Minimalismo desequilibrado.

Parecía fácil.

El fondo estaba listo, pintado con pintura de pizarra en color crema. Había encontrado las letras en un cajón olvidado. En su momento, eran autoadhesivas, pero estuvieron tanto tiempo guardadas que ya no pegaban. Por eso usé mi superpegamento, ese que te engancha los dedos antes de que te des cuenta.

Coloqué las letras con cuidado. Sin embargo, al añadir los puntos de las “i”, que no existían, la “m” se movió, y también un poco la “n”. El pegamento era tan fuerte y rápido que no pude corregirlas. Ahora, no hay quien las mueva sin romper la tela del bastidor. No sé si repetiré este experimento, pero ya tiene un título.

Minimalismo desequilibrado.

Un cuadro imperfecto, con letras desequilibradas.

GROK, DALL-E y mis luces navideñas.

Twitter ( el X de ahora, pero no me acostumbro) ha liberalizado la herramienta de IA , GROK, para crear imágenes. En estos últimos tiempos , he estado utilizando DALL-E y he querido compararlas.

Utilizando las mismas instrucciones, cada IA me ha dado resultados diferentes. Parece que me entiendo menos con GROK.

En primer lugar, pido “ilustración” y no “fotografía” pero GROK se empeña en darme una foto en modo real. 

GROK

DALL-E

Tampoco me ha entendido con la emoción : le he dicho que la mujer de la ilustración está desesperada porque las luces de navidad están enmarañadas. En GROK, la chica sonríe. En DALL-E está hasta las narices de las luces.

Quería ilustrar lo que me ha pasado con la decoración navideña de este año. He sacado todas las luces que , ahora, son de un fino cable de cobre y estaban hechas un lío. Las de antes, las de cable de plástico verde me costaban menos de desenredar pero estas , que son más pequeñitas y más monas, son como un cubo de Rubik sin solución.  No hay manera de tener el cable lineal… Siempre hay nudos y, en algún caso, de gran tamaño. Mea Culpa por no guardarlas como toca, pero es lo que hay.

Al final, algo de orden he conseguido, aceptando que , en algún lugar , iba a quedar un agrupamiento amorfo luminoso. 

Le he pedido a GROK y a DALLE-E un abeto con las luces desordenadas.

GROK

DALL-E

Cuando tenía las luces más o menos listas, con intención de ponerlas en el exterior, se ha puesto a llover.

GROK

DALL-E

La IA ha puesto las luces, aún lloviendo, pero yo me voy a esperar que aún quedan dos semanas…

NB : Y , de momento, me gusta más DALL-E

GROK

La Sra Nis y el Sr. Se.

El origen de este DIY, está en una jornada dedicada a ordenar el armario y, básicamente, a hacer un harakiri de camisetas. O sea, prescindir de esas que llevan conmigo más de una década y que, por una extraña razón, me siento reacia a reciclar, aunque lleven años encerradas sin ver la luz.

Inmersa en la labor de orden y concierto, he encontrado un cuello de pelo sintético que saqué de la capucha de una parka. Nunca me lo he puesto…También, aquel jersey de color caqui que utilicé hasta casi deshacer el algodón y que acabó con un manchurrón de lejía en el centro y la camiseta marrón, destinada al mundo de los trapos.

Al ver el cuello peludo, me he acordado de un DIY que guardé para unas futuras píldoras navideñas: la creación de un Tomtenisse, un duende navideño escandinavo, encargado de la protección del hogar.

Así que , me he puesto manos a la obra.

Al final, me han salido dos.

La Sra Nis y el Sr. Se son mis duendes navideños.Voy a estar super-protegida…

Son imperfectos, como es habitual en este blog. Los gorros son un poco amorfos, las narices no acaban de estar conseguidas, pero ahí están.

Facilísimo, por cierto. Incluso para torpes como yo…

Un préstamo.

Te envío mil mariposas. Pero no creas que sólo son mariposas…

Cada una, encierra la promesa de un lugar.

Todas juntas, son el mundo.

mariposas

Te las presto por un tiempo…

Después…volverán a vivir en mi estómago…

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La Lista de la Compra.

 

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De vez en cuando, leo los documentos que hay en la e-Biblioteca. Sé que está mal : lo hago en horas en las que debería estar trabajando y mi trabajo, no es precisamente leer. Yo me ocupo del mantenimiento de la red y suelo estar por aquí , a horas intempestivas. Básicamente, no hago nada.

Todo lo hacen los bio-ordenadores inteligentes pero tras los últimos sucesos acaecidos, siempre hay un ser humano cerca de la máquina. Serán bio-súper-inteligentes pero estos ordenadores dependen de una fuente de energía ( dicen que pronto, serán autónomos pero aún no) y si se vuelven locos, no hay nada como desconectarlos de la red eléctrica general-total. Desenchufarlos, vamos.

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Yo no lo he tenido que hacer nunca. Mis niños se portan bien y no han eliminado datos, ni propagado virus, ni intercambiado ficheros,  ni difundido información confidencial. Es por eso que se me pasan las horas largas y tediosas, interminables.  Todos los leds se mantienen, día a día, de color verde y eso indica que yo no tengo nada que hacer. Rojo o naranja, . Verde, no.

En la e-Biblioteca nunca hay nadie. Los millones de Tablets que se cargan en las estanterías contienen , a su vez, millones de textos y relatos de la gente que vivió en la tierra hace más de 200 años. Al principio, lo que me hizo curiosear fue el aspecto arcaico de aquellos dispositivos de lectura digital. Nada que ver con las versiones de  la actual Realidad Real.  Más que leer, ahora entramos en el libro …

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Investigando el funcionamiento de los aparatitos, descubrí los relatos de mis antepasados. Me he pasado muchas noches, leyendo todas esas descripciones del siglo XXI. Por lo que tienen de primitivo,  me tenía que haber divertido con esas conductas pintorescas pero lo que realmente he sentido al leer esos documentos es envidia.

En esos tiempos, el mar no estaba contaminado y se bañaban en él. Disfrutaban de cuatro estaciones y no de dos, como ahora. La primavera les permitía tener flores de colores y prados verdes y el otoño, los colores ocres, la hojarasca y las castañas. Podían comer de lo que cultivaban en la tierra. Los alimentos no se producían en los laboratorios y tenían sabores, aromas y texturas diferentes.

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Leyendo toda esa información, me he imaginado un mundo con más color, más auténtico y los he envidiado. Ellos disfrutaron de los recursos naturales. Yo sólo puedo acercarme al mar, como máximo a 20 metros de distancia y con una mascarilla…

Aunque lo de la gestión de las emociones, lo prefiero como está, la verdad. Me gusta este siglo y las tardes de shopping-feelings.

Todo es más fácil.

Sentimientos en lata, envasados al vacío y listos para consumir.

Eso me recuerda que cuando acabe esta guardia, me voy de compras. Mañana vienen a cenar los padres de mi pareja que poseen una gran capacidad verbal. Más bien, verborreíca. No se callan ni un segundo. Necesitaré comprar unas dosis de Silencio.

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No debo olvidar apuntarlo en mi lista: Empatía, Energía positiva, Calidad , Humor y Silencio.

Que no se me olvide el Silencio…

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Venta On Line de Paciencia, Reflexión , Felicidad, Paz interior… Aquí : FLOWmarket.com

NB :  FLOWmarket es una iniciativa del FLOWinstitute danés, y para concienciar a los compradores de sus hábitos de consumo, de sus efectos sobre la sociedad, la naturaleza y el mundo en el que vivimos. Su objetivo es animarnos a consumir de forma sostenible y hacernos ver las necesidades de futuro. Para ello ponen a nuestra disposición diferentes productos envasados con una estética muy particular. Entre los objetos que venden podemos encontrar empatía, buenas vibraciones, silencio, aire limpio, pausas o amor incondicional entre otros…Eso sí, no esperéis encontrar nada en los frascos porque están vacíos. Con los beneficios obtenidos con la venta de la “nada” envasada, se financian proyectos de innovación en envases biodegradables y reciclables.

Abeto navideño sin abeto.

No sé como decoraré la Navidad de este año así que le he pedido a la IA que me ilustre ideas creativas para tener un abeto navideño que no tenga abeto.

A una velocidad alucinante, me ha generado estas fotos.

Una mantita de ganchillo.

 

Me cobijo bajo la manta de ganchillo y cuento hasta tres. Uno, dos, tres. Ya he desaparecido. No estoy. Los que estaban conmigo levantarán la manta y no encontrarán nada. Solo quedará un espacio vacío. Una huella tibia de mi cuerpo marcada en el sofá, pero yo no estaré ahí.

Habrá unos minutos de desconcierto. Palparán los cojines del sofá. Incluso los sacarán, buscando un mecanismo oculto que explique cómo es posible que antes estuviera ahí y, ahora, ya no.

Ya no estoy. Cogerán la manta, que ya no es mía, y la sacudirán. Mirarán por debajo y por encima hasta que alguien confirme, con total certeza, que no estoy allí. Entonces, se desatará la histeria. Los que estaban conmigo quedarán marcados de por vida por el suceso inexplicable de “la mujer que desapareció bajo la manta”.

No importa. Me olvidarán. Lo superarán.

Mientras, yo salto de vida en vida. Una vida, otra vida, y otra, y otra… Ya es mi décima vez y sigo sin saber dónde estoy. Cuando me cobijo bajo la manta para desaparecer, me siento en una zona intermedia, entre la manta de ganchillo y la realidad. No sabría describirla. La única palabra que me viene a la mente es “aséptica”.

No sé cuánto tiempo estaré allí. En unos minutos, segundos, horas, días o años apareceré debajo de mi manta, en otro sofá, y en una casa desconocida. Nadie se preguntará quién soy ni qué hago allí. Convivirán conmigo, la mujer de la manta, como si hubiese estado en sus vidas toda la vida.

A veces aparezco como madre. Otras como amante, como niña, como suegra, como amiga. En cada lugar, desempeño un papel y me quedo un tiempo. Pero, tras unos meses y de forma inevitable, me aburro de esas personas que siempre son desconocidas para mí. Aunque me quieran, yo no los quiero a ellos. Así que me envuelvo en la manta de ganchillo y me voy a otro lugar.

Noto que estoy a punto de emerger de nuevo. Falta poco.

Mi abuela tejió esa manta para mí. La creó para protegerme de los monstruos y de la oscuridad. Según ella, solo debía envolverme en la deliciosa pieza tejida a ganchillo y los miedos desaparecerían. Y lo hacían. Me abrigué con ella muchas veces. Como decía la iaia, me relajaba y me hacía más valiente. Pero supongo que la usé demasiado porque un día, en lugar de desaparecer mis temores, la que desapareció fui yo.

La primera vez fue desconcertante. Dejé a mi familia y me encontré en otra. Quise volver, pero nada de lo que hacía me permitía retornar al punto de partida. Más tarde, descubrí que necesitaba estar rodeada de gente para que “el viaje” funcionara. Una vez entendido el mecanismo de activación, me concentré en cada viaje para recuperar mi vida y volver a mi sofá. Pero no lo consigo. Tal vez tenga que ver con lo que realmente deseo. Pienso en mi vida monótona, gris, y nunca me apetece volver.

Aparezco en un lugar desconocido, con gente que no sé quién es. Tras un tiempo, me voy.

Siento ese tirón que me lleva al exterior. Percibo el tenue perfume de mi manta de ganchillo. Estoy arrebujada bajo ella, confortada por su calor. De repente, mi cuerpo siente dolor: en los huesos, en las articulaciones. Oigo un ruido, un maullido. Me preparo para sacar la cabeza y observar, por primera vez, el lugar en el que me encuentro.

Reconozco la habitación. Es el salón de mi casa. Todo está polvoriento y descuidado. Abandonado. Apenas hay un par de muebles: una mesa, unas sillas y el sofá del que acabo de levantarme. Aquí no hay nadie. Nadie más que yo.

En la cocina, me sorprendo de mi desorganización. Los platos sucios se amontonan en el fregadero. En la nevera hay cuatro cosas que, si no han caducado, están a punto de hacerlo. Veo cajas de comida a domicilio: chino, japonés, turco, pizza… Oigo el maullido y dirijo la vista a mis pies. Un gato se frota contra mis pantorrillas, encantado de verme. Parece que me conoce. Después, veo otro. Y otro. Y otro.

Vuelvo al sofá y me envuelvo en mi manta de ganchillo, ahora llena de pelos de gato. Quiero irme, pero no pasa nada. No hay otras personas.

La manta no funciona. Aquí no hay nadie.

Nadie más que yo y estos gatos.

Factor sorpresa.

En nada, porque todo va más rápido que nunca este año, será Navidad, tiempo de regalos y, también , de envolverlos.

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Yo doy valor a la presentación de un regalo. Al envoltorio.

Y no creo que sean necesarios papeles lujosos, ni lazos brillantes. Lo más importante son las ganas que le pongas y la creatividad, pero siempre se pueden encontrar cosas interesantes que copiar.

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Muchas veces, con elementos muy sencillos, se consiguen cosas preciosas. Sobre todo, en lo que se refiere a los envoltorios personalizados y creados por el mismo autor del regalo. Esos son lo más.

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Tengo una prima que, siempre, presta máxima atención al envoltorio. Te puede estar regalando un cuixot de Menorca, que ella lo ha envuelto, le ha puesto una cuerda bonita, una rama de romero y una etiqueta con un mensajito.

(Esto es un cuixot, embutido típico de la isla)

cuixot

Esos actos de “envolver” expresan el mimo y el afecto que, a su vez, envuelve al regalo…

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Después está lo del factor sorpresa. Viene a ser el súmmum del buen “envolvedor-de-regalos”.

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Yo prefiero los regalos al despiste y si es una raqueta que no se note que es una raqueta. Llámame tiquismiquis, pero ya que estás en el lío del paquete de regalo, que se produzcan todos los efectos posibles en el receptor: Emoción, Afecto, Sorpresa.

Esto, no.

raqueta

Ya que regalas y envuelves, que el receptor viva ese instante de emoción hasta el final.

Acabo con una viñeta de NaolitoArt que le viene muy bien al post.

pelota

 

Señales acústicas (bip).

Estoy rodeada de ellas.

La nevera, si está abierta más de lo que ella considera oportuno, hace un piiipppp. Cuando estoy colocando la compra de la semana, siempre, siempre, siempre me acaba haciendo piiipppp. La secadora también hace piiipppp. O bien está acabando su ciclo o bien el filtro está lleno de esa pelusilla que, inexplicablemente, se desprende de la ropa en cantidades industriales. La cuestión es que , en uno u otro momento, hace piiipppp.

La lavadora no quiere ser menos y emite un pi-pi-pi continuo y pesado cuando ha acabado el lavado. O la paras o se pasa un ratito reivindicando que ha llegado al final de la carrera.

La cafetera se pone a gritar piiiiiiiii cuando no hay agua en el depósito.

Hay más piiii, piiipppp, pi-pi-pi y tilííínes…La alarma, la puerta del garaje, el mando de la puerta, el zumbido del interfono, el timer del horno, las baterías bajas… Todas esas señales acústicas son señales reconocibles,  que son familiares, que te dan un mensaje, que te sirven para algo (o por lo menos, esa es su intención). A veces agobian y otras, las esperas menos este bip-bip-bip que llevo oyendo una semana y que no tengo ni idea de dónde proviene. ¿Cuál será el artefacto latoso?

De repente, lo oigo. Bip-bip-bip. Unas veces, me parece que viene de la derecha. Otras de la izquierda. De un cajón ( creo que ya los he abierto todos), del interior de un bolso. En la cocina, en el despacho, en la habitación.  Lo oigo allá a lo lejos. Débil. Bip-bip-bip .

Hemos realizado búsquedas colectivas y nada. Ni rastro. He intentado revisar todos los aparatos, aparatillos y aparatejos que pueden tener un “bip”. Sin resultado.

Supongo que llegará el día en el que se agotará y callará pero, de momento, disturba mis códigos conocidos y me incita a su búsqueda.

¿Y sí es un ser alienígena que intenta comunicarse? Me lo planteo, ya, por pensar en nuevas posibilidades. Bip-bip-bip es una señal muy usual en el espacio exterior, ¿no?

Ahora mismo lo acabo de oír. Voy a ver, me parece que ha sonado cerca de la lavadora…

El gato gordo e indiferente.

Yo no tengo gato pero hay un gato en mi jardín. No solo se pasea, de aquí a allá, moviendo el trasero acompasada y lentamente , si no que reposa, tranquilamente, sentado o estirado, observando lo que pasa a su alrededor.

Yo no le importo lo más mínimo. Soy insignificante en ese universo gatuno. Se muestra absolutamente indiferente a mi presencia y eso es , justamente, lo que me ha sorprendido del gato. Los que he conocido, han hecho valer su carácter independiente y se han alejado de mi presencia. Este no. Le da igual.

Al principio, pensamos que era una gata embarazada pero fue pasando el tiempo y el barrigón no desparecía. Supe que el embarazo dura unos dos meses , así que, finalmente, dictaminamos que es un gato gordo.

En casa, ni come ni hace sus necesidades. Solo descansa. No sé de quien es, pero en ese cuello peludo hay un collar. Así que tiene su domicilio habitual y un spa, en el mío.

Como son muy territoriales, supongo que el gato se ha anexionado mi casa a su territorio, de forma unilateral. Es un espacio en el que, por lo que sea, se siente seguro y cómodo y nos tiene asimilados como parte de ese entorno. Y no lo entiendo, porque yo no es que tenga un especial interés en los gatos y dicen que los animales eso lo notan o, justamente, esa es la razón : la falta de interés es mutua.

Lo más raro es que me he acostumbrado al gato. Si pasa un día y no lo he visto pienso ¿Dónde estará el gato?. Cuando lo veo, lo saludo. Ahora ya gira la cara cuando le digo !Hola , gato! y me mira aunque solo sea durante un segundo.

Está en su reino que , seguramente, abarca mucho más casas . Así que , sí, el gato gordo e indiferente es el “Rey de la zona” .

Y aunque al gato le de igual, no puedo evitar que me caiga bien…