
Dudó.
No sabía si sentarse.
No se fiaba de los bancos…

¡No vayas a la fuente!

Decidió sentarse de espaldas al mundo.

Y se quedó parada en la calle.
Inamovible.
Dice que le enseñaron a no pisar las plantas.
Ninguna planta.
La botella de un brandy añejo, de cristal y un formato bonito. Lleva años acumulando polvo en el trastero, pero hoy, la he visto. Al lado, los restos de la pintura de pizarra rosa palo y verde pistacho que utilicé para un cuadro infantil. O tiro la botella o la pinto.
La pinto.
Ahora voy a por el contenido.
No hay demasiado color en mis plantas.
Un rosal que está floreciendo. Muy pequeñito y de rosas también pequeñitas. No huelen. Echo de menos las rosas aromáticas…
Tres ramas de lavanda con su flor violeta. El resto del arbusto es verde plateado. Le aporta un rastro de aroma.
También hay Eugenia. Arbusto de valla, pero con colores verdes y amarillos que me sirven para que el ramo coja cuerpo.
La menta está en la parte inferior. Dos ramitas diminutas pero que llenan de perfume el ramo. Lo mueves aquí y allá para ver dónde queda mejor, y dejas el rastro de esta menta dulce y fresca. Es lo más pequeño y menos vistoso, pero lo que le da el toque definitivo. Esencial.
Ramo mini para el final del verano.
—¡Corre! —Soltó sin preámbulos, casi sin aliento.
No le hice caso. Estaba a punto de comerme la última patata de la tierra…
El 23 de marzo se anunció, oficialmente, el éxito del primer viaje a un exoplaneta muy similar a la tierra, descubierto tres años antes por los miembros del Proyecto Carmenes en Calar Alto. Unos días antes del anuncio, mi amigo Alf, el que se fue a trabajar al Banco Mundial de Semillas de Svalbard en Noruega, me había enviado un paquete por mensajería urgente.
La caja contenía semillas de Patatas de la Vall de Camprodón y una nota manuscrita. El mensaje era muy breve: «Aprovecha para degustar las últimas.»
Alf sabía que me encantaban las patatas mucho antes de la plaga que acabó con la producción mundial de todo tipo de tubérculos. Se había convertido en un manjar extinto… ¿Por qué me enviaba esas semillas tan valiosas? Todos sabíamos que el Banco de Svalbard estaba fuertemente custodiado… ¿Por qué me instaba a plantarlas? ¿No sabía que era delito?
Y… ¿Por qué «las últimas»?
Tres meses después de recibir ese paquete, estoy a punto de comer una de las últimas patatas del planeta .De las originales, de las de verdad, de las de antes de la gran plaga… La planté y la he cosechado yo misma. A escondidas. Infringiendo la ley…Y, sí, tengo las respuestas a todas mis preguntas.
Nadie pensó que todo iría tan rápido. Por lo menos, ninguno de los seres humanos de base. Nadie creyó los informes de aquellos científicos… Décadas, sabiendo que el crecimiento del planeta no era sostenible. Demasiados carburantes, demasiadas emisiones, demasiado consumo, demasiado plástico, demasiadas personas…
Todo se precipitó…Como cuando algo cae al vacío, sin más parada posible que el impacto contra el suelo…Ese era el camino de la humanidad.
El día en el que se reunieron todos los dirigentes del planeta en una cumbre de urgencia, fue cuando fuimos conscientes que ya hacía dos siglos que hablábamos del “Cambio Climático”… Dos siglos sin hacer demasiado o nada para parar la caída…
Y es que “El Cambio” sucedió de forma gradual. Las estaciones frías empezaron a acortarse, el calor fue aumentado al igual que la ausencia de lluvias. Lo vivimos con una cierta desidia: mejor librarse del frio invierno y vivir nuestras eternas primaveras, abarrotando las playas, surcando los mares en cruceros masivos, visitando ríos que se iban secando y valles que se iban marchitando. La introducción de semillas transgénicas, modificadas para las nuevas condiciones climáticas, tampoco supuso ningún problema. Ya lo estábamos haciendo hacía años… Todo era rutinario, conocido, poco alarmante.
Y la tierra se nos reveló. Las temperaturas subieron y subieron y subieron…
Abro la patata cocida con mucha delicadeza. Le pongo una pizca de sal y otra de pimienta negra, recién molida. Aún conservo un frasquito de aceite de oliva no transgénico que he escondido durante un par de años para una ocasión especial. Esta se lo merece. Vierto un fino hilo del oro líquido sobre la patata…
¡Qué bien huele, por Dios!
Antes de dar el primer bocado, mi vista se dirige al horizonte. El cielo está plagado de luces. Hay muchas…Parecen estrellas fugaces pero son de color rosado y serpentean en un cielo anaranjado. Son las naves del Gran Éxodo desapareciendo de la atmósfera terrestre.
Los que nos quedamos aquí, no sobreviviremos. Los que se van hacia esa nueva tierra, no han aprendido nada.
— ¡Corre! —Mi vecino está ya en las escaleras, con una mochila colgada al hombro. -¡Podemos hacerlo! ¡Estamos a media hora de la base de lanzamiento!- Oigo gritos, pasos, carreras…Todos intentan llegar a las últimas naves con plazas disponibles.
Miro la patata humeante y le digo que me quedo…
Lloro.
Lloro de emoción.
La última patata de la tierra está divina…
¿Por qué calva?
¿Por qué no la pintan con una melena frondosa? Y…¿Por qué pintan a la Ocasión? La Ocasión…¿Se pinta?
Y resulta que La Ocasión no es un sustantivo que indica “Oportunidad que se ofrece para ejecutar o conseguir algo.”
No. Nada de sustantivos, ella es una Diosa grecorromana.

Es dicho muy antiguo, aunque inexacto. Los romanos tenían una diosa llamada Ocasión, a la que pintaban como mujer hermosa, enteramente desnuda, puesta de puntillas sobre una rueda, y con alas en la espalda o en los pies, para indicar que las ocasiones buenas pasan rápidamente. Representaban a esta diosa con la cabeza adornada en torno de la frente con abundante cabellera y enteramente calva por detrás, para expresar la imposibilidad de asir por los pelos a las ocasiones después que han pasado, y la facilidad de asir las que tenemos enfrente.
Iribarren, José Mª; El porqué de los dichos. Gobierno de Navarra. Departamento de Educación, Cultura, Deporte y Juventud. Novena edición. Octubre 1996, pág.110
Dicen las enciclopedias que es una “deidad menor” pero todo apunta a que fue la primera Diosa Punki del Olimpo.
Parece ser que otras expresiones como “La suerte le ha dado la espalda”, “Aprovechar (la ocasión) por los pelos” y “ Tener la suerte de cara”, hacen referencia a esta representación plástica y, en concreto , al peinado de la Diosa.
De frente, la podías agarrar por los pelos. No sé. Eso me duele… Pobre Diosa, ¿no?
Si los Dioses fueran más benévolos, hubiesen ideado otro tipo de peinado para la Diosa Ocasión. Uno de esos que no la deje medio calva ni dolorida por el agarrón de la otra media melena y, lo más importante, que a nosotros, los pobres humanos, nos permita, cazar la ocasión al vuelo, la mires por donde la mires.
Este podría ser.
Si alguien tiene ocasión, que se lo comente…
Como el protagonista de El Perfume de Patrick Süskind, creo que tengo hiperosmia. En realidad, la definición va muy al límite: “La hiperosmia es un trastorno que supone el aumento exagerado de la sensibilidad hacia los olores.” Al Pacino en Perfume de mujer, es capaz de detectar la marca del jabón de una mujer sentada al otro lado de su mesa en un restaurante.
Yo no creo que lo mío sea exagerado, pero sí que soy “sensible” a los olores. Detecto, a veces, olores que a otros se les insinúan levemente. Y, además, a mi memoria olfativa se le añade la retención. Retengo el olor X en mi bulbo olfativo (supongo) y debe pasar un rato para que se me “despegue” de la nariz, aunque ya esté lejos de la fuente aromática en cuestión.
Esto es bueno cuando el aroma es de los que me gustan. Es malo cuando es de los que me disgustan…

Y es que el olfato es un sentido muy interesante. Su capacidad de evocación es espectacular… El circuito se inicia cuando nuestros epitelios olfativos captan el estímulo e inmediatamente envían una señal al bulbo olfativo. Cuando el bulbo recibe la señal, la dirige al cerebro y en el hipocampo se relaciona el olor captado con un recuerdo. Si ese recuerdo nos provoca una emoción, la evocaremos casi como la primera vez que la percibimos. Dicen los científicos que se crea un registro cerebral similar al de la emoción relacionada que se percibió por primera vez con esa fragancia.
No sé si una melodía o un estímulo visual tienen tanta potencia en cuanto a lo que rememoramos, ni tanta “calidad” descriptiva…Dicen que las personas recuerdan hasta el 35 por ciento de lo que huelen y solamente el 5 por ciento de lo que ven…
También tiene su utilidad el recuerdo o identificación de los olores desagradables: reconocemos el peligro o señales de advertencia: gases, carne podrida, amoníaco, etc… y se nos activa un mecanismo de defensa natural (ante la experiencia desagradable) para protegernos.
Y todo esto viene a cuento porque he tenido una evocación infantil de placer intenso con el caldo de pollo (para el alma y para la gripe) que hace mi madre. Al calentarlo, me ha invadido el recuerdo de esos días en la cama, con un poco de fiebre ¡y que no ibas al cole!!!, con la mami preparando ese caldo delicioso, mimándome al máximo… La belleza de mi infancia, concentrada en el aroma de esa sopa, inundándome de paz y confort…
La sofisticación de la nariz es la leche…

Foto de Braydon Anderson en Unsplash
“Ver el vaso medio vacío o medio lleno”, el clásico ejemplo para describir una personalidad optimista o pesimista. También, está su versión más objetiva, la que dice que el vaso siempre está lleno, sea de agua o de aire. Una buena aportación a la positividad desde la racionalidad.
El mismo recurso se podría utilizar con una taza que es lo que yo tengo para aportar la solución definitiva al dilema del vaso: que si vacío o que si lleno.
Es la media taza. Una media taza de madera que encontré en un mercadillo y que tengo en mi casa ya desde hace unos años.

Sirve para ver el mundo siempre lleno y da igual como la mires. Ahí está, maciza y desafiante.
NB1: Quién sabe si en algún lugar del mundo, habrá otra media taza que encaja perfectamente con la mía y lo que pasa es que no es un símbolo de lo del vaso si no de lo de la media naranja…
NB2: La planta de la primera foto es la sansevieria, conocida popularmente como lengua de suegra. Es una planta de interior, muy fácil de cuidar, que ayuda a limpiar el aire de nuestra casa.
Hace muchos años, fui a una tienda de Sentidos. En ese momento, buscaba un sentido concreto y pasé de largo por secciones de sentidos que, o no estaban de oferta o no me interesaban en ese momento.
Me acuerdo de la bolsa, de sencillo papel reciclado. Como si San Antonio me ayudará en la búsqueda, la he encontrado en el armario de reciclaje de bolsas. Siempre he sentido que no debía deshacerme de ella y bien que hice porque no me acuerdo donde estaba el establecimiento y seguro que encuentro la dirección en la bolsa. Y ahí está, en un lateral, tan desteñida que me cuesta leerla.
Foto de Dmitry Mashkin en Unsplash
Sentidos Shop es una tiendecita encantadora. Al abrir sus puertas de madera vieja y decapada, me ha parecido que entraba en otra dimensión (igual lo he hecho). Decenas de estanterías de roble, ocupaban toda la estancia y, alineados en perfecta simetría, unos encantadores tarros de cristal, como los de mermelada casera, con unas etiquetas manuscritas en papel reciclado. Un neón luminoso centelleaba: “Sírvase Ud. mismo”.
He cogido una cestita de mimbre y he empezado a recorrer la tienda. Los sentidos físicos estaban en la primera planta (gusto, tacto, etc.…). Los conceptuales, en la segunda y allí me he ido. He pasado de largo la sección de “El Sentido de la Vida” y también la de “El Sentido de nuestra Relación”. En el área de “El Sexto Sentido” he caminado más deprisa, por si acaso… Finalmente he llegado a la sección de “El Sentido Común”. Mi intención era comprar las máximas unidades posibles y repartirlas a diestro y siniestro.
Foto de Darío Méndez en Unsplash
Para mi sorpresa, casi no quedaban frascos y los que quedaban estaban rotos, con fisuras y taras. Un chico con una camiseta en la que rezaba Staff se me ha acercado a preguntarme si necesitaba ayuda. Le he preguntado si podía buscarme algo de Sentido Común en el almacén o en la central (está tienda tiene filiales en otros países) pero ha negado con la cabeza.
Me he ido, con la esperanza de que pronto, recibiré la llamada de Sentidos Shop, diciéndome que tienen “El Sentido Común”disponible…
Ya os avisaré.
Muchas veces repintado…

Era de tonos dorados y cobrizos metálicos. Tuve una época muy de brillos…Este cuadro lo tenía mi madre en su casa que , igual que ella, se va modernizando a medida que va cumpliendo años. Así que, ahora, en el salón de tonos neutros el brilli brilli del pasado , no pintaba nada.
Restyling al canto.

A ver si le gusta…
30 de agosto de 2023 20:00.
Hoy, la luna estará a 357.172 km de distancia de la Tierra. La distancia entre las dos, de media, es 30 veces el diámetro de nuestro planeta. O sea, tendríamos que colocar 30 planetas Tierra, uno tras otro y así llegaríamos a la Luna. Es lo que dice la NASA para hacer más comprensible la distancia, pero, aun así, imaginándome la fila, me es imposible ir más allá de este razonamiento lógico: está muy, muy, muy pero que muy lejos …
Tan lejana pero tan conocida. Hoy es su gran día. Muchos la miramos con regularidad, pero hoy, ha sido anunciada a bombo y platillo: es la Luna Azul porque es la segunda luna llena del mes y, además, Super Luna porque está en el punto más cercano a la Tierra. Es decir, cerca para la Luna es 357.172 km.
Foto de Taneli Lahtinen en Unsplash
Voy a intentar hacer fotos en un lugar más privilegiado de lo que es habitual. No como el de la foto anterior ( ya me gustaría) pero puedo subir a una terraza despejada y con poca contaminación lumínica. Ganaré unos 10 metros de altura a esa distancia enorme.
30 de agosto de 2023 22:00
Super, el buen rato que hemos pasado en la terraza.

No era azul pero ya lo sabíamos…

He hecho otro cálculo casero: equivaldría a ir unas 1000 veces al pueblo…
