Título cambiante.

Sigo reciclando bastidores viejos. Esta vez, ha salido esto.

Cuando tuve que pensar en el título, lo primero que me vino a la cabeza es “El rovell de l’ou” ( La yema de huevo). En catalán, la expresión “Estar al rovell de l’ou”, significa estar en la parte central y más importante de una cosa.

En castellano podría equivaler a estar en el meollo.

La palabra meollo significa médula, literalmente. Proviene del latín medullum. Y también se refiere a “la sustancia interior, lo esencial y principal de un asunto”.

Así que una cosa u otra o las dos. El rovell de l’ou y/o El meollo pero, cuando estoy a punto de escribirlo en el cuadro, me dicen : “Mira, el amanecer y el atardecer”…

Se queda sin título o mejor, tiene el título que se le ocurra a quien lo mira.

Yo sigo a favor del huevo…

Pasan cosas.

Sentada , delante de un paisaje natural, un ser inquieto me dice que allí no pasa nada. Ya he utilizado el recurso de las nubes y sus formas cambiantes así que pasamos a la observación más intensa. “Sí que pasan cosas, solo hay que saber mirar”.

Vemos danzas de mariposas blancas, unas aves cruzan el cielo (graznan como patos por lo que deben ser patos) y otras se adentran en la zona boscosa. Detectamos un hueco entre los árboles por donde van pasando. Hay viento, así que las nubes siguen su juego y nos llega el sonido de las copas de los árboles, susurrando. Oímos disparos. Parece que ya se ha abierto la veda de caza. Nos sobrecogen. ¿Ves como pasan cosas? Después, oímos las motos que , supongo, están haciendo las rutas de las bicicletas de montaña. Menos mal que no nos llega el aroma a gasolina. Y un avión. Se ve muy pequeñito y lejano pero se oye la estela atronadora, amortiguada, pero ahí está, destrozando la coreografía del cielo.

También hay cosas que no pasan y deberían estar pasando. Hace mucho tiempo que recalo en esta zona y, en octubre, me sentaba a ver ese paisaje con algo que me protegía del frío. Hoy, sigo con camiseta de manga corta .

Y cuando miro la montaña, recuerdo lo bonita que estaba , cubierta de nieve.

Este reloj ya no marca las horas.

Este reloj ya no marca las horas.

Marca una hora que, supongo,  por casualidad, es una señal.

Es la parte superior de un reloj de pared de la marca Junghans, fábrica relojera alemana desde 1861. Su propietario le tenía un cariño especial porque estaba en la pared de la casa materna. Tiene más de 100 años, me decía siempre….

Y yo le tenía, le tengo,  un amor especial a su propietario, mi querido padrinet, Así que cuando lo encontré, ya roto , con las piezas dispersas , me lo guardé. Hace unos días, volvió a aparecer en una fase de orden y concierto del trastero. Lo limpié a fondo pero cuando iba a ir por la zona de la esfera me fijé en la hora que marcaba.

Es el momento en que nos dejó , durmiendo apaciblemente y , también, el momento a partir del cual, siempre estará aquí.

Así que sin saber si creo o no en las señales o en las casualidades , el reloj me da un buen rollo inmenso.

Tiene que estar conmigo.

Dosis de Mafalda .

Más necesarias que nunca…

La web oficial de QUINO, aquí.

Carta a los dirigentes del mundo (sean quien sean) .

«Ante el hecho de que en cualquier futura guerra mundial se emplearían con certeza armas nucleares, y que tales armas amenazan la continuidad de la humanidad, instamos a los gobiernos del mundo para que entiendan, y reconozcan públicamente, que sus propósitos no podrán lograrse mediante una guerra mundial, y les instamos, en consecuencia, a encontrar medios pacíficos que resuelvan todos los asuntos de disputa entre ellos.»

Este es un párrafo del manifiesto “Una declaración sobre armas nucleares” de Russell -Einstein en el que renombrados científicos y Premios Nobel intentaron alertar del peligro a los dirigentes del mundo en julio de 1955. Promovido por Bertrand Russell, filosofo , matemático y escritor y gran activista pacifista en contra de la guerra. Einstein lo firmó unos días antes de morir.

Sesenta y siete años después, décadas de evolución tecnológica y social, nos encontramos con el tema de la Guerra Nuclear, de nuevo, encima de la mesa.

“Tenemos ante nosotros, si queremos, un progreso continuo en felicidad, conocimiento y sabiduría. ¿Elegiremos en cambio la muerte, porque no podemos olvidar nuestras disputas? Hacemos un llamamiento como seres humanos a seres humanos: recordar vuestra humanidad, y olvidar el resto. Si podéis hacerlo, está abierto el camino hacia un nuevo Paraíso; si no podéis, se muestra ante vosotros el riesgo de la muerte universal.”

Desde la dimensión espacio-tiempo que la que se encuentre, Einstein estará estupefacto ante lo que se cuece en este 2022 . También se le atribuye la frase :“Solo hay dos cosas infinitas, el universo y la estupidez humana, y no estoy muy seguro de la primera y, tristemente, se confirma su hipótesis de la estupidez humana. Es infinita.

Foto de Hannes Richter en Unsplash

NB : Si queréis leer el Manifiesto, en filosofía.org está el comunicado de prensa, la carta que se envió a los Jefes de Estado y el texto completo de “Una declaración sobre armas nucleares«.

Papilion Machaon en Abelia Grandifolia

Dicen que la Macaón es una de las mariposas más bellas de Europa y el arbusto , que florece de primavera a finales de otoño, se llama Abelia.

Dos cosas bonitas ,de un mundo bonito,  que hacemos feo…

Presidente de la Comunidad.

He conocido a una persona que se está dejando la piel como Presidente de su Comunidad de Vecinos. Dicen que es una especie en extinción pero hay algunos que aguantan . Resisten las reuniones , intentan dialogar, escuchan a todos ( incluso a quien no se lo merece o se excede) y, en definitiva, se preocupan para que el hábitat que comparten en zonas comunes y de uso privativo, sea lo más confortable posible.

El ”Presidente” me pregunta si tengo algún cuadro viejo, que no quiera , para el vestíbulo principal. Los va reponiendo de forma recurrente . “Es que alguien se los lleva”. Como es conciliador, no utiliza la palabra “robar”.

Tengo un bastidor que está hecho polvo. Lo iba a tirar porque ya está inservible pero se me ocurre que con un spray y unas letras , puedo hacer un cuadro para La Comunidad.

No creo que lo roben… ; – )

Futuras flores, espero.

Tengo un amigo, jardinero aficionado, que, cuando viene a casa , me trae una planta e inspecciona las que tengo.

Este año, ha llegado de visita pero sin la plantita de rigor. No solo eso, le he enseñado los incipientes capullos de la camelia y los ha mirado sin interés. “Total, no creo que lleguemos a verlas”. Acostumbrada a sus pésimas predicciones durante la pandemia, no le hago ni caso. Es un conspiracionista -pesimista pero en un nivel bajo. Lo puedes atrapar y desviarlo de sus teorías con facilidad.

Me preocupa que ya no demuestre esa pasión por los arbustos y las flores pero se ha instalado en un estado de absoluta certeza con dos opciones : Opción A) Guerra Nuclear y/o Opción B) Meteorito. Se le pasará , espero. No creo que pueda vivir sin regar sus plantas.

Cuando se va , aprovecho para leer la prensa del día : Estados Unidos recomienda a sus ciudadanos abandonar Rusia. Putin amenaza con armas nucleares. Empiezan las revueltas populares en la propia Rusia y en Irán. En el ámbito científico,  están intentando enviar un cohete a la luna, y con todo lo que ha mejorado la tecnología en cinco décadas, no hay manera de qué despegue. Hay interés por volver allí. Una misión de la NASA ha enviado una sonda-artefacto a impactar contra un meteorito para ver si pueden desviarlo en el caso, hipotético, que pudiera ocurrir en el futuro. Vale.

Miro mi camelia. Ya empieza el ciclo que anuncia esas preciosas flores que aparecen en invierno. Por primera vez, me pregunto si las veré. Si estarán. Pero la incertidumbre se me pasa rápido. Desgraciadamente,  hay factores incontrolables para un simple humano como yo. No puedo hacer nada para evitar que un loco la líe con bombas nucleares y si viene el meteorito, ya me dirás. Combustionaremos juntas, la camelia y yo.

Así que me voy a regarla y a cuidarla. Y le haré fotos que enviaré a mi amigo jardinero pesimista.

Tengo confianza en estos capullos…

Valen por mil. 2022.

Te levantas una mañana y, tú, mujer libre,  de repente, ya no vales nada.

Han cambiado las normas :

A partir de los 13 años, te pueden casar con quien quieran. Tu marido, será tu dueño y podrá ser polígamo. Si tú tienes un desliz, te pueden lapidar. Esa es la pena de una mujer que comete adulterio.

Si quieres divorciarte, tú vales la mitad que un hombre en la Corte judicial. Si tienes niños, la custodia va a ser para tu marido. ¿No te acuerdas que vales la mitad?

No puedes mostrar tu cuerpo. Debes intentar ocultar las formas femeninas y tapar tu cabello con un velo. Y no se te ocurra, dejar asomar unos mechones, por que te pueden meter en la cárcel y darte 80 latigazos.

No tienes derechos. No eres nada , ni la mitad de nada…

Así las cosas, las mujeres que van por la calle en Teherán como la chica de la foto, son heroínas anónimas que , arriesgando su integridad física ( ¿Te lo puedes imaginar, tú, mujer libre?) se atreven a plantar cara al Regimen de Mahmud Ahmadinejad. Y se arriesgan y se atreven a violar las normas para recuperar su condición de personas, con pleno derecho,…

Nosotras, las mujeres libres, nos vestimos cada mañana como queremos. Incluso, algunas, de tan libres nos convertimos en «esclavas» de las modas ( ahora ancho, ahora escotado…). Vamos de rebajas y disfrutamos estrenando prendas. ¿Quien podía imaginar que unos jeans, una americana ajustada y un pañuelito con unas greñas a la vista , valían 80 latigazos? .

He estado siguiendo los últimos acontecimientos políticos en Irán y he visto a estas chicas, votando primero y después, mostrando las pancartas con el «Where is my vote?» y el verde como color de bandera. Pero no era consciente que ese gesto ,ese que nosotras hacemos cada día, de vestirse como quieren y ponerse «el mal velo» ( así llaman el llevar el chador enseñando el pelo )era un acto peligroso y rebelde con una intensa carga simbólica.

Siento el más profundo respeto por esas mujeres iraníes. El Régimen dice que no valen nada. ¿No valen nada? Tienen miedo por que estas mujeres valen por mil.

NOTA : Este post, desgraciadamente, data del 2009 tras las elecciones que ganó Mahmud Ahmadinejad.

Le sucedió Rohani en el 2013, por dos mandados en un período «más moderado» y desde el año pasado gobierna Raisí, «clérigo rigorista».

13 años después de este post, el 13 de septiembre del 2022, la joven Mahsa Amini, fue arrestada por la Policial «moral» iraní por no llevar correctamente el hiyab. Murió tres días después a causa de los golpes de esa policía moral. Hay protestas en las calles.

Mahsa Amini es de esas mujeres que valen por mil.

Va por ella y por todas las que hoy , están quemando sus velos.

Mujeres libres para elegir .

Foto de Noorulabdeen Ahmad en Unsplash

Bonga y Paco.

bonga

La soledad pesa .

Bonga lo había descubierto recientemente y estaba intentando adaptarse a su nueva situación. Cuando él la repudió, al más puro estilo del clásico macho dominante, ella supo que se quedaba sola. Las otras, aquellas con las que lo compartía, ni se habían inmutado al conocer su expulsión. Había dejado de ser fértil después de tener a su único retoño y él había dejado de reclamarla .Bonga debía haber aceptado las normas del grupo pero, inexplicablemente, había desarrollado una conducta agresiva que no pudo controlar.

Y se había quedado sola.

Sólo le habían concedido unos preciosos instantes para abrazar a su pequeño…La tibieza de su cuerpo la reconfortó  y le dio la fuerza suficiente para caminar, sin volver la vista atrás. Y caminó, sin descanso, alejándose de todos.

Nadie la había preparado para soportar esa losa aplastante de vacío y…de silencio.

Lo que más pesaba  a Bonga, lo que la hacía doblegarse y caminar con la cabeza gacha, era la ausencia de los gritos infantiles, de los gruñidos de los adultos…

El silencio, los silencios.

Encontró un lugar en el que instalarse. En los primeros tiempos, sobrevivir en su nuevo espacio, había sido su único objetivo. La soledad se paseaba de refilón y el peso, parecía ser más liviano pero cuando ya pudo organizar sus rutinas , se le hizo evidente que él la había castigado con la peor de las penas . Aquello pesaba y su cuerpo se encorvaba más y más, cómo si aquella soledad estuviera adherida a su espalda, hundiendo su columna vertebral.

En una de sus salidas para recoger fruta y semillas conoció a Kunga, otra excluida. Mientras Bonga se replegaba en sí misma, Kunga caminaba erguida, majestuosa. Un día, mientras se relamían degustando miel de un panal recién descubierto, Kunga habló a Bonga de su mascota. Desde que la tenía, el peso de su exclusión era más ligero, su aspecto era lustroso, su pelo brillante. Se sentía más alegre.

Bonga miró a Kunga y lo que vio en sus ojos la convenció.

Iba a comprar una mascota. Para que le hiciera compañía. Para que la ayudara a transportar aquella piedra pesada que le oprimía el alma.

El encargado de la tienda, le sonrió, mostrando una gran cantidad de dientes y encías, mientras le preguntaba qué tipo de animal necesitaba. Bonga le respondió que quería compañía y, por lo tanto, requería de una mascota afectuosa y sociable pero esa respuesta no fue suficiente y tuvo que contestar a todas las preguntas necesarias para encontrar su animal perfecto.

No había pensado si quería macho o hembra que fue la primera cuestión a la que tuvo que enfrentarse. Las hembras podían quedarse preñadas, tenían épocas de celo y la menstruación así que Bonga pensó en descartarlas pero el encargado le indicó que todos los animales disponibles estaban modificados genéticamente y tenían disponibles hembras sin actividad reproductiva. Si deseaba cruzar razas o dedicarse a la cría, también disponían de hembras fértiles. Finalmente, un poco resentida por el comportamiento de sus compañeras de la familia, Bonga se decidió por un macho.

Una vez seleccionado el sexo, tuvo que escoger las habilidades físicas: se decantó por una fuerza y tamaño medio que ella pudiera dominar aunque le aseguraron que con la modificación genética habían conseguido que todos los ejemplares fueran dóciles. El color no le pareció importante y contestó que le era indiferente.

Cuando llegaron al punto de las habilidades, la elección se hizo un poco más compleja. Para cada “soledad”, había un estilo de “compañía”. Bonga tenía que optar entre animales pasivos o activos. Los pasivos eran sumisos y afectuosos. Los activos ofrecían la posibilidad del debate y la sorpresa. Pensó que era mejor uno activo: para poder conversar, jugar, pasear,…

Tras consignar todos los requerimientos de Bonga, el encargado de la tienda de Animales de Compañía se dirigió al almacén. Encontró un espécimen perfecto: tendría unos veinticinco años, músculos definidos y un tamaño medio.  Su piel era muy blanca y el poco pelo que tenía era muy rubio pero la clienta no le daba importancia al color, así que pensó que podía ser viable. Miró su etiqueta clasificatoria y vio que era uno de los más activos que tenían disponibles en la tienda. Su nombre era Paco.

El animal humano lo miraba desde su jaula, sonriéndole y haciéndole gestos con la mano. Siempre que se acercaba a ellos para llevarlos ante el cliente, se hacía la misma pregunta: ¿Cómo aquella especie había podido llegar a dominar el mundo?  No tenían pelo recubriendo su cuerpo, no podían moverse por las ramas de los árboles, comían alimentos cocinados por combustión… ¿Y hubo un tiempo en que los simios eran el escalafón inferior y aquellos hombres, los amos del planeta? Si no fuera por todas las pruebas empíricas que lo confirmaban, nunca hubiese creído que aquella especie endeble pudiera haber dominado a la suya pero tras la Era del Meteorito, la aniquilación de la raza humana casi había sido total. Los simios habían podido aguantar las radiaciones cutáneas gracias al fuerte vello que recubría su piel y su habilidad para vivir en las copas de los árboles y comer sus frutos los habían hecho sobrevivir  a las corrientes de líquidos tóxicos que arrasaban la superficie del planeta.

Se acercó a la jaula del hombre: era un buen ejemplar y podía ser una opción para su clienta. Abrió el candado y cogió la cadena que rodeaba el cuello de Paco para llevarlo hasta el mostrador de atención al público.  Bonga lo examinó con atención. La piel, sin pelo, era muy suave. El humano parecía disfrutar con las caricias que ella le prodigaba y  sonrió con deleite cuando ella lo llamó por su nombre: ¡Paco, bonito!

Era muy pálido y poco robusto pero a Bonga le gustó desde el primer momento así que tras completar la transacción, salió de la tienda de Animales de Compañía con su humano bien atado y caminando a su lado.

Había comprado algo más que una mascota .Acababa de adquirir la ilusión de que Paco le hiciera compañía y que el peso terrible que le iba hundiendo el corazón, se hiciera más ligero y sólo le hiciera cosquillas.

Paco le sonrió y Bonga sintió que había acertado…Y con esa sensación de esperanza, se dirigió, cadena en mano,  al centro estético de bonobos para su sesión semanal de despiojamiento.