Este año he vuelto a participar enRelatos en Cadena organizado por la Cadena SER y la Escuela de Escritores.
El objetivo es crear un relato de 100 palabras, a partir de una frase de inicio. Cada semana, esta frase será la última del relato seleccionado como ganador.
La primera semana que he participado (ya llevan dos) había que empezar con la frase “Darse una vuelta con él “.
Darse una vuelta con él fue un error. Cuando denuncié la desaparición de mi marido, enviaron a un policía. Todo fue bien hasta que entró en el garaje y vio el maldito arcón frigorífico. Me preguntó si era el del bar de Manolo.
Ni idea. Lo compré hace tres meses, mientras trazaba mi plan.
Lo acarició con cariño.
—¡Si aún funciona! Mis hijos lo habrán abierto mil veces para elegir un helado.
Sonrió y se dio la vuelta, alejándose. No sé qué le alertó, pero, de repente, se giró y dijo:
— Si me lo permite, voy a abrir el arcón de Manolo.
Ganó Secretos de cuna, de David Garduño Navarro, cuyo relato y el de los finalistas podéis leer aquí (se publican semanalmente).
David acaba su estupendo relato con la frase: “Su padre es un tal José Luis”
Estoy en una tienda de artículos para fiestas. Quiero comprar unos globos de helio para un cumpleaños. Cuando he entrado, ya he notado la resaca de la Navidad. Dos chicas iban guardando todo el stock navideño sobrante. Tenían que actualizar la decoración y volver a cumpleaños, disfraces y ya, asomando en el horizonte, el Día de San Valentín.
En el mostrador, otra chica. Está decorando unos globos dorados con un “40” bien hermoso. Suspiro con envidia por el número. Yo voy a por uno rotulado con la edad en forma de estrella y otro, en forma de corazón con un nombre. Ya se le intuye desgana en la forma de inflar el globo y en como escribe la edad con una horrible purpurina negra. Por lo que veo en el mostrador, aún le quedan 15 o 20 globos más por hacer.
Le pregunto si alguien me puede atender y me entero de que sólo ella infla y rotula los globos. Le pido mis dos globos, pero me dice que tiene que acabar ese encargo. El de los “40”. Es para las cinco de la tarde y son las dos. Tiempo, tiene. Me cuesta muchísimo gustarle a la chica que infla globos. Ni sonrisa, ni amabilidad: nada funciona. Le pregunto por la persona que me atiende habitualmente (el último trimestre del año, se me acumulan cumpleaños) que es encantadora y, encima, tiene una caligrafía preciosa. Está de vacaciones. Recuerdo que me dijo que la tienda era suya y, como si la conociera muchísimo, le digo a la chica que infla globos, que la dueña me hubiese inflado y rotulado mis dos pequeños y sencillos globos sin problema.
Y, ahí, hay un quiebro. Tampoco es que sea una respuesta especialmente alegre o empática. Me otorga, benévola, diez minutos de espera.
Pasado el tiempo de descuento, tengo los dos globos. Me ha rotulado el “89” que yo quería, con la purpurina negra, aunque yo le he pedido otro color. Me ha penalizado, vamos.
Salgo de la tienda, con los globos cogidos de la mano. Ni me he atrevido a añadir la pesa para el suelo. Le he pedido dos más, sin rotular. Mejor sin nada que con desgana. La gente me sonríe al pasar. Es chulo llevar ese ramillete multicolor y flotante en la mano.
Y he pensado, con pena, en la chica que infla globos. Debe tener 20 años y aunque infla globos para una fiesta de 40 y una pesada, le ha pedido uno con un 89, está malhumorada. Si la chica que infla globos de helio me lee, le deseo que sonría más. Es joven y aún puede hacerlo muchísimas veces a lo largo de su vida. Y no lo digo por los demás. Es por ella, se sentirá mejor y hasta puede ser que los globos le salgan más simpáticos.
Como nota final: la homenajeada de los 89, ha insistido en dar la vuelta al “9”, convertirlo en un “6” para ubicarse en unos fantásticos 68 que, aunque ya hace muchos años que no los tiene, le siguen pareciendo muchos. Quería cambiar las velas de pastel (no ha podido) pero riéndose mucho, le ha dado la vuelta al globo de helio con el 89 en purpurina negra para no verlo.
Se creen que en mi interior hay un núcleo de hierro, seguido por un manto semi-sólido, un manto rígido y la corteza dura exterior…. Eso dicen… Que no hay posibilidad de vida, que la ausencia de atmósfera hace que sea muy, muy fría porque no retengo el calor del Sol. Dicen que tengo como una capa de hielo…
Ya me va bien que los terrícolas se crean eso… ¿Qué aquí no hay vida? ¡Ja! No sé cuánto tiempo más, podremos pasar desapercibidos. Supongo, que aún tenemos para unas décadas, hasta que desarrollen algún instrumento de análisis que no sea tan rudimentario como los que van enviando últimamente… A ellos, nos los hemos vuelto a ver…
Voy a intentar pasar desapercibida y camuflarme entre las nubes.
Dicen que en los inicios de la escritura, las frases se encadenaban sin ningún tipo de indicación y , por eso, era tan importante leer en voz alta para darle al mensaje, un significado correcto. Hubo que esperar a inicios de la Edad Media para que se separaran las frases. Más tarde, se introdujeron los puntos , las comas , los paréntesis, etc. Lo que llamamos , signos de puntuación.
A mí siempre me ha gustado mucho el signo de exclamación o admiración. Difícilmente podríamos entender bien el lenguaje escrito sin ¡la prosodia!, es decir, el tono, el acento y la entonación. El origen de este signo no está muy claro. En Internet se desarrolla la teoría siguiente : «Una de las teorías explica que estos signos surgieron de la expresión en latín io que significa «gozo, alegría», y que la superposición de la i sobre la o sufrió una transformación similar a la de los signos de interrogación.» La realidad es que los estudiosos de la paleografía no han encontrado pruebas consistentes de que así sucediera.
Pero, fuera como fuera que llegara a nuestro lenguaje escrito, tenemos un símbolo universal (!), que reconocen casi todos los seres humanos del planeta, que sirve para exclamar, para enfatizar y para advertir (es la señal mundial de «precaución»). Además, enfatiza las interjecciones que son esas curiosas palabras que expresan tanto con tan poco: ¡Oh! ¡Ay! ¡Guau! Todo ello condensado en un palito, anclado en el texto por un punto.
No es lo mismo decir Te quiero que ¡Te quiero!, ni escribir Gracias que ¡Gracias! Y si añades más de esos palitos, más sentimiento que le pones: ¡¡¡¡¡Te quiero!!!!! O ¡¡¡¡¡¡Gracias!!!!!!.
Nuestra lengua es la única que coloca los signos al principio y final de la sentencia. La norma data de 1754 cuando la recién creada Academia de la Lengua, lo propuso como facilitador en la comprensión de los textos. Debo admitir que muchas veces, utilizo el signo en el modo anglosajón y omito el símbolo de apertura.
Craso error, además de falta ortográfica, ya que nos permite situar la entonación (y el significado) en el momento correcto para su lectura. Es una ventaja para el lector y una herramienta para que el que escribe pueda transmitir fielmente, la prosodia de su escrito.
¡Feliz miércoles!
NB : Hay once los signos de puntuación:punto, coma, punto y coma, dos puntos, comillas (pueden ser simples o dobles), paréntesis, signos de interrogación, signos de exclamación, puntos suspensivos, guión y raya.
Cuando entro en una floristería, ya mejora mi estado de ánimo. La mezcla de aromas, los colores dispersos aquí y allá… Me encanta ver como montan los ramos, manipulando las flores, eligiendo papel y accesorios. Por eso, soy más de la floristería pequeña, en la que los detalles son la firma personal del autor.
Como Constance Spry (Derby, 1886 – Cranbourne, 1960)
En 1927 recibió el encargo de decorar la perfumería Atkinson, en Londres, en la famosa calle Old Bond Street. Y en vez de utilizar solo flores como era lo usual en los años 20, diseñó unos arreglos con bayas, musgo, hojas y, por supuesto, flores. Dicen que se tuvo que cortar el tráfico de la calle, porque la gente se congregaba delante del escaparate de Atkinson.
Esta semana me han regalado un ramo de rosas y coles.
Estoy segura de que es uno de esos ramos que hubiesen recibido la aprobación de Constance. Su tendencia y visión del arreglo floral sigue vigente en el 2022 porque lo que es bonito, nunca pasa de moda.
NB : Conocida por todos los que se dedican profesionalmente a las flores, hay una rosa que lleva su nombre, en su honor.
Una vez digerida la Navidad, toca enfrentarse al Fin de Año.
Llega el momento de las listas, de recordar los mejores momentos, de la recopilación de los eventos históricos del año que se va, de iniciar (o no, eso cada uno) un periodo reflexivo de lo que hemos hecho bien, mal y de lo que queremos para el año venidero (después ya veremos cómo va), de sentir la velocidad endiablada del tiempo…
Una fecha que es simbólica para unos y, para otros, es un día más en ese discurrir de semanas y meses encadenados.
Lo mío no es muy trascendental y lo celebro con fresas. Por mi odio a las uvas, tipo el de Mafalda a la sopa, me tomo mis 12 piezas de fresas (los fresones grandotes se deben partir en dos para ir a buen ritmo) y lo que le pido al año que empieza es: acierto para capear lo que pueda venir y predisposición para disfrutar de lo bueno que espero que venga.
Eso es lo que os deseo a todos para el 2023: acierto en la gestión de la vida y predisposición para disfrutar de todas sus cosas bonitas que suelen estar siempre ahí, pequeñitas y simples, pero no sé por qué, muchas veces no las vemos…
Y, un deseo para el mundo, aunque desgraciadamente ya es un concepto utópico, la paz.
¿Pueden volar los pingüinos?. En principio, tu mente analítica recupera la información que tienes sobre el pingüino y te dices, «nadar, sí . Volar, no«. Respondes que lo que tienen son aletas y no alas. El pingüino no vuela, por supuesto.
Entonces, te informan que los estragos del cambio climático son tan graves que científicos en una base de la Antártida han grabado unas imágenes en las que se observa que los pingüinos , vuelan. El deshielo del planeta, a una velocidad vertiginosa y no evolutivamente «normal», ha modificado aspectos y conductas de los animales que habitan en la tierra. Para evitar la extinción, el pingüino ha utilizado sus aletas para volar. Sólo ha ocurrido en la especie de pingüinos Pygoscelis adeliae.
Así que si ves un pingüino volando, no te alarmes. El calentamiento global está empezando a cambiar las cosas , se está convirtiendo en algo tan peligroso que ha conseguido hacer surcar el cielo, a una de las aves vivientes que no vuela por definición ( y por genética).
NB : Por sí alguien se ha quedado con la duda ; – ), los pingüinos voladores fueron una brillante inocentada de la BBC , en el Día de Los Inocentes del 2008. Cada año lo vuelvo a oír. Y dudo ¿Será el mismo fake o, realmente, pasado este tiempo y con lo que le vamos haciendo al planeta… hay pingüinos que vuelan? Ahí lo dejo…
Aún con el recuerdo de las canciones de Serrat en el Palau Sant Jordi de Barcelona, escribo estas líneas para desearos lo mejor en este periodo navideño: vacaciones, reencuentros familiares, huidas familiares, encuentros con amigos, regalos, viajes, comilonas, belenes, Misa del Gall, Papa Noel, Reyes Magos, Tió, … Lo que vienen a ser Las Fiestas en el modo que cada uno elija y le vaya mejor.
Las letras de esas canciones del maestro Serrat, como pasa con Quino y su personaje Mafalda, nos hacen ver que hay cosas que aún se reivindican tantos años después.
Hay una viñeta de. Mafalda en la que todos los personajes piden un deseo: “Paz en el Mundo”. Yo quiero lo mismo en esta navidad 22 y los años venideros. Basta de guerras militares, ideológicas, religiosas, económicas.
De las Crucíferas (Col, Coliflor, Repollo, Coles de Bruselas, Col Rizada, Col Morada, Col Lombarda, Brócoli, etc.)
Ya la conocían los egipcios, también los griegos y más tarde, los romanos.
Durante el imperio romano, la col (o repollo) se consideraba un alimento milagroso. Lo que ahora llamamos “alimentos inteligentes” o “súper inteligentes,” ya los tenían fichados los romanos.
La realidad es que la col tiene muchas vitaminas (A, C y D). También magnesio y potasio. Mucha fibra y poca grasa y nos mantiene hidratados. Una maravilla medicinal en formato natural. Se puede administrar sin receta.
El único inconveniente es que las crucíferas están preparadas para defenderse en caso de una amenaza de ataque. De un depredador de su hábitat o de un humano con una olla de agua…
En sus tejidos tienen unas sustancias (glucosinolatos)llamadas precursoras de sabor. Contienen azufre y nitrógeno y cuando las muerde un animal o las cortamos con nuestro cuchillo, estas dos sustancias se liberan y se mezclan y se inicia una reacción que genera ese desagradable olor. Lo hacen para ver si te vas y las dejas en paz.
Al procesarlas (hervirlas, hacerlas al vapor, etc.) desaparece el aroma. Eso sí, si te pasas de cocción sus compuestos de azufre se transforman en trisulfuros y estos son los responsables del olor fétido y persistente a col recocida. Hay que cocinarlas en su punto y ventilar la cocina
Estas son coles que tengo plantadas. Como está haciendo calor para la época del año, no estoy consiguiendo grandes resultados alimentarios, pero si unas crucíferas preciosas para hacer fotos.
Sobre todo, después de haber llovido y con esas brillantes gotas de agua en la superficie. Me acabo de enterar que las hojas de la col son impermeables. Su superficie está cubierta de unas columnas microscópicas de cera que forman una cutícula pulida por la que resbalan las gotas. Y, como todo en la naturaleza rezuma perfección, esto es para que, al deslizarse las gotas, limpien las hojas de polvo que impide captar la luz del sol para realizar correctamente la fotosíntesis.