La última patata de la tierra.

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—¡Corre! —Soltó sin preámbulos, casi sin aliento.

No le hice caso. Estaba a punto de comerme la última patata de la tierra…

El 23 de marzo se anunció, oficialmente, el éxito del primer viaje a un exoplaneta muy similar a la tierra, descubierto tres años antes por los miembros del Proyecto Carmenes en Calar Alto. Unos días antes del anuncio, mi amigo Alf, el que se fue a trabajar al Banco Mundial de Semillas de Svalbard en Noruega, me había enviado un paquete por mensajería urgente.

La caja contenía semillas de Patatas de la Vall de Camprodón y una nota manuscrita. El mensaje era muy breve: «Aprovecha para degustar las últimas.»

Alf sabía que me encantaban las patatas mucho antes de la plaga que acabó con la producción mundial de todo tipo de tubérculos. Se había convertido en un manjar extinto… ¿Por qué me enviaba esas semillas tan valiosas? Todos sabíamos que el Banco de Svalbard estaba fuertemente custodiado… ¿Por qué me instaba a plantarlas? ¿No sabía que era delito?

Y… ¿Por qué «las últimas»?

Tres meses después de recibir ese paquete, estoy a punto de comer una de las últimas patatas del planeta .De las originales, de las de verdad, de las de antes de la gran plaga… La planté y la he cosechado yo misma. A escondidas. Infringiendo la ley…Y, sí, tengo las respuestas a todas mis preguntas.

Nadie pensó que todo iría tan rápido. Por lo menos, ninguno de los seres humanos de base. Nadie creyó los informes de aquellos científicos… Décadas, sabiendo que el crecimiento del planeta no era sostenible. Demasiados carburantes, demasiadas emisiones, demasiado consumo, demasiado plástico, demasiadas personas…

Todo se precipitó…Como cuando algo cae al vacío, sin más parada posible que el impacto contra el suelo…Ese era el camino de la humanidad.

El día en el que se reunieron todos los dirigentes del planeta en una cumbre de urgencia, fue cuando fuimos conscientes que ya hacía dos siglos que hablábamos del “Cambio Climático”… Dos siglos sin hacer demasiado o nada para parar la caída…

Y es que “El Cambio” sucedió de forma gradual. Las estaciones frías empezaron a acortarse, el calor fue aumentado al igual que la ausencia de lluvias. Lo vivimos con una cierta desidia: mejor librarse del frio invierno y vivir nuestras eternas primaveras, abarrotando las playas, surcando los mares en cruceros masivos, visitando ríos que se iban secando y valles que se iban marchitando. La introducción de semillas transgénicas, modificadas para las nuevas condiciones climáticas, tampoco supuso ningún problema. Ya lo estábamos haciendo hacía años… Todo era rutinario, conocido, poco alarmante.

Y la tierra se nos reveló. Las temperaturas subieron y subieron y subieron…

Abro la patata cocida con mucha delicadeza. Le pongo una pizca de sal y otra de pimienta negra, recién molida. Aún conservo un frasquito de aceite de oliva no transgénico que he escondido durante un par de años para una ocasión especial. Esta se lo merece. Vierto un fino hilo del oro líquido sobre la patata…

¡Qué bien huele, por Dios!

Antes de dar el primer bocado, mi vista se dirige al horizonte. El cielo está plagado de luces. Hay muchas…Parecen estrellas fugaces pero son de color rosado y serpentean en un cielo anaranjado. Son las naves del Gran Éxodo desapareciendo de la atmósfera terrestre.

Los que nos quedamos aquí, no sobreviviremos. Los que se van hacia esa nueva tierra, no han aprendido nada.

— ¡Corre! —Mi vecino está ya en las escaleras, con una mochila colgada al hombro. -¡Podemos hacerlo! ¡Estamos a media hora de la base de lanzamiento!- Oigo gritos, pasos, carreras…Todos intentan llegar a las últimas naves con plazas disponibles.

Miro la patata humeante y le digo que me quedo…

Lloro.

Lloro de emoción.

La última patata de la tierra está divina…

De narices.

Como el protagonista de El Perfume de Patrick Süskind, creo que tengo hiperosmia. En realidad, la definición va muy al límite: “La hiperosmia es un trastorno que supone el aumento exagerado de la sensibilidad hacia los olores.” Al Pacino en Perfume de mujer, es capaz de detectar la marca del jabón de una mujer sentada al otro lado de su mesa en un restaurante.

Yo no creo que lo mío sea exagerado, pero sí que soy “sensible” a los olores. Detecto, a veces, olores que a otros se les insinúan levemente. Y, además, a mi memoria olfativa se le añade la retención. Retengo el olor X en mi bulbo olfativo (supongo) y debe pasar un rato para que se me “despegue” de la nariz, aunque ya esté lejos de la fuente aromática en cuestión.

Esto es bueno cuando el aroma es de los que me gustan. Es malo cuando es de los que me disgustan…

Foto de okeykat en Unsplash

Y es que el olfato es un sentido muy interesante. Su capacidad de evocación es espectacular… El circuito se inicia cuando nuestros epitelios olfativos captan el estímulo e inmediatamente envían una señal al bulbo olfativo. Cuando el bulbo recibe la señal, la dirige al cerebro y en el hipocampo se relaciona el olor captado con un recuerdo. Si ese recuerdo nos provoca una emoción, la evocaremos casi como la primera vez que la percibimos. Dicen los científicos que se crea un registro cerebral similar al de la emoción relacionada que se percibió por primera vez con esa fragancia.

No sé si una melodía o un estímulo visual tienen tanta potencia en cuanto a lo que rememoramos, ni tanta “calidad” descriptiva…Dicen que las personas recuerdan hasta el 35 por ciento de lo que huelen y solamente el 5 por ciento de lo que ven…

También tiene su utilidad el recuerdo o identificación de los olores desagradables: reconocemos el peligro o señales de advertencia: gases, carne podrida, amoníaco, etc… y se nos activa un mecanismo de defensa natural (ante la experiencia desagradable) para protegernos.

Y todo esto viene a cuento porque he tenido una evocación infantil de placer intenso con el caldo de pollo (para el alma y para la gripe) que hace mi madre. Al calentarlo, me ha invadido el recuerdo de esos días en la cama, con un poco de fiebre ¡y que no ibas al cole!!!, con la mami preparando ese caldo delicioso, mimándome al máximo… La belleza de mi infancia, concentrada en el aroma de esa sopa, inundándome de paz y confort…

La sofisticación de la nariz es la leche…

Foto de Braydon Anderson en Unsplash

 

De compras.

Hace muchos años, fui a una tienda de Sentidos. En ese momento, buscaba un sentido concreto y pasé de largo por secciones de sentidos que, o no estaban de oferta o no me interesaban en ese momento. 

Me acuerdo de la bolsa, de sencillo papel reciclado. Como si San Antonio me ayudará en la búsqueda, la he encontrado en el armario de reciclaje de bolsas. Siempre he sentido que no debía deshacerme de ella y bien que hice porque no me acuerdo donde estaba el establecimiento y seguro que encuentro la dirección en la bolsa. Y ahí está, en un lateral, tan desteñida que me cuesta leerla.

Foto de Dmitry Mashkin en Unsplash

Sentidos Shop es una tiendecita encantadora. Al abrir sus puertas de madera vieja y decapada, me ha parecido que entraba en otra dimensión (igual lo he hecho). Decenas de estanterías de roble, ocupaban toda la estancia y, alineados en perfecta simetría, unos encantadores tarros de cristal, como los de mermelada casera, con unas etiquetas manuscritas en papel reciclado. Un neón luminoso centelleaba: “Sírvase Ud. mismo”.

He cogido una cestita de mimbre y he empezado a recorrer la tienda. Los sentidos físicos estaban en la primera planta (gusto, tacto, etc.…). Los conceptuales, en la segunda y allí me he ido. He pasado de largo la sección de “El Sentido de la Vida” y también la de “El Sentido de nuestra Relación”. En el área de “El Sexto Sentido” he caminado más deprisa, por si acaso… Finalmente he llegado a la sección de “El Sentido Común”. Mi intención era comprar las máximas unidades posibles y repartirlas a diestro y siniestro.

Foto de Darío Méndez en Unsplash

Para mi sorpresa, casi no quedaban frascos y los que quedaban estaban rotos, con fisuras y taras.  Un chico con una camiseta en la que rezaba Staff se me ha acercado a preguntarme si necesitaba ayuda. Le he preguntado si podía buscarme algo de Sentido Común en el almacén o en la central (está tienda tiene filiales en otros países) pero ha negado con la cabeza.

  • Lo siento mucho. Es el único Sentido del que tenemos rotura de stock. No te puedo decir cuándo estará disponible de nuevo. Parece que no hay producción en los últimos tiempos. Por la sequía, el cambio climático, la guerra… Son muchas variables, ya sabes, pero de momento no se fabrica Sentido Común. Si quieres, te puedo apuntar en una lista de espera y te llamo si lo volvemos a vender.

Me he ido, con la esperanza de que pronto, recibiré la llamada de Sentidos Shop, diciéndome que tienen “El Sentido Común”disponible…

Ya os avisaré.

Su trigo, nuestro pan.

Al volver, me reconecto con el mundo. 

Leyendo la actualidad política, recuerdo mi estancia en el pueblo. Este año, conocí a gente joven que intenta desarrollar su proyecto vital en el entorno rural. Agricultores que intentan profesionalizar su trabajo en el campo: hablaban, con ilusión, de su afán por cosechar grano de máxima calidad, utilizando productos naturales y tecnología para optimizar resultados.

También, de cómo se enfrentan a problemas básicos de vida que suenan a los de los urbanitas, pero son más acusados y trascendentes en esos preciosos pueblos remotos. La mala comunicación de la red de transporte, la falta de conectividad, la falta de médicos, de colegios cercanos para los niños, el exceso de burocracia que les obliga a desplazarse aquí y allá…

Son el futuro. Son pocos y les cuesta hacerse oír, pero si se les escuchara, podríamos explorar todas las posibilidades que tiene esa España, mal llamada vaciada. Lo que está es abandonada. Se abandona el talento de esa juventud que se arriesga y apuesta por el campo y también se abandona la materia prima de un país de primera. Tenemos sol, campo, montañas, mar, y, hasta ahora, un buen clima…

Los resultados electorales dejaron fuera a los partidos que representaban esa España tan particular y, a la vez, tan importante. 

Pienso en esos jóvenes agricultores y en la importancia de tener pueblos habitables y no solo ciudades habitables. Que la elección de ciudad o de pueblo, para desarrollar un proyecto vital, sea en igualdad de condiciones porque tal y como vienen las cosas, en esta llamada Crisis de Civilización, un semiconductor puede quedar inservible pero el trigo, está ahí desde hace más de 14.000 años. 

Y su trigo es nuestro pan.

Mientras tanto, solo hay que leer el periódico del día para ver cuáles son las noticias de cabecera. Es desconcertante observar cómo, en el plano nacional, se obvian temas muy básicos y se hace una política de paja.

No pesa casi nada y sirve para dar de comer al ganado.

NB : Por cierto, el pan del pueblo, un tesoro de valor incalculable…

Extrañamente caluroso…

Estos días, hemos exclamado muchas veces “¡Qué calor!”. Parece lo normal para la época:  agosto y temperaturas elevadas. También sabemos qué cada vez hará más calor. Y lo vamos asumiendo y soportando con nuestro ventilador, aire acondicionado, piscina, mar, ducha, agua fresca, sombra… Pero hay algo diferente y extraño en estas tres “olas de calor” que se ha marcado este verano del 23.

Foto de Vika Wendish en Unsplash

Suelo acudir, a mediados de agosto, a la Fiesta Mayor de un pueblecito en Huesca, muy cerca de Jaca. Durante el día, hace calor (cada año más, es verdad) pero por la noche, el ambiente es fresco. Un regalo maravilloso.  Las primeras veces, acostumbrada a las noches mediterráneas, no llevaba nada de manga larga en la maleta, así que acababa la noche con sudadera prestada.  Ya experimentada, nunca me falta algo que ponerme para estirarme en el monte y ver la lluvia de Perseidas, un poco abrigada. Este año, mientras la orquesta sonaba y la gente bailaba en la plaza, la temperatura era de 37ºC. Perseo me regaló una espléndida visión de puntos brillantes danzando en el cielo, eso sí, sudando la gota gorda y con más mosquitos que nunca. Como os digo, una experiencia extraña…

Foto de sheri silver en Unsplash

Después en el Alt Empordà. Abriendo las ventanas de día, el calor es soportable y por la noche, sin necesidad de abrigo, hay un descenso de temperaturas muy agradable. Y, de vez en cuando, una tramuntana suave y refrescante. Pero, eso, ahora mismo, son recuerdos del pasado.  Hay unos vecinos holandeses que llegan cada año, la tercera semana de agosto. Suelen cenar en la terraza. Me gusta oír el tintineo de los platos y cubiertos y el rumor de sus voces. Junto con los grillos nocturnos, es un símbolo del verano que me da una sensación de paz. De tradición. Este verano, no los oigo en el porche. Si que percibo el zumbido de su aire acondicionado… Hoy he hablado con ellos y están sorprendidos por la temperatura, la desaparición del aire que nos hacía de ventilador natural, de las calles, por la mañana, hechas un horno y las noches bochornosas. Les he dicho que pronto se acaba y que vendrán lluvias y tiempo más “normal”. Hemos mirado el campo seco y todos hemos deseado que ojalá sea verdad. Que llueva. Que refresque. 

Foto de Melissa Walker Horn en Unsplash

Que lo extraño no sea recordar las fiestas del pueblo con una chaqueta o a mis encantadores vecinos, cenando en su terraza…

NB : Fotos refrescantes de Unsplash.

Dialogad, dialogad, malditos…

Ilustración de Saul Steinberg

Han pasado cinco años de este post y lo puedo publicar sin cambiar ni una coma. Lo único que puedo añadir es : que triste…

Leer la prensa con tranquilidad y más exhaustivamente era un placer.Y digo que «era» porque, a medida que voy leyendo sobre los acontecimientos nacionales e internacionales y como los gestionan los seres humanos nacionales e internacionales, van convirtiendo la lectura en un displacer. Añadid, la televisión y Twitter…

Si algo queda claro , a una mente básica como la mía, es que esos seres humanos en todo el mundo, que dirigen el cotarro,  han perdido o no han tenido nunca una característica básica del ser humano  : la dialogicidad.

«El diálogo no impone, no manipula, no domestica, no esloganiza.»

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La dialogicidad es la postura epistemológica en donde reconocemos que el diálogo se encuentra en la base de todos los procesos del conocimiento.

«En el anti diálogo se quiebra aquella relación de simpatía entre sus polos, que caracteriza al diálogo. Por todo eso, el anti diálogo no comunica. Hace comunicados.»

Dada la importancia de esta habilidad básica para la resolución de problemas , ¿Se podría medir esta característica/habilidad de alguna manera para elegir a quien nos representa?

Apuntando más alto : ¿Podría ser una condición sine qua non para cada uno de los líderes de cada uno de los partidos políticos , que se presentan a unas elecciones?

¿Cómo lo hacemos?

 

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NB  : Dialogicidad. Término acuñado por el pedagogo brasileño Paulo Freire,  que basaba su metodología de aprendizaje en el diálogo. Las citas, también son de Paulo Freire.

 

 

 

Asombro, miedo y «acojonante».

A veces, las palabras parecen esquivas, y la mente se queda en silencio, incapaz de encontrar la chispa creativa necesaria para escribir un post. La pantalla en blanco se convierte en un desafío abrumador. La falta de ideas se cierne como una nube gris, frustrando nuestros intentos de plasmar pensamientos en papel.

Pero en esos momentos de bloqueo, debemos recordar que la inspiración puede surgir de las situaciones más inesperadas. Observar el mundo, sumergirse en diferentes experiencias y permitirse el tiempo para reflexionar, son puertas que pueden abrirse a nuevas ideas. La clave está en perseverar y confiar en que la musa volverá a encontrar su camino hacia nosotros.

En este momento, empiezo a escribir yo, en plan humano, tecleando, porque el texto que acabáis de leer , lo ha generado ChapGPT y la imagen, DreamStudio. Lo que aparece en este momento en mi mente imperfecta es la palabra «acojonante» que según la Inteligencia Artificial es : «Decimos «acojonante» para expresar asombro o admiración ante algo impactante o sorprendente. Aunque su origen es relacionado con el miedo, en el uso coloquial adquiere un tono informal y enfático. Es una forma de resaltar algo extraordinario o impresionante, superando las expectativas.» También me advierte que tenga cuidadín con la palabra : «Es importante mencionar que se trata de una expresión informal y puede ser considerada vulgar en ciertos contextos o por algunas personas. Por ello, es recomendable utilizarla con precaución y tener en cuenta el tono y el público al que nos dirigimos al emplear esta palabra en una conversación o en un texto.»

Yo lo utilizo en sus dos sentidos : asombro y miedo.

Esta última imagen también es humana : hay una foto base que hice de un marco que pinté de negro pizarra . Le he dado el efecto, la he convertido en B/N y le he puesto el texto. Un generador de imágenes por IA , esto lo hace en segundos. Pues eso…

Una viñeta de Mafalda.

Una.

Nos iría bien si nos Mafaldizáramos

Feliz viernes a todos.

Sobramos.

El mundo se pelea y mientras lo hace, sigue saliendo la luna cada noche. Y mañana, de nuevo, el sol. Y la vida seguirá, inamovible, en su ciclo perfecto.

Por mucho que la humanidad se vaya complicando la existencia, sin saber que lo importante no es lo que creemos importante, los pájaros nocturnos de junio seguirán con su melodioso jolgorio, las mariposas aparecerán con la luz, el lagarto aprovechará el sol y las flores estarán preciosas, dándolo todo a las escasas abejas que aparecerán por allí.

Se intuye que sobramos…

Hay una falsa…

Foto de Vincent van Zalinge en Unsplash

Urbanitas en el campo. 

Vemos un árbol lleno de mariquitas. ¡Qué monas! ¿no? Voy a hacer unas fotos. Hay mucho sol directo y me deslumbra. Cuando me acerco, cientos de mariquitas vuelan y se dispersan asustadas. Miro hacia arriba: el árbol está lleno. Hay muchísimas. Una colonia de mariquitas. 

¡Qué monas! ¿no?

En mi mente, tengo almacenada la información de que son insectos muy beneficiosos. Incluso, se utilizan como eliminadores naturales de plagas en árboles frutales, ya que se comen el pulgón. Y se ve que son muy voraces con lo que limpian los árboles de posibles intrusos. No hay que tocar las mariquitas… Pienso en el árbol que tengo delante : estará encantado de la vida… Me aparto del sol para ver la pantalla de la cámara. Me cuesta enfocar bien, hay un exceso de luz. Reviso las pocas fotos que he hecho y hago un zoom. Veo que las hojas están mordidas. Vorazmente. Muchas de ellas, casi desaparecidas.

Presto atención a las mariquitas. Hay muchas de ellas. La gran mayoría en plena fiesta sexual. Las otras, comiendo hojas. Muchas, muchas. ¿Qué monas? No sé, no son como mi mente urbanita las recuerda.

Y, parecen más alargaditas. ¿Son mariquitas?

Entonces, en San Google, encuentro la respuesta.

Los dos son insectos coleópteros. Queda más bonito escribir “coleóptero” pero los dos son variedades de escarabajo. 

Una es la Coccinellidae, la redondita. La mona.

Foto de Claude Laprise en Unsplash

La otra es la Lachnaia, la alargadita. A la que le he hecho las fotos.Se denomina escarabajo de las hojas o falsa mariquita. Es una especie fitófaga: se alimenta de tejidos vegetales y se va a comer ese árbol…

Así que tenedlo en cuenta. No hay que equivocarse. Las dos son escarabajos, pero uno se come a los bichos y el otro se da un festín de hojas.

Nota : La urbanita avisó al propietario del árbol y ya lo están tratando… ; – )

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