Píldoras navideñas.

Personalmente, creo que aún hay tiempo para la Navidad, pero, no sé qué pasa, que hay como un acelerador de días, escondido en alguna parte, que hará que no me dé cuenta y ya esté aquí.

Para una buena adaptación, ahí va una dosis de fotos navideñas.

Foto de erin mckenna en Unsplash

Foto de Mel Poole en Unsplash

Fotos de Annie Spratt en Unsplash

Foto de Kier in Sight Archives en Unsplash

La zona de en medio.

En el centro y si quieres, un poquito hacia la derecha o un poquito hacia la izquierda o un poquito hacia arriba o un poquito hacia abajo, pero poquito.

Ahí donde los opuestos no se tocan, justo en el lugar donde no es necesario escoger un bando porque la cosa reside estar en el punto medio, buscando un equilibrio difícil mientras los de los extremos tiran, cada uno para su lado, intentando polarizar y sus sinónimos:  dividir, divergir, discrepar, diferenciar, separar.  Y pocos sistemas evolucionan así, más bien, involucionan. Ahí, en ese punto central, es donde se refugia el diálogo, el debate , la empatía y esa energía transformadora que solo aparece cuando hablamos, de verdad.

Y creo que es, en esa zona de en medio, donde estamos la mayoría.

Tengo la esperanza que habrá un día, en el que nos daremos cuenta de nuestro poder. El de los de en medio…

NB : Foto generada por IA.

El abridor.

Hace tiempo que tenía pendiente un día de orden y concierto en la cocina. Sacar todo de los cajones, limpiar, seleccionar y ordenar.

Al fondo de un cajón, encuentro un viejo abridor. Es uno de esos objetos sencillos y viejos que siempre me resisto a tirar. Tiene forma de fruta o hortaliza, porque nunca he sabido que era esa figura de madera. La parte metálica funciona como un reloj suizo de precisión. Hay abridores que se deben reposicionar o con los que cuesta encajar la pestañita en la chapa, pero este no. Se adapta a la perfección y a la primera.

Su ubicación original era junto a la nevera, en una estantería, para que la operación de “coger botella-abrir botella” fuera fácil y ergonómica. A su lado, había un recipiente de latón dónde se tiraban las chapas.

Este abridor con forma desconocida pero amable, lo han tocado muchos amigos.

Ha estado en muchas celebraciones, de las importantes y de las que solo son por reunirse sin motivo alguno. Ha funcionado en verano e invierno. Con cerveza, cola, naranjada, limonadas, agua con gas, bitter y todo lo que se dejara abrir.

No he podido incluirlo en la selección de utensilios que no utilizo para tirarlo porque, es verdad, hace tiempo que fue remplazado por un abridor-imán que está en la puerta de la nevera, pero su uso continuado año tras año, le da la categoría de abridor legendario de la familia.

Lo dejo en la vieja estantería. Por la tarde, con la cocina ordenada y la satisfacción de haber cumplido con mi objetivo a lo Marie Kondo, decido tomarme un agua con gas, con mucho hielo. Veo el viejo abridor, y en vez de utilizar el que está en la puerta de la nevera, abro la botella con él. 

Al oír el chasquido del gas que se escapa, como si de un conjuro se tratara, se abre un mundo ante mis ojos. Son comidas, cenas, conversaciones, fiestas, momentos familiares…Desfilan ante mis ojos, un sinfín de escenas preciosas por la gente que hay en ellas. Cuando suelto el abridor, todo desparece. Me queda una sensación de paz inmensa. También de alegría. 

Cojo otra botella y la abro. Se suceden más momentos felices y agradables que configuran mi vida. Y sigo abriendo todo lo que hay en la nevera, asombrada por la cantidad de cosas que había olvidado y, también fascinada, porque la mayoría de las veces, las cosas más maravillosas son muy simples: conversaciones agradables, emocionantes y divertidas, abrazos, juegos, risas, bailoteos…

No puedo desprenderme del abridor con forma de hortaliza desconocida. Está en la estantería, en el lugar que le corresponde al lado de la nevera y cuando tengo algún momento de bajón, allí me voy y abro mi mente a los momentos felices olvidados.

Bola o piedra.

Era un día normal, de los de rutina. Aquel hombre agradecía ese devenir sin cambios. Los cambios podían proporcionar alegrías pero, también, sustos y él había conocido más de lo segundo que de lo primero así que el famoso “No news,good news” era su slogan preferido.

Pero, aquel día iba a ser de todo menos rutinario. En la mesa de su anodino despacho, se encontró un pisapapeles en forma de bola de cristal. El hombre preguntó a todo el que encontró en la oficina, pero nadie sabía de quien era aquel objeto. La luz incidía en el centro e irradiaba rayos luminosos que lo hacían todo más bonito así que decidió dejar el pisapapeles y devolverlo a su propietario en caso de que alguien lo reclamara.

Después de comer el menú en el restaurante de siempre, el hombre volvió a su despacho. Para su sorpresa, al lado de la bola de cristal, había una piedra de color marrón. También podía ser un pisapapeles– pensó. Volvió a preguntar al personal de su planta, pero nadie sabía de quien era aquella piedra. No era muy bonita, pero, al suponer que también tendría un dueño, la dejó encima de una columna de papeles que siempre volaban al abrir la ventana.

Por la tarde, ya casi a la hora de fichar, se fue al tablón de anuncios. Había impreso un folio, notificando donde estaban esos pisapapeles, por si alguien los buscaba. Entonces, se percató del silencio, anormal en aquel horario. No había nadie. Estaba solo. El hombre miró su reloj y después, aquella sala vacía. Algo le llamó la atención: una luz brillaba en su despacho.

Alguien había colocado la bola de cristal y la piedra marrón en el centro de la mesa. También había una nota caligrafiada.

Puedes elegir uno de estos dos objetos: la bola de cristal que adivina el futuro o la piedra,esa con la que van tropezando los seres humanos a lo largo de la historia”.

Abrió la puerta para mirar si había alguien gastándole una broma, pero la oficina seguía vacía. Sin sonido, sin una brizna de aire en movimiento. Parecía que el tiempo se había detenido. Y sin saber por qué, el hombre creyó que la bola era mágica y la piedra era la famosa piedra, así que tenía que elegir entre ver el futuro o no volver a equivocarse.

Se fue con uno de los objetos dentro de su maletín y al salir, vio a todo el personal del departamento, trabajando, casi a punto de finalizar su jornada. 

Al cabo de una hora, el hombre feliz con su rutina se dirigió al aeropuerto.

Antes de la detención, los testigos confirmaron que el hombre estaba muy eufórico, un poco fuera de sí. Vociferaba, pero casi no se le entendía, que tenía la solución para no volver a cometer los errores que la historia nos enseña que no debemos repetir, que si el fin de los conflictos, que la paz mundial, bla, bla, bla. Lo peor fue cuando sacó una piedra de su maleta y quiso entrar en el edificio con ella en la mano, en alto. Al intentar reducirlo, la piedra impactó contra la colosal escultura de Poseidón que decoraba el vestíbulo.

Mientras el detenido esperaba la tramitación de la extradición a su país, se le hizo un examen psiquiátrico para valorar su grado de peligrosidad. 

El hombre explicó que tenía que elegir entre ver el futuro o no equivocarse nunca más pero que, por una vez en su vida, decidió no seguir las normas y no quedarse solo con una opción.

Miró la bola de cristal y vio el futuro. Después, aún conmocionado por la visión, cogió la piedra y se fue, directamente, al aeropuerto.

Su destino era la 405 E 45th St. de la ciudad de New York, la sede de la ONU, Organización de las Naciones Unidas.

Quería que tuvieran la piedra…

NB 1 : “El hombre es el animal que tropieza dos veces en la misma Piedra” del historiador griego Polibio.

NB 2 : Significado: El ser humano no siempre sabe discernir conforme a la razón y por esa causa no aprende de la experiencia y vuelve a equivocarse en una situación semejante. (Centro Virtual Cervantes)

Muy vintage.

Foto de Pierre Bamin en Unsplash

Pues vayamos avanzando hacia la Navidad. Parece un tiempo en el que la gente está de mejor humor, hay lucecitas, regalos, reencuentros y días de vacaciones. 

Foto de Sebastian Fröhlich en Unsplash

Y, en algunos sitios, abetos iluminados gigantes que compiten a ver quién lo tiene más grande. 

Foto de Scott Webb en Unsplash

El arbolito debería recordarnos aquello de “Al mundo entero, hoy quiero dar, un mensaje de paz y junto al árbol revivir la alegre navidad”. Para quien lo haya tatareado en su memoria (delata la edad; -), es el anuncio de Coca Cola de 1972 con su famoso slogan “La chispa de la vida”.

Puede ser cursi pero no desfasado. Es vintage. Pero lo más remarcable es que seguimos así, necesitando mensajes de paz. Lo podrían reeditar en versión actual sin problema.

En fin, a ver si llegan los días de buena sintonía y chispas de vida y paz…

Foto de Frédéric Dupont en Unsplash

Foto de Ron Smith en Unsplash

NB : Todas las fotos de Unsplash.

Mente cuadrada.

Cabeza cuadrada, según la RAE, se refiere a una persona metódica y demasiado obstinada.

En cambio, no he encontrado en la Real Academia, la expresión Mente cuadrada que es el título de este cuadroY aunque no esté recogido oficialmenteexiste un significado asociado que casi todos reconocemos: alguien poco flexible, con unas ideas o comportamientos rígidos que es difícil cambiar. Tener la mente cuadrada, no es malo en sí mismo. Lo que lo hace un rasgo negativo es el marco cuadrado en el que se ancla esa mente. Si se es una mente cuadrada en lo referente a la ecología y a la sostenibilidad, es un atributo positivo. Si, en cambio, por poner un ejemplo, la mente cuadrada no acepta la diversidad de pueblos y razas y solo es buena opción su pueblo y su raza, es un atributo negativo. Desgraciadamente, cuando nos referimos a mentes cuadradas que no cuadriculadas, no nos referimos a lo bueno. 

Si algo vas aprendiendo, de la naturaleza, del ser humano y de la vida en general es que hay cambios. Muchos, pocos, buenos, malos, pero nos enfrentamos a situaciones nuevas en contextos nuevos que solo podemos superar si nos adaptamos, cambiando al más puro estilo Darwiniano y ahí, de nada sirve ser cuadrado. 

Esto es un cuadrado compuesto por círculos.

Evolución. 

Señales arbóreas.

Los árboles me envían señales. Y, además, causalmente, llevo la cámara de fotos encima cuando se muestran.

Son mensajes positivos por lo que me es fácil creérmelos y creerme, también, que son presagio de tiempos mejores.

Lo sé. Estoy a un par de fotos más, de vestirme con una túnica e irme a pasear por los bosques.

Hace un tiempo, fotografié un árbol sonriente. 

Ahora, el mensaje me lo envía un olivo, el símbolo de la concordia por excelencia.

Un corazón leñoso y robusto en su tronco. 

Esos jerséis que utilizaré tan poco…

Es otoño, pero mis ramos caseros tienen más pinta de verano.

Lavanda, buganvilla y eugenia myrtifolia.

Este arbusto es el único que amarillea y me recuerda que tengo esos jerséis de lana en el armario que no me voy a poner nunca , si no es que busco el frío en otro lugar…

No hay que olvidar.

Son tiempos en los que la razón y el optimismo se van diluyendo y la impotencia y la tristeza se imponen, como una realidad aplastante.

La esperanza vaga por el mundo debilitada. Lo último que se pierde es, justamente, lo único que no podemos perder pero nos lo están poniendo muy difícil.

Hoy, he colgado en la pared, al lado del rosal, dos invocaciones a la concordia. La rama de olivo y el símbolo de la paz.

Mi yo pragmático me dice que no sirve de nada.

El otro yo, el que aún tiene esa mínima esperanza, casi sin batería y a punto de apagarse, me dice que sirve para no olvidar . Nos estamos acostumbrando. Casi , normalizando.Estamos asistiendo a guerras en directo, con miles de vidas perdidas en todos los bandos de todas las guerras. Adultos y niños. Los hijos inocentes de esta humanidad. Nuestros. De todos.

Me dice que cuando la rama de olivo esté seca, la sustituya por otra fresca. Que no me importe que el símbolo de la paz se oxide ,lo puedo pintar.

Pero que no olvide…

Rosa.

Tengo un pincel.

No recuerdo como llegó a mi bote de cristal, el de los pinceles viejos pero eso es normal, ya no me acuerdo de muchas cosas por culpa de la medicación que me obligan a tomar.

Me han dejado quedármelo…

Este pincel es peculiar.

Todo lo que pinta, lo hace de color de rosa. No importa que tono elijas: blanco, azul, incluso negro. El pincel sólo pinta de rosa. Nadie me cree . Descubrí su singularidad un día que se me cayó al suelo, encima de mis zapatos. Se volvieron de color rosa.

 

Miré el pincel, confundida, y me acerqué al vestido de tul blanco que colgaba de una percha. Le di un toquecito con el pincel y…rosa.

Pensé que eran imaginaciones mías. Me dirigí al salón. Allí, en el sillón descansaba la colcha de ganchillo que me había hecho mi abuela. Era de un color crema,  desvaída por los años. Yaya, ¿Te gustaría de color rosa?

En la cocina, había dejado unos sorbetes de limón, para que se atemperasen un poco.

Y tenía una rodajita de limón para decorarlos…Venga.

El pincel lo pintaba todo de rosa. Pinté  la cama, el iPad, la televisión, el microondas, mi pelo, mi piel… Y, entonces, se me ocurrió una idea maravillosa.

¿Por qué no pintar mi vida de rosa?

Y lo hice pero nadie me creyó. Nadie.

Sí, yo soy esa mujer que se ha hecho viral en TikTok, la que va vestida de rosa y que lleva un pincel en la mano que no suelta jamás. Tengo ilusiones y expectativas. Soy optimista. Todo irá bien, ya lo verás. Siempre sonrío, me paro a deleitarme con los pequeños detalles de la vida y  es posible que, si me dejan, hasta les de una pincelada de rosa.

Ahora, estoy aquí, entre cuatro paredes blancas y acolchadas pero, oye, son blanditas y eso está bien. Y me han dejado quedarme con el pincel. He oído como susurraban que no se puede considerar una herramienta peligrosa. ¿Peligroso un pincel que lo pinta todo de rosa?…¡Vamos, hombre!

Ahora que me miro esta habitación, mejor que le de un poco de color y pinte una ventana, para que sea más agradable.Esto lo soluciono yo con cuatro pinceladas . También pintaré esta camisa de rosa aunque me va a costar un poco más, con las manos atadas a la espalda.

 

Final Rosa

Nadie sabe como ha podido pasar. Se ha prohibido hablar del incidente pero todos saben que la habitación de aislamiento ha amanecido de color rosa. La camisa de fuerza,  del mismo color, estaba tirada en el suelo. En un rincón, un dibujo de una ventana, también rosa.

N rastro de la extraña mujer, la que llamaban «La del pincel» .

Había desaparecido.