Concordia.

Parece que la concordia crece de forma lenta. No conseguimos que se imponga, que sea la protagonista social. Lo que sí se propaga con rapidez es la mala hierba, invadiendo y polarizando el espacio.

Hace ya meses que cambiamos la maceta del olivo, símbolo de la concordia y la prosperidad, por una más grande. Queríamos que el olivo se hiciera más robusto, más fuerte.

De momento, este símbolo de la paz universal, prospera muy lentamente.

Hay que encontrar un abono, un vigorizante, un “algo” que lo estimule.

Y , desgraciadamente, no lo encontraré en el garden…

Algo bueno de aquello.

De aquellos primeros días de confinamiento, en pleno desconcierto y con el miedo en el cuerpo, hubo una cosa excepcionalmente positiva que echo de menos.

Hace un año, el silencio pasó de ser una presencia temerosa precisamente por su ausencia, a una bendición terapéutica cuando mi cerebro se adaptó a la situación pandémica.

Llegaba la primavera y los pájaros estaban especialmente activos. Sabían que los humanos estaban encerrados y su libertad se multiplicó exponencialmente. Los trinos y el cielo especialmente azul porque a la disminución de la contaminación acústica se le sumó la disminución de la contaminación atmosférica.

Photo by Vincent van Zalinge on Unsplash

Una maravilla. De las pocas cosas positivas que tenía el encierro…

Con el tiempo, los vecinos intrépidos , que conseguían materiales empezaron a “a hacer cosas”: pequeñas reformas, utilización de aspiradores de gran potencia, martilleos y sonidos metálicos al poner a punto las terrazas…

Un año después, hay algún vecino que aún está liado con sus cosas y progresando muy lentamente, los coches vuelven a circular, hay obras en la calle, camiones, aviones…

Y los pájaros se intentan hacer oír, como cada primavera.

Photo by Satyawan Narinedhat on Unsplash.

El hombre invisible.

Ha pasado casi un año desde que iniciamos la época pandémica de manera oficial . Debería estar acostumbrada. Ha pasado mucho tiempo para seguir sintiendo un cierto nivel de extrañeza cuando veo a los paseantes de la playa.

Día radiante, colores intensos. Todo parece normal, pero todo el mundo lleva mascarilla. Estoy sentada en un banco y los observo. Veo,  claramente, como se cuida la distancia social-sanitaria porque hay cambios espontáneos de ruta para eludir a los caminantes que pueden acercarse demasiado.

Sé que esto es la “nueva normalidad”, pero mi cerebro sigue manifestando desconcierto.

Mi vista se deleita con el agua. Reflejos plateados. Destellos .

Hay alguien sentado muy cerca de la orilla.

No distingo más que una silueta lejana , inmóvil.

Me relaja.

El mar está precioso.

Extiendo los brazos sobre el banco y dirijo mi rostro al cielo. Entonces, soy consciente que llevo las gafas de sol y la mascarilla . En esta nueva normalidad , parezco el hombre invisible cuando se pone las vendas …

Un año ya.

Póster «The Invisible Man» en redbubble.com

Ánimo y sigue.

Cuando empecé a interesarme por la pintura ya de mayor y más por sus efectos terapéuticos que por mi destreza (que hoy en día sigue siendo nula) , me dio por el realismo . Intenté dibujar unas flores y aún recuerdo las risas de mi padre cuando vio aquella cosa que parecía un ramo de Ágata Ruiz de la Prada, pero dibujado por un niño. Entendí que la única forma de evolucionar ( si esa es la palabra para esto mío con la pintura) era ir a lo abstracto. A los colores y a las texturas.

Sigo con mi padre (al que le fascinaba cualquier manifestación artística si provenía de su hija) : él me animó y me estimuló a escribir, me inscribía a premios, me ayudaba con los relatos. Cuando me dio por comprar el caballete, los lienzos y los acrílicos, tampoco desistió de su actitud motivadora, aun sabiendo que las Bellas Artes no era lo mío. Él, siempre animoso,  me propuso empezar poco a poco, en un lienzo pequeño y aprendiendo a mezclar colores. Me hizo inspirarme en un paisaje familiar y conocido.

Y salió esto.

Ha aparecido en el bloque de lienzos antiguos que hay en el trastero. Es pequeñito y me da mucha paz.

Es mi padre diciéndome : ánimo y sigue.

Y, así, en la vida…

Hace doce años.

Estos días, he recibido un regalo, en forma de post delicioso, sobre este blog. Es de Arístides, un autor muy analítico ( y yo diría que muy pragmático) al que solo conozco por la blogosfera desde los inicios de este proyecto personal. Me encanta ( ¡Gracias!) todo lo que dice de este espacio tan imperfecto, pero hay una cosa, más prosaica, que me ha llamado mucho la atención: el tiempo.

El tiempo en su sentido más cuantitativo :  hace ya doce años y medio que existe Nonperfect y me parece que fue ayer. A la vez, han pasado tantas cosas que nada es como ayer pero… el Blog Imperfecto resiste.

He querido curiosear que publicaba por estas fechas, hace una década.Ya tengo archivo histórico. ; – )

Recomendaba un libro y lo podría volver a hacer hoy. Sigue siendo un buen libro y sigue estando de plena actualidad. El tiempo, a veces, va más despacio de lo previsto…

Érase una vez. (14/02/2009)

Hace tiempo leí un libro que os recomiendo : Happiness de Will Ferguson.

Una historia acerca de los libros de autoayuda centrándose sólo en uno : el único que funciona.

El autor se plantea que pasaría si todos los seres humanos fueran felices y, de repente, desaparecieran todas esas cosas que nos hacen inseguros .Irónico, muy divertido y lleno de verdades.

Ahí va un párrafo :

-. May, está todo a punto de desmoronarse. Todo. Hablo de la sociedad, el país, la economía. Es el fin de la vida tal como la conocemos. ¿Y por qué? Por Tupak Soiree y su fórmula para la felicidad humana generada por ordenador. Tú dijiste: «Así pues, la gente empieza a ser feliz. ¿Qué hay de malo en eso?» May, toda nuestra economía se basa en las flaquezas humanas, en los malos hábitos y las inseguridades. La moda. La comida rápida. Los coches deportivos. Los tecnoaparatos. Los juguetes sexuales. Los centros de dietética. Los clubes de belleza para hombres. Los anuncios personales. Las sectas religiosas. El deporte profesional, y he aquí una manera de vivir a través de los otros. Las peluquerías. Las crisis masculinas de la madurez. El desenfreno de las compras. Toda nuestra forma de vida se basa en la insatisfacción y la falta de confianza en nosotros mismos. Piensa en lo que ocurriría si la gente fuera real y verdaderamente feliz. Si estuviera realmente satisfecha de su vida. Sería un cataclismo. El país entero quedaría paralizado, y si Estados Unidos se detiene, ¿crees que el mundo occidental seguiría adelante? Hablamos de un efecto dominó global. El final de la historia.

NB 18 de febrero del 2021:  Gracias a todos por estar.

Estoy bien.

Yo estaba inmersa en mi reto interno de saber cuanto tiempo aguantaba la flor ocre de la camelia, la más seca y estropeada, en caer de la planta. Me sorprendía su aguante, mientras las otras flores, rosas y bonitas, iban perdiendo su lugar…Incluso la había tocado y comprobado que aún seguía bien afianzada a su rama.

Y, entonces, aparece Terminator en modo madre. Le estoy explicando que las flores caen enteras, cuando en un movimiento veloz y muy ágil para su edad, mi querida progenitora, elimina la flor ocre de la camelia.

-“Esta la tienes que sacar que está muy fea”.

Zasca. Fin de la flor símbolo de la resistencia.

Le pido que no la tire ( casi la lanza al contenedor de orgánico en otro alarde de velocidad extrema).

Le digo que quiero hacer una foto a la flor ocre de la camelia.

Y sé que me va a preguntar -“Nena , ¿Tú estás bien?”

Mama, estoy bien. ; – )

#NuevaRealidad ( Fin de año.)

El resumen de este año nos lleva a lugares comunes definidos en palabras como estas : irrealidad, confusión, miedo, ansiedad, tristeza, incertidumbre , soledad, pérdida, resignación…También nos unen otros espacios colectivos con palabras más bonitas : comunidad, solidaridad, civismo, responsabilidad, emoción, afecto, empatía y…vacuna.  A principios de enero, nadie se imaginaba que “vacuna” sería sinónimo de “esperanza”…

Ojeando las entradas del blog, que tan terapéuticas fueron para mí en tiempos pandémicos , he revivido el temor con el que fui al garden a buscar perejil y me vine con una albahaca pequeñita. Iba más protegida que El Mandaloriano y mi rapidez en entrar y salir, fue asombrosa.

Los ratitos de riego, cuidados y extras que me dio la albahaca ( el aceite aromatizado, por ejemplo) me permitieron distraerme en el confinamiento.

En esos instantes, estaba solo yo y mi albahaca, en un marco mental mucho más allá del maldito virus .

Meses más tarde, planté un olivo.  Dicho así, la fotografía desmerece, pero…es un olivo de verdad. Confieso, por eso, que es muchísimo más aburrido.

La albahaca me dio más juego, pero, finalmente, acabó su ciclo y fue sustituida en mi proceso de “planta terapéutica” por una camelia.

Y en eso estoy, con una planta que florece en invierno. De un color rosa intenso.

Así está ahora. Preciosa. Vitalista y esperanzadora.  

Como espero que sea el año que viene para todos.

NB : Eso sí, a la que pueda, vuelvo a plantar albahaca…

#NuevaRealidad ( La bolita.)

Siento la inquietud pandémica previa al confinamiento de la primavera pasada, así que me he dedicado a embadurnar un bastidor muy antiguo con pintura de pizarra.

Tenía una misión : hace ocho años me regalaron un móvil de viento.  No emitía ningún sonido, pero cuando se movía al son del viento, una bolita de cristal tallado , que estaba insertada en el centro, pendiendo de un hilo, reflejaba la luz del sol, creando un juego de luces precioso.

El tiempo, el viento, la lluvia, el sol… No sé quién es el culpable, pero la bolita de cristal cayó al suelo. No pude volver a ubicarla en su lugar…

Así que ahora,  sigue cerca del móvil, pero pegada a un bastidor embadurnado de pintura de pizarra en diferentes tonos tierra y gris.

Y yo me he calmado un poco…

NB : Así era el móvil…

#NuevaRealidad ( Flores y luz.)

Visito a un ser querido, a una persona amada. Está sentada, delante de la terracita que hemos inundado de plantas. La vista la serena: luz, muchos geranios y la cruz de una iglesia que se ve en la lejanía…

Photo by Juli Kosolapova on Unsplash

Recuerdo , por ella y en su nombre ahora que ya no puede recordar, cómo decoramos aquel piso. Con ilusión y premura, escogimos telas y muebles. Cuadros, jarrones y espejos. Quedó un espacio muy bonito .Siempre he sentido un cierto orgullo personal y vanidoso porque , aunque adaptándome totalmente al gusto de los que la iban a habitar , me dejaron hacer… Ha mantenido un equilibrio atemporal hasta que la estética ha perdido protagonismo .  

Ya no hay paseos por la calle. O muy, muy pocos. La mascarilla la desconcierta. Ya no le explicamos lo del #Covid . Cada día, recibía la noticia como si fuera la primera vez. Ahora, cuando pregunta, le hablamos de una gripe muy contagiosa. Con eso vale.

En estos tiempos pandémicos, lo hemos cambiado todo para que tenga su espacio seguro y confortable. Hemos apartado las mesas, hemos desplazado el sofá, hemos quitado puertas, hemos movido objetos… Un pequeño oasis en el que ya no es importante aquel sofá , tapizado de color ocre, con una tela que ella escogió personalmente .Ahora, prima el butacón cómodo y motorizado, delante del balcón.El espacio es diáfano para cuando hay que utilizar la silla de ruedas o la grúa.Todo está orientado a las flores, a las plantas,  al sol, a la luz.

Photo by Dragana Rapo on Unsplash

Nada es ya como fue, aunque ahora , es lo que tiene que ser.

Sentada a su lado, a un metro y medio de distancia y con la mascarilla que no acaba de entender, a mí también me confortan las flores y el sol que inunda el salón…

#NuevaRealidad ( princesa.)

Hoy , he perdido a la única persona en el mundo que me llamaba Princesa. Mi padrino ( el padrinet), un ser hermoso , que, sin ser mi familia de sangre , se convirtió en mi familia de corazón.

Hoy, navegando en la pérdida, he empatizado con todas esas personas que han perdido a un ser querido, ingresado en una Residencia . No ha muerto por el virus pero , ese virus, que algunos parecen no temer, ha hecho que se restringieran las visitas.

Desde Marzo , lo hemos visto poco …

Ese poco pesa mucho…

Todos los abuelos de la residencia en la que residía estaban y están protegidos y tratados con una calidad profesional y emocional que nos ha dado mucha paz. Han sido magníficos en momentos muy complicados que han sido más fáciles con las videollamadas y la información constante y tranquilizadora. El valor de todas esas personas no se puede cuantificar ni medir. Les agradezco sinceramente su labor.

Tras el desconfinamiento y pasando por todas las fases con un cuidado escrupuloso, llegamos a verlo cada semana. Al principio, una sola persona y la misma durante quince días durante 30 minutos. Después, ya nos dejaron ir a dos.  Más tarde, cuando aparecieron los primeros rebrotes ( de este virus al que algunos restan importancia) las visitas se volvieron a restringir. Ahora, hacía una semana que ya estábamos en el ciclo de una persona.

A mí me tocaba visita el próximo Jueves día 15 a las 11:30. Aún no la he borrado de la agenda…

Hoy, no soy princesa. Durante un rato, hasta que se me pase esta rabia y el dolor. Después, sé que me reconfortará saber que tuve la suerte de tener a esa persona en mi vida, desde mi infancia hasta hoy , que me llamaba princesa

Amor infinito.

NB : Hace cinco años , escribí este post de título “Princesa” (no podía ser de otra manera…)