Se me va la pinza…

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Me gustan las velas y si pueden ser muchas, mejor. La agradable brisilla veraniega no me permite eso de «muchas, muchas velas encendidas» ( como en las revistas de decoración, vamos). Muchas, pongo. Que se mantengan encendidas, pocas.

Para este DIY sólo se necesitan latas y pinzas ( de tender la ropa).

Y, venga, a poner las pinzas. Sin más complicación.

El resultado es este ( y no se apagan!) :

Con pinzas, también puedes hacer un macetero:

Ya puestos a que se me vaya la pinza, hay otras cosas que se pueden hacer con estos objetos, casi en peligro de extinción por culpa de las secadoras…Para todas esas que os han sobrado:

Un espejo ( que además irve para poner notitas).

En blanco.

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O, un juguete muy original ( de la diseñadora Estéfi Machado)

O unos novios…

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¿Una lámpara?

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O… Un collage de fotos… O de mensajes…O de notas…

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Para finalizar, os dejo una ilustración de lo que ha ocurrido al escribir este post:

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NB :  Según la RAE : Irse la pinza

«No hemos encontrado ninguna explicación relativa a una anécdota concreta para esta expresión, propia del español peninsular moderno y perteneciente al registro coloquial e informal. Puede entenderse como metafórica, en el sentido de que las pinzas sirven para hacer las conexiones necesarias para que algo funcione, de modo que al irse la pinza se pierde la conexión y el sujeto hace locuras o se comporta de forma anómala”.

El décimo cajón.

 

Pepa era una mujer práctica. Todo lo que la rodeaba era funcional. Podía haber una coincidencia entre “bonito” y “funcional” y si la había, Pepa se decantaba por lo “bonito” pero…siempre “funcional”.

Había vivido muchos años, sumergida en la agobiante atmósfera del piso de su madre . Allí los tapetes de ganchillo, los jarrones con flores ( de plástico), los recuerdos de bodas, comuniones y bautizos, las fotografías enmarcadas en plata, de todos los miembros de la familia, las cajitas que no servían para nada pero se coleccionaban ( de niña, las había contado: más de doscientas!) ), las cortinitas con volantes, los libros falsos para dar prestancia a la librería de diseño barroco,…La mayoría de objetos que habitaban con la familia, no servían para nada. “pero queda bonito” le decía su madre.

A Pepa ,tanto tiempo bajo el reinado de  “lo-bonito-de-su-madre”, se le había desequilibrado la percepción de lo que era bonito y lo que era feo. Ya no lo sabía. Así que lo único que le importaba de las cosas, era que le fueran útiles.

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Al contrario de lo que puedes estar pensando ahora mismo, la casa de Pepa era bonita. Liviana y clara, de paredes blancas diáfanas, sin cuadros. Había pocos muebles, pero los que había llamaban la atención. Una gran mesa giratoria presidía la sala, y sobre ella descansaba una gran tele extraplana que podía verse perfectamente desde cualquier ángulo. Le gustaba ver la tele.

No tenía sofá. Siempre acaba estirada , en posición horizontal , así que decidió facilitarse la vida y , directamente, comprar una chaise longue ( doble, por sí tenía visita).

Los libros ocupaban una estantería que llegaba al techo, de listones blancos y sencillos con una escalera con ruedas. Lo importante era tenerlos todos a la vista y llegar fácilmente.

El salón se completaba con una gran mesa , rodeada de seis sillas ( para las cenas con amigos), en la que siempre estaba presente su MacBook, abierto y conectado.

En su habitación, sólo había una gran cama y otra tele colgada en la pared. Un gran vestidor daba paso al lavabo en el que había unas mullidas toallas blancas , un albornoz y un espejo-armario en el que guardaba los productos de belleza ( también pocos pero imprescindibles).En el vestidor,  tenía clasificada su práctica ropa : camisas y camisetas blancas, pantalones y faldas negras, jeans , unas cuantas americanas y chaquetas…. Los zapatos , horrorosos pero muy cómodos, ocupaban una zona preferencial y Pepa, había situado una banqueta para sentarse y otra, inclinada, para apoyar el pie y abrocharse los cordones, cremalleras o hebillas más cómodamente.

No había flores, ni plantas. Ni jarroncitos. Ni cajitas.

A Pepa le habían dicho que era la máxima expresión del minimalismo y a ella ya le iba bien. Prefería que la llamaran minimalista que rara…Y es que no le quedaba más remedio que reconocer que aquella aversión por cualquier elemento superfluo a su alrededor, era raro.

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Hacía unos meses que Pepa tenía un amante. Una aventura. Un no-sé.-qué. Ya hacía tiempo que había dejado de buscar una relación seria y formal. No sabía si era por su rareza o por la superficialidad de los amores que  había encontrado pero no tenía pretensiones más allá de compartir unos buenos momentos con otro ser humano. Esta vez, habían pasado los límites temporales habituales y aquel hombre estaba cada vez más afianzado en su vida, muy cómodo en su casa espartana y absolutamente encandilado con Pepa. Ni siquiera le había pedido que se pusiera otro tipo de zapatos… De una forma natural, ella también se empezó a encandilar.

Y encandilándose , encandilándose , un día se descubrió admirando un mueble cajonero en el escaparate de una tienda. Cuando lo vio, su corazón empezó a latir más deprisa. Una sensación de anhelo la recorrió,  de arriba abajo,  mientras su mirada recorría y acariciaba las formas de la cajonera. Lo más extraordinario del suceso es que aquel mueble, no le servía para nada. No lo necesitaba. Era inútil.

Pepa intentó resistirse a la tentación y cada día, se desviaba de su ruta para no pasar por delante del escaparate pero cuando entraba en su habitación, se imaginaba el mueble cajonero perfectamente integrado en una de las paredes…Vacío, claro, porque no lo necesitaba para nada.

Era tal su obsesión que Pepa le explicó su desazón a su amorcito. Al día siguiente, el mueble cajonero llegaba a su puerta, coronado con un gran lazo rojo y un mensaje que decía : Te quiero.

A Pepa nunca le habían dicho te quiero. Ni de viva voz, ni por escrito ni siquiera con un gesto así que se vio aplastada por una onda de amor desbordante y no pudo evitar que el mueble cajonero que no le servía para nada, acabara en la esquina izquierda de su habitación.

En el ultimo cajón encontró una nota del diseñador. El mueble constaba de diez cajones y su nombre era “La Cajonera Definitiva Nº 10”. Explicaba que el décimo cajón era un archivador definitivo. Cualquier cosa que se introdujera allí, quedaría definitivamente archivada y fuera de su vida. Sonrío ante la audacia del diseñador y del departamento de Marketing pero no pudo evitar explorar el décimo cajón para ver si allí había algo especial o fuera de lo común. Cómo era de esperar, sólo encontró un compartimiento vacío…

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Pasaron los días y se fue acostumbrando a la cajonera. El primer cajón le resulto útil y, aunque sólo fuera uno, aquello ya le daba un sentido al mueble. Cada día, lo abría para soltar las llaves del coche y las de casa. Ese, era el cajón de las llaves…Al cabo de un tiempo, utilizó el segundo para dejar las monedas y el cambio pesado que tenía en los bolsillos. Ese , se convirtió en el cajón de las monedas.

Y mientras le otorgaba una función a cada cajón de su mueble, su historia de amor, la que la tenía encandilada, se convertía en una relación sólida , duradera, formal…

Cuando Pepa ya iba por el quinto cajón ( ese sería el de los cargadores de móvil), el amor de su vida le planteó la posibilidad de vivir juntos.  Ella , dudó. Todo era muy “bonito” y , por fin, había sabido que significaba aquello. Sabía que aquello era “bonito”.

No era funcional y práctico…era hermoso. Y tenía miedo…Tal vez, sólo tal vez, aquella faceta minimalista de su alma, podía acabar con aquella relación …Con toda aquella belleza…. Pero Pepa, que ante todo era muy práctica, reflexionó y pensó que podían hacer una prueba. Un “ a ver qué tal”. Si la cosa se intuía mal, siempre podían volver a ser amantes y amigos.

Las vacaciones , les otorgaban una semana de tiempo libre y… de test. El amor de Pepa, hizo su maleta para pasar una semana con ella. Llegó a su casa y no esperó a acomodar sus cosas sin antes besarla, abrazarla y hacerle el amor. Cenaron, vieron películas antiguas estirados en la chaise longue y se fueron a dormir. Al entrar en la habitación, se demoraron admirando el mueble cajonero, símbolo de su querer y leyeron, de nuevo, la curiosa etiqueta que había en el décimo cajón.

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Al día siguiente, desayunaron haciéndose arrumacos mientras se juraban amor eterno. Pepa estaba tan emocionada que estaba dispuesta a aceptar unas flores para ponerlas en un jarrón. No servían para nada pero…¡eran tan bonitas!…

Mientras se duchaba, oyó la voz del amor de su vida. Lo había dejado deshaciendo su maleta : Cariño, ocuparé el último cajón para mi ropa interior. ¡El décimo y definitivo!- dijo mientras reía.

Y cuando Pepa oyó la última palabra, un escalofrío le recorrió la columna vertebral. Salió de la ducha, envuelta en su albornoz y no vio a nadie en la habitación. La maleta no estaba en su sitio. Recorrió la casa y revisó todas las habitaciones, mientras iba preguntando ¿Amorcito?. No había ni rastro.

Temblaba descontroladamente cuando entró, de nuevo, en su dormitorio. El décimo cajón del mueble cajonero, emitía una luz roja intermitente. El pomo se desplazó hacia fuera y desplegó una pantalla digital . No era bonita pero sí muy funcional…

Lo último que Pepa vio, antes de desmayarse ,fue el mensaje que parpadeaba en el display del pomo del cajón : “Archivado y Fuera de Su Vida” .

 

Flower Power.

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Haruka Misaw  ve flores en sus lápices y en las serraduras que crean al utilizar el sacapuntas.

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Seb Janiak, en cambio, ve flores en las alas de los insectos y visto así, yo también…

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Yunona Josan hacen cupcakes con increíbles formas de flores. Da pena comérselos…

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Y llegamos a las flores del Flower Power, uno de los más famosos eslóganes de la No Violencia. Hace ya 50 que se acuñó el término…

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Para conmemorarlo,  200 crocheters y knitters de 24 países distintos han creado esta fantástica pieza. Iniciativa de Prudence Mapstone.

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El Puf.

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Esto es un puf de mimbre de IKEA ( ya descatalogado). Me sale escribir “puff” pero, según la Real Academia de la Lengua Española, la forma correcta de “Asiento blando, normalmente de forma cilíndrica, sin patas ni respaldo” es puf , con una “f”. Este no es blando y antes tenía patas pero también se llama puf.

Debe llevar unos diez años en casa, en el exterior… El efecto de la lluvia y el sol, han hecho que se desintegren las patas… Hace unos días me dediqué a ordenar. Vi el puf, hecho polvo, cojo de una pata y lo dejé en el montón de cosas para tirar pero… después pensé que lo podía utilizar de macetero. Un poco de pintura de pizarra, encerado y listo. La idea es que aguantara lo que pudiera. Sin previsión de plazos…

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A la vez, estar en mi zona de DIY’s , con las manos manchadas de pintura “Azul Cadaqués” me atraía enormemente. Necesitaba una dosis de arterapia

Así que lo rescaté y acabé de sacar los restos de las patas. Le di la vuelta y lo vacié de la estructura-armazón para que me cupiera una maceta grande. Lo limpié y me puse a pintar con mis restos de pintura Chalk Paint.

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Ahora, solo le falta una planta de romero o de aloe vera y tenerlo a la vista para agradecerle la paz y la serenidad que me proporcionó el trastearlo.

Es más que un simple puf-macetero

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El cedazo.

 

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Se llama cedazo al utensilio que se emplea para separar (cribar) materiales de diferente grosor, como la harina del salvado.

Según el tamaño de la malla, se obtiene un tamiz más o menos fino…

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Mi malla está rota. Es imperfecta… Y es que mi cedazo es antiguo Yo creía que era un caracolero (para el ayuno de los caracoles) pero resulta que no, que es un cedazo… Lo encontré entre las ruinas de una casa en el Pirineo de Huesca.

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Lo he encerado, le he puesto una estrella de madera y lo he colgado en una pared.

Es mi cedazo…

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Cactus de piedra (DIY facilísimo)

 

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Piedras.

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No sé por qué, cuando voy de paseo por el campo o por la playa, se me activa un radar-de-búsqueda-de piedras… Una gran tontería, lo sé…

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Si encuentro una que me guste, la voy cargando toda la caminata … pero…Lo hago. No tiene explicación… Es uno de esos Expediente X de los humanos.

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Este DIY de las piedras-cactus, me ha encantado y mi próximo objetivo va a ser buscar el material. A ver qué sale…

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Orden y concierto.

El arte de ordenar los armarios y sobrevivir a la tarea.

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Cada uno tiene su nivel de orden y concierto:

1)Hay quien tiene los armarios hechos un lío. Es un caos, que pretende ser ordenado, porque el que lo estructura, te asegura que sabe dónde están todas sus cosas.

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El tipo 2) es un ordenado fluctuante. Esto quiero decir que hay momentos en que su armario está perfectamente ordenado pero, con el transcurrir de la vida diaria ( saco esta camiseta y se me desmorona el montoncito, no encuentro el jersey concreto-quiero-ese y voy sacando todos los que no son el concreto-quiero-ese y los vuelvo a colocar mal, etc...) Los que pertenecen a este grupo, saben lo que es «ir ordenando». Periódicamente, deben poner orden en el mini-caos. Cuanto más tarden, más grande es el lío…

Finalmente el 3) : el ordenado-que-siempre-lo-mantiene-ordenado. En esta tipología, puedes encontrar grados de «orden», siendo ya un ejemplo de la perfección máxima, los que ordenan por temporadas , tipo de ropa y colores.

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Me confieso ser un miembro claro del grupo 2 aunque ya, con muchos momentos «ordena armario» a cuestas que, no me han servido para saber hacerlo sin agobiarme…

He vivido todos los momentos angustiosos que tiene esa manipulación de la ropa ( y su selección). Primero, lo acometes con ilusión. Aquí las camisetas blancas, aquí las botas , aquí los complementos…. Pero, de repente, hay ropa esparcida por la /s cama/s , cosas que se van a un montoncito de «no -sé- qué -hacer» y otras, que se pasan a bolsas para «dar».

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En el momento que te das cuenta que tienes ropa para tres vidas completas, ya es tarde. Está todo por ahí fuera, esperando nueva ubicación o la condena definitiva. Hasta esa fase, has seguido tus propias órdenes organizativas, pero cuando la ropa se te empieza a comer, literalmente, empiezas a violar normas sagradas ( ¿No habíamos quedado que este cajón es para tirantes? ¿Por qué hay camisetas de colores?). El tiempo va pasando, te empieza a doler la espalda y ves que aquello no se acaba nunca.

El esfuerzo, requiere de un monumental trabajo de concentración. Empiezas a ver la luz, cuando se preparan las bolsas de ropa que desaparece y , muy importante, se ubican lejos de los armarios. Al ladito de la puerta. Una vez rechazadas, esas prendas ( y su volumen) molestan profundamente.

 

Hay que tener la paciencia final para no dejarse llevar por los restos. Se suelen unificar todas esas cosas que te crean indecisión y se ponen en una zona del armario. Es como un apartado de «pendientes». Lo malo es que seguirán siendo «pendientes» el resto de tu vida…

Cuando ya ,deslomada, acabas la tarea , no puedes evitar mirar y remirar tus armarios ordenados.Y no te digo ponerte a dar saltitos, pero casi…Voy a intentar pasarme al Grupo 3. Con voluntad, todo se puede…

N. B :Las fotos son del armario (walk- in closet, se puede andar y dar una fiesta) de Mariah Carey

 

 

Las Series de TV son salud…

Y es que yo, si no tengo una serie que me desconecte y me haga estar en otro mundo, no soy nada en mi elíptica. Sigo sin engancharme de forma voluntaria y placentera al ejercicio . No lo deseo. No estoy esperando que llegue el momento de sudar… Algún día, espero, ese don caerá sobre mi…

Mientras eso pasa, mi plan de salud, que incorpora 45 m diarios de ejercicio en una elíptica, sólo ha sido posible y exitoso por:

  • Me he colgado una tele, delante de la elíptica, de tamaño considerable.
  • Me he abonado a Netflix.
  • Veo series sin anuncios ni cortes publicitarios.
  • No subo a la elíptica :  voy a ver un par de capítulos de mis series favoritas.

En estos últimos meses, he visto de todo : The Big Bang Theory (todo), las tres últimas temporadas de Modern Family, Narcos, Master of None, Love , Unbreakable Kimmy Schmidt, Jessica Jones…

( Nota : Os recomiendo la serie documental Cooked sobre la cocina en el mundo)

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Actualmente estoy con Grace and Frankie. Esta serie, protagonizada por Jane Fonda y Lily Tomlin … ha sido todo un descubrimiento. Siempre que me conectaba al canal, veía la promo y esta foto.

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Me pasé meses sin hacer ni caso… Pero se me acabó el material interesante  y lo de la elíptica empezaba a ser tensional : las noticias y la TV en general no me funciona…

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(No es spoiler. Es el trailer) Así que empecé a ver a estas dos mujeres, a las que, a los 70 años, sus respectivos maridos les comunican que hace años que están enamorados el uno del otro, que las dejan y que se casan… Ellas se van a vivir juntas a una casa en la playa que compraron juntos mientras sus vidas se “reorganizan”…El planteamiento, jugando a ser empáticos, tiene tela. Imaginadlo…

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Me sabe mal que se me acabe ( ya han firmado segunda temporada) porque ha sido una experiencia con la que empecé muy escéptica y me ha dado unos ratos de fitness saludable y casi sin darme cuenta. Remarco el “casi” …

Además, la decoración y el entorno, me ha encantado…

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Esta es la casa de la playa dónde van a vivir las protagonistas…

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Me he enamorado de esa casa de la playa…

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Píldoras.

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De cosas chulas…

Un buen regalo para los más viajeros.

El mapa-mundi rasca-rasca…

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Para «rascar» aquellos países que hayas visitado…

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La leche que abduce a las vacas.

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Un packaging ingenioso para una botella de leche.

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Una pamela para la playa… Protege del sol y de lo que se preste…

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Las pulseras con mensaje.

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Un mini-huerto para la cocina…

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Los huertos (aunque sean nano)me pierden…

jardinera2Y una caravana vintage, convertida en Bar… ¿Vamos?

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Feliz viernes!

Píldoras.

 Cuestión de Tamaño

Mis intentos de aprender (atención al verbo “aprender”) a jugar al golf, han sido infructuosos…No soy de golf…Se ve que no tengo demasiada orientación espacial y no acabo de ubicar la distancia entre el palo y la bola. Recuerdo mi momento más patético, tras una agotadora sesión en la que la que me dolían las manos de tanto hacer agujeros en la hierba( ahí ya se veía que algún día plantaría tomates ), cuando llegaron unas señoras inglesas de muy, muy avanzada edad . Se situaron a mi vera y se pegaron media hora de tiros fluidos y lejanos. Ahí ya me dije: esto no es lo mío.

No obstante, hoy he visto algo que me ha dado ciertas esperanzas…

Y no sólo golf. También puedo mejorar mi destreza en el billar…

 

Se agradece la sinceridad.

“Una bomba calórica”. ¿Cuántas veces hemos ido a comer algo y hemos oído esta expresión? Pues hay una gente que vende chocolate y lacasitos y, directamente, llaman al producto Bomba Calórica. Es más, lo han convertido en una granada. Más claro, imposible : 500 Kcal.

Tampoco hay que pasarse de sincero…

Vale, Mickey Mouse nació en 1928. Eso lo convierte en un ratón de 88 años. Sí, viejecito. Ya. Pero, ¿Había que hacerle una foto sin Photoshop? ¿No hay ni un mínimo de compasión para los que lo seguimos creyendo en un ratón jovenzuelo que vive en el Palacio de un Parque de Atracciones  con Minnie y las Princesas Disney?

Del artista turco, afincado en Alemania, Darik Massen.

La imaginación del ser humano es prodigiosa…

Y cuando se crea Arte a partir de un objeto insignificante (*), como es un rollo de papel higiénico, la cosa ya es alucinante. Del artista Sakir Gok Cebag.

De verdad, precioso.

(*) Es insignificante hasta que falta… ; – )

¿Y con trozos de hierro? Arte con trozos dentados y de diferentes formas, aparentemente anárquicos pero…

Son el homenaje a Nelson Mandela del artista sudafricano Marco Cinfarelli.

 

Impresionante.

Aquí se acaba la dosis de píldoras de hoy.