Dos nubes, un poco de viento y cuatro fotos…




No hace falta mucho más , para ser espectador privilegiado de una historia de amor…en el cielo.
Dos nubes, un poco de viento y cuatro fotos…




No hace falta mucho más , para ser espectador privilegiado de una historia de amor…en el cielo.

Preparando la maleta y vaciando el bolso de cosas no imprescindibles para el viaje que iba a realizar, decidí dejar en casa mi agenda. Es una pequeña agenda “física”, no muy grande pero abultada. Tiene sus anillitas, sus apartados anuales, mensuales y notas. En esa agenda están señaladas las fechas importantes que debo tener en cuenta, las contraseñas y passwords de las cosas que no utilizo habitualmente pero que, a veces necesito, notas y recordatorios… ¿Qué por qué no me lo paso todo al teléfono? Pues no lo sé. Creo que soy de la vieja escuela analógica y aún debo escribir (a mano) para recordar.
El tema es que no es una agenda cualquiera. Es: “La Agenda”. Decidí no dejarla a la vista y, en un acto de máxima estupidez, elegí un lugar no habitual. Es más, pensé: “Aquí nadie la podrá encontrar”. Y digo de máxima estupidez, porque siempre que he hecho esto a solas, no ha funcionado. Si hay alguien en casa, le notifico el lugar en el que he depositado el objeto en cuestión y así, si yo lo olvido, tengo quien me lo recuerda, pero…esta vez, estaba sola. Y lo hice.
¿Por qué siempre el mismo error, si sé que hay posibilidades de que no me acuerde? No tengo la respuesta… ; – )
A la vuelta del viaje, busco la Agenda y…no encuentro la Agenda. Casi (el casi es definitorio en esta situación) estoy segura del gesto que hice y dónde la dejé, pero… No está. Desordeno y vuelvo a ordenar. Vacío bolsos y cajones. Doy dos pasos hacia atrás y me concentro en San Antonio, pero, pasan las semanas y mi “La Agenda” no aparece.
Ayer por la tarde, me llega el Recambio 2018 que he comprado online. El fajo de hojitas que me sitúan en el año próximo, hace evidente que yo no tengo La Agenda. Y, vuelvo a empezar. Abrir, cerrar, palpar, apartar…Recuerdo el post que escribí sobre este tema hace un tiempo y pienso en que mis neuronas no se están conectando para recordar el dónde, pero me hace rememorar a San Cucufato y la oración sádica para encontrar objetos perdidos así que me encomiendo a San Cucufato.
De repente, me voy de la estancia en la que estaba “casi” segura que había dejado La Agenda. Voy diciendo lo de San Cucufato (pobrecillo). Reviso unas estanterías de libros, muevo algunos marcos de fotos, pero San Cucufato me dice que me gire y mire en el interior de la cesta de mimbre que hay en una mesa auxiliar.
Y, sí, ahí está. Abultadita y preciosa. Con las hojas viejas y manuscritas con mis anotaciones. La Agenda…
Así que, he cambiado de bando y ya no soy de San Antonio. Ahora, soy muy fan de San Cucufato…
El huerto se está poniendo en modo otoño. Abonado y con nuevas plantas de rúcula y unas lechugas.
La albahaca, el perejil y la fresa son los antiguos inquilinos que, este año, han aguantado el tipo…

He decidido que la fresa campe a sus anchas. Ha desarrollado esos tallos que parten de la planta madre y que se llaman “estolones”.

Ese tallo es como un detector del lugar en el que va a crecer la nueva planta de fresas. Buscará el lugar adecuado a la distancia adecuada y, ahí, tendré una nueva planta de fresas para la temporada que viene. Mi planta, ya lo ha hecho.

Esos sí, algunos de esos estolones, han tomado orientación “salto al vacío” y están yendo de cabeza al suelo empedrado. Igual encuentran la pequeña franja de tierra que hay unos metros más allá. Los voy a observar: o son estolones tontos o estolones exploradores…Ya veremos…

Este fin de semana he sucumbido a mi credulidad en las predicciones meteorológicas que ya creía superada, la verdad. Ante la casi-segura-tormenta que iba a caer en la zona dónde yo vivo, modifiqué los planes previstos.No sólo yo adapté mis actividades a una casi-segura-acción-imposible-en-el-exterior, sino que lo comuniqué a todo mi entorno: va a llover mucho. Tormenta, segura.
El sábado por la mañana, me despierto con un día radiante. Un sol precioso y una temperatura agradable. Ni rastro de nubes en un cielo de un azul denso y brillante…Pero ¿no iba a llover tantísimo desde primeras horas de la mañana? Esto me lo preguntan a mí, que soy la que ha pregonado el parte meteorológico por doquier, aquí y allá…
Así que cuando, a las siete de la tarde, oigo los primeros truenos, me alegro. Cuando se empiezan a hacer más fuertes, más alegría. Después, veo los rayos, en una espectacular tormenta eléctrica que me hace pensar en lo bestial de esa fuerza de la naturaleza. El viento empuja. Salgo con la cámara para intentar captar alguno de esos rayos. Imposible. Nunca estoy preparada cuando aparece esa línea dentada de luz.

Llueve. Primero, unos diez minutos con intensidad. Después, sólo se oye el goteo débil del agua que aún no se ha depositado en el suelo…. Y ya está…
Una casi-tormenta…
No es culpa suya, son predicciones… La culpa es mía que voy y me las creo…
NB : Predecir : Anunciar por revelación, conocimiento fundado, intuición o conjetura algo que ha de suceder.
Viene de La Luz.
Primero la vi en la lámpara. Era una silueta con forma de pequeña mariposa que se apreciaba, translúcida, detrás del papel iluminado. Allí estuvo un par de días hasta que la vi en la pared. Inmóvil. Blanca.
Busco información y descubro que está polilla blanca es un lucípeto ya que muestra una fototaxis positiva, o sea, se siente atraído por la luz. En realidad, tengo ante mí a uno de esos tantos prodigios de la evolución: va hacia la luz porque su guía es (o era) la luz de la luna y de las estrellas. Se movía por la noche, guiada por el rastro de luz lunar que, además, organizaba el sistema migratorio de su especie…

De repente, aparezco yo , un animal depredador con una lámpara del IKEA, y le desconfiguro , completamente, su GPS interno.
Ella va hacia la luz, sólo que es la luz incorrecta.
Perdóname…
Mientras fotografiaba esta luna, mis vecinos estaban celebrado una fiesta de Halloween. Veía el titilar de las velas y oía las risas y grititos (se estaban dando sustos) de los invitados. El tiempo, suave y cálido de Barcelona, permitía que estuvieran al aire libre. Muertos de risa.

Confieso que, a eso de las ocho de la noche, al salir a sacar la basura, me ha impresionado ver a una persona disfrazada de Frankenstein (o intentándolo) y, después, ver bajar del coche a uno que conozco que se ha colocado una sábana blanca por encima de la cabeza, agujerada en los ojos. Me ha saludado y he comprobado que no sabía por dónde sacar los brazos…La anfitriona, que siempre va de punta en blanco, ha aparecido con ropa rota, despeinada y maquillada tipo zombie… Ha guiado al fantasma que, ya no tenía bien colocada la zona de visión, e iba dando tumbos.

Si alguien se pregunta por qué Halloween triunfa mucho más que “Todos los Santos”, la respuesta la tiene en la fiesta y las risas…
Espero que el fantasma, haya llegado bien a casa… ; – )
El ser humano es tan simple, en su complejidad, que es necesario alejarlo de su zona de confort para que aprecie las simplezas que configuran su mundo.
Esa distancia, que franquea la comodidad, se convierte en un poderoso altavoz de lo fantásticas que son esas rutinas, a las que no se da importancia porque están ahí siempre y creemos que siempre estarán ahí.
Y hablo de las cosas más tontas…

El café con leche, por la mañana, hecho como a ti te gusta.
La lectura del periódico mientras lo paladeas y las neuronas se van encendiendo.
Tu cama.
Tus sábanas.

Tu almohada.
¡Qué maravilla!

No hay quien se libre de ella. Levantar la vista y ver el inicio de la luna creciente … Siempre igual, esté donde esté.
Siempre preciosa, esté donde esté.
Esta, es italiana…

«Seis hindúes sabios, inclinados al estudio, quisieron saber qué era un elefante. Como eran ciegos, decidieron hacerlo mediante el tacto. El primero en llegar junto al elefante, chocó contra su ancho y duro lomo y dijo: «Ya veo, es como una pared». El segundo, palpando el colmillo, gritó: «Esto es tan agudo, redondo y liso que el elefante es como una lanza». El tercero tocó la trompa retorcida y gritó: «¡Dios me libre! El elefante es como una serpiente». El cuarto extendió su mano hasta la rodilla, palpó en torno y dijo: «Está claro, el elefante, es como un árbol». El quinto, que casualmente tocó una oreja, exclamó: «Aún el más ciego de los hombres se daría cuenta de que el elefante es como un abanico». El sexto, quien tocó la oscilante cola acotó: «El elefante es muy parecido a una soga». Y así, los sabios discutían largo y tendido, cada uno excesivamente terco y violento en su propia opinión y, aunque parcialmente en lo cierto, estaban todos equivocados.»
«Parábola de los Seis Sabios Ciegos y el Elefante».
Atribuida a Rumi, sufí persa del s. XIII.
Esta leyenda desarrolla la idea de que nadie está en posesión de una única verdad verdadera , es necesario ver «el todo» de una situación o un problema y no quedarmos en los puntos de vista únicos o propios. La verdad verdadera la conforma la unión de todos esos aspectos individuales: cada uno aportará su visión y , juntos, ya son el gran elefante.Esta fábula habla del relativismo y ha sido muchas veces utilizada cuando se reflexiona sobre las religiones y la verdad única que cada una proclama y es aplicable a cualquier situación en la que hay puntos de vista distintos.

Por favor, que los que tengan que buscar el elefante entero, lo encuentren… Es un ruego…
¿Te imaginas un lugar en el que , durante cuatro meses , siempre es de noche? . Sin la luz del sol, ni debilucha, ni nada de nada. No hay luz.
Con todo lo que sabemos sobre la incidencia de la luz solar en nuestro estado de ánimo, podríamos imaginar que, en ese lugar, la caída de serotonina y dopamina, los deja «out» y tristes todo el invierno. Pero, no hay que preocuparse, ya que después , de marzo a octubre, el sol no se pone nunca y aunque no sea excesivamente cálido, está todo el día en posción «on».
El lugar es Longyearbyen y es una isla de un archipiélago que está entre la costa norte de Noruega y el Polo Norte. Allí, se ve el Sol de Medianoche y la Aurora Boreal ( cuando toca cada cosa) Es un lugar especial …
No sólo por su loca relación con el astro rey… De momento, si decides que vas a vivir en Longyerabyen, ya te anuncio que no te puedes morir ahí. Está prohibido -por ley-morirse. Hace más de 7o que no entierran a nadie en el cementerio porque se descubrió que los cadáveres no se descomponen por la capa de hielo (permafrost) . Así que si te mueres , allí no te entierran.

Otra de las cosas que te pasaría si te fueras a vivir a Longyearbyen, es que , nada más llegar, te darían un rifle. Por si acaso. Y es que es la tierra de los osos polares y estos, pueden ser un peligro para la población. Es una especie protegida y sólo se les puede disparar en defensa propia, y en ese caso, se ha de informar a las autoridades locales. Saben que si el oso emite un chasquido con sus dientes, está preparado para atacar… Es tal la aglomeración de osos polares en la zona, que en Longyearbean tienen su propia señal de tráfico al respecto.

Y yo creo que , es que estos días he pasado mucho calor para ser Octubre y la imagen de esta tierra helada, me ha refrescado un poco…Una de las cosas que tengo en mi «archivo de proyectos de vida» es ver y experimentar una Aurora Boreal. Y creo que Longyerabyen es un buen lugar.
Me lo apunto.
