Feliz post-navidad.

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Ha pasado la noche más mágica del año, la comida de Reyes, el tortel y ya está. Se cierra el telón hasta dentro de once meses…

Ha llegado el momento de sacar las luces y los adornos navideños.  Me he planteado dejarlo todo y esperar que el ciclo se repita en Diciembre del 2017. Total, el tiempo pasa tan deprisa que ni me daré cuenta y ya tendré que estar , otra vez, poniendo el muérdago en mi puerta ,  las lucecitas y las estrellas

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Espero que las  fiestas /vacaciones navideñas hayan sido buenas ( o mejor).

Con este post, doy por clausurada la Navidad en este Blog Imperfecto. Volvemos a la rutina.

Feliz post-navidad a todos!

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Cosas que odio de la Nochevieja.

cotillon1Los gorritos de Cotillón

NO me voy a poner nunca más en mi vida un “gorrito de cotillón”.

Odio-profundamente-los gorritos de cotillón. Y no es por ponerme un gorro, es por esa goma infame que me secciona el cuello. Y porque siempre son muy pequeños y me chafan el pelo (que como es una noche “especial” suele estar más trabajado que de costumbre). Estos “packs” made in china (que yo he comprado para hoy, por cierto), además llevan un antifaz con goma de pollo que se suele romper enseguida y unos orificios para los ojos que nunca coinciden con la posición necesaria para la visión. Ya no te quiero hablar si te tocan las gafas y bigote de Groucho. ¿Alguien se puede poner esas gafas de plástico hiriente? La guirnalda para el cuello es lo menos feo pero es…triste. Chafadita, delgadita…pansida ( que viene a ser marchita). Pero mira, te la colocas y lanzas unos “Yujuy” y parece que estés en” el no va más” … Me diréis que la calidad, hace mucho pero también me he puesto gorritos de los “packs de lujo” y siguen siendo igual de incómodos. Esos sí, el collar-guirnalda, con mucha más prestancia.

“Momento Post-uvas”

Otra cosa que no me gusta de la Nochevieja, es el “momento-post –uvas”. Ya me cuesta esperar a las doce para el rito. Es como una cosa a destiempo…A veces, cenas pronto para que no te pille en medio del fregao y te pasas un ratito esperando. Otras, te encuentra engullendo el segundo , mientras alguien prepara a toda prisa los boles de uvas y te los pone delante del plato, con alteración y nerviosismo, porque va a ser !ya!

Pero lo que más odio es cuando ya han acabado las campanadas y yo estoy intentando tragar las casi doce uvas (me cuesta ingerirlas) y la gente ya está brindando y besándose y abrazándose… Y tú, allí, con todas tus uvas en proceso de deglución, sobreviviendo al momento. Es por eso que me plantée el tema de las olivas… Me lo estoy pensando…

Por cierto, en la foto una forma original de servir las doce uvitas ( u olivas). Me lo voy a copiar.

Al margen de estos dos detallitos, me gusta vivir la Noche de Fin de Año como una noche mágica. Esté dónde esté siempre me concentro en unos deseos básicos. Creo en eso de que la “buena suerte” se puede atraer y como esto es un proceso totalmente interior, puedo hacerlo sin levantar sospechas… Con cada uva/oliva, va una petición . No sé si se conseguirá algo con este «rito de atracción de la suerte» pero yo, cada año, lo hago.Eso sí, sin gorro de cotillón, que conste. ; – )

Feliz entrada de año!!!

 

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Curiosidad :

La palabra cotillón es una palabra de origen francés que originalmente significaba enaguas o falda.  Posteriormente también se la incorporó como denominación de un tipo de baile parecido al vals con el que se cerraba alguna fiesta.  Con el tiempo la palabra “cotillón” pasó a designar también las fiestas donde al final se bailaba ese «valsecito».

Parece ser que ,  cuando llegaba el  momento de bailar el cotillón, o sea el vals,  se acostumbraba repartir algunos pequeños obsequios, confetis, serpentinas, pitos y demás artilugios, para dar mayor alegría y animación la fiesta.

Este baile era una especie de final de fiesta.  Y fue así que cotillón l,  pasó a usarse como denominación de los obsequios, más que la danza en sí misma.  Hoy este cotillón se usa para fiestas nupciales, fin de año, cumpleaños y todo tipo de celebraciones.

Las Bolsas de Cotillón  son esos artilugios , agrupados en  una bolsa metalizada, transparente o de cartón…

 

La envidia infinita

envyEstaba poniendo gasolina,  cuando me ha llamado la atención una pareja que estaba en la zona de aire para neumáticos.  Estaban comprobando la presión de las ruedas de un coche muy viejo y hecho polvo que según he oído cuando cotilleaba, era de la hermana de la chica. Los dos ,  jóvenes ,  se reían con complicidad mientrás seguían con sus cosas, haciéndolo todo rápido para ponerse en ruta cuanto antes…

Por las sonrisas y la actitud me he imaginado que eran amantes , con esa ilusión tan de esos años…Felices por estar unos días de vacaciones, libres… Con cuatro euros, un coche viejo y la expectativa , en el más alto nivel al que puede llegar.

Se han ido.Y les he envidiado.

Por la ilusión, sobre todo,  que a esa edad, sale de forma natural y que despues, debemos esforzarnos en «fabricar».

He llegado a mi destino y he ido a comprar. En la cola del super me he encontrado con una conocida.  Arrastraba        ( literalmente) a sus dos hijos, mientras intentaba hacer lo mismo con el carrito. Me ha explicado su plan de vacaciones ( me canso solo recordándolo) y yo le he hablado del mío,  que sin ser nada especial, es más…relajado. Me ha envidiado.

Más tarde, en la sobremesa , he asistido a otra encadenación infinita de envidias : el dueño del restaurante que no tiene vacaciones ( «Tú sí» , te recuerda), la novia fea que se mira a la novia guapa del amigo de su novio, la pareja solitaria que mira la mesa de la pareja con niños con nostalgia, la pareja con niños que mira a la parejita ( ellos no la ven solitaria, la ven romántica) pensando en todo lo que podrán hacer después, solos, sin niños y con ese cava tan rico….

El vecino que quiere ( pero no le llega) el coche que tiene el del 4ºB, la mujer del del 4ºB que piensa que el vecino dedica tiempo a su mujer y su familia, no como su marido que siempre está trabajando…

Yo te envidio, tu me envidias, todos nos envidiamos.

Todos necesitamos / deseamos algo que no tenemos, no podemos o no somos. Y como eso es lo que hay, envidiamos a los que tienen, pueden o son. De la misma forma, estos nos envidian:  nosotros tenemos algo que ellos necesitan/desean y no tienen, no pueden o no son…

Es el círculo vicioso de la envidia infinita…

Típico de humanos.

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NB : Se ve que el tema se «corrige» con la edad : «poca gente es ajena a este tipo de resquemor: el 79,4% de las mujeres y el 74,1% de los hombres confesaron haberlo experimentado en el último año. Pero si se centraban en las edades de los entrevistados, los psicólogos ya detectaban diferencias importantes: mientras que el 80% de los menores de 30 años decían haber envidiado a alguien, el porcentaje entre quienes habían cumplido más de 50 caía al 69%.» Estudio de la Universidad de San Diego ( California)

Odio la Navidad.

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Odio la Navidad.

Cuando lo digo, la gente me mira con cara rara. ¿Cómo no puede gustarte la Navidad, hombre?. Es un tiempo de amor y de paz, de regalos, de comilonas, de encuentros familiares… Y ya pueden venderme la idea más romántica y preciosa de la Navidad que , a mí, no me afecta. Sigue sin gustarme.

La odio. Profundamente.

Lo del amor y la paz me produce escalofríos. Es como si el ser humano estuviera programado para amar y estar en paz y armonía esos días del año. Específicamente, esos. El resto del año tiene como una especie de carta blanca para ser anodino (ni bueno , ni malo) o un verdadero hijo de puta. Perdonad que sea tan grosero pero no sé cómo expresarlo con la contundencia que requiere. Cuando estoy concentrado , poniendo las luces, suelo crear historias de ciencia ficción que me ayuden a superar el frío y el tedio. Siempre me imagino que los extraterrestres que nos controlan ( eso ya os lo explicaré otro día), nos han insertado una especie de temporizador con una serie de botoncitos. Se divierten jugando con nosotros y, en Navidad, nos colocan en el mode Xmas, para que se activen esas características navideñas del amor y la solidaridad.

El que me decía eso de la paz y amor tiene a su madre internada en una residencia de ancianos a la que no va nunca. Eso sí, en Navidad come con ella.

Yo soy un tipo normal . Amo cada día del año a mi esposa y mi hijo y soy un ser pacífico.

Y, odio la Navidad.

A mí, las Navidades, lo que hacen es robarme el tiempo que le regalo, cada día, a mi hijo. Me hacen ir a controlar que todo está en orden y no puedo cumplir mi horario habitual.

Mi hijo es un precioso niño, gordito y sonrosado , que viene de tierras heladas. Hasta los seis años vivió en un centro de adopción y, durante todo ese tiempo, no recibió muestras de afecto ni pudo jugar.

Mi hijo no había jugado jamás.

Así que, desde que vive en nuestro hogar que ahora es el suyo, le dedico un tiempo sagrado por la tarde, antes de bañarlo y acostarlo, para jugar a aquello que más le apetezca.No le interesan los juguetes, lo que le gusta es fabricar castillos con cajas de zapatos e imaginar aventuras con los desgastados muñecos de plástico que le regalamos en su primer cumpleaños con nosotros y de los que no se ha desprendido en estos tres de convivencia. Así que lo único que me trae la maldita Navidad es alterar mi ritual sagrado del juego. Mi regalo diario a mi hijo.

¿Cómo no voy a odiar la Navidad? Me paso todo el día arriba y abajo con el elevador… Luces van, luces vienen…

Odio la Navidad. Y aún más desde el apagón del 2018.

Demasiadas Cumbres Internacionales sobre el cambio climático y poco trabajo efectivo para corregir nuestros excesos. Tras la crisis mundial que se inició en el 2009, llegaron los tiempos difíciles. Cuando en el 2016 por fin se vio la luz, se inició una etapa de nueva euforia consumista. Al mismo tiempo, el invierno empezó a ser más extremo y lo mismo pasó con el verano.

En Diciembre del 2018, todas las ciudades del mundo se engalanaron con millones de luces navideñas. Aunque eran portentos del bajo consumo, la tierra superpoblada, se llenó de bombillas de colores que anunciaban la alegría de los buenos tiempos que se avecinaban. Las temperaturas bajo cero hicieron que la población mundial pusiera en marcha sus aparatos de calefacción mientras la otra mitad de ese mundo, sofocado por el calor tropical, hacía lo propio con los de aire acondicionado.

No se sabe por qué, todo ocurrió en el mismo segundo pero lo único que se recuerda es aquel gran puuuufffffff y, después, la oscuridad total.

La tierra se apagó completamente. Era la Navidad del 2018.

A partir de ese momento, mi trabajo en el Departamento de Mantenimiento del Ayuntamiento de Barcelona, sufrió un cambio radical durante la época navideña. Las ciudades tuvieron que racionar el consumo de luz y, a la vez, requerían de la iluminación navideña que motivara a los ciudadanos a salir a la calle, a comprar y a animarse. Eso de vivir en la penumbra, nos convirtió en seres malhumorados y ariscos. Si antes me ocupaba de colocar los sesenta kilómetros de iluminación navideña en las 305 calles escogidas por el alcalde y, tras ese faenón, dejar que el susodicho apretara el botón del encendido ahora… Ahora , debíamos acudir diariamente a las 305 calles y encender los sesenta kilómetros de velas que iluminaban la ciudad. Eran velas especiales que duraban todo el mes y que debíamos encender y apagar en ciclos de veinticuatro horas.

Vuelta a las velas. Vuelta al encendido y apagado manual.

Odio la Navidad.

Y odio tener que irme a las 24:00 en el camión del Ayuntamiento para recorrer Barcelona, soplando las velas . Una a una.

Yo soy el tipo que las enciende y las apaga cada día. ¿Lo entiendes? ¿Entiendes por qué odio la Navidad?.

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Making Of : Este texto lo colgué en el 2009 y en el 2013. La idea original me la inspiró  : 1) la de gente que odia la Navidad, 2) la noticia del alumbrado navideño en Barcelona y 3) las noticias sobre el cambio climático que llegaban de Cancún (2009).  En mi imaginación, faltaban nueve años para el gran apagón mundial. Ahora, a punto de entrar en el 2017 y con el acuerdo firmado en la Cumbre de París en junio de este año, casi una década despues, veo que sigue siendo un texto vigente. Espero que , algún día, tenga tan poco sentido que no lo quiera volver a publicar. Mientras tanto, hay que ir aprovisionando velas y cerillas…

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Ya avisaréis.

Ya avisaréis

Voy a huir del país. Me he puesto estas gafas rojas para viajar de incógnito y poder esconderme en algún lugar seguro hasta que ese psicópata vuelva a estar fuera de juego.

Sí, ya sé que soy un juguete, un peluche, un muñeco, pero eso no justifica que una vez al año, me aceche el tarado ese, vestido de rojo.

La amenaza es escalofriante: te secuestran y te llevan a Laponia, te meten en una caja y te envuelven con papel de regalo. La mafia la dirige un tipo gordo (según la OMS ya podríamos decir que es obeso), que se viste de rojo y no para de repetir Ho,Ho,Ho.

Terrorífico.

Mientras luchas contra la asfixia (intenta meterte en una caja y que te envuelvan y me entenderás) vas a un saco, con otras cajas y otros juguetes y sin ningún miramiento, te lanzan a la parte trasera de un trineo.

Eso es lo peor: el trineo vuela comandado por el gordinflón y sus renos que son conocidos por su conducción temeraria. Mareado como una sopa, te sacan del saco y te lanzan por el tiro de una chimenea. Más de un Elmo se ha descoyuntado tras el aterrizaje.

Yo ya no estoy para eso, así que me voy. El psicópata del Ho Ho Ho, cada año llega con más fuerza y es invencible. Antes sólo teníamos que esquivar a aquellos tres tipos que venían en camello desde el quinto pino, a paso de… camello…Un juego de niños.

Este tío de rojo es otra cosa. Puede volar y llega fresco en el inicio de las fiestas. Es peligroso.

Creo que estaré fuera de juego durante un tiempo. Os agradecería que me avisarais cuando veáis que ya no hay peligro.

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Ah! Y muy importante: si nos cruzamos por ahí, haced como que no me conocéis.

 

 

Papás Noel dignos.

Hoy me he encontrado con dos Papás Noel.

Bueno, mejor diré que me he topado con dos tipos que pretendían ir vestidos de Santa Claus ( la imagen comercial con más poder del mundo, por cierto).

El conjunto : traje de raso brillante -esplandecía-, falsa tripa amorfa, barba sintética casi fosforito y el incontestable ,pero hecho-polvo-a más-no-poder , gorro rojo. La visión general del sujeto, desastrosa. Tanto, tanto, que un niño que iba un carrito más allá, ya le ha advertido a su madre que el Papá Noel era falso. Y es que se veía a la legua que aquello no podía ser mágico…

Así que, por no estropear la ilusión de los niños , reivindico desde ya ( quedan tres semanas!) una selección cuidadosa de los Papás Noel que van a invadir las calles y centros comerciales . Que ya que son cuatro días y hablamos de los niños , les ofrezcamos una imagen de Santa Claus lo más digna posible…

Y ya que estamos, lo mismo para los Reyes Magos y sus cabalgatas.

Queda reivindicado.

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NB (Curiosidad) : He dudado entre «Papás Noeles»  ( que era lo que yo había escrito en un principio) y «Papás Noel». La Fundéu BBVA recomienda que se prefiera la forma Papás Noel, en la que solo se hace el plural del primer elemento del nombre y se deja invariable el segundo, pues funciona como si fuese un apellido. 

 

 

 

¿Nos tomamos algo?

Tomar algo: tipos

Te invitan a tomar un café, té, cerveza, o invitas tú. El que tira la primera piedra es lo de menos. Y lo que vas a tomar, tampoco importa. Lo que de verdad se está planteando es una propuesta de conversación.

Una charla.

Un ratito de palabras.

Nivel 1

El tono y la situación le dan una u otra magnitud : si el encuentro es casual, la invitación a tomar  algo va a desembocar en una conversación de nivel 1. Este nivel es el más básico y superficial. Se procederá a un intercambio de información cortés en ambas direcciones y se percibirá una atmósfera agradable mientras dure el proceso. Llegados a este punto, es importante advertir que debemos escoger con precisión con quien nos tomamos el algo. Si el humano no es de nuestro agrado, es preferible evitar por todos los medios la ingestión conjunta de cualquier infusión, refresco o licor. Con estos sujetos, basta un saludo apresurado y … seguir caminando.

Nivel 2

Aclarado este punto, pasamos a describir la situación “tomar algo” de conversación nivel 2. En este caso, el acto está totalmente dirigido. Vamos a tomar un café para hablar. De nosotros, de nuestra vida, del amor, de los hijos, del trabajo, de la infidelidad, de los otros, …

Nivel 3

 Finalmente, está la tercera opción de “vamos a tomar algo” en nivel de conversación 3. Aquí las cosas se complican. Las palabras que se vierten son profundas . Unas veces alegres, otras desesperadas. Uno necesita expulsar y el otro recoge al vuelo. En lo bueno y en lo malo.

Así que, al final, tomar el algo que sea es tomar unas dosis de comunicación. Del tipo :  la de tú me hablas y yo te escucho y cuando acabes, empiezo yo.

Hablar por hablar o hablar porque es necesario hacerlo.

Es como una contraseña secreta para abrir una puerta. Dices “tomar algo” y zasss!: estás dentro de un nivel !.

En el mundo de los blogs, nos tomamos algo cada día, con todos los que nos leen o a los que leemos. Una veces, nuestros post tienen un nivel 1, pero otras un 2 o 3…pero , al final, todo son ganas de hablar y de escuchar… Unas dosis de comunicación preciosa .

¿Nos tomamos algo? ; – )

 

Cosas de lunes que hoy no pasarán.

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-. El Portátil «Porque yo lo valgo»: Se declara independiente a su dueña (o sea , yo) y decide bloquearse cuando a él le viene bien. Situación : Teléfono  adherido a la oreja, cuello rígido en posición imposible), necesidad de consultar un mail «enviado». El portátil tarda más de lo normal en recuperarse , piensa y piensa ( circulito azul, en movimiento), dice «No responde», el mouse no se mueve al ritmo de mi mano. Parece que está muerto ( el ordenador). El que está al teléfono…espera. Tú, esperas. El portátil espera. Sólo pasa cuando  más necesidad tienes de su velocidad de doble procesador de los huevos…

Y ya no te digo cuando se «actualiza»… Pero hoy, no. ¿Vale?

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-. Las mil y una impresoras instaladas :Lo mismo que lo anterior. Necesitas imprimir ya! y , con las prisas , no seleccionas la impresora en la que estás. La predeterminada, está muy, muy lejos de aquí. ¿Por qué nunca se cancelan instantáneamente todos los documentos en cola?. Y si es un PDF, la cosa puede durar una eternidad….Y , el circulito pensante y el No responde.

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Y como ya llueve desde ayer, no he caído en lo de ir a limpiar el coche… Yupiii!

Va a ser un lunes fenomenal. ; – )

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Lo de la «Balanza Cósmica» …

 

Balanza Cósmica .Es es un concepto simple : si has tenido un día de esos que dan rabia, el cosmos -todopoderoso- te compensará con un día delicioso, para equilibrar la balanza.

Tras un día /período / malo, te encuentras esperando « la compensación»,  ese momento de felicidad exultante,  brutal . El día/período que compensará el Cosmos… Lo que pasa es que en la espera, se te escapan las otras cosas.

El Día Feliz, en realidad,  es el más cotidiano , ese que no aprecias hasta que te falta. Es tan viejo el concepto que me parece mentira que aún no me lo haya aprendido …

Así que no digo que no exista un tipo llamado Cosmos , que se dedique a equilibrar la Balanza Cósmica de cada ser humano pero mientras lo hace no hay que dejar de agradecer esos días normales tan bonitos.

Pues eso, Feliz Lunes. ; – )

NB: Ilustración : H de Happiness.

 

El buen dormir.

El buen dormir es un regalo de los Dioses.

Los que poseen el don, se duermen con facilidad , nada más apoyar la cabeza en la almohada y entran en un sueño profundo y reparador que , rara vez, hay algo que disturbe.

Son aquellos a los que no despiertas del sofá . No puedes : susurras, hablas, empujas, pellizcas, zarandeas… El que duerme , se limita a dar la vuelta mientras emite unos soniditos de satisfacción , frunciendo los morros , y se vuelve a sumergir en su intenso descanso.

En este mundo del buen dormir, hay grados . Igual que están los que se duermen a la de ya!, hay los que tardan un poquito más. Pero no mucho: la tele sin apenas sonido, un libro que se deja unas 5 o 1o páginas… No es llegar y besar el santo pero casi. Y , a veces, el «casi» es un espacio satisfactorio, de pre-descanso que requiere de su ritual y nos encontramos plenamente confortables leyendo antes de decir adiós al mundo de los despiertos.

Los que peor lo pasan tienen el «don» a medias: duermen pero les cuesta muchísimo. Una lucha de voluntades entre las ganas de dormirse ( de una jodida vez) y la no intención de hacerlo que proclama su cerebro. Estos leen más, ven más la tele , piensan y repiensan en las cosas de la vida, se dan una, dos y cien vueltas, cuentan ovejas y lo que se precie ( que por cierto, he oído a un experto en la radio que decía que se debe hacer contando de una a diez (repitiendo el ciclo) y siempre al revés (10,9,8..) y, finalmente… se duermen.

La otra bendición complementaria del buen dormir es la continuidad del mismo. Hay un dormir fragmentado que se complica cuando volver a captar el sueño es tarea difícil…

Cada cuerpo sabe las horas que precisa para repararse y recargarse de energía para afrontar el despertar. Sean cinco u ocho, lo importante de este tiempo de desconexión, es que sea de calidad.

Porque lo del dormir es como todo, mejor si es bueno