El grillo intermitente.

A mí el grillo me gusta. Ya lo he dejado caer otras veces en este blog: es un sonido que me relaja y me conecta con el verano, las vacaciones, el descanso.

Este año el grillo dejó de cantar muy pronto. Me sorprendió su habilidad y rapidez para encontrar pareja, aunque me alegré por él. Al cabo de unos días lo vuelvo a oír. Pienso que será otro colega grillo, pero pronto vuelve a quedarse mudo. Este año el romance de los grillos va viento en popa…

Y reaparece: el grillo, o el grillo nuevo. O es intermitente, o vienen por aquí porque saben que encontrarán el amor. Pero, tras una observación exhaustiva, me doy cuenta de que el grillo enmudece en las noches de pico de calor. Se esconde y se protege. Como nosotros.

Creo que están desconcertados.

Para complicarlo más, el eclipse. Estaba sentada, acompañada del grillo, esperando «sentir» el fenómeno porque no podía ver ni el sol ni la luna. Cuando la oscuridad apareció de repente, bajó la temperatura y se levantó una brisa muy agradable: el animal enmudeció. Hubo un silencio profundo y se encendieron las luces solares.

A los pocos minutos, volvió a cantar.

Y ahí sigue, si la próxima ola de calor se lo permite.

Calor infernal.

Este año me quedo con una sola palabra para resumir el verano: calor. Le añadiría el adjetivo «infernal». Las tórridas temperaturas continuadas han cambiado el verano, y parece que para siempre.

En el pueblo, en las paredes de piedra, ya empiezan a aparecer las unidades condensadoras de los aparatos de aire acondicionado. La piedra fría que conservaba una temperatura agradable en el interior, y las noches ligeras que refrescaban el ambiente, son ya cosas del pasado. Los horarios de las reuniones de calle han cambiado radicalmente: nadie sale con ese calor.

En la costa, el concepto «chiringuito en la playa» tiene otro matiz: son pocos los locales con interior y refrigeración, así que esas comidas veraniegas —mirando el mar, bajo la sombra del cañizo— se convirtieron en experiencias incómodas. Las cartas y los menús, a modo de abanico, en movimiento constante. Los ventiladores, moviendo aire caliente.

Los paseos, las caminatas, todo en horario milimetrado para que no te atrape el calor. Las noches tropicales, sin estar en el trópico.

El agua del mar, caliente. También la de las piscinas. Todo ha sido el calor, el calor, el calor.

Y, finalmente, lo peor sin duda: los desgarradores incendios que han asolado el país. Se me partía el alma viendo imágenes de la naturaleza ardiendo, sabiendo que solo el agua podía detenerlos.

Ahora esperamos la lluvia. Una que sea buena y benigna, que apague, que refresque, que haga nacer nueva vida y que nos haga olvidar el maldito calor infernal de este verano… hasta el siguiente.

Lo único bueno: casi no me han picado los mosquitos que cada año me atacan de forma despiadada.

Ola de calor.

Una ayuda…

Despegazapatos.

Es la noticia de esta semana: ola de calor extremo.

Hay mal humor…

Es muy costoso caminar por la calle. Al principio, ideamos formas para refrescarnos.

Pero , tras varias semanas, hemos empezado a vestir diferente a todos los veranos de nuestra vida.

La buena noticia es que he encontrado trabajo . Por fin.

No había muchos candidatos que se presentaran a la oferta por las condiciones laborales pero yo aguanto bien el calor.

Voy recogiendo los zapatos que se han quedado pegados en el asfalto…

NB: Para compensar el post.

Con la termorregulación loca…

Nuestro cuerpo es un ingenioso artefacto capaz de hacer cosas maravillosas, pero… algo está fallando en el tema de la termorregulación, o homeostasis.

La termorregulación, o homeostasis, es la capacidad que tiene nuestro organismo para regular su temperatura. El objetivo del sistema es mantener el cuerpo entre 35 y 37 °C. A esta temperatura, el cerebro se encuentra en su zona de confort y puede controlar las funciones metabólicas fundamentales.

Si detecta que nuestra piel está por encima de ese rango, se activan los sistemas de “refrigeración”: sudamos, nos ponemos rojos (vasodilatación periférica: los capilares y vasos sanguíneos se ensanchan hacia la zona más externa del organismo para liberar el calor) y nos ralentizamos para consumir menos energía…

Debemos cooperar para ayudar a nuestro “sistema de refrigeración”: buscamos la sombra, el agua fresca, los baños refrescantes…
Sobrellevándolo.

Y así estamos estos días, con la termorregulación loca…

NB : Que las imágenes sirvan de respiro…

Para refrescar…

Pues sí. El calor ha sido bestial.

Ahora, cuando escribo, noto que la cosa está mejorando y es posible que pueda dormir más apaciblemente.

He recordado que , en el pueblo, este año también nevó cuando no tenía que nevar según las fuentes históricas del lugar. Todo se está desequilibrando…

Esa tempestad de nieve, dejó unas imágenes preciosas que, en esta ola de calor, relajan al cerebro, engañándolo y refrescando…en general.

Probad a mirarlas…

Tomar la luna.

Voy a tomar un poco de luna…

Voy a estirarme en la tumbona y voy a tomar unos rayos lunares. Aprovechando que hoy es luna llena y que eso de “tomar-el-sol” es un acto suicida , en estos días de la gran ola de calor , yo me decanto por la noche.

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Tomar la luna es más sencillo y más fresco. No requiere de protección solar, no sudas, no te quemas, no te molesta, no te agobia… Sé de muchos que esta noche saldrán a la terraza, al balcón, al jardín… Somos muchos los que, huyendo del calor, tomaremos un poco de luna.

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Y, encima, llena.

Te deja una piel , y un espíritu, espectacular….

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Quítate el sayo, ya.

Estos días que se avecinan, de canícula insospechada (¿No era la cosa que “Hasta el 40 de mayo, no te quites el sayo?”), me han hecho avanzar el temible episodio “cambio de armario”. Este fin de semana, delante de mis narices, desplegada por todas las camas y sofás de la casa ( y también colgando de los picaportes de las puertas), toda mi ropa.

Toda esa ropa con la que podría vivir dos o tres vidas. Prendas de hace años que viven bajo el yugo del “¿Y sí?” y que esperan que algún día (que no te digo que no) las saque de su letargo. Mientras esas toneladas de camisetas, faldas, pantalones, etc., etc., se van acumulando en mi armario, yo voy repitiendo modelito de forma incansable, como si de un uniforme se tratara. Es lo que tiene el ser humano: es incomprensible

La norma de eliminar lo que no te has puesto la temporada pasada, no me sirve. Ni de cinco temporadas. Me da penica y, además, esta ese dichoso “Y sí…”, siempre presente.

Entre mañana y el jueves, se espera que las temperaturas asciendan unos 15º, de golpe, en mi zona ( Barcelona). ¿15º? ¿Nos vamos a poner a 30ºC / 35ºC? ¿Tengo que sacar ya el lino y las sandalias? Pues sí . Sin avisar. Y lo más alucinante es que, el viernes, descenderán otra vez, de , golpe, esos 15º …

Pero yo ya no volveré a guardar mi pack de vestuario veraniego. Eso de ordenar los armarios se hace sólo una ( tediosa) vez antes del verano.

Lo siento por el refrán, que deja de ser cierto. Ni 40 de mayo, ni nada. El sayo ya molesta.

Mañana, como máximo, pareo y biquini  ; – )

Y que vengan esos 15º C de más…

 

 

sayo

NB 1 : SAYO: era una prenda ancha y sin botones que cubría el cuerpo hasta la rodilla

 NB 2 : El 40 de mayo, que correspondería al 9 de junio, popularmente se usa en el refranero español para designar una fecha avanzada de la primavera en la que hace buen tiempo.

Tal y como se hace referencia en la época en que desaparece completamente el tiempo invernal por el más cercano al veraniego, se apunta también acerca de la necesidad de prevenir los constipados por desabrigo. (Wiki)