Espero que hayas tenido suerte.

Estoy sentada , mirando el bosque. Ya no hace el calor del pleno verano. Es más, la Tramuntana ya se está haciendo notar y creo que necesito ir a buscar un jersey. Y entonces la oigo.

Cric,cric,cric,cric,cric,cric…

Del silencio hemos pasado a la sinfonía crujiente que me ha acompañado el verano y que me ha irritado alguna de sus noches.

Debe ser ya, la última cigarra, porque solo oigo una, intentado encontrar pareja, ya desesperada porque se le acaba el tiempo.

Cric, cric, cric,cric,cric,cric,cric…

Una vez que emergen del suelo como adultos, las cigarras tienen un ciclo de vida relativamente corto (unas pocas semanas a meses), durante el cual su objetivo principal es aparearse. Si una cigarra no encuentra pareja, continúa cantando y buscando activamente, hasta el final.

Suelen morir al final del verano o principios del otoño, por el agotamiento, el clima más frío o la depredación por otros animales.

Cric, cric, cric y se calla. Espero un poco, porque a veces se interrumpe unos segundos y vuelve a empezar pero ya no.

La cigarra no suena. Parece que esto ya está.

Ese silencio decreta el fin del verano.

Espero que haya tenido suerte y que el cese de actividad sonora se deba a que ha encontrado pareja.

Se lo ha trabajado al máximo y se lo merecía.

Crucemos los dedos…

NB : Las imágenes están generadas con DALL-E3

Tirar la casa por la ventana.

ventana

La tele acababa de estrellarse contra el patio de luces creando un extraño mosaico con las astillas del  cabezal de la cama. Odiaba aquel cabezal, “tapizado con flores a lo Marta Stewart” .

Sacó toda la ropa que tenía en el armario,

Abrió la ventana y lo dejó caer todo. El jersey rosa que tenía la mancha de lejía, planeó graciosamente hasta caer en la cabeza de una mujer que pasaba por allí.

-.Tenga cuidado, oiga! – Gritó alzando la cabeza- Al final, vamos a tener un disgusto. ¡Qué hace tirando las cosas por la ventana, hombre!– Se quedó mirando el jersey rosa y con disimulo, se lo guardó en el bolso.

Cuando llegó la ambulancia, ya no quedaba nada en el salón, ni en la cocina, ni en el dormitorio.

Lo cogieron entre dos enfermeros. Tenía la adrenalina por los cielos y era incapaz de generar más sonido que un extraño hipido. Había entrado en estado de shock eufórico.

Cuando se le pasara, les diría que le había tocado la Lotería. Más de cien millones de euros. Por la mañana, había ingresado el dinero en el banco. Después, al llegar a casa, la  había tirado toda por la ventana…

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Figura en la ventana. Salvador Dalí, 1925. Una ventana magistral.

Tirar la casa por la ventana

Curiosamente, si esto hubiera ocurrido allá por el año 1763 en España, nadie hubiera llamado a los servicios de emergencia. Al pasar por esa calle, hubiesen sabido que aquel tipo le había tocado la Lotería Nacional. Los favorecidos por la suerte,  tomaron la costumbre de tirar por la ventana todos sus viejos enseres: ropa, muebles, libros, adornos. Se hacía para marcar el comienzo de una nueva vida, en la que no quedaban rastros de la anterior. La pobreza se descartaba y dejaba paso a un período de prosperidad.

En lugares como Nápoles, Sicilia y Calabria, se sigue manteniendo esta costumbre durante la noche de fin de año. Se cree que al arrojar objetos como platos, vasos o muebles en desuso, se liberan de todo lo malo que les pudo suceder en el año que termina. Es por eso que en los sitios donde se lleva a cabo esta práctica, deben vaciar las calles previamente y establecer un horario fijo para arrojar los muebles, sobre todo para que los  transeúntes sepan en que momento salir de sus casas, sin temor a ser alcanzados por un sofá o un candelabro. Estáis avisados.

¡Exclamando!

Dicen que en los inicios de la escritura, las frases se encadenaban sin ningún tipo de indicación y , por eso, era tan importante leer en voz alta para darle al mensaje, un significado correcto. Hubo que esperar a inicios de la Edad Media para que se separaran las frases. Más tarde, se introdujeron los puntos , las comas , los paréntesis, etc. Lo que llamamos , signos de puntuación.

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A mí siempre me ha gustado mucho el signo de exclamación o admiración. Difícilmente podríamos entender bien el lenguaje escrito sin ¡la prosodia!, es decir, el tono, el acento y la entonación. El origen de este signo no está muy claro. En Internet se desarrolla la teoría siguiente : «Una de las teorías explica que estos signos surgieron de la expresión en latín io que significa «gozo, alegría», y que la superposición de la i sobre la o sufrió una transformación similar a la de los signos de interrogación.» La realidad es que los estudiosos de la paleografía no han encontrado pruebas consistentes de que así sucediera.

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Pero, fuera como fuera que llegara a nuestro lenguaje escrito,  tenemos un símbolo universal (!), que reconocen casi todos los seres humanos del planeta, que sirve para exclamar, para enfatizar y para advertir (es la señal mundial de «precaución»). Además, enfatiza las interjecciones que son esas curiosas palabras que expresan tanto con tan poco: ¡Oh! ¡Ay! ¡Guau! Todo ello condensado en un palito, anclado en el texto por un punto.

No es lo mismo decir Te quiero que ¡Te quiero!, ni escribir Gracias que ¡Gracias! Y si añades más de esos palitos, más sentimiento que le pones: ¡¡¡¡¡Te quiero!!!!! O ¡¡¡¡¡¡Gracias!!!!!!.

Nuestra lengua es la única que coloca los signos al principio y final de la sentencia. La norma data de 1754 cuando la recién creada Academia de la Lengua, lo propuso como facilitador en la comprensión de los textos. Debo admitir que muchas veces, utilizo el signo en el modo anglosajón y omito el símbolo de apertura.

Craso error, además de falta ortográfica, ya que nos permite situar la entonación (y el significado) en el momento correcto para su lectura. Es una ventaja para el lector y una herramienta para que el que escribe pueda transmitir fielmente, la prosodia de su escrito.

¡Feliz miércoles!

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NB : Hay once los signos de puntuación: punto, coma, punto y coma, dos puntos, comillas (pueden ser simples o dobles), paréntesis, signos de interrogación, signos de exclamación, puntos suspensivos, guión y raya.

Miente.

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¿Vale la pena decirle a un amigo que su arroz a la crema de nécoras es un mejunje incomible y crear una situación tensa, cuando lo que menos te importa de ese amigo , es su habilidad en la cocina? Miente.  ¿Y por qué le vas a decir a tu amiga que esa camiseta le queda de tortazo visual, cuando ella flota de entusiasmo con esa elección consciente? Miente.

La mentirijilla  funciona como un regulador de nuestras relaciones sociales. Hablamos de esas mentiras blancas. Las pequeñas y piadosas. Las otras, ya queda claro que son «negras, malas y enormes». La mentirijilla es un filtro benigno por el que pasar las diferencias de percepciones y dejar que lo importante, lo esencial, salga intacto de las pequeñas batallas de la convivencia humana.

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Al principio, en la niñez,  somos devotos de la norma del «No mentir» y podemos desmentir tranquilamente. Los niños desarman a los adultos ante las mentiras más piadosas. Más tarde,  ya las empezamos a utilizar para conseguir un fin: que no te castiguen ( yo no he sido ), que no te pillen ( estoy estudiando con X. Llegaré más tarde.-Al fondo, la música de la fiesta-). Esta sucesión de mentiras, siguen en nuestra vida adulta: desde mentir con respecto a un dolor para no hacer algo, hasta decirle a alguien que ya tienes un compromiso , sin tenerlo.

Si hacemos un examen de las mentiras blancas y situacionales que decimos al día , nos quedaríamos sorprendidos. Y, a la vez, si nos pusiéramos a practicar un ejercicio total de «verdad» y elimináramos esas pequeñas mentirijillas, podríamos dejar a más de uno derrotado, cuando se podía haber ahorrado el mal trago.

Como todo en la vida, se impone el equilibrio.

El resto de las afirmaciones de este post, pueden ser mentira…

 

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Hace doce años.

Estos días, he recibido un regalo, en forma de post delicioso, sobre este blog. Es de Arístides, un autor muy analítico ( y yo diría que muy pragmático) al que solo conozco por la blogosfera desde los inicios de este proyecto personal. Me encanta ( ¡Gracias!) todo lo que dice de este espacio tan imperfecto, pero hay una cosa, más prosaica, que me ha llamado mucho la atención: el tiempo.

El tiempo en su sentido más cuantitativo :  hace ya doce años y medio que existe Nonperfect y me parece que fue ayer. A la vez, han pasado tantas cosas que nada es como ayer pero… el Blog Imperfecto resiste.

He querido curiosear que publicaba por estas fechas, hace una década.Ya tengo archivo histórico. ; – )

Recomendaba un libro y lo podría volver a hacer hoy. Sigue siendo un buen libro y sigue estando de plena actualidad. El tiempo, a veces, va más despacio de lo previsto…

Érase una vez. (14/02/2009)

Hace tiempo leí un libro que os recomiendo : Happiness de Will Ferguson.

Una historia acerca de los libros de autoayuda centrándose sólo en uno : el único que funciona.

El autor se plantea que pasaría si todos los seres humanos fueran felices y, de repente, desaparecieran todas esas cosas que nos hacen inseguros .Irónico, muy divertido y lleno de verdades.

Ahí va un párrafo :

-. May, está todo a punto de desmoronarse. Todo. Hablo de la sociedad, el país, la economía. Es el fin de la vida tal como la conocemos. ¿Y por qué? Por Tupak Soiree y su fórmula para la felicidad humana generada por ordenador. Tú dijiste: «Así pues, la gente empieza a ser feliz. ¿Qué hay de malo en eso?» May, toda nuestra economía se basa en las flaquezas humanas, en los malos hábitos y las inseguridades. La moda. La comida rápida. Los coches deportivos. Los tecnoaparatos. Los juguetes sexuales. Los centros de dietética. Los clubes de belleza para hombres. Los anuncios personales. Las sectas religiosas. El deporte profesional, y he aquí una manera de vivir a través de los otros. Las peluquerías. Las crisis masculinas de la madurez. El desenfreno de las compras. Toda nuestra forma de vida se basa en la insatisfacción y la falta de confianza en nosotros mismos. Piensa en lo que ocurriría si la gente fuera real y verdaderamente feliz. Si estuviera realmente satisfecha de su vida. Sería un cataclismo. El país entero quedaría paralizado, y si Estados Unidos se detiene, ¿crees que el mundo occidental seguiría adelante? Hablamos de un efecto dominó global. El final de la historia.

NB 18 de febrero del 2021:  Gracias a todos por estar.

El espíritu esconde-cosas

En mi cocina,  hay un ser paranormal que me esconde las tapas de los tuppers…

Siempre he pensado que ese fantasma, ronda por mi casa para hacerme pequeñas trastadas…

tuppers

Esa cosa que vive en mi casa, también desapareja calcetines.

Tengo calcetines desparejados, en un cajón especial “sólo” para esos pobres calcetines.

Y no acaba aquí la cosa.

También me esconde las llaves. Aunque he utilizado técnicas y amuletos para no tener que pasarme un ratito buscando las llaves antes de salir, siguen haciéndolo de vez en cuando. No consigo neutralizarlo del todo…

llaves

Este ente diabólico , que juega a hacerme perder el tiempo, aparece en muchas casas. Seguro que mientras lees esto, piensas en ese pobre calcetín que tienes desparejado y que está en un cajón condenado a una vida solitaria. Pero ya hay mentes brillantes haciendo algo. La empresa se llama THROX y venden tres calcetines al precio de dos. Uno es de recambio…

legsflash

Vacaciones.

Este blog , siguiendo las normas del Calendario Laboral de Blogs que me hizo firmar hace una año, va a estar una semana de vacaciones.

A los que también se vayan como él, de vacaciones, sea por Semana Santa,

Photo by Aaron Burden on Unsplash

O por el Easter,

Photo by Annie Spratt on Unsplash

O por unos días libres, sin más…

Enjoy it!

Qué bonito…

Ya hace unos años que descubrí que las rosas no tienen espinas, tienen aguijones. Son herramientas de protección que funcionan como una armadura.

Hay el aguijón propiamente dicho y su versión más mínima, en plan filamento punzante, que rodea los capullos e incluso la zona del tallo donde los aguijones aún no se han formado… A ver cuál es el depredador que se atreve a comer una rosa…

Estos aguijones también deberían servir para los depredadores humanos pero con unos buenos guantes y tijeras de podar (o con un voluntario que te las coja como acto heroico por Sant Jordi) , toda la protección de la rosa se queda en nada…

O casi… Se pone de manifiesto ( y pincha) cada vez que les cambias el agua…

Y sé que me lo merezco, pero… qué bonito, oye…

 

El tercer intento de las fresas.

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El invierno, marca un período de pausa en mi huerto urbano. Llueve mucho o llueve poco, hace frío: intenso, moderado o casi primaveral ( según quiera el Cambio Climático)y las plantas parecen ralentizarse y protegerse de las pocas horas de luz solar y del tiempo invernal-extraño.

Normalmente, es a finales de marzo cuando le hago una terapia détox y de nutrición y lo dejo listo para encarar la primavera pero, este año, no sé… Al verlo , ahí, solito con su perejil y el orégano tan…agotados…

Hice una visita al garden y compré tierra nueva y abono orgánico. Me podía la culpa… He abusado del huerto para fotos y para artículos en este blog . Se merece mi agradecimiento…

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En el garden, me aconsejaron plantar fresas. ¡Fresas! Me encantan las fresas, pero mis experiencias anteriores fueron bastantes desastrosas: de la primera plantación, me pude comer tres fresas. Eso sí, con una actitud casi ceremonial y disfrutando mucho de su espléndido sabor, pero… fueron tres, no nos engañemos. La segunda vez, cuando la mata empezó llenarse de fresitas, apareció, de no se sabe dónde, una plaga de hormigas que me dejó la planta hecha polvo. Esta vez, salvé seis fresas…

fresa

Así que, vamos a por el tercer intento … A ver si llego a la docena… ; – )

NB : Y, al regar, había algo que brillaba muchísimo entre las hojas de la fresa. Una preciosa gota de agua que puso a prueba el objetivo macro de mi cámara…

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Sentarse.

Según el Diccionario de la Real Academia de la Lengua Española:

1)Poner o colocar a alguien en una silla, banco, etc., de manera que quede apoyado y descansando sobre las nalgas.

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2)Dicho de una cosa o de una acción: Hacer efecto en la salud del cuerpo. «Le sentará bien».

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En estos lugares, me quedo con la segunda acepción.

Sentarse ahí, sienta bien…