Bienvenido, verano.

El año pasado, el verano llegó a las 7:46 de la mañana y me pilló durmiendo.

Este año, he estado atenta. La inclinación del eje de rotación de la Tierra, para que irradie más luz solar en la superficie, se ha producido, en mi zona horaria, a las 13:28 pm. Justamente en ese instante ( ya había alertado a mis compañeros de trabajo) hemos dejado lo que estábamos haciendo para darle la bienvenida como se merece.

Nos ha preguntado cómo estaban las cosas por aquí . Le hemos informado que los chiringuitos de la costa española siguen en pie ( con el alma en vilo, pero ahí); que el ánimo está muy decaido porque la cosa económica sigue encallada en la incompetencia ; que justamente hoy, el día que él llega, España se la juega en el Mundial con Honduras en un lugar que es invierno ; que suben el IVA, que suben los parados, que no se crea empleo…

Casi lo hemos tenido que amordazar y atar a la silla cuando ha querido escapar. Nada más nos faltaba quedarnos sin verano…

Cuando se ha tranquilizado, lo hemos dejado ir para que hiciera lo que debe hacer el verano  y creo que le hemos convencido para que se quede hasta que llegue el otoño. Eso sí, se ha negado en rotundo a que la Huelga General se haga en su solsticio…Bastante disgusto tenía, el pobre, con lo de los chiringuitos…Creía que les habrían otorgado Amnistía General...

¡Qué iluso , el verano!

Eso duele ( en el blog).

El primer comentario negativo. Y no me refiero al que es crítico con el contenido de tu post, se manifiesta en desacuerdo o te corrige. Me refiero al que te endilga un » he perdido el tiempo leyendo este post» , de forma directa y sin sutilezas. Esa primera vez, duele en el alma de bloguero porque, evidentemente, lo que has escrito es bueno ( lo piensas sinceramente) y si no es bueno, no es tan malo. Tras varias puas y varias collejas virtuales más, ya te puedes considerar inmune … ( o un poco más inmune…).

El primer «exposure» con comentarios negativos. Publicas en apezz, en meneame o taringa e inmediatamente, ese grupo activo de inernautas que están esperando el último post para hacer su comentario, se dedican a encadenar una serie de opiniones que suelen dejar tu post más mal que bien. Te provoca una cierta introspección bloguera ( te quedas en territorio conocido) y sólo un tiempo después, olvidada esa íntima humillación, te vuelves a exponer.

El comentario spam » pero que al principio no lo parece». Y la ilusión que te hace tener comentarios y lo que te joroba cuando crees que alguien se ha comunicado contigo y aparece el típico que quiere promocionar su blog, su vídeo en youtube o bien, el que deja un mensaje que no tiene sentido para tí.

El comentario elogioso » que le han dejado a todo el mundo». Te encuentras un comentario que ensalza tu blog y te invita a participar en un portal o al intercambio de links. Si buscas en Google con las palabras básicas de ese comentario, encontrarás cientos, miles de esos comentarios en otros cientos y miles de blogs. Descubres que es un comentario masivo. Ya no eres un bloguero interesante…

La disminución drástica de visitas sin motivo aparente : «publico cada día, busco temas interesantes, he seguido un ritmo regular…¿Por qué ahora me leen la mitad?» , que pasa a la siguiente reflexión: ¿Funcionarán bien las estadísticas?.

Los followers de Twitter que te abandonan: Hacer ver que no pero cuando tienes pocos , eso duele. De 20, pasar a 18 significa que hay abandonos. Gente que pensó que podía ser interesante seguirte , ahora te dejan a tu suerte. ¿Quien no ha mirado quien es el traidor, cuando ves disminuir el número de seguidores?… Eso, también se pasa y tras los primeros twitt-disgustos, tienes la coraza a punto.

Estas son algunas de «esas cosas que duelen» , de esas que hacemos ver que no nos importan pero que , en el fondo, dejan de doler pero nunca de «escocer». Es lo que tiene dedicar parte de tu tiempo a un blog: al final le coges cariño y no puedes evitar ponerte  tonto si se meten con tu criatura.

Aunque… para eso estas las tiritas, ¿no?…

Palabrejas.

Palabrejas «made in Spain».

Supremo/a :  Las de merluza o las de Móstoles. O The Supremes entonando su Baby Love. Pero, ¿Tribunal Supremo? ¿Supremo de qué?. Sólo ha faltado la condena a Pepe Rubianes ( Te saludo, maestro) y su posterior «absolución» ( Te estarás descojonando, Pepe) para acabar de hundir , en su supremacía, el adjetivo «Supremo».

Huelga General Diferida : ¿Para qué liarse ahora? Ya viene el verano y las vacaciones. Seguro que los Sindicatos no las hacen ( las vacaciones) para preparar bien su «respuesta» a la Reforma Laboral. Estarán el mes de Agosto, trabajando a tope, por el bien de todos los trabajadores y trabajadoras ( que estarán, a su vez, de vacaciones o en el paro).. No te rías, que va en serio…

Zapatero : Lo oí en Buenafuente:  hacer un Zapatero es hacer en cuatro horas lo que podías haber hecho en cuatro años. Y lo hace en cuatro horas para poder irse de vacaciones, porque supongo que el Gobierno se tomará un merecido descanso después de tanta decisión difícil.

Vacaciones pause : Es ese botón que se pulsa para dejar todo en suspenso e irse de vacaciones aunque caigan euro-chuzos de punta. En España, esto lo hacemos requetebien.

Chiringuitos (For Ever): Es una especie en peligro de extinción y una bomba de relojería. ¿Os imaginaís que nos quitaran los Chiringuitos de nuestras playas?. La respuesta social y en masa sería imparable. Cuidadín , cuidadín que los ánimos están muy raros y sólo faltaría una revolución chiringuitera.

Tribunal Constitortugacional : Dícese del Tribunal que va a ritmo de tortuga. O más lento..Esta palabreja se convierte automáticamente en «palabro» y se la voy a enviar a la Maestra Creadora de Palabros. Ana Morgade aporta nuevas palabras al idioma con su tag «palabros» en twitter. Una de las que más me ha gustado es «Escalerda: Conjunto imbécil de peldaños.»

Y «Colibrie : queso minúsculo volador»…

Continuará.



Paranoia retro.

Me persigue. Esa «cosa» que no sé definir que me va reubicando cronológicamente ( ¿De verdad ya no soy joven?) , me está acosando en estos últimos días.

Primero, descubro que Karate Kid es cincuentón. Después, en la televisión me programan «Pretty Woman» y «Dirty Dancing» y se me hace evidente que soy retro. Para más desgracia, la cancioncita del final de Dirty me persigue desde entonces…

Sin piedad y sin darme la tregua necesaria para recuperarme, me entero que Sabrina y Samantha Fox , hacen un duo ,versionando a Blondie. Ante mí, las tetas de finales de los 80, cuando aún no había tanta silicona ( ni tanta teta) y las imágenes ( Dios, ¡Qué antiguas!) de aquellos tiempos del siglo pasado.

Por esas fechas, tan lejanas, es cuando descubrí a Stephen King . Es otra de esas reminiscencias de la juventud que se me muestran en el día de hoy.  Empiezo su nuevo libro «La Cúpula» que yo hubiese titulado «El Cupulazo»: el libro más tiene 1.000 páginas y pesa un huevo. Además de leer, cuando me canso, lo cierro y lo utilizo de mancuerna para modelar los brazos para la operación bikini de este año …

El libro, del que estoy al 50%  y al que me he enganchado , me hace recordar It y lo mejor de King. El autor dice que la historia «esta ahí» hace 26 años y que es ahora cuando le ha podido dar forma.

La Cúpula, también procede de ese tiempo pasado…

Lo dicho : me persigue «esa cosa»

N. B : Y la canciocita, machacona, ella:

I’ve had the time of my life
No I never felt this way before
Yes I swear it’s the truth
And I owe it all to you
‘Cause I’ve had the time of my life
And I’ve searched through every open door
‘Til I found the truth
And I owe it all to you


Karate Kid ya no es «kid».

¿Quien no recuerda «la patada de la grulla«? ¿Lo de «dar cera, quitar cera»? Pues no lo recuerdan las nuevas generaciones porque la pasada , la del S.XX, la de esos que ahoran están en su cuarta década ( aprox.) , pueden rememorar-perfectamente- la historia de Karate Kid.

En estos días se estrena el «remake» de la película , protagonizado por Jackie Chan y Jaden Smith ( el hijo de Will Smith) . La televisión nos ha mostrado las imágenes del estreno  , al que asistió ,acompañando a los nuevos protagonistas , Ralph Macchio, el Karate Kid de mis tiempos. Y , en eso, que oigo al comentarista: «Ralph Macchio, cerca ya de los cincuenta años…»

¿Quéeeee? ¿50???? ¿¿¿¿Yaaaaaa???

Esa frase, al igual que el spot de Parchís para el Minute Maid Antiox, ha sido un nuevo golpe de realidad y de reubicación cronológica Aquel chaval ya va para los cincuenta y con él, todos los que os acordáis de la grulla y la cera. Por cierto, ¿Aún podemos hacer la patada de la grulla?…

Por un lado, te deja sin aliento pensar que hace 26 años que vimos esta película en el cine. Ese es malo, porque parece que fue hace poco y no 26 años ( con sus días y noches). El lado bueno es que estamos aquí para verlo ( el remake). Y, eso, aunque sea muy básico, es bueno. Indica que seguimos caminando por la vida…

Después de ver este trailer, no me queda otra que beber un litro de Minute Maid Antiox e ir a» dar cera, quitar cera» a mi coche.

Post relacionado : Es verdad: ya no eres joven.

Los Bellos Durmientes de Sofá.

Mmmmm… Divino sofá.

Uno de los momentos más placenteros en eso del dormir, se produce asociado a un mueble que no es una cama. Es un sofá. Uno de esos mullidos , llenos de cojines y que se adapta perfectamente a nuestras formas. Lo conocemos de hace tiempo y es cómodo.

En él, se produce esa extraña transición del mundo de los vivos al de los sueños . La televisión suele estar encendida. Al principio, en esa posición relajada, empiezas a ver la peli, la serie o el programa de turno. Te interesa y te parece imposible que vayas a dormirte en los cinco minutos posteriores  porque, realmente, te gusta lo que ves. Pero el cuerpo se va relajando y de una posición de semi-erguido ( eso demuestra nuestra voluntad de atención) pasamos a una más laxa, casi estirada. Después, nuestras manos organizan los cojines. Primero, uno y el otro. Si es invierno, te acurrucas en la mantita. Si es verano, la brisilla que entra por la ventana ejerce un efecto sedante que hace que te repliegues más en la postura. Sigues viendo la tele pero cada vez cuesta más manterner los ojos abiertos. Transitas , unos minutos, por un mundo de aquí y de allá. Vas viendo un segundo de peli y caen los párpados. Otro segundo y vuelven a caer… Y ya no se levantan.

Hay quien , en el momento previo al tránsito entre los dos mundos, ya baja el volumen del televisor. Los otros, no sólo no lo tocan si no que sí a otro ( el que se ha quedado despierto en el sofá, por ejemplo) se le ocurre variarlo ( en un sentido u otro) el que dormía, se despierta…

El momento sofá puede producirse en su versión diurna y nocturna.  El primero, se puede considerar un tipo de «siesta» ( hay quien la hace en la cama y con pijama) y el segundo es una de las causas más conocidas de «desavenencias conyugales».

Me explico : el momento sofá pasa a convertirse en «un sueño profundo en el sofá». En horario nocturno, uno de los miembros de la pareja se convierte en el sufridor-despertador( si son los dos los que caen , entonces el único problema es el dolor de espalda ) .  Es el que debe hacer volver al otro al mundo de los vivos, para dirigirlo a la cama. Las primeras veces que esto ocurre, se suele proceder con agilidad pero,a medida que pasa el tiempo, es más difícil desenganchar al Bello/a Durmiente de su precioso sofá. Es entonces cuando se inician las estrategias :

1) El que «despierta» advierte al que » se duerme» que no lo despertara. O le reprocha que a los cinco minutos, ya esté roncando …. Es entonces cuando el que «seguro que se va a dormir» miente como un bellaco para preservar su momento sofá : jura y perjura que verá la peli entera y se sobrepone al cierre de párpado, emitiendo frases incoherentes para que el otro se crea que NO se está durmiendo ( esto viene a ser hacer el típico comentario : «Este parece el malo» sin saber si lo es o no, ni siquiera quien es y cerrar párpado inmediatamente).

2) Lo que es seguro que el que se duerme, se va a dormir y por tanto , se va despertar ( por sus propios medios o con ayuda) y se va a desplazar a la cama. En esta fase del proceso, si se quieren evitar momentos de irritación, hay que seguir las siguientes consignas:

-. Para el que se va dormir en el sofá: aseo, cepillado de dientes y pipí previo , antes del sofá. Si se hace «al despertar» corres el serio riesgo de desvelarte.

-. Transitar por la casa con las luces apagadas. Utilizar luces de vela ( de las infantiles) para no empotrarse contra un armario o similar.

-. Intentar no realizar más actividad cognitiva que el puro desplazamiento por el espacio hasta llegar a la cama. Cosas como : 1) breve conversación o 2) poner en hora el despertador están prohibidas.

Todo lo bueno que tiene el «momento sofá» en las primeras décadas de la vida (en las que se puede dormir toda una noche sin consecuencias físicas), se va complicando a medida que las vas sumando. Es por eso que, sin renunciar al fantástico placer de dormitar , acurrucado en tu increíblemente cómodo sofá, mientras tus ojos se van dejando caer, hay que marcar un tiempo límite y descansar en el lugar apropiado para nuestros músculos y vértebras.El grado de rígidez en el que te despiertas después de una noche entera de sofá, marca tu estado de forma física y tu edad.

Es por eso que es tan importante , conseguir «redormirse»  y que «la persona que te despierta y comparte tu cama», primero, te despierte y segundo : sea empático con el que sufre del mal «momento sofá» y no abra las luces, ni te sacuda con brío para traerte , de vuelta, al mundo consciente…

Metiendo la pata. (Oops!)

Hace poco recibí un correo de una amiga con una de esas situaciones «trágame tierra» que ya ha hecho reír a más de uno al que le he hecho un «reenviar» con el texto «Les Fabes y el Amor». Como no conozco el origen del escrito,  felicito al autor/a anónimo/a por su gran pericia narrativa …

Es un super Oops!!! ( onomatopeya del «Tierra trágame «)

He hecho un «copiar y pegar» y aún me estoy riendo

Ahí va :

Un día llegó el amor, encontré a un maravilloso caballero y nos enamoramos. Cuando se hizo evidente que nos casaríamos hice el sacrificio supremo, como buena asturiana, y dejé de comer fabes.

Algunos meses más tarde,el día de mi cumpleaños, mi coche se estropeó de camino del trabajo a casa. Como vivía a las afueras llamé a mi marido y le dije que llegaría tarde porque tenía que ir andando a casa. De camino, pasé por un pequeño restaurante y el olor de la fabada fue mas fuerte que yo. Con varios kilómetros por delante para caminar, calculé que se me iría cualquier efecto negativo de les fabes antes de llegar a casa, por lo que entré y antes de que me diera cuenta, ya había tragado tres buenos platos de fabada. De camino a casa me aseguré de liberarme de TODO el gas.

Cuando llegué, mi marido pareció excitado de verme y gritó con gran alegría: ¡» Querida, te tengo una sorpresa para la cena esta noche! » Él entonces me vendó los ojos y me condujo a mi silla en la mesa. Tomé asiento y cuando estaba a punto de quitarme la venda de los ojos, el teléfono sonó. Me hizo prometer no tocar la venda hasta que él volviera y se fué a contestar la llamada.

La fabada que había consumido todavía me afectaba y la presión se hacía más y más insoportable, tanto que mientras mi marido estaba fuera, aproveché la oportunidad, me apoyé en una pierna y dejé caer uno. No era ruidoso, pero olía como un camión de fertilizante delante de una fábrica de pulpa de papel. Tomé la servilleta de mi regazo y abaniqué el aire alrededor de mí enérgicamente.

Entonces, cambiando a la otra pierna, dejé escapar otros tres. ¡¡La peste era peor que la col cocinada!!!

Manteniendo mis oídos atentos a la conversación de mi  marido en la otra habitación, continué tirando unos cuantos durante otros pocos minutos.
El placer era indescriptible. Cuando mas tarde la despedida telefónica señaló el final de mi libertad, rápidamente abaniqué el aire unas cuantas veces más con mi servilleta, la colocó sobre mi regazo y doblé mis manos atrás sintiendome muy aliviada y complacida conmigo misma.

Mi cara debe haber sido la imagen de la inocencia cuando mi marido volvió, pidiendo perdón por tomar tanto tiempo. Él me preguntó si yo había echado una ojeada por debajo del vendaje de los ojos, y le aseguré que no.
En este punto, él me quitó la venda de los ojos, y doce invitados a la cena sentados alrededor de la mesa, entre ellos mis suegros, cantaron a coro: ¡ Cumpleaños Feliz!

¡¡ Y …me desmayé!!!!!!!!!!!!!!

Oops!!!

Tortura en la peluquería.

Fijaros bien en este gorrito… Es de plástico y tiene unos «mini» agujeritos. Con la ayuda de algo «punzante» ( p.e , un ganchillo), se extraen finos mechones de pelo que pasan por esos pequeños orificios. Esas son las pequeñas porciones de cabello que, una vez coloreadas, se extenderán por el resto de la melena «»como pinceladas de luz»… El dolor irritante que produce la extracción del mechoncito bien vale que las dichosa mechas queden cual obra de arte de brillo radiante …

Gracias a la evolución de la especie , en las peluquerías,  ya hay otros sistemas que permiten pasar el tema del color con menos penurias y una mejor pinta ( no hay peor imagen que la de tus pelos, tipo erizo, saliendo de esa cosa de plástico que se te pegue a la cabeza… Una preciosidad) pero … hay muchos profesionales amantes de lo clásico que siguen torturando con el gorro de mechas. Es más, si las quieres finas y difuminadas, ya puedes ir pensando que te van a poner el gorrito…

Mi experiencia «mechas del verano» ha sido un desastre: con gorrito y un resultado de «cabreo monumental» ( esta es una de las formas que puedes adoptar al salir de la pelu. Más, aquí.). ¿No dije : «igual que el año pasado»?, ¿No insistí : «me gusta muy natural, que apenas se noten»?, ¿Qué se había fumado la peluquera?…

Soy poseedora de una extraña lluvia de colores anaranjados, cubriendo la parte superior de mi cabeza en líneas rectas y definídismas. El lado izquierdo con profusión de puntos de luz ( naranjas?) aquí y allá mientras que el derecho, se ha quedado casi que como estaba… Con este sol radiante que estos días luce en Barcelona, mis mechas brillan con intensidad…He visto a otras víctimas de la mecha que, muchas, habrán hecho eso de forma voluntaria y estarán encantadas de la vida. Me he querido acostumbrar a un look diferente…Lo he valorado…pero… estás son las últimas horas de vida de mis mechas ( yo digo naranja, la peluquera dice cobre).

Ya tengo en mi poder un Farmatint del color de mi pelo para deshacer el entuerto. Y escribo este post porque me he sentido gilipollas : tras pasar por el gorrito y la factura abultada( de salón de peluquería guay) me veo con unos guantes y esparciéndome un mejunje oscuro ( sin amoníaco)por la cabeza.

Y, lo peor, aún me estoy preguntando : ¿Qué parte de» natural y tenue» no entendió la peluquera? , ¿El naranja ( aplicado sobre castaño oscuro) es un color tenue? , ¿Por qué lo llaman «cobre» si es «naranja»? y , lo más importante , ¿Por qué no han abolido , definitivamente, el infame «gorro de mechas» ?…

El yoísta y la personalidad cactus.

Yoísmo/ Egoísmo: (…)Etimológicamente viene de ego [yo] e ismo [práctica], por lo tanto significa la práctica de ser yo (…) Wikipedia, dixit.

Yo ( ja!) añadiría :  «la práctica de ser yo, sobre todas las personas, situaciones y cosas».

El yoísta , suele ser egoísta , egocéntrico y narcisista. Son características bastante comunes en esta patología pero la que se impone es la «ausencia-total-de-empatía».No es capaz de ponerse en el lugar del otro , simplemente lo usurpa y lo convierte en :

Yo, más.

Yo, peor.

Si le hablas de un mal momento ( p.e. : una enfermedad ), el yoísta no sólo no te dejará explicar tu vivencia( que es , muchas veces, vaciar, desahogarte, consolarte..)si no que te relatará ( con todo tipo de detalles) las suyas o de los suyos que, evidentemente, son peores , más dramáticas o más interesantes que las tuyas.

Nunca podrás decir que sufres. El yoísta sufre, más.

No se te ocurra quejarte de tu suerte . El yoísta siempre estará peor que tú.

Yo, también.

El yoísta del también no es más dramático o peor que «lo tuyo» ( aunque se dan casos mixtos en los que se mezcla, el «más» y el «peor» con el «también«) :por ejemplo , relatas un viaje reciente, acabas de llegar y estás expansivo. El yoísta te corta , el también ha visitado esa ciudad o, también se lo pasó genial en otra, que te recomienda fervientemente. Esto ocurre en cualquier tema de conversación que se produzca.

La mayoría de las veces, no se da cuenta de que lo es. Es posible que lo reconociese, objetivamente,  si lo grabáramos y después, le hiciéramos escuchar su propia voz , a la vez que contabilizamos las veces que dice «yo» o se refiere a sí mismo. Aún así, no lo probeís. Ser yoísta es un grave defecto de la personalidad que , pocas veces , es reconocido. Es más, el yoísta tiene tendencia a convertirse en mártir.

La falta de empatía y su inmersión en su ombligo, los convierten en personalidad cactus. Te acercas una vez y te pincha con su yoísmo pero piensas » es mi amigo», «es mi suegra»… Te acercas una segunda vez y el cactus te vuelve a pinchar. ¿No te estoy explicando que he ido a urgencias, con mi padre y un infarto? ¿Qué más me da que a tí te trataran fatal cuando fuíste, tú, a urgencias, hace cinco años, por áquel terrible dolor en la cadera que no te dejaba vivir y que te dolía más que a ningún ser humano de este planeta? .

Llega la tercera ocasión y el «yoísta» está preparado para pinchar de nuevo. No olvidéis que es un cactus. Es entonces cuando se activa nuestro modo «No pain», «No dolor» y decidimos que vamos a esquivar la espinita.  Te alejas del cactus y no te pinchas más.

Lo mejor es huír del yoísta y dejarlo con su yo.

Ya se las apañarán ellos dos…

Imagen : http://soyunyuyo.com/tag/cactus/

Diez minutos eternos en la elíptica.

Bueno, bueno… Ya está aquí, de nuevo, la dichosa «operación bikini» y «operación bañador» ( aunque la de los tíos, genera menos ansiedad… de momento…).

Sea por la fecha, sea por la necesidad de buscar una forma cómoda de hacer ejercicio ( ¿existe forma cómoda?), sea por el acojone del efecto de la edad en el cuerpo, sea por lo que sea, decidimos dejar de utilizar la bici estática de perchero ( ultimamente, la tenía en el despacho y colgaba del manillar los maletines de los portátiles y otros bolsos y mochilas…) y retomar el tema clásico de «10 minutos al día«, para empezar.

Como todo proyecto de este tipo, se inició con una ilusión pasmosa pero el ataque a la bici duró 24 horas: a los cinco minutos de uso, los pedales casi que se desintegraron … La bici estaba ya viejita pero, vista nuestra nula capacidad de compromiso hacia el aparato, pensamos que era mejor «probar» antes que comprar una nueva. El destino no tenía esos planes y , tras esos cinco minutos de pedaleo desenfrenado, la bici ya estaba para el arrastre y no quedaba otra opción que apostar por una nueva.

Situación : Ufff!! Si son baratitas, hacen ñiki-ñiki por todos los lados y la propia incomodidad te hace desistir del intento. Las más caras son una inversión saludable pero muy arriesgada para nuestra personalidad poco perseverante en esto del ejercicio. ¿Qué hacer?.

En el centro comercial de turno , encontré una propuesta de bici estática de categoría media que podía servir: ni muy barata, ni muy cara… Un buen perchero ( hay que valorar todas las posibilidades). Resultó que la bici era de esas que van en caja, la pones en el carrito y la llevas a casa ( por cierto, pesaba un huevo). Una vez abierta la caja , nos topamos con un manual de intsrucciones de montaje, con más de 1000 tornillitos y conexiones eléctricas ( tenía hasta pulsómetro).  Miramos los tornillos y el plano y , tras un serio debate, volvimos a embalar la bici ( que, repito, pesaba un huevo) y la devolvimos.

El primer intento fue fallido pero… no íbamos a darnos por vencidos…

Tras esta experiencia, me dediqué a buscar en Internet, precios, modelos y… el montaje a domicilio. Es entonces cuando descubrí : ¡La Bici Elíptica! ( queda claro que hace tiempo que no me paseo por la zona de máquinas del gimnasio…).

Mi investigación exhaustiva me proporcionó una información que me gustaba : 1) No estaré sentada ( fuera el dolor de trasero post-bici -y ya sé que después desaparece pero…), 2) Moveré el tronco superior (¡Qué bien!) y 3) Era idónea para los cuerpos poco entrenados que desean un inicio suave ( el movimiento es de bajo impacto).

El siguiente paso fue ir a El Corte Inglés, comprar una elíptica media , evidentemente, con montaje incluído .Después de ver cómo montaron la bici ya os digo que lo mejor que hicimos áquel día, fué devolverla…

Ya teníamos la bici elíptica, plantada en medio del salón ( por la salud, lo que sea) e iniciábamos el proceso : «diez minutos al día».

Es curioso como todos pensamos que estamos en mejor forma física de lo que realmente estamos. La frase ¿Sólo diez minutos? la oí hasta la saciedad… Sólo el que lleva tiempo sin moverse y se pone encima de la máquina sabe lo que significan diez minutos completos, con sus segundos y todo!!! Son inexplicablemente inacabables, infinitos. Lentos. Tortuosos.  Cuando te parece que ya debes estar acabando, miras la pantallita y aquello marca 4 minutos. No has llegado ni al ecuador y ya te parece que vas a tope. Nadie confiesa esta terrible realidad porque diez minutos parecen poco…Mientes y punto.

En casa, cada uno se había marcado sus metas. Las mías eran claras, tras lecturas de blogs y experiencias en foros : empezar con los míseros y larguísimos diez minutos e ir aumentando un minutito cada día . Se me tachó de chorras y blandengue pero, sinceramente, la consecución de uno de esos minutos eternos en la bici, para mí ya era una victoria ( cada uno se sabe lo suyo).

De eso hace ya tres semanas y , ahora, estoy haciendo de 25 a 30 minutos diarios . De verdad. Sin mentiras, ni pausas, ni agobio… Hay varios factores determinantes para que me haya ocurrido este hecho «milagroso» ( que ojalá dure) :

1) Estar distraído.

2) Estar muy distraído.

3) Estar distraídisimo.

Al principio, me lancé a las mañanas ( antes de la ducha) y me recreaba en las notícias ( política, crisis, economía, Estatut…)pero , por cambios de agenda, tuve que pasar el momento -bici a la tarde y me encontré con «Sálvame» y toda la troupe, en plena ebullición. Y, claro, se me pasaron los minutos a la velocidad del rayo . Nunca pensé que le tendría que dar las gracias a Belén Esteban y Jorge Javier Vázquez por ayudarme a hacer una actividad cardiosaludable pero entre el esperma de uno que se lo dió a su madre , la tía esa que habla con Dios y en primera persona, la folclórica imputada, la mujer del torero, imputada, las broncas del baile de San Vito ( perdón, de la Estebán) y todos esos líos surrealistas que se montan, se me fue pasando el tiempo ( uno, dos, uno, dos) y llegué a «olvidar» que ya había acabado mi «tiempo reglamentario».

Con música, no puedo. El ritmo innato que me sale del cuerpo,  me hace variar, el uno, dos, uno, dos y me descompensa el movimiento. Y , la mayoría de veces, mi mente no está en la música ( está mirando el crono de descuento). Así que la televisión ha sido mi factor X de éxito.

Ayer, me puse el último episodio recopilatorio de Mota y llegué a la enajenación total(es una pena que ya se haya acabado)así que he decidido que  buscaré algo que me enganche porque no quiero exponerme demasiado al «asado neuronal» que te puede producir un exceso de Sálvame.

En una entrevista a Ferran Adrià en Buenafuente, el cocinero comentó que hacía ejercicio por la mañana y que lo hacía viendo la redifusión del programa BFN y que eso lo ayudaba mucho. En ese momento, no capté el significado real de sus palabras pero, ahora, he tenido como una epifanía y me he dicho: lo grabo cada noche y me lo trago con la sesión de elíptica. Además, siempre me duermo después del monólogo…

El mensaje de este post es para aquellos que consideran «eternos» los diez minutos del principio en la elíptica. A todos aquellos que se quedan frustrados cuando ven que eso, ya es mucho para el cuerpo. Si se va poco a poco, se supera esta extraña percepción de «alargamiento temporal» y, si consigues distraerte con algo que te interese, el cerebro se emboba y el cuerpo va haciendo su ejercicio , solo y mecánicamente.

Ahora, sólo me queda rezar al Jesusito de mi vida, para que me dure la afición.

N. B : Trabajo muscular con la Elíptica. Esto es lo que mueves…

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