Veo como lo pintan en directo. Estoy pasando con el coche , medio contaminando ( si se puede medio contaminar), porque es un híbrido, pero veo este mural desde una carretera atestada de coches. Todos polucionando…Desde el inicio de la pandemia, es el primer día que me veo en atasco en la entrada de Barcelona, como los de antaño. Sí, ahí están pintando este precioso pájaro.
En la radio, justamente hablan de la ampliación del aeropuerto. Estoy cada vez más atascada. Ruido, motores, humo…Me pregunto si no ha llegado el momento de limitar, a nivel mundial y planetario, los vuelos y los cruceros , limitar el número de vuelos /pasaje de crucero por persona, asumiendo un peaje ecológico para salvar el planeta. Para todos el mismo. Prohibir vuelos en jets privados, en avionetas recreativas, en helicópteros si no es con fines de seguridad , prohibir barcos que surquen los mares que no sean veleros o eléctricos, o solares o a remo ( sean yates o lanchitas), las motos de agua, las motos y coches que no sean eléctricos, los cohetes turísticos para ir a la estratosfera, los buques y cargueros que transportan las mercancías de un lugar a otro del mundo, etc, etc ( incluye todo lo que combustiona). Las medidas súper drásticas, ayudarían a paliar la emergencia energética y climática que nos afecta (y afectará más) a futuras generaciones, pero , al oír el claxon del coche combustionante que tengo detrás, me doy cuenta que es del todo imposible en este sistema de “civilización” que hemos organizado entre todos porque…¿No te irías ahora mismo de crucero?
Y sé que es una medida de tiempo universal y que no hay ninguna duda de que el día 22 llega el otoño a mi entorno, pero yo sigo inmersa en un ambiente más primaveral que de fin de verano.
Será cosa del cambio climático o yo, que empiezo a tener alteraciones de percepción.
No sé, que se lo pregunten a las mariposas de este fin de semana…
Primero pensé que era algo divertido para regalar, pero alguien me dijo : “Está muy bien y es original, pero, además de la receta y la harina, los huevos , el azúcar , etc. , añade un pastel de verdad. Por si acaso…”
Y cuando recordé mis desastrosos intentos de hacer tartas durante el confinamiento, vi claramente que es una buena idea de apoyo. Por asegurar.
Cuando te preguntan ¿Cómo han ido las vacaciones? ¿Qué has hecho? , parece que sea obligatorio responder habiendo exprimido estos días al máximo , haciendo muchas cosas, viendo muchas cosas, en un continuo movimiento sanador post pandémico ( aunque sepamos que esto no ha acabado y de “post” no tiene nada). Pero este año, voy a responder que este verano “he estado”.
Es un estar consciente con el matiz más zen de la palabra. Sumergidos en los paisajes, en la calma.
Es otro año “raro” pero mejor que el anterior . Olvidamos rápidamente que podríamos estar peor y , tal vez, eso es lo que no debemos olvidar vista la cifra de contagios y hospitalizaciones.
Prudencia, responsabilidad y mucho relax.
Cuidaos mucho.
NB : La foto es de la camelia y el olivo que nos han acompañado estos meses en el blog. Sobreviven al calor y a mis cuidados. También se han pedido vacaciones…
Recientemente, he descubierto que la natación, me provoca un estado de armonía. Entro en el «submundo silente»…
En mi infancia, los niños de la familia sabíamos nadar porque en verano estábamos en la playa y nuestros mayores, salían en pequeñas barquitas a buscar mejillones y pulpos. Era primordial que supiéramos nadar porque siempre queríamos acompañarlos
Además de aprender de muy pequeña y exceptuando las clases obligatorias en el colegio, ya de adulta, me he sumergido en el agua con un afán lúdico. Pero algo ha cambiado. Hace muy poco empecé a nadar como ejercicio físico. En vez de remojones remolones , actividad con ritmo . Uno de los problemas potenciales, era la eliminación de la música o la TV tan importante para mí (necesito motivación extra) .
El ejercicio acuático se realiza en silencio así que no sabía si mi interés prosperaría, pero al empezar a tener un ritmo aceptable algo cambió. La mezcla de la ingravidez, el sonido del agua y de mi respiración me traslada a un estado de relajación que no sé describir con palabras. Los pensamientos vuelan, pero , hay un momento que todo se conecta y se desconecta a la vez, haciendo que la sensación de paz sea la dominante.
Cuando acabo, me quedo unos minutos flotando, haciendo el muerto, hasta que mi respiración se acompasa.
Bonnie Tsui, periodista , nadadora y escritora ha publicado un libro titulado “¿Por qué nadamos? “. Es un ensayo que mezcla historia, periodismo y experiencias propias buscando el por qué de ese deseo de inmersión en el agua que hemos tenido los humanos desde tiempos ancestrales.
“Son muchos quienes sienten la atracción del elemento líquido desde edad temprana: ese deslizarse hasta la gozosa inmersión, esa ingravidez creciente, ese acceso privilegiado a un submundo silente.”Bonnie Tsui
Me gustaría que pudierais captar el aroma de este sencillo ramo. No hay casi color: dos capullos de rosa que no huelen a nada, pero… tengo menta, albahaca, romero, salvia y lavanda. Todo recién cortado, con agua y un cubito de hielo.
El perfume de esa mezcla es fresco y embriagador. Me encanta manipular estas hierbas aromáticas, cuando cada semana, las renuevo.
Este ramo es un hábito recurrente. Una manía fragante. No tiene nada de negativo, al revés, pero no deja de ser un ritual personalizado y místico, para intentar que “todo esté bien” en base a una supuesta magia que atribuyo a una acción humana. Que encima, ejecuto yo…
El jarrón lo sitúo junto a una foto familiar en la que hay un ser querido que siempre tiene flores frescas en su casa. Antes, las escogía y las arreglaba ella. Ahora, ya no puede y lo hacen otros, pero, en ese hogar, sigue habiendo un ramo precioso en el salón.
Empecé a poner estos pequeños arreglos florales en mi casa, cuando estuvo en el hospital. Después del alta, lo mantuve como un “hábito recurrente”. Aunque confieso que hay otro motivo, del todo irracional. Lo admito. Será por esas casualidades puñeteras de la vida, pero si hay flores junto a la fotografía, todo va bien.
Llegará el día que todo ese ritual se desmontará, pero, hasta que llegue, me produce una sensación de paz inmensa.
Es más, difícilmente dejaré de hacerlo, aunque la realidad caiga por su propio peso y me arrebate la magia.
Habrá ramo aromático.
Es lo que tiene lo de los hábitos o manías recurrentes y bonitos…