sus hojas se tiñen de morado y pensé que el aloe había enfermado, pero no: es un truco químico de una planta perspicaz, pigmentos que produce cuando el frío, el viento y el sol se pasan de intensidad. Ese color funciona como protector y, más que un problema, indica que la planta está activa y a gusto.

Grandes, pequeñas, en flor: todas comparten el mismo mensaje.

Te está diciendo : “yo de aquí no me muevo”.

Este aloe vera ya es de aquí…

Cuentos de andar por casa.

De andar por casa” : algo sencillo, casero y nada sofisticado.

Esta es una recopilación de diez relatos breves de andar por casa porque, si los lees, recorrerás una casa: recibidor, baño, dormitorio, cocina, salón, terraza… Espacios de hogar, espacios de vida.

Os invito a cruzar la puerta. 

Lo primero que encontraréis es un recibidor y a Manuela.

Dientes de león, dados y placas electrónicas.

Me entran ganas de ponerme a soplar…

Más de 2000 dientes de león, recogidos por la artista Regine Ramseier, tratados con una capa de adhesivo y montados en una habitación blanca para la exposición ArToll Summer Lab 2011.

A mí, me das unos dados y los tiro, a por el seis.

Hay otros que hacen más cosas.

El escultor es el británico Tony Cragg.

El mundo, reciclado.

Esta es una obra de la británica Susan Stockwell para la Universidad de Bedfordshire.

Hall de Informática.

Definitivamente, la creatividad del ser humano es maravillosa.

 

 

Un bosque de piedra y luz.

De paseo por un bosque muy especial. 

Troncos que se bifurcan en ramas pero que son columnas. Sostienen una bóveda que recuerda a una capa llena de hojas pero es piedra y arquitectura. 

La luz parece la del sol , atravesando los árboles pero son vidrieras que crean efectos naturales preciosos.

Gaudí quiso que el interior de la Sagrada Familia fuera como pasear por un bosque.

No buscaba un espacio solemne y oscuro, sino vivo y orgánico , donde la naturaleza fuese el gran templo . Así, arquitectura, estructura y luz se funden en una experiencia casi vegetal, que envuelve al visitante en silencio .

Es un bosque mágico…

Yo también he caído en la luz de LUX, de @rosalia

Rosalía no ha sido una artista que soliera aparecer en mis playlists, salvo por un par de temas —los más conocidos— que se colaron en mi música cuando preparé una lista para una fiesta y pedí a los asistentes que me dieran dos canciones cada uno. Y ahí apareció Rosalía.

La vi en una actuación en los Premios Goya de 2019, versionando “Me quedo contigo” de Los Chunguitos. Aquella interpretación me puso la piel de gallina y me hizo sentir una profunda admiración por la artista. Aun así, su música seguía sin ocupar espacio en mis listas habituales.

Y va y publica “LUX”.
Y todo el mundo habla de “LUX”.
Veo el vídeo de “Berghain” y, como soy curiosa y me apasiona la música, escucho “LUX” de principio a fin. Luego lo vuelvo a escuchar. Y me encuentro con esa Rosalía de los Goya, pero llevada al máximo nivel de madurez artística y optimización sonora. Y me encanta.

Soy lo más alejado de su público objetivo y, aun así, “LUX” me ha proporcionado momentos de auténtica enajenación musical. No me quedo con todas las canciones, pero me gustan casi todas.

Las voces expertas dicen que “LUX” es luz.
Yo solo me guío por lo que he sentido mientras esa música luminosa me llegaba a los oídos y de ahí al hemisferio derecho del cerebro:
placer.

Gràcies, @rosalia.vt

Tesoro de boj.

Son cucharas de boj, talladas por manos temblorosas hace ya más de diez años. También conservo espátulas. Me hizo muchas y, aunque cada una que me regalaba era una ocasión única, uso unas para cocinar y otras las convertí en cuadros para rendir homenaje a esas manos que ya no están.

Este es un cuadro reciclado, sencillo y de un solo tono, pero con pequeños destellos: el brillo del tesoro que guarda.

Expectativa Pinterest, realidad tostador ( y el olor a coliflor).

Expectativa: Quieres que la cama luzca como la de un hotel de lujo: muchos cojines de diferentes tamaños y un camino de cama perfecto sobre una colcha impecable.

Realidad: Cada noche tienes que destruir la muralla de cojines que no vas a usar, doblar el camino y la colcha y buscarles un sitio hasta el día siguiente. Y vuelta a levantar la fortaleza al otro día. Y al otro. Y al otro… Bonito, sí.


Expectativa: Una cocina minimalista: solo el exprimidor y la batidora a la vista, una planta en cesta de mimbre y un cuenco de fruta natural.

Realidad: Tienes más utensilios que usas y quieres tener a mano cuando cocinas. Y ese tostador horizontal, de bar, que te va de maravilla, te acompaña desde hace años y ya ni siquiera se fabrica. Es feo, sí, pero imprescindible.


Expectativa: Cocina abierta al comedor-salón. El espacio se ve más amplio y, cuando tienes invitados, puedes hablar con ellos mientras preparas la comida.

Realidad: Funciona si solo haces ensaladas y platos fríos, pero si guisas, te encanta el pescado a la plancha o la coliflor hervida, prepárate para abrir todas las ventanas y montar una ventilación cruzada para sacar el olor a comida de toda la casa.


La expectativa es lo que sale en las revistas y en los proyectos de interiorismo.
La realidad es la vida que pasa dentro. Y una casa vivida tiene vida. La tuya.