El “ti-tu, ti-tu”…

Creo que la zona cercana a la ventana de mi dormitorio tiene una acústica increíble para insectos y pájaros. Por lo que sea, debe reunir las condiciones físicas y ambientales adecuadas para que los sonidos se amplifiquen.

Lo que me tiene desconcertada es que atraiga a criaturas de cantos monótonos, monocordes y continuos. Me pasó con la cigarra del verano y, ahora, repito con el carbonero común de la primavera.

Este precioso pajarillo emite un canto tipo “ti-tu, ti-tu” para atraer pareja y marcar territorio. Lo hace a una hora temprana, cuando más silencio hay en la calle.

La intensidad es máxima, y se ha venido arriba.
El carbonero común que resuena en mi ventana a las seis de la mañana no es común. Se cree que es un Pavarotti con plumas…

No es mi intención silenciar a la naturaleza, pero, si no encuentra pareja pronto, le agradecería que cambiara de horario y lo retrase un par de horas.

Lo malo es que no sé cómo decírselo.
A ver si encuentro el código oculto en el “ti-tu, ti-tu”…

No me lo creo.

Cuando me dijeron que existía esa tienda, no me lo creí.
Tampoco me creí las instrucciones: si conoces la ubicación —que es efímera y cambia constantemente—, debes ir al lugar exacto.
Una vez allí, no todo el mundo ve lo mismo. No me preguntéis por qué; nadie lo sabe. La teoría que circula es que la tienda detecta si, de verdad, crees en lo que allí se vende.
Si es así, la tienda se llama “NO ME LO CREO”, y los frascos contienen un ingrediente secreto que te permite no creer en nada de lo que te indigna o te duele.
Si vas en plan escéptico, el rótulo reza “NO TE LO CREES” y, en los frascos, solo hay golosinas.
Así que, si eres un crédulo honesto y has conseguido uno de los frascos, ya puedes vivir tranquilo.
Yo soy el ejemplo.
Me dices que me haga con un kit de supervivencia por si hay una guerra, y no me lo creo. Me dices que unos cuantos locos idiotas gobiernan el mundo, y no me lo creo. Me dices que nunca habrá paz, y no me lo creo.
No me digas nada que me duela, porque como no me lo creo, no me preocupa.

La piedra

La piedra está harta. Décadas, siglos, milenios viendo cómo la humanidad tropieza con ella una y otra vez.

Tropezamos. Siempre con la misma piedra. Le hemos puesto nombres: ideología, religión, patria, mercado, orgullo, algoritmo. A veces la pintamos de colores y la llamamos bandera.


Podríamos aprender. Podríamos esquivarla. Pero preferimos tropezar con estilo, grabarlo en TikTok y culpar al suelo.

La piedra no se mueve.

Nosotros tampoco.

Ha decidido camuflarse , a ver si hay suerte…

El día de la liberación

Por mucho que se empeñen, el día de la liberación, como tal, no existe en un día como hoy, 2 abril.

Por si acaso, se lo he preguntado a Grok, y me dice esto:

El «Día de la Liberación» el 2 de abril no parece ser una celebración ampliamente reconocida o establecida a nivel global o en un contexto histórico/cultural específico basado en la información general disponible. Sin embargo, podría estar relacionado con un evento local, regional o conmemorativo que no es de conocimiento común o que tiene un significado particular en un lugar específico.

Así que he creado “El día de la liberación de las flores”, que es primavera y el mundo es bonito.

Aquí, liberándose…

El bosque.

Photo by Evgeni Evgeniev on Unsplash

Desde arriba, el bosque se ve precioso. Copas frondosas, árboles de todos los colores, un cielo azul al que le puedes dar un mordisco… Un espacio, desde el que, ni queriendo, puedes ver lo que hay abajo.

Photo by Casey Horner on Unsplash

Desde esa altitud privilegiada, se toman decisiones y se gestionan los recursos del bosque y de la gente que lo habita.

Photo by Tuce on Unsplash

Y, allí abajo, la gente hace malabarismos para cuidar su bosque.

Y, allí arriba, los árboles no dejan ver el bosque.

Llámalo bosque, llámalo mundo…

Wool not War.

Todas las armas, hechas de ovillos de lana.

Tanques, pistolas, granadas.

Batallas.

“Wool not War” por la artista digital Ovila Lanö

@Ovilalano

Imagínatelo.

Me imagino a mi madre, esta mañana, que ya estará con sus amigas , en el súper de turno y carrito en mano, preparada para hacer acopio de existencias.

Lo ha visto en las noticias: hay que preparar un kit de supervivencia.

Me pregunta si va a haber una guerra.

Imagínatelo.

Ya hay guerras pero están lejos…

Eso no se lo digo. Le digo que tranquila, que nadie está tan loco como para llegar a eso pero el telediario , me quita credibilidad.

Dudo y lo nota.

Me dice que no me preocupe, que ella comprará los kits de supervivencia para todos. Esta decidida. Menos lo del agua, que me pide que lo haga yo online porque se puso ósmosis para no tener agua embotellada y mira ahora.

Y no le digo que no a nada aunque no me puedo imaginar que vayamos a necesitar el kit ( me cuesta volver a escribir «de supervivencia» ) pero ¿era imaginable todo lo que está pasando ahora mismo en el mundo?

Al despedirnos, me da una radio porque ella tiene varias.

Dicen que será útil para estar informados en caso de necesidad.

Imagínatelo…

Prefiero que al poner esa radio suene este otro Imagine.

Grandpa Elliott con su armónica, Clarence Bekker desde Amsterdam y el propio Lennon , a partir del minuto 3:06.

Hay que añadirlo al kit, es necesario para la supervivencia…

Otra de esas joyas de Playing for Change.

Imaginad

Imaginad que no hay paraíso
es fácil si lo intentáis
ni infierno a nuestros pies
en lo alto solo el firmamento
imaginad todo el mundo viviendo el hoy.

Imaginad que no hay países
no es difícil hacerlo
nada por lo que matar o morir
y tampoco religiones
imaginad a todo el mundo
viviendo su vida en paz.

Diréis que soy un soñador
pero no soy el único
quizá algún día os suméis a nosotros
y el mundo será de todos.

Imaginad que no hay propiedades
me pregunto si podréis hacerlo
que no tiene por qué haber avaricia ni hambre
una hermandad humana
imaginad que todos compartimos el mundo.

 

«Mafalditis Primaveral»

Esto de la Mafalditis es crónico. No es tan frecuente como yo quisiera pero, por lo menos,   es cíclico y aparece de vez en cuando , por sorpresa o bien, soy yo la que busca el contagio.

Ahora, toca el de la primavera.

A Mafalda, le fascina la primavera.

Dice de ella que es «lo más publicitario que tiene la vida». Genial reflexión.

En su casa, ya se están preparando para el verano. Es lo que tiene la primavera, lleva asociada la pre- operación bikini .La reflexión de Mafalda coloca esas carnes en su sitio…

Feliz primavera a todos! Que sea muy, muy, publicitaria…

Kintsugi .

El Kintsugi  (en japonés: carpintería de oro) o Kintsukuroi  (en japonés: reparación de oro) es una técnica de origen japonés (S.XV) para arreglar fracturas de la cerámica con barniz de resina espolvoreado o mezclado con polvo de oro, plata o platino. Forma parte de una filosofía que plantea que las roturas y reparaciones forman parte de la historia de un objeto y deben mostrarse en lugar de ocultarse, incorporarse y además hacerlo para embellecer el objeto, poniendo de manifiesto su transformación e historia. 

Yo lo he hecho con un jarrón chino. Si, uno de esos grandes jarrones, llenos de colores brillantes y figuras de dragones en relieve. Uno de esos que nadie sabe dónde ubicar… Este llegó a mi vida hace muchos años. Mi padre era médico y un paciente muy agradecido con su atención, le regaló un jarrón chino en los años 70. En aquella época, era un objeto de decoración muy valorado. En nuestra casa, el jarrón chino nunca cuajó, pero, mi padre, que le tenía especial estima a la familia que se lo había regalado, no tuvo el valor de deshacerse de él u ocultarlo. Estaba en un rincón de su despacho. Disimulado…

Así que aquel jarrón, nos fue acompañando en las mudanzas y los cambios de domicilio hasta el momento en el que mi madre, ya cansada de aquel festival de colores brillantes y lacados y aprovechándose de mi independencia,  me pidió que me lo llevara. Mi padre me dijo : “Pero no lo tires”.

En mi casa, estuvo escondido en un trastero, acumulando polvo y años…

Un día de esos de “orden y concierto”, me puse a arreglar el trastero y apareció el jarrón. Seguía sin gustarme, pero, el tiempo, le había dado un valor incalculable. Una cualidad diferencial importantísima: mi padre, ya no estaba con nosotros y ese jarrón chino , me conectaba a él, a nuestra historia. No pude tirarlo. Lo hice mío con pintura de pizarra, que siempre se puede eliminar y lo coloqué en mi despacho. Sé que, a mi padre, le hubiera gustado…

Hace unos días, se rompió. Mi familia consideró que ya había llegado el momento de decirle adiós, pero, de nuevo, yo me vi incapaz de deshacerme de él. Y, entonces, leí un artículo sobre el Kintsugi.

Vuelve a estar en mi despacho, pintado de blanco pizarra y con una intervención en pintura de relieve color oro, para ser fiel al concepto del Kintsugi . Cuenta una historia, llena de afectos y dice , en blanco y oro,  lo mucho que echo de menos a mi padre.

Y, quiero decirte, que no, no lo he tirado…

 

Volar.

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Hay momentos en los que deseo volar. Me da igual si es con un par de alas que emerjan de mi espalda de forma indolora o con una capa como la de los súper héroes.

También podría ser, por qué sí : simplemente extendiendo los brazos y estirando el tronco y las piernas.

Hay quien lo consigue, sólo cerrando los ojos…

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La huida, por eso, debe ser por el aire. Surcando cielos azules, atravesando nubes algodonosas o guiándose por el fulgor de las estrellas. Me llevaría música…

Si pudiera volar, emprendería un viaje. Escogería un desierto, blanco, de sal. Uno de los más grandes del mundo.

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En ese desierto, después de haber llovido, la cuenca acogerá una fina capa de agua y por un tiempo, nacerá un lago superficial de aguas cristalinas que reflejará el cielo y parecerá el cielo.

Sera el mayor espejo natural que se divisará desde el espacio.

Y es que esta ruta que uno emprende, requiere de un espejo. Un lugar dónde pararse y mirarse, de verdad.

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Después, el clima árido evaporará el agua y se precipitará la sal que dará lugar a un gran desierto blanco y enorme.

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Estos son viajes que sirven para volver. El camino que se emprende tiene como único objetivo recalar, de nuevo, en el lugar del que vienes, en el que habitas.

Y, vuelves, sin olvidar ese espejo en el que te miraste.

Y sin olvidar lo que viste en él.

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Fotos de Takaki Watanabe

NB : Imágenes del Salar de Uyuni en Bolivia. Es uno de los lugares más evocadores y misteriosos del planeta, el salar más grande del mundo con 12.106 kilómetros cuadrados de extensión. Esta gran concentración de sal está situada al suroeste de Bolivia, se formó por la evaporación de antiguos mares que bañaban el continente americano en épocas remotas. Está conformado por aproximadamente 11 capas de sal, cuyo espesor varía entre los 2 y 10 metros. Adicionalmente este Salar se constituye en una de las mayores reservas de litio del mundo y está situado a una altura de 3700 m.s.n.m.