#HolaVeranoConLunaLLena

Hace apenas unas horas que ha llegado el verano. A las 00:34, exactamente.

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Además, su llegada ha coincidido con la luna llena… He pensado que haría las fotos de la luna re-típicas, pero… un árbol se ha cruzado en mi camino y ha dibujado unas sombras chinescas de lo más creativas.

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Esta es la luna, vestida de hojas de árbol, que inaugura el verano.

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Que sea feliz.

Tampoco importa si vuelve…

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Se ha puesto su viejo abrigo de lana verde. Es de un tono apagado, igual que el color de su pelo, de su piel…

Como cada tarde, está sentada en un banco del parque que hay frente a su casa. A su lado, hay un termo con un poco de chocolate caliente que le ayuda mitigar el frío por dentro, cuando se desliza por su garganta y , por fuera, cuando lo abraza con sus manos para infundirse calor.

No hace nada. Al principio, esperaba pero fue pasando el tiempo…Ahora, ya no espera. Sólo observa.

Sus ojos registran los gestos, las voces, el paso de los caminantes. De vez en cuando, se queda ensimismada con los pájaros que se posan en las ramas del sauce bajo el que está su banco o en el fluir de las hojas secas, que caen en suave cascada pero… lo que más le interesa son las personas.

Esa pareja de amantes que camina, con las manos entrelazadas. Ese susurro, a medio camino entre el oído y los labios que se transforma en un suave beso.

Esa madre y sus tres niños que juegan entre la hojarasca y que ella observa, a su vez, embelesada. El más pequeño, se acerca a ella y le entrega un ramo de hojas secas, bellamente dispuestas en un ramillete. La madre sonríe, lo abraza y desordena los rebeldes rizos de aquella criatura diminuta.

Su mirada se posa en la mujer que llora en el banco de al lado. Esa mujer. No la ha visto sentarse pero sus lamentos llegan, arrastrados por el viento, y la mira. Sostiene en sus manos un papel arrugado, que de vez en cuando, alisa y vuelve a leer y entonces, el llanto se transforma y es más profundo, más desesperado.

Abre el termo y se sirve un vasito de chocolate caliente. Se lo bebe para entrar en calor pero no disfruta de la seda dulce y cremosa del cacao, ni de la sensación reconfortante que recorre su cuerpo pero que ella, no siente. La mujer que llora se levanta y camina. Pasa junto a la madre que sigue jugando con sus niños, rodeada de risas.

Ellas, sienten. Ella, sólo observa.

Ya atardece. El termo ya no le da calor. Ya no queda chocolate y nadie pasea por los caminos.

Hoy, tampoco vendrá. No lo esperaba porque ella ya no espera, sólo observa,  pero se levanta, sabiendo que debe volver a su casa vacía antes de que la noche invada el parque.

Ya han pasado tres años desde el día que la encontró en aquel banco, desgarrada de dolor. Había conocido el amor y la felicidad intensa, pero en un doloroso instante lo había perdido todo. Cuando la llamaron y le dieron la triste noticia,  dejó caer el teléfono y empezó a llorar. Salió a la calle, incapaz de soportar estar en su hogar destrozado y empezó a correr hasta llegar al parque. Extenuada, se dejó caer en el banco. Ese banco…

Y apareció aquel hombre vestido de negro con su extraño maletín. Se sentó a su lado y le ofreció la posibilidad de no volver a sentir jamás. La tomó de la mano y, al instante,  notó que su alma dejaba de dolerle.

Puedo hacer que sea así para siempre”, le dijo mientras ella se apartaba de su caricia, asustada. Entonces, al cesar el contacto, el dolor intenso de la pérdida volvió a ella y la sacudió con violencia.

Dolía tanto, mucho, más.

Él le tendió la mano de nuevo y ella se aferró a él, dispuesta a aliviar el desgarro. Pensó que ya lo había sentido todo, lo bueno y lo malo. Lo que la colmaba y lo que la dañaba. Y era tanto el dolor infinito que no quería volver a sentir.

Nada.

Ese nada total y absoluto.

No le soltó la mano. Ella aceptó y el hombre la besó suavemente. En el instante que sus labios se posaron en los suyos y su respiración se fusionó, notó como la tristeza la abandonaba.

En ese momento, no le importó que también se fugara la alegría…

Cuando abrió los ojos, el hombre de negro había desaparecido. Y, ella… Ella ya no sentía nada.

Nada.

Un escalofrío recorre su cuerpo al recordar pero es una reacción física. No hay ningún sentimiento… Se levanta por fin y camina hacia su casa.

Hay algo minúsculo, diminuto, casi ahogado entre esa masa de insensibilidad que le hace observar a esa pareja de enamorados, a esa madre con sus hijos, a esa mujer que llora…¿ Qué habrán sentido? Y esa misma pieza microscópica de su alma, es la que insiste en observar pero…esperando.

Esperando al hombre de negro con su extraño maletín para pedirle que le devuelva su sentir aunque… No importa que él no haya vuelto por allí.

Tampoco importa si vuelve…

N.B: La incapacidad para identificar las emociones y expresarlas, es un desorden neurológico denominado Alexitimia.

Mafalditis Crónica .

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Dedicándome a re-situar algunas cosas de la casa , me he reencontrado con el libro-tocho «Todo Mafalda».

Siempre que capta mi atención , me paro unos minutos y lo abro al azar…Es inevitable que pase el tiempo y me quede enganchada… Siempre me sorprende …Y tiene mérito, porque ese es un libro manoseado y leído y releído… Pero ahí está ella, la niña contestona y preguntona . Me encanta Mafalda.

Hace un tiempo le preguntaron a Quino, su creador, si creía que Mafalda aún estaba vigente :  «La temática, lamentablemente, sigue de actualidad. Eso de que el mundo sea un desastre no cambia». 

Mafalda tirasEste hombre podía haber estado haciendo tiras de Mafalda de forma infinita y en bucle, sin apenas alterar los esquemas básicos. Un producto sin fecha de caducidad. Por ejemplo:

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El día que Mafalda esté obsoleta, ese día, tenemos que alzar nuestras copas y brindar. Pero eso no quita, que yo deje de ser adicta al espíritu Mafaldero y, de vez en cuando,me de unas dosis.

Como ahora.


 

N.B : Siempre he tenido curiosidad por saber cómo habría evolucionado el personaje de Mafalda. ¿Cómo sería de mayor?. Pocos se han atrevido a jugar con esta niña prodigiosa, pero he encontrado dos «versiones» de Mafalda : a los 18 y a los 30.

Tira del dibujante Caloi. Diario Clarín de Buenos Aires

Caricatura del dibujante Ombú . Semanario «El País Cultural» Uruguay.

 

 

Fotos con colaboradores.

Tengo que hacer unas compras imprevistas. Decido ir andando y me da por coger la cámara de fotos. Es una forma de “invertir” el efecto molestia que me produce tener que ir a comprar cuando no lo había planificado… Así que me lo tomo como un a-ver-si-veo-fotos…Ommmm…

Me llama la atención está buganvilla colgante.

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Está aislada, dramáticamente en soledad con el fondo de una pared blanca…Pasa por mi lado una madre con su hijo. El niño debe tener unos cinco o seis años. Me pregunta qué estoy fotografiando. La madre me sonríe y pone cara de disculpa. Habla con todo el mundo, me dice. Le explico al proyecto de adulto extrovertido  que me gusta ese racimo de flores, colgando como de la nada.

El niño me dice que son más bonitas las flores lilas.

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Miro hacia donde me señala con el dedo y las veo. Le doy las gracias: ha encontrado otra “foto”.

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Antes de irse (ya le he enseñado t-o-d-a-s las fotos en el visor de la cámara) , me comenta que las flores son bonitas pero muy sucias.

Ahora, me señala la calle y la madre me explica que esas hojas dejan los coches sin brillo ( se comen la pintura, textualmente) y que crean un algo pegajoso que se engancha a la suela de los zapatos. El niño asiente con fervor y, entonces, me lo creo. No las pisaré…

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Mientras se despiden de mí, se acerca un abuelo que nos estaba escuchando en la distancia. ¿Es Ud. fotógrafa? Le respondo que no, que sólo iba a comprar…Me señala un viejo auto-lavado de coches que está cerrado hace años. “Mire, esta es una foto de como la naturaleza puede hacer hermoso lo más feo”. Y veo la estructura, totalmente invadida de verde. Hay un jardín espectacular detrás de esas rejas. El hombre sigue su camino, muy despacio… Ha sido una intervención breve pero intensa.

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Hago la foto y me doy cuenta que esta incursión de compra imprevista se ha revelado interesante. Me he reído con el niño y he sentido una especie de admiración reverencial por el señor que filosofa sobre el auto-lavado abandonado que ve desde el balcón de su casa … Y es que, la mayoría de las veces, la gente hace hermoso lo más feo…

NB : Gracias a mis «colaboradores» !!! ; – )

 

 

El autobús dorado que solo veía el abuelo.

Recupero este texto  del 2011…

Es tierno… Para contrarrestar a La Asesina del Pollo … ; – )

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Rogelio Rojo Reja había nacido en el autobús número 27 de la Línea 2 , casi llegando a la calle Balmes de Barcelona. Y digo casi, porque el conductor tuvo a bien parar el autobús, en medio de la calzada , a un semáforo de esa calle y ayudar a la madre de Rogelio a dar a luz ..

Rogelio, que así se llamaba el señor conductor , fue el que sostuvo los delicados hombros de Rogelio Jr y lo giró y estiró y lo sacó del interior de su madre para darle la bienvenida al mundo, en un autobús viejo y desvencijado. El niño lloró como un poseso, inundado sus pulmones del aire que había en el autobús, rodeado de los escasos viajeros que hacían la ruta del 27, a las 5:30 a.m . En aquella mañana fría de invierno, Rogelio se convirtió en una anécdota enternecedora que explicarían a sus hijos y a sus nietos. Siempre recordarían la oscura madrugada en la que vieron nacer a un niño en un autobús…

Rogelio nunca se sintió diferente por haber nacido en un autobús. Desde muy pequeño, había hecho la misma ruta con su madre una y otra vez y sabía el lugar exacto en el que había hecho su aparición estelar en el planeta. Incluso, antes de que desguazarán el autobús , el tío Rogelio, su chofer durante tantos años, había conseguido los dos sillones en los que su madre lo había parido . Los conservaban en el garaje, bien lustrados y brillantes.

El día que cumplía 18 años, Rogelio estaba en la esquina, a unos metros de la calle Balmes ,donde el tío Rogelio había estacionado el vehículo y él había nacido, celebrando su mayoría de edad. Hacía dos años que faltaba su madre y desde su desaparición aquel ritual de ir a aquella esquina y observar la circulación, la calle y a las personas que caminaban había cobrado un sentido diferente. En aquel lugar se sentía conectado a ella…Estaba ensimismado, reflexionando sobre que decisión tomar en su vida en ese momento tan trascendental. Quería estudiar derecho en la Universidad pero también le atraía la Sociología. Estaba hecho un lío. Además, la chica por la que bebía los vientos iba a hacer Psicología y esa facultad estaba en el mismo edificio que la de Sociología y…Sus ojos detectaron un destello. Un autobús ascendía por la calle, en dirección Balmes y el sol incidía en la carrocería de forma que parecía envuelto en un halo dorado. Rogelio lo contempló fascinado y casi se le detuvo el corazón cuando vió cómo el autobús estacionaba en la esquina. No se abrieron las puertas, ni había nadie en su interior. En el lateral que quedaba frente a su mirada, había un gran anuncio de relucientes letras y luces de neón que decía: “Derecho en la Autónoma”. El autobús reemprendió la marcha y se perdió calle arriba mientras Rogelio recuperaba la respiración sabiendo, ya , que iba a estudiar la carrera de Derecho. Y en la Autónoma.

Al año siguiente, el suceso se repitió. Apareció el autobús dorado con un mensaje concreto : «Quédate en España». Y Rogelio rechazó una beca para un intercambio en una ciudad europea que se vio arrasada por un terremoto. El epicentro se produjo en las inmediaciones de la Facultad de Derecho…

Año tras año, Rogelio acudía a aquella esquina el día de su cumpleaños y año tras año, el anuncio del autobús le guiaba en las decisiones que debía tomar . Escogió un trabajo en un bufete pequeño aún teniendo la posibilidad de trabajar en uno de renombre. Al poco tiempo, el gran bufete se vio afectado por un gran escándalo que hundió la carrera de los abogados que allí trabajaban. Su despacho ganó reconocimientos internacionales en temas de Derecho Medioambiental y Rogelio se convirtió en una figura de gran prestigio en este campo. Se casó con una finlandesa, enamorada de la ecología ,aunque a punto estuvo de dejarla escapar…pero el anuncio del autobús le mostró hasta el anillo de compromiso que debía regalarle. Rogelio conoció el amor y tuvo dos niños preciosos, Rog y Elio, que lo hicieron inmensamente feliz.

Vendió las acciones que había heredado cuando se lo indicó el autobús y consiguió una considerable fortuna. Dejó su trabajo en el momento indicado y se dedicó a escribir. El título de su primera novela, basada en una trama de desastres medioambientales que fue best-seller mundial, también fue cosa del autobús…

Pasó el tiempo, sus hijos se casaron y su querida esposa falleció. La pena lo dejó agotado , hasta que el autobús le anunció que volvería a ver a su finlandesa y que estaba bien. Tuvo tres nietos a los que les explicaba la historia de su nacimiento en el número 27 de la Línea 2, a unos metros de la calle Balmes y que lo acompañaban, el día de su cumpleaños, a ver el autobús dorado que sólo veía el abuelo

Rogelio envejeció rodeado de cariño y nunca dejó de acudir a su cita de aniversario. Los niños ya habían crecido y ya no les divertía aquello de estar en la esquina, viendo al abuelo con aquella gran sonrisa y la mirada perdida, mirando algo que nadie podía ver así que llegó un día que Rogelio volvió a ir sólo, sin hijos ni nietos .

Lo vieron feliz cuando los abrazó y se despidió. Nunca más supieron de él.

Los que estaban en aquella esquina , no repararon el aquel anciano de gran sonrisa y semblante sereno, que se esfumó en el aire como por arte de magia. Nadie vio el autobús dorado que se paraba en la esquina, con un gran anuncio que decía : “Bienvenido.” Ni se percataron de cómo Rogelio subía a él y se abrazaba a los viajeros. Su madre, el tío Rogelio y su querida finlandesa…

A unos metros de la calle Balmes, el autobús se perdió en el horizonte…Dejó una estela dorada pero…casi nadie la pudo ver . Los que sintieron aquel destello momentáneo , aseguran que era el autobús número 27 de la Línea 2.

#Banksy, no lo hagas.

Banksy, no lo hagas.

No te quiero conocer. No quiero ver tu rostro…Y en el fondo sí quiero, pero …no.

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Leo que Banksy podría asistir a la entrega de premios de los South Bank Sky Arts Awards, en el Hotel Savoy de Londres. El artista de Bristol, ha sido nominado por su obra “Dismaland”, un parque temático al estilo Banksy : de denuncia,  crítica y advertencia de la sociedad que -todos- estamos construyendo.

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Espero que no vaya a recoger el premio porque uno de sus rasgos diferenciales es el anonimato. Nadie sabe quién es Banksy… Sus obras, stencils e intervenciones de Street Art en diversas ciudades del mundo, continúan teniendo esa aura de misterio. Cuando ves un Banksy en una pared, sabes que el artista lo ha pintado con nocturnidad y alevosía, saltándose las leyes, escondido, rápidamente, saliendo por patas al acabar…

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Y es curioso, porque si Banksy pinta un algo en un muro de tu propiedad, lo puedes subastar y vender por precios astronómicos (Brad Pitt es uno de sus coleccionistas más mediáticos). Es más, en una de esas “intervenciones”, vendió obras suyas en un tenderete de un mercadillo callejero de Central Park a 60 dólares que, después, se han subastado entre 85-100.000 dólares.

Conviviendo en el equilibrio de esos dos mundos opuestos, el de la denuncia callejera y el de la subasta en Sotheby’s, Banksy ha podido sobrevivir artísticamente. No sólo eso, ha continuado provocando con sus mensajes …

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No quiero saber quién es.

Me gustaría seguir imaginándomelo, sin rostro, planeando como intervenir. Como hacerlo sin que lo vean. Como irse sin que lo pillen.

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No vayas, please.

De bien nacido es ser agradecido…

Lo poco que me gustan los refranes pero… la razón que tienen. Menos el del sayo, que por el cambio climático del planeta ya no es aplicable. Quien aguante hasta el 40 de mayo con el sayo puesto, morirá por combustión espontánea…

En el caso que nos ocupa en este post, asumo que bien nacido ( Por cierto, ¿Cómo se nace bien? ;-)   es un halago que rima convenientemente con agradecido pero sí que es verdad,  que tenemos que ser exquisitos en la forma en que agradecemos un detalle, una atención o un regalo.

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Las circunstancias, por eso,  marcaran nuestro “tono” de agradecimiento al recibir el obsequio (  tu suegra que sabe que o-d-i-a-s los sombreritos de ganchillo para tapar el papel higiénico. Y , cada año, realiza un diseño más complicado y colorista, lo envuelve y te lo cuela) pero si no hay un punto de mala leche , un regalo supone que alguien ha pensado en ti. Se ha concentrado en tu persona. En ocasiones, se ha esforzado mucho, ha buscado y se lo ha currado. Unas veces, sale bien y otras , mal pero, en todos los casos, ese ser humano ha querido halagarte .Esa es la idea fundamental.

El que recibe el regalo, también debe aprender a recibirlo en condiciones. Premiando el esfuerzo del obsequiante .

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Ayer me trajeron una barquilla llena de delicias naturales:  lechugas, cebollas, acelgas,  un perejil de tamaño gigante (me han aconsejado hacer una tortilla de perejil!) y una docena de huevos, cogidos esa misma mañana. Todo procede de un huerto particular ( igual que las gallinas).

Mi condición de urbanita y mi admiración por esos hortelanos ,  me hizo recibir el obsequio como si tuviera en mis manos un manjar de dioses…. Cogí un huevo con delicadeza ( fuera de contexto , no veas que frase) y lo contemplé con cariño. Los huevos de mi nevera, llevan la fecha de caducidad estampada …

El que me trae la barquilla, sabe de mi fascinación por esas lechugas que saben a lechuga y ese perejil que casi parecía otra lechuga y esas cebollas, preciosas…. Sabe que se convierte en mi héroe a golpe de acelga .  Le envié fotos de la ensalada que salió de esas delicatessen y hoy, voy a por los huevos. He descubierto que es mejor esperar un día para hacerlos fritos porque el huevo, debe reposar. ¡Está recién puesto!

Regalazo.

Bien nacida no sé pero agradecida, seguro.

 

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NB : Esta foto de un porta-huevos de ganchillo (venía a huevo).. Espero que no lo vean las crocheteras de los gorritos … ; – )

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La Bicicleta.

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No escaparas.

Oí su voz estridente a mi espalda y corrí más, más y más… Sólo tenía que llegar al punto en el que me habían dejado el vehículo para la huida. La calle estaba muy oscura y era estrecha. Oía mi respiración, oía sus resuellos.

Entonces, a lo lejos, me pareció ver la ventana con el enrejado de hierro …Llegué a la bicicleta con el ímpetu de la carrera. Vi que era de carretera. No el tipo holandés, con el cuadro bajo. No. Ni siquiera era uno de esos modelos urbanos de alquiler. No. Era una bicicleta de carretera, de las de verdad.

Visualicé lo que iba a pasar antes de que sucediera. Mil veces me había caído al no conseguir que mi pierna pasara por encima del puto cuadro triangular. Alcé la pierna, topé con aquella pieza tubular, pasé por encima y poco a poco, como a cámara lenta, fui cayendo hacia el suelo con la bicicleta entre las piernas.

Te tengo.

Lo miré a los ojos. Nunca pensé que tendría ese aspecto ni que al final me atraparía. El plan para escapar del destino había fallado estrepitosamente. Había estado a punto, pero… la bicicleta era de carretera…

Foto de Anárion Photo

 

Rojo

He encontrado una vieja carpeta con un texto que escribí en 1990.  : Rojo .

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El protagonista de ROJO se llamaba Eusebio.

El hombre, habitante de un pequeño pueblo, tenía una debilidad cromática. Todo lo que le rodeaba era rojo…. Vestía de rojo, su casa era roja, los objetos ( tazas, botas de vino, vasos, etc.) también rojos.

Vivía de crear tallas de madera que pintaba de rojo, sólo bebía vino tinto , comía alimentos “rojos” y no se pudo casar nunca porque quería que su futura esposa vistiera de rojo el día de la boda… Aún con esta debilidad por el color rojo (“Roja es la sangre, rojo el corazón. ¿Qué hay más importante que el rojo color? Rojo es el amor, roja es el alma. ¿Aún dudas que el color rojo no tiene importancia?” Tela la frasecita que puse en boca del protagonista), Eusebio era feliz. Nadie en el pueblo lo marginaba o lo trataba diferente por esa manía con el rojo. Al contrario, era una persona  muy querida por sus vecinos…

El relato, de 11 páginas mecanografiadas, sigue con la llegada al pueblo de un nuevo médico tras la jubilación de su predecesor.  Y ahí llega el Doctor Juan Blanco ;- )… Se queda maravillado con la supuesta patología (“La monomanía cromática” ) de Eusebio y lo convierte en su sujeto de estudio. Lo somete a mil pruebas y , a medida que las va realizando, Eusebio,  extenuado va perdiendo vigor… Se va marchitando.

El clímax del relato es la escena en la que Eusebio Rojo es observado como un conejillo de indias en un congreso médico. El Doctor Juan Blanco ya ha conseguido la fama al etiquetar y describir esta nueva patología y aun viendo que el pobre Eusebio está cada vez peor, sigue utilizándolo.

El pueblo entero, vestido de rojo, irrumpe en la sala de la ponencia y rescata al pobre hombre. Evidentemente,  a las pocas semanas de retomar su vida, vuelve a ser el Eusebio de siempre.

El relato acaba así:

El Doctor Juan Blanco se instaló en un confortable piso de la ciudad. Su vida había cambiado : entrevistas en la radio, publicaciones en las mejores revistas científicas, conferencias en la Universidad… Incluso estaba preparando la publicación de su primer libro…

Llegó a su piso muy entrada la noche. Sacó las llaves de su gabardina blanca. Ante sus ojos, apareció un gran salón: paredes blancas, sofá blanco, cuadros blancos, chimenea blanca…

Se sentó en su sillón blanco de piel y se sirvió , en un vaso blanco, un poco de leche fresca.

Recordaba las palabras de su mujer. ”Qué manía tienes con lo blanco! No paro de limpiar” Ni tan siquiera el día de su entierro se había puesto una corbata negra…

Sumido en sus recuerdos, el Doctor Juan Blanco se introdujo en las blancas sábanas de su cama blanca y se quedó profundamente dormido…

Pues bien, este relato fue ampliamente analizado por un escritor profesional ( muy amigo de Cela y al que le debo haber conocido al Premio Nobel). Su opinión me hizo comprar,inmediatamente,  el María Moliner e intentar  aprender a escribir . Junto con el relato, he encontrado su carta ya muy maltrecha ( se ha quedado pegada en la carpetita de plástico en la que ha estado guardada 26 años) y no puedo evitar reproducir lo que aún se lee…

Pura nostalgia…

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