Como dijo Chaplin, «A fin de cuentas, todo es un chiste.»
Fotos de unsplash con un toque de humor.

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Como dijo Chaplin, «A fin de cuentas, todo es un chiste.»
Fotos de unsplash con un toque de humor.

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Acabo de aterrizar, casi literalmente. Por motivos de trabajo, he ido y he vuelto. Barcelona – Milán.
Mi primer vuelo desde que el COVID irrumpió en nuestras vidas…Tras hacer acopio de los QR requeridos para viajar ( Certificado de vacunación, EU Digital Passenger Locator Form (dPLF) y el Spanish Travel Health ) , tengo ganas de que me lo pidan todo, pero en la ida, solo presentamos la tarjeta de embarque. Vale. Olé por la seguridad.
En Milán, si no lleváramos mascarilla en las reuniones , casi se parecería a la vida pre-pandemia. Ya no hay frecuencia en la higiene de manos, las distancias se han acortado caramente y el saludo del codo muchas veces se sustituye por apretón de manos y abrazos. Me encuentro con gente de muchos países y continentes diferentes.
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Hablamos del miedo inicial, de las imágenes de las ciudades en las que vivimos cada uno de nosotros , desiertas y con aspecto fantasmal. De los padres y abuelos. De los que faltan. De la vacuna ( Anotación : todos, sin excepción , estaban vacunados). Del futuro esperanzador, pero , a la vez , inquietante. De cómo fueron cambiando nuestras vidas, las de todos.
Aún con las particularidades de la gestión, ejecución y evolución de la pandemia en cada zona del planeta, los sentimientos son comunes. Todos nos reconocemos, estamos metidos en el mismo saco. Estamos igualados en las emociones pandémicas.
Agradecemos el poder volver a vernos. Hay incredulidad ¿Quién nos lo iba a decir hace un año? ¿Quién nos iba a decir , hace dos , que en algún momento lo consideraríamos impensable, incluso imposible?
A la vuelta ,en Italia, mis deseos se cumplen y me lo piden todo. QR’s aquí y allá. Y en la terminal del Prat, también el Spanish Travel Health. Bien.
Aunque todo se me ha hecho raro, me ha gustado reencontrarme con el mundo.
Todos con la misma experiencia emocional.
Para reflexionar.
Es posible que no sea nada. Es posible que mi mente , exagere. Es posible que haya visto demasiadas series sobre un futuro apocalíptico.
Es posible, sí , pero dentro del mundo de las posibilidades también tienen cabida esas extrañas sensaciones. Esas dosis de información puntual , en plan goteo, a veces inconexa, a veces relacionada.
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De la naturaleza: los volcanes, las riadas , las inundaciones, los terremotos , el deshielo , las temperaturas desequilibradas, las sequías,…
Del hombre : el acopio de recursos hasta quedarnos sin recursos , el cambio climático y la contaminación desaforada del mar y la tierra que provocamos, las políticas de confrontación, la desigualdad…
Lo curioso es que pensamos que no pasará de aquí. Que queda lejos. O peor, lo vemos pero nos sentimos impotentes.
Pero ya oímos la palabra “escasez” en los informativos : energética , de materias primas, de chips,… Hay fábricas que deben parar la producción. Nos dicen que compremos ya los juguetes de navidad. En UK, hasta el pavo .
Y, llega ese día que todo se conecta.
Ya está: el planeta no da para más.
Nosotros, tampoco.
Todas esas cosas dispersas que ocurrían y se deslizaban por aquí y por allá, se unirán y la triste realidad se parecerá a una de esas series de ficción…
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Dejo enlace a un interesante artículo de Antonio Turiel y Juan Bordera en ctxt “El otoño de la civilización (y la ruptura de la cadena de suministros)”
Mis olivas van a ser una bomba de sabores fuertes.
Tras estar en agua y sal ( con sus cambios pertinentes dos veces al día), ha llegado el momento de ponerlas a macerar.
He puesto de todo : agua, vinagre, pimentón, ajo, tomillo y romero.
Son dieciséis olivas, pero van a ser las más strong de esta zona del Mediterráneo.
Tendré que buscar conejillos de indias…
Miradla bien.
En el futuro, el hombre quiere construir bases permanentes en la luna para explotar sus recursos naturales: agua , oxígeno, metales preciosos, rocas y tierras raras y Helio-3.
Rondando a la luna, hay muchos países. Y, también, proyectos privados.
Según el Tratado del Espacio Exterior, la luna se mantiene libre para la exploración de cualquier nación con fines pacíficos.
Pues eso : miradla bien. Aún es de todos…
NB : Gibosa creciente (92%)
En las noticias y, sobre todo en Twitter, se narró el drama de la caída de Facebook, WhatsApp e Instagram. Me ha costado escribir “drama” porque la realidad pura y dura, nos indica que no hay nada de dramático en el hecho en sí mismo.
Lo realmente preocupante es la manifestación explícita de la dependencia ( en los casos extremos) y de lo conectados que estamos a todo, sin quererlo, sin ser conscientes, aunque no seamos dependientes ansiosos.
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Los sistemas fallan por lo que , es posible, que en muchas ocasiones estemos desconectados. Así que, previendo que esto se nos va a ir de las manos ( la humanidad tiene experiencia en eso) lo que debemos hacer es aprender a vivir desconectados. E ir un paso más allá : aprender a disfrutar (muchísimo) de las desconexiones…
El verbo “desconectar” se utiliza ,en sentido metafórico, cuando queremos alejarnos o aislarnos para descansar. Es más, desconectar es tan sano y necesario que nuestro cerebro ya lleva incorporadas – de serie-herramientas para una desconexión automática cuando llegamos a niveles de cansancio que no le permiten interactuar a máxima capacidad. Esa sensación de barrera y cansancio que no nos permite concentrarnos es una de esas herramientas. Al estar abotargados mentalmente, nos centramos en tareas que no requieren de un gran consumo de recursos cognitivos. Es habitual desconectar ordenando el armario : tarea sencilla, cerebro descansando.
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Al día siguiente del gran “drama”, me despierto temprano. No hay luz en casa. Corte eléctrico por avería en un transformador de mi zona. Tras la penosa búsqueda de información, descubro que tardarán en la reparación. No va la cafetera. No hay agua caliente para la ducha. Temo por lo que hay en la nevera…Como tampoco me funciona el exprimidor, me como una naranja mientras me lamento ( y maldigo, también) y, claro, no puedo evitar pensar en mi mierda de “drama”.
¿Cuántas personas hay en el mundo sin acceso a la red eléctrica? ¿Al agua potable?
En la radio, analizan con profundidad, las consecuencias de la caída de Instagram y yo solo quiero desconectar así que voy a por un armario.
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… Y que se den prisa en arreglar ese maldito transformador…
El papiro Ebers (“Libro de los remedios”) es un tratado egipcio de medicina del siglo XV a.C. que hace mención del aloe vera. Y la primera descripción de sus propiedades, se encuentra en una tablilla sumeria del año 2.000 a.C.
Prácticamente todas las civilizaciones , a lo largo de la historia, lo han utilizado con fines sagrados, medicinales, decorativos, comerciales…
Miles de años después y a miles de kilómetros de su origen, aquí está.
La planta de la inmortalidad es inmortal…
Este el olivo que , junto la camelia, me ayudaron en la pandemia. Las fotos, el riego, la información sobre cada planta… Fueron ratos de distracción.
Ahora, el olivo me regala su fruto. Encima, es agradecido.
Tengo dieciséis olivas.
Pronto las podré recolectar y prepararlas para su consumo. Teniendo en cuenta la cantidad , será un placer muy breve, aunque espero que intenso, pero para eso, hay que hacer cosas: no es recolectarlas y ya está.
Inicialmente, las olivas son amargas. Sé que para sacar su amargor tengo que hacerles unos pequeños cortes y ponerlas en agua y cambiarla cada día. Tras quince días, las he de dejar o en salmuera ( agua y sal) o en una “combinación” de ingredientes .
Elegiré sal, pimentón, vinagre y aceite ( de oliva, por supuesto) y las dejaré un tiempo en un lugar fresco y oscuro para que se impregnen de sabor.
Eso es lo que les va a pasar en el futuro. Me voy a esperar a recolectar que estén menos verdes…
Mientras tanto, miro el olivo y pienso en lo raro que ha sido todo en estos tiempos pandémicos. El miedo, primero. La incertidumbre y después, la costumbre.
El tiempo ha pasado y todo sigue su curso. Y afortunadamente, aquí estamos para disfrutar de estas dieciséis olivas…
To be continued.