No he encontrado quién/qué fue el primero en utilizar el lema “In art we trust”. Se utiliza mucho en el mundo del arte en general.
Es una adaptación «artística» del lema de la nación americana: In God we trust. “En 1864, durante la Guerra Civil americana, el Congreso de los Estados Unidos aprobó la inclusión de la leyenda In God We Trust en las monedas de dólar. En 1956 el Congreso convirtió ese texto en el lema de la nación americana.”
Lo vi, en una puerta de esas que yo veo bonitas, en la Nit De L’Art, en Palma, Mallorca.
La foto contiene la puerta, el lema, una intervención de arte callejero (a la izquierda, el astronauta de Memeco) y plantas que siempre aportan belleza. Lo que sí que podrían plantearse las autoridades competentes o empresas responsables de las instalaciones eléctricas de la ciudad, es arreglar ese laberinto de cables. Muy artístico, no es.
Era de tonos dorados y cobrizos metálicos. Tuve una época muy de brillos…Este cuadro lo tenía mi madre en su casa que , igual que ella, se va modernizando a medida que va cumpliendo años. Así que, ahora, en el salón de tonos neutros el brilli brilli del pasado , no pintaba nada.
El calor extremo es el protagonista de estos días. Me temo, que lo será los próximos veranos de nuestras vidas e incluso, tendremos calor en primavera. La ciencia lleva años y años advirtiendo de los efectos del cambio climático. Un cambio que conlleva una emergencia, una crisis global y planetaria.
¡Qué calor!
Para despistar y esquivar al calor, he estado pintando. Me ha salido un cuadro de tonos anaranjados calurosos, con una ventana redonda verde y azul que podría ser la esperanza y el agua.
¡Qué calor!
Entonces me he dado cuenta de que este calor infernal, es “el cambio climático”, en persona, con su propia campaña electoral y haciendo sudar a todos, incluidos aquellos que lo niegan.
Le cedo mi cuadro para su campaña y , como no hay Planeta B, espero que gane las elecciones.
Son ilustradoras, especialistas en humor gráfico. Analistas sociales, altavoces de la realidad más íntima. Hacedoras de sonrisas. ¿Apetece sonreír viendo un dibujo? Pues , venga.
Una de las cosas que está en mi “Agenda de Pendientes” (en la sección que no es de viajes) es la de tener un estudio para pintar…alocadamente.
Estudio de Picasso en París
Si puede ser : grande, en medio de la naturaleza ( con preferencia vista mar), ventanales inmensos y un suelo de cemento rústico que se pueda ensuciar de mil colores de pintura. Esa es la clave: que sea muy ensuciable.
Este es el de Joan Miró.
Hace unos años, visité la Fundació Miró y me dejó noqueada con el color y la esencia de lo que allí se respiraba. Una experiencia magnífica.
Uno de los cuadros que más me gustan es este de 1968. Su título aún me gusta más: “El vuelo de la Libélula ante el sol”.
Con Dalí tengo una relación muy especial. A mi padre le fascinaba el pintor y el personaje.
Cuando pintaba en su estudio en Portlligat, lo que veía por la ventana era esto…
Recuerdo un libro que le regalaron con las reproducciones de sus cuadros a todo color y en gran formato. A veces, entraba en su despacho y me dedicaba a pasar las hojas de ese libro, deteniéndome en los cuadros que me llamaban más la atención. Mi preferido, sin ninguna duda, era “‘Dalí niño levantando la piel del mar para ver el perro que duerme bajo el agua”’ (1950) que para mí era “El del perro”.
Recuerdo como me fascinaba que el perro estuviera durmiendo ahí debajo… Surrealismo de la infancia.
Viendo el estudio de Munch, puedes llegar a entender lo de su famoso cuadro “El grito”. Nunca me ha gustado esa obra y supongo que es porque transmite una angustia y un mal rollo muy intenso y ese pack de desasosiego, que es lo que no me gusta, justamente es lo que la convierte en una gran obra de arte.También por este motivo no voy a utilizarla en este post. Prefiero “Beso junto a la ventana”, también de Munch.
Estos cuadros coloristas (y muy especiales) son de Yannima Pikarli Tomy Watson , pintor aborigen australiano.
Hace unos días que inicié una investigación sobre los NFT. Tenía una vaguísima idea de lo que era eso de los Not Fungible Token, pero era tan vaga que no pasaba de la idea simple de: “un certificado digital de propiedad de algo en el universo digital.” Ese algo puede ser cualquier cosa en ese vasto mundo de la tecnología… Desde una copia del primer tweet de la historia a una entrada de un concierto, un dibujo, una fotografía, un juego…Y más “cosas” pero, en este caso, para que no se produzca un cortocircuito en mi cerebro analógico, hablamos de los NFTs del arte y de la fotografía.
Estos los entiendo más: te gusta el arte de un ilustrador digital o un fotógrafo, compras un NFT suyo y lo expones en las pantallas de tu casa. No voy a entrar en el debate de si mejor un cuadro físico que una imagen del cuadro porque es un debate de preferencias y, lo más seguro, con sesgos según la edad. En cualquier caso, hay que asumir que hay nuevos lenguajes y formatos. Todo nuevo.
Todo empieza porque en mi cuenta de Instagram, me contactan y me proponen comprar dos de mis fotos de las que hay publicadas en NFT. Parece fácil: la mayor plataforma mundial de NFTs es OpenSea.io. Solo tengo que “mintear” (que viene a ser “acuñar”). Descubro que es introducir un código (blockchain) que le confiere la propiedad de ser único e irrepetible y, por tanto, le da valor de una obra única. Mi comprador me indica que cuelgue las obra en dicha plataforma y me da un precio por cada una. Me indica el valor en una moneda digital (criptomoneda) de nombre Ethereum con las siglas ETH. Vale.
En esta fase, lo de mintear,Ethereum, etc, ya me parece inasumible. Además, encuentro información sobre las ETH y veo que el valor de 1 ETH, ese día, es de unos 1.500 dólares. El tipo me ofrece 7 ETH por cada foto. Evidentemente, la tasación de mi foto en más de 10.000 dólares es tan excesiva, que entiendo que es una estafa, pero ¿En qué consiste? ¿Qué pueden obtener?
Esta es una de las fotos.
Recurro a mis asesores externos, en una franja de edad de 18 a 24 años. Sé de sus conocimientos sobre criptomonedas así que lo del NFT no será desconocido para ellos. Y, efectivamente, saben.
Descubro muchas cosas y hay muchas otras que no entiendo. La propuesta de compra de mi arte, pinta fea. En Instagram, el primer mensaje proviene de un bot. Son perfiles falsos que acceden a los usuarios que etiquetan con #arte o #art. En mi caso, me pide que “cuelgue” la foto en la plataforma. Esta acción no tiene un coste monetario excesivo (de 5 a 20€) pero hay que registrarse y elegir un wallet de criptomonedas ( esto ya me da miedo). Ese wallet puede estar vacío (apenas con unos céntimos) y simplemente que sirva para recoger los 7 ETH que me quieren pagar por mi gran talento artístico.
Y eso es lo que yo no entiendo. Si cuelgo la foto y el interesado me paga ¿Dónde está la trampa? Está en algún momento de esta cadena de transacciones, pero ¿Cómo?
Mis expertos me indican que, probablemente, será después, cuando yo tenga los 7 ETH en mi wallet. Me “guiarán” para hacer un tipo de inversión inversa (valga la redundancia) o para mover ETH de wallet a wallet o yo qué sé porque no lo he acabado de entender.
Mi mecenas y descubridor en Instagram, me ha seguido contactando para que venda. Le he dicho que no, que gracias por su interés, que lo mío es una afición, etc. y he acabado la conversación sobre los NFT.
Tiene toda la pinta de ser una estafa. Las potenciales víctimas son los artistas que creen que, por fin, alguien ha visto que su obra tiene posibilidades (sea una foto, una ilustración digital, a mano, un cuadro o un dibujo) y, encima, te ofrecen una cantidad de dinero, impensable desde tu modestia de autor aficionado.
Pero… ¿Y si hubiese “minteado” la foto y la hubiese colgado en OpenSea?
Como soy nativa analógica y hago caso a los refranes, no voy a dejar que la curiosidad mate al gato.
Mientras tanto, he creado el primer NFT analógico de la historia para el universo digital.
Aquí lo tenéis.
NB: Si alguien lee este post y le ha pasado lo mismo, o es usuario de OpenSea, me encantaría saber más.
La importancia del “corazón órgano” viene de lejos. La civilización egipcia, por ejemplo, creía que en el corazón se concentraba el alma y la mente del ser humano. Ahora, ya sabemos que la cosa no va así. El corazón es un músculo que bombea sangre al resto de cuerpo y que recibe órdenes precisas del cerebro para hacer todas esas cosas que hace cuando nos enamoramos (desde la aceleración del ritmo cardíaco, hasta el aleteo de mariposas en el estómago).
El cerebro es el que decide si nos enamoramos o no…
El que nos pone tristes.
El que nos hace estar felices…
El corazón, bombea.
Pero, claro, esto lo sabemos ahora. En tiempos remotos, supongo que era uno de los pocos órganos con posibilidad de causa –efecto que se podía verificar empíricamente: latido = vida. Así que se podría entender la importancia del “corazón” para el hombre ( si lo oían, bien. Si no, mal) pero… ¿Por qué el simbolito?
La teoría más extendida de su origen, es la que proviene de la Colonia griega de Cirene (actual Libia). Es en esta ciudad, dónde se creó y se utilizó el símbolo del corazón como lo conocemos en la actualidad y que es utilizado en todo el planeta. Si algo tiene, es que es universal.
Parece ser que el corazón representa las semillas de la planta Silphium, planta cuyo cultivo estuvo muy extendido durante la antigüedad entre egipcios, griegos y romanos remontándose su utilización desde al menos el S.VII a.C.
Se utilizaba para muchísimas cosas: perfume, condimento, analgésico, crece-pelo pero su uso más preciado era como anticonceptivo. Era una forma de disfrutar del sexo con libertad y por derivación de la condición humana, símbolo directo del amor…
La representación del corazón, pues, viene de una planta.