Las letras de madera me han dado para otro DIY para un Halloween minimalista.
Es un susto en una caja.

¿A qué da miedo?
Esta vez, las letras de madera me han servido para hacer un Love partido.


Porque no sé qué pasa en el mundo que el amor se ha roto y está por ahí, en fragmentos que se deben unir. Ojalá solo fueran dos trozos, pero parece que se ha fragmentado en nanopartículas.
Tengo un “Lo” y un “Ve” y los voy a colgar juntos.
Ojalá sea un presagio…
Una mañana fui de compras a un súper y en la entrada, había un expositor con muchos artículos para hacer tus DIY. Antes que la fruta y la verdura, cargué en el carrito: letras de madera, dos cajas, un cactus de cartón y pegamento. En casa tengo pintura de pizarra …
La figura del cactus siempre me ha gustado. Una planta de tipo suculenta, que almacena agua en sus tallos y necesita poca para sobrevivir. Es de climas extremos y poco amables. Se dice que los cactus tienen espinas para defenderse de los depredadores, pero no son solo un arma de protección. Su principal cometido es ayudar a la planta a soportar temperaturas extremas) de hasta 60 ºC). Son hojas modificadas para retener el agua.
Tiene mala fama. Yo la he utilizado en este blog como metáfora de las personalidades tóxicas. Todos habréis oído frases del tipo: “Amar a quien no te ama, es como abrazar un cactus” “Cuanto más lo abraces, más te dolerá” pero hemos sido injustos con los cactus.
Le atribuimos el mal abrazo cuando no deberíamos abrazarlo, ni sentarnos encima, ¿no? La lógica es abrumadora. Y en cambio, olvidamos que simboliza la resistencia y que, aun estando en el desierto, florece y cuando lo hace sus flores son preciosas.

Resistir y florecer, después.
Eso es el cactus.

No he encontrado quién/qué fue el primero en utilizar el lema “In art we trust”. Se utiliza mucho en el mundo del arte en general.
Es una adaptación «artística» del lema de la nación americana: In God we trust. “En 1864, durante la Guerra Civil americana, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la inclusión de la leyenda In God We Trust en las monedas de dólar. En 1956 el Congreso convirtió ese texto en el lema de la nación americana.”
Lo vi, en una puerta de esas que yo veo bonitas, en la Nit De L’Art, en Palma, Mallorca.

La foto contiene la puerta, el lema, una intervención de arte callejero (a la izquierda, el astronauta de Memeco) y plantas que siempre aportan belleza. Lo que sí que podrían plantearse las autoridades competentes o empresas responsables de las instalaciones eléctricas de la ciudad, es arreglar ese laberinto de cables. Muy artístico, no es.
Por lo demás, como dice MoCo Museum (Barcelona/Amsterdam) :
Desata el poder del arte para despertar, reflexionar y crecer.
In art we trust.
¿Por qué calva?
¿Por qué no la pintan con una melena frondosa? Y…¿Por qué pintan a la Ocasión? La Ocasión…¿Se pinta?
Y resulta que La Ocasión no es un sustantivo que indica “Oportunidad que se ofrece para ejecutar o conseguir algo.”
No. Nada de sustantivos, ella es una Diosa grecorromana.

Es dicho muy antiguo, aunque inexacto. Los romanos tenían una diosa llamada Ocasión, a la que pintaban como mujer hermosa, enteramente desnuda, puesta de puntillas sobre una rueda, y con alas en la espalda o en los pies, para indicar que las ocasiones buenas pasan rápidamente. Representaban a esta diosa con la cabeza adornada en torno de la frente con abundante cabellera y enteramente calva por detrás, para expresar la imposibilidad de asir por los pelos a las ocasiones después que han pasado, y la facilidad de asir las que tenemos enfrente.
Iribarren, José Mª; El porqué de los dichos. Gobierno de Navarra. Departamento de Educación, Cultura, Deporte y Juventud. Novena edición. Octubre 1996, pág.110
Dicen las enciclopedias que es una “deidad menor” pero todo apunta a que fue la primera Diosa Punki del Olimpo.
Parece ser que otras expresiones como “La suerte le ha dado la espalda”, “Aprovechar (la ocasión) por los pelos” y “ Tener la suerte de cara”, hacen referencia a esta representación plástica y, en concreto , al peinado de la Diosa.
De frente, la podías agarrar por los pelos. No sé. Eso me duele… Pobre Diosa, ¿no?
Si los Dioses fueran más benévolos, hubiesen ideado otro tipo de peinado para la Diosa Ocasión. Uno de esos que no la deje medio calva ni dolorida por el agarrón de la otra media melena y, lo más importante, que a nosotros, los pobres humanos, nos permita, cazar la ocasión al vuelo, la mires por donde la mires.
Este podría ser.
Si alguien tiene ocasión, que se lo comente…
Muchas veces repintado…

Era de tonos dorados y cobrizos metálicos. Tuve una época muy de brillos…Este cuadro lo tenía mi madre en su casa que , igual que ella, se va modernizando a medida que va cumpliendo años. Así que, ahora, en el salón de tonos neutros el brilli brilli del pasado , no pintaba nada.
Restyling al canto.

A ver si le gusta…
¡Qué calor!
El calor extremo es el protagonista de estos días. Me temo, que lo será los próximos veranos de nuestras vidas e incluso, tendremos calor en primavera. La ciencia lleva años y años advirtiendo de los efectos del cambio climático. Un cambio que conlleva una emergencia, una crisis global y planetaria.

¡Qué calor!
Para despistar y esquivar al calor, he estado pintando. Me ha salido un cuadro de tonos anaranjados calurosos, con una ventana redonda verde y azul que podría ser la esperanza y el agua.

¡Qué calor!

Entonces me he dado cuenta de que este calor infernal, es “el cambio climático”, en persona, con su propia campaña electoral y haciendo sudar a todos, incluidos aquellos que lo niegan.
Le cedo mi cuadro para su campaña y , como no hay Planeta B, espero que gane las elecciones.
¡Qué calor!

Estudio de Chris Ofili
Una de las cosas que está en mi “Agenda de Pendientes” (en la sección que no es de viajes) es la de tener un estudio para pintar…alocadamente.
Estudio de Picasso en París
Si puede ser : grande, en medio de la naturaleza ( con preferencia vista mar), ventanales inmensos y un suelo de cemento rústico que se pueda ensuciar de mil colores de pintura. Esa es la clave: que sea muy ensuciable.
Este es el de Joan Miró.
Hace unos años, visité la Fundació Miró y me dejó noqueada con el color y la esencia de lo que allí se respiraba. Una experiencia magnífica.
Uno de los cuadros que más me gustan es este de 1968. Su título aún me gusta más: “El vuelo de la Libélula ante el sol”.
Con Dalí tengo una relación muy especial. A mi padre le fascinaba el pintor y el personaje.
Cuando pintaba en su estudio en Portlligat, lo que veía por la ventana era esto…
Recuerdo un libro que le regalaron con las reproducciones de sus cuadros a todo color y en gran formato. A veces, entraba en su despacho y me dedicaba a pasar las hojas de ese libro, deteniéndome en los cuadros que me llamaban más la atención. Mi preferido, sin ninguna duda, era “‘Dalí niño levantando la piel del mar para ver el perro que duerme bajo el agua”’ (1950) que para mí era “El del perro”.
Recuerdo como me fascinaba que el perro estuviera durmiendo ahí debajo… Surrealismo de la infancia.
Viendo el estudio de Munch, puedes llegar a entender lo de su famoso cuadro “El grito”. Nunca me ha gustado esa obra y supongo que es porque transmite una angustia y un mal rollo muy intenso y ese pack de desasosiego, que es lo que no me gusta, justamente es lo que la convierte en una gran obra de arte.También por este motivo no voy a utilizarla en este post. Prefiero “Beso junto a la ventana”, también de Munch.
Estos cuadros coloristas (y muy especiales) son de Yannima Pikarli Tomy Watson , pintor aborigen australiano.
Su “estudio” es uno de los que más me gustan…
Aunque en el mío pondría un sofá, como Monet.
Trilogía de un paseo por el bosque. (III) Fin.
Lo tercero es la hoja. No estaba en el bosque.
Es una hoja que se movía en el aire, por la Tramuntana, en el quicio de mi puerta. Entró en mi casa y ni siquiera el robot aspirador pudo con ella. Se quedó debajo de la alfombra.
Se merecía el tercer bastidor.
Esta es la Trilogía de “Un paseo por el bosque”: una corteza de árbol, una rama y una hoja…
Y los paseos.
Trilogía de un paseo por el bosque. (II)
Lo segundo es el bosque.
El segundo día de paseo, ya iba decidida a recolectar algo. Hacía sol y el camino estaba precioso.
Se filtraba la luz entre los árboles y se podían observar muchas tonalidades de verde, pero yo iba mirando aquí y allá, arriba y abajo y me fijé en esta corteza.

Planita, liviana, perfecta.