Últimas flores .

Llegó a casa en octubre. Es una planta que ha marcado mis tiempos pandémicos.

La camelia, el arbusto que florece en invierno, ha cumplido con lo prometido y ha estado recreándose en bellas flores todo el invierno.

Ahora, ya en primavera, sólo quedan tres ejemplares.

Dos a punto de caer .

Y una que aún tiene ese tono rosado intenso.

Cuando esta última flor desaparezca, la camelia será un arbusto verde durante todo el verano. Hasta que vuelva el frío.

Cuando emerjan los primeros capullos, habrá pasado un año y, espero poder dar testimonio fotográfico de cómo vuelven a abrirse las flores, mientras escribo que el mundo ya está a salvo del virus…

Tenemos una cita.

También mañana, que ya no será #8M.

Hoy es violeta. No va tanto de mujeres si no de personas , mujeres y hombres, que trabajan para que la igualdad sea una realidad. En especial, es el día de todas esas organizaciones sin ánimo de lucro, de los voluntarios , de los que se ocupan con vocación , día a día, para que la sociedad sea más equitativa e igualitaria .Se mueven y actúan desde el nivel de base ( barrios, asociaciones) , muchas veces sin los recursos necesarios. Y, mañana, que ya no será #8M, seguirán por la labor.

Photo by Daniele Levis Pelusi on Unsplash

De forma individual, cada uno de nosotros, podemos contribuir , como si fuéramos una gota, para formar ese océano violeta : con la educación y formación que proporcionamos a nuestros niños y jóvenes, desde nuestro puesto de trabajo, ayudando a nuestro entorno más cercano, actuando en aquello que esté a nuestro alcance porque, aunque nos parezca que la gota es diminuta , no lo es.

Photo by Yoksel 🌿 Zok on Unsplash

Y eso, en referencia a lo que nuestros ojos ven si no los cerramos, pero hay esas otras cosas que no vemos ni con los ojos bien abiertos, porque están muy lejos: trata de mujeres, explotación sexual, bodas concertadas de niñas de apenas 10 años, ablación de clítoris, lapidaciones por infidelidad, negación de derechos básicos por religiones mal entendidas y un largo etc. que da escalofríos. De nuevo, hoy es el día de todas esas entidades que siguen dejándose la piel para denunciar y terminar con estas barbaridades inhumanas. Y, mañana, que ya no será #8M, seguirán por la labor.

Photo by Nitish Kadam on Unsplash

Hay que seguir construyendo ese océano, también mañana,  que ya no será #8M.

Ánimo y sigue.

Cuando empecé a interesarme por la pintura ya de mayor y más por sus efectos terapéuticos que por mi destreza (que hoy en día sigue siendo nula) , me dio por el realismo . Intenté dibujar unas flores y aún recuerdo las risas de mi padre cuando vio aquella cosa que parecía un ramo de Ágata Ruiz de la Prada, pero dibujado por un niño. Entendí que la única forma de evolucionar ( si esa es la palabra para esto mío con la pintura) era ir a lo abstracto. A los colores y a las texturas.

Sigo con mi padre (al que le fascinaba cualquier manifestación artística si provenía de su hija) : él me animó y me estimuló a escribir, me inscribía a premios, me ayudaba con los relatos. Cuando me dio por comprar el caballete, los lienzos y los acrílicos, tampoco desistió de su actitud motivadora, aun sabiendo que las Bellas Artes no era lo mío. Él, siempre animoso,  me propuso empezar poco a poco, en un lienzo pequeño y aprendiendo a mezclar colores. Me hizo inspirarme en un paisaje familiar y conocido.

Y salió esto.

Ha aparecido en el bloque de lienzos antiguos que hay en el trastero. Es pequeñito y me da mucha paz.

Es mi padre diciéndome : ánimo y sigue.

Y, así, en la vida…

El capullo.

Esta vez no ha caído una flor.

Ha sido un capullo.

Es una pena porque no le ha dado tiempo a desarrollarse y el capullo ya ha caído de la rama. Ha impactado en el suelo, inmaduro, solo e incomprendido. Los otros capullos, siguen a salvo en sus ramas para crecer, pero él, el capullo caído,  tan bonito y joven, acaba aquí su ciclo.

No querría ver más capullos inmaduros caídos de la rama …

Camelia dixit.

Street Art

Del artista francés, Charles Leval, conocido por Levalet.

Interviene en las calles de París.

Y utiliza e integra,  los elementos presentes en el paisaje urbano.

Su página web, aquí.

Estoy bien.

Yo estaba inmersa en mi reto interno de saber cuanto tiempo aguantaba la flor ocre de la camelia, la más seca y estropeada, en caer de la planta. Me sorprendía su aguante, mientras las otras flores, rosas y bonitas, iban perdiendo su lugar…Incluso la había tocado y comprobado que aún seguía bien afianzada a su rama.

Y, entonces, aparece Terminator en modo madre. Le estoy explicando que las flores caen enteras, cuando en un movimiento veloz y muy ágil para su edad, mi querida progenitora, elimina la flor ocre de la camelia.

-“Esta la tienes que sacar que está muy fea”.

Zasca. Fin de la flor símbolo de la resistencia.

Le pido que no la tire ( casi la lanza al contenedor de orgánico en otro alarde de velocidad extrema).

Le digo que quiero hacer una foto a la flor ocre de la camelia.

Y sé que me va a preguntar -“Nena , ¿Tú estás bien?”

Mama, estoy bien. ; – )

La ocre.

Tercera flor.

La camelia está cambiando. Además del rosa predominante, ahora aparece el ocre en una mezcla cromática preciosa.

De las camelias aprendí su procedencia de Japón, la ausencia de aroma , su floración en invierno y una característica que me llamó la atención : la flor cae de golpe y entera. Así que me propuse ir fotografiando las flores, una a una, tal y como iban cayendo. Así ocurrió con dos de ellas: eran de color rosa, estaban enteras pero cada una era de un tamaño. La primera mucho más pequeña por lo que supe que el volumen de la flor no tenía nada ver en la caída.

La tercera “caída”, que es la de hoy, es una bonita flor en todo su esplendor . Ha aterrizado en la maceta, ni siquiera ha tocado el suelo. Lo curioso es que, en lo alto de la camelia,  está su compañera, la ocre, afianzada en su rama, haciendo más bonita la planta en su diversidad. Envejece, se oxida, pero…no se cae.

En el mundo que se desarrolla en mi planta de camelias, es mi ídolo

La piedra sigue ahí.

“El hombre es el único animal que tropieza dos veces con la misma piedra”

Hace ya ocho años, escribí un relato breve , titulado “Esa piedra”, que reedite en el 2018 y que vuelvo a enlazar en este 2021.

La inspiración fue una piedra que encontré y que después pinté. Aún la tengo conmigo…

El relato se centra en la desobediencia del protagonista que decide pintar la piedra para que sea visible y llamativa y uno no se pueda tropezar con ella. La piedra en cuestión es esa con la que el ser humano va tropezando de forma continuada a lo largo de su vida (aunque se diga que solo son dos veces) .

Hoy vuelvo a sacar “Esa piedra”, en su versión pandémica o coronavírica, porque tengo la sensación de que estamos tropezando demasiadas veces con ella . Los profesionales de la Sanidad alertan y la pintan de colores cada vez más estridentes pero los que llamamos » nuestros gestores » ( ya no sé a quién me dirijo, si por Comunidad Autónoma, por ciudad, por país, por continente o por galaxia) siguen sin ver la maldita piedra.

Terrible.

Significado del Proverbio “El ser humano no siempre sabe discernir conforme a la razón y por esa causa no aprende de la experiencia y vuelve a equivocarse en una situación semejante”. (Instituto Cervantes)

#NuevaRealidad ( Fin de año.)

El resumen de este año nos lleva a lugares comunes definidos en palabras como estas : irrealidad, confusión, miedo, ansiedad, tristeza, incertidumbre , soledad, pérdida, resignación…También nos unen otros espacios colectivos con palabras más bonitas : comunidad, solidaridad, civismo, responsabilidad, emoción, afecto, empatía y…vacuna.  A principios de enero, nadie se imaginaba que “vacuna” sería sinónimo de “esperanza”…

Ojeando las entradas del blog, que tan terapéuticas fueron para mí en tiempos pandémicos , he revivido el temor con el que fui al garden a buscar perejil y me vine con una albahaca pequeñita. Iba más protegida que El Mandaloriano y mi rapidez en entrar y salir, fue asombrosa.

Los ratitos de riego, cuidados y extras que me dio la albahaca ( el aceite aromatizado, por ejemplo) me permitieron distraerme en el confinamiento.

En esos instantes, estaba solo yo y mi albahaca, en un marco mental mucho más allá del maldito virus .

Meses más tarde, planté un olivo.  Dicho así, la fotografía desmerece, pero…es un olivo de verdad. Confieso, por eso, que es muchísimo más aburrido.

La albahaca me dio más juego, pero, finalmente, acabó su ciclo y fue sustituida en mi proceso de “planta terapéutica” por una camelia.

Y en eso estoy, con una planta que florece en invierno. De un color rosa intenso.

Así está ahora. Preciosa. Vitalista y esperanzadora.  

Como espero que sea el año que viene para todos.

NB : Eso sí, a la que pueda, vuelvo a plantar albahaca…

#NuevaRealidad ( Una flor sin fragancia.)

El pasado mes de octubre me regalaron una camelia ( Camelia Japónica). Es un pequeño arbusto, también llamado Rosa de Invierno de Japón, con hojas perennes de color verde intenso y unas flores que funcionan al revés que las que yo conozco : florecen de invierno a primavera.

Me alegra tener flores en casa en este mes de diciembre …

Proceden de Asia y se introdujeron en España en el S.XVI y aquí,  dónde mejor se aclimataron,  fue en Galicia . Especialmente Pontevedra , un paraíso de las camelias.

De las muchas curiosidades que he encontrado sobre este precioso arbusto, hay dos que me han llamado la atención. El resto, me las reservo para contarlas al ritmo que vaya floreciendo este precioso arbusto durante este extraño invierno. Flores potenciales no le faltan…

Una de esas peculiaridades es que las camelias carecen de fragancia.

El olor, el color y la forma son los mecanismos más comunes que presentan las plantas para atraer a los polinizadores. En este caso, para favorecer la atracción se compensa con flores más vistosas y sugerentes, pero…no huelen.

Otra de esas curiosidades es el “bo-to”. Es la transcripción del sonido con el que los poetas japoneses describen la caída de los pétalos, pero, atención, no van cayendo poco a poco. Son solidarios los unos con los otros y se caen todos a la vez. Esta característica la podré experimentar en directo para corroborarla. La magnífica flor que estoy fotografiando debe caer entera y, si hay (mucha) suerte, estaré ahí para oír el “bo-to”.

Doy la bienvenida a la camelia que, aunque no sea fragante es preciosa y se ve que hace un ruidito monísimo cuando cae la flor.