Mi balanza antigua y la IA.

El ChatGPT es un prototipo de chatbot de inteligencia artificial desarrollado en 2022 por OpenAI que se especializa en el diálogo.

Cuando entras en ese chat, estás interactuando con una Inteligencia Artificial. Hola, IA.

En estos momentos, la OpenAI está en modo beta, es gratuito y de libre acceso. Con nuestras intervenciones, esta IA está acumulando más aprendizaje. La estamos entrenando para hacerla lo más similar posible al ser humano.

Un habitante de Barcelona, en 1900, no habría tenido capacidad para anticipar que, en el 2023, estaríamos haciendo videollamadas con el móvil. Apenas empezaban a saber que era un teléfono, una radio o una televisión. Nosotros, no somos capaces de evaluar lo que será esta locura de la Inteligencia Artificial porque casi estamos como nuestros antepasados del 1900: adaptándonos a las nuevas tecnologías, pero, con la diferencia, que ahora todo va muchísimo más rápido.

El ChatGPT es desconcertante. Puedes preguntar cualquier cosa, incluso pedir que te programe (es capaz de crear programas informáticos básicos), etc., etc., Se me escapa y me da mucho respeto, pero, para mi alucine, también puede “crear” textos literarios.

Hice una foto de una vieja balanza que tengo en casa y quería escribir algo. Lo que he hecho es pedírselo a esta IA.

“Texto humorístico sobre una balanza antigua de 25 palabras”

En apenas dos segundos, la cosa esta me responde: 

“Mi abuela todavía usa una balanza antigua, pero no para pesar su comida. La usa como un método para predecir el tiempo: si la aguja se mueve, va a llover”

Yo le pido: “Más poético” y al momento, me escribe: 

“La balanza antigua guarda secretos del tiempo, 

en su aguja mueve el viento, 

anuncia lluvia o sol brillante, 

mi abuela confía en ella, 

como un oráculo del pasado.”

Es tan rápida que te deja alucinando, incluso da un poco de yuyu.

Acabo haciéndole otra pregunta: ¿Eres escritora?

Pues eso: encima con diferentes géneros y estilos…

Por cierto, esta es la balanza.

Más información en estos enlaces:  

OpenAI

ChatGPT

Artículo sobre el ChatGPT. 

Instagramera de cosas…

He reactivado mi cuenta de Instagram.

Recuerdo una viñeta del ilustrador Jordi Labanda, en la que dos amigas están tomándose un café. La única frase del dibujo era algo así: “Chica, nunca hubiese pensado que estabas mal. ¡En Instagram se te ve tan feliz! “  . Es un buen resumen de lo que muchas veces es esta red social …

Así que la cuenta de El Blog Imperfecto se centra, únicamente, en cuadros y #fotosenfondogris que he ido haciendo y han ido nutriendo el blog durante muchos años.

Es una forma de tener una galería visual de todas esas cosas que, por cierto, me han hecho feliz mientras las hacía.

Y sin filtros. ; – )

Estamos en paz.

Hace unos días, os hablaba de los Relatos en Cadena que convoca la Cadena Ser y Escuela de Escritores. 

Este año voy a intentar ser constante y es que, a veces, para escribir, necesito un “estímulo” extra. A mí, que me den la frase de inicio, me activa el proceso de creación. Y es emocionante saber que alguien está evaluando tus textos. El de la semana pasada, con la frase de inicio “Su padre es un tal José Luis”, me pilló el jueves, muy tarde. Apenas quedaba una hora para el cierre de la convocatoria y lo del tal José Luis me costaba. 

Este fue el resultado.

El Doctor Ramírez

Su padre es un tal José Luis, murmuraban al paso del niño. Un crio feliz con numerosos candidatos a padre a los que le iban cambiando el nombre. En el pueblo, se comentaba que era un tal José Ramón y en la peluquería apostaban por un tal José Fernando.

Él sabía la verdad. No había ni José Luis, ni José Ramón, ni José Fernando. Solo una aportación anónima en una clínica de fertilidad. La madre y la Tita Josefa, su otra madre, lo habían decidido así.

El Doctor Ramírez, pediatra de especialidad, saludó a la preciosa familia. 

Hoy tocaba consulta.

Foto de Etienne Girardet en Unsplash

Como me consta qué a muchos de los lectores de este blog os gusta escribir, dejo aquí la frase de inicio para esta semana. 

“Estamos en paz»

Aquí podéis enviar vuestros textos de 100 palabras, de forma sencilla, mediante formulario. Hay tiempo hasta este jueves a las 12:00.

¡Vamos a encadenarnos!

Camuflándose para el Blue Monday.

Hoy, dicen, es el día más triste del año. Lo llaman Blue Monday

Es triste desde hace unos años, antes igual no era un día triste o si lo era, no lo sabíamos.El concepto aparece en el 2005. Un estudio , una ecuación y una campaña publicitaria, aseguran que hoy, es una jornada mustia.

Para quien se lo crea, hay una opción para superarlo: camuflarse y que pasen estas 24 horas sin llamar la atención. La tristeza se contagia así que es mejor no acercarse…

En la foto del kiosco que encabeza este post, hay una persona camuflada.

Es una idea pero que entraña dificultad.

En este lineal de refrescos, también hay camuflaje. Es la obra de Liu Bolin. Este artista chino, escultor y fotógrafo ha «inventado» una nueva especialidad artística , el «Camuflaje Urbano» , que él utiliza para expresar su repulsa silenciosa a la política de su país ( las autoridades políticas destrozaron el taller colectivo en el que trabajaba junto con otros artistas) y para remarcar la poca o nula importancia de la persona en la sociedad actual.

El inicio de esta serie de «Camuflajes» se da tras el derribo del Centro Artístico Suojiacun en el que 100 artistas deciden utilizar el material del derribo para realizar unas obras de protesta. Liu Bolin hizo esto :

Esta foto se titula «Escombros» y es el inicio de una trayectoria que se inicia en el 2005 hasta el día de hoy .

Además del tiempo que tarda en pintarse, suele invertir una media de nueve horas en conseguir la foto con la «integración» perfecta. Durante este tiempo, consigue camuflarse totalmente , en paisajes transitados dónde los transeuntes ni se enteran…

Si por una casualidad  ( se mueve por el mundo) os lo encontraráis, no hace falta que salgáis corriendo. No se va a mover. Está integrándose.

(Scala de Milán.)

Feliz Monday! Del color que sea…

El arcón frigorífico.

Este año he vuelto a participar en Relatos en Cadena organizado por la Cadena SER y la Escuela de Escritores.

El objetivo es crear un relato de 100 palabras, a partir de una frase de inicio. Cada semana, esta frase será la última del relato seleccionado como ganador.

La primera semana que he participado (ya llevan dos) había que empezar con la frase “Darse una vuelta con él “.

Envié el relato que viene a continuación: 

Foto de Eder Pozo Pérez en Unsplash

El arcón frigorífico

Darse una vuelta con él fue un error. Cuando denuncié la desaparición de mi marido, enviaron a un policía. Todo fue bien hasta que entró en el garaje y vio el maldito arcón frigorífico. Me preguntó si era el del bar de Manolo. 

Ni idea. Lo compré hace tres meses, mientras trazaba mi plan. 

Lo acarició con cariño.

—¡Si aún funciona! Mis hijos lo habrán abierto mil veces para elegir un helado. 

Sonrió y se dio la vuelta, alejándose. No sé qué le alertó, pero, de repente, se giró y dijo: 

— Si me lo permite, voy a abrir el arcón de Manolo.

Ganó Secretos de cuna, de David Garduño Navarro, cuyo relato y el de los finalistas podéis leer aquí (se publican semanalmente). 

David acaba su estupendo relato con la frase: “Su padre es un tal José Luis” 

Y aquí nace otro relato, otra semana.

Seguiré informando…

La chica de los globos de helio.

Foto de Florian Klauer en Unsplash

Estoy en una tienda de artículos para fiestas. Quiero comprar unos globos de helio para un cumpleaños. Cuando he entrado, ya he notado la resaca de la Navidad. Dos chicas iban guardando todo el stock navideño sobrante. Tenían que actualizar la decoración y volver a cumpleaños, disfraces y ya, asomando en el horizonte, el Día de San Valentín. 

En el mostrador, otra chica. Está decorando unos globos dorados con un “40” bien hermoso. Suspiro con envidia por el número. Yo voy a por uno rotulado con la edad en forma de estrella y otro, en forma de corazón con un nombre. Ya se le intuye desgana en la forma de inflar el globo y en como escribe la edad con una horrible purpurina negra. Por lo que veo en el mostrador, aún le quedan 15 o 20 globos más por hacer. 

Le pregunto si alguien me puede atender y me entero de que sólo ella infla y rotula los globos. Le pido mis dos globos, pero me dice que tiene que acabar ese encargo. El de los “40”. Es para las cinco de la tarde y son las dos. Tiempo, tiene. Me cuesta muchísimo gustarle a la chica que infla globos. Ni sonrisa, ni amabilidad: nada funciona. Le pregunto por la persona que me atiende habitualmente (el último trimestre del año, se me acumulan cumpleaños) que es encantadora y, encima, tiene una caligrafía preciosa. Está de vacaciones. Recuerdo que me dijo que la tienda era suya y, como si la conociera muchísimo, le digo a la chica que infla globos, que la dueña me hubiese inflado y rotulado mis dos pequeños y sencillos globos sin problema.

Y, ahí, hay un quiebro. Tampoco es que sea una respuesta especialmente alegre o empática. Me otorga, benévola, diez minutos de espera. 

Pasado el tiempo de descuento, tengo los dos globos. Me ha rotulado el “89” que yo quería, con la purpurina negra, aunque yo le he pedido otro color. Me ha penalizado, vamos.

Foto de Amy Shamblen en Unsplash

Salgo de la tienda, con los globos cogidos de la mano. Ni me he atrevido a añadir la pesa para el suelo.  Le he pedido dos más, sin rotular. Mejor sin nada que con desgana. La gente me sonríe al pasar. Es chulo llevar ese ramillete multicolor y flotante en la mano.

Y he pensado, con pena, en la chica que infla globos. Debe tener 20 años y aunque infla globos para una fiesta de 40 y una pesada, le ha pedido uno con un 89, está malhumorada. Si la chica que infla globos de helio me lee, le deseo que sonría más. Es joven y aún puede hacerlo muchísimas veces a lo largo de su vida. Y no lo digo por los demás. Es por ella, se sentirá mejor y hasta puede ser que los globos le salgan más simpáticos.

Foto de Madison Oren en Unsplash

Como nota final: la homenajeada de los 89, ha insistido en dar la vuelta al “9”, convertirlo en un “6” para ubicarse en unos fantásticos 68 que, aunque ya hace muchos años que no los tiene, le siguen pareciendo muchos. Quería cambiar las velas de pastel (no ha podido) pero riéndose mucho, le ha dado la vuelta al globo de helio con el 89 en purpurina negra para no verlo.

Camuflaje.

 

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Se creen que en mi interior hay un núcleo de hierro, seguido por un manto semi-sólido, un manto rígido y la corteza dura exterior…. Eso dicen… Que no hay posibilidad de vida, que la ausencia de atmósfera hace que sea muy, muy fría porque no retengo el calor del Sol. Dicen que tengo como una capa de hielo…

Ya me va bien que los terrícolas se crean eso… ¿Qué aquí no hay vida? ¡Ja! No sé cuánto tiempo más, podremos pasar desapercibidos.  Supongo, que aún tenemos para unas décadas, hasta que desarrollen algún instrumento de análisis que no sea tan rudimentario como los que van enviando últimamente… A ellos, nos los hemos vuelto a ver…

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Voy a intentar pasar desapercibida y camuflarme entre las nubes.

Que se vayan a Marte, por favor, por favor…

Rosas y coles.

Cuando entro en una floristería, ya mejora mi estado de ánimo. La mezcla de aromas, los colores dispersos aquí y allá… Me encanta ver como montan los ramos, manipulando las flores, eligiendo papel y accesorios. Por eso, soy más de la floristería pequeña, en la que los detalles son la firma personal del autor. 

Como Constance Spry (Derby, 1886 – Cranbourne, 1960)

En 1927 recibió el encargo de decorar la perfumería Atkinson, en Londres, en la famosa calle Old Bond Street. Y en vez de utilizar solo flores como era lo usual en los años 20, diseñó unos arreglos con bayas, musgo, hojas y, por supuesto, flores. Dicen que se tuvo que cortar el tráfico de la calle, porque la gente se congregaba delante del escaparate de Atkinson

Esta semana me han regalado un ramo de rosas y coles. 

Estoy segura de que es uno de esos ramos que hubiesen recibido la aprobación de Constance. Su tendencia y visión del arreglo floral sigue vigente en el 2022 porque lo que es bonito, nunca pasa de moda.

NB : Conocida por todos los que se dedican profesionalmente a las flores, hay una rosa que lleva su nombre, en su honor.

La preciosa rosa Constance Spry.

¡Exclamando!

Dicen que en los inicios de la escritura, las frases se encadenaban sin ningún tipo de indicación y , por eso, era tan importante leer en voz alta para darle al mensaje, un significado correcto. Hubo que esperar a inicios de la Edad Media para que se separaran las frases. Más tarde, se introdujeron los puntos , las comas , los paréntesis, etc. Lo que llamamos , signos de puntuación.

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A mí siempre me ha gustado mucho el signo de exclamación o admiración. Difícilmente podríamos entender bien el lenguaje escrito sin ¡la prosodia!, es decir, el tono, el acento y la entonación. El origen de este signo no está muy claro. En Internet se desarrolla la teoría siguiente : «Una de las teorías explica que estos signos surgieron de la expresión en latín io que significa «gozo, alegría», y que la superposición de la i sobre la o sufrió una transformación similar a la de los signos de interrogación.» La realidad es que los estudiosos de la paleografía no han encontrado pruebas consistentes de que así sucediera.

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Pero, fuera como fuera que llegara a nuestro lenguaje escrito,  tenemos un símbolo universal (!), que reconocen casi todos los seres humanos del planeta, que sirve para exclamar, para enfatizar y para advertir (es la señal mundial de «precaución»). Además, enfatiza las interjecciones que son esas curiosas palabras que expresan tanto con tan poco: ¡Oh! ¡Ay! ¡Guau! Todo ello condensado en un palito, anclado en el texto por un punto.

No es lo mismo decir Te quiero que ¡Te quiero!, ni escribir Gracias que ¡Gracias! Y si añades más de esos palitos, más sentimiento que le pones: ¡¡¡¡¡Te quiero!!!!! O ¡¡¡¡¡¡Gracias!!!!!!.

Nuestra lengua es la única que coloca los signos al principio y final de la sentencia. La norma data de 1754 cuando la recién creada Academia de la Lengua, lo propuso como facilitador en la comprensión de los textos. Debo admitir que muchas veces, utilizo el signo en el modo anglosajón y omito el símbolo de apertura.

Craso error, además de falta ortográfica, ya que nos permite situar la entonación (y el significado) en el momento correcto para su lectura. Es una ventaja para el lector y una herramienta para que el que escribe pueda transmitir fielmente, la prosodia de su escrito.

¡Feliz miércoles!

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NB : Hay once los signos de puntuación: punto, coma, punto y coma, dos puntos, comillas (pueden ser simples o dobles), paréntesis, signos de interrogación, signos de exclamación, puntos suspensivos, guión y raya.

Presagio.

Acabar y empezar el año en buena compañía.

Que la compañía tenga ya muchos años de compañía y los que vendrán.

Y, flores.

Flores de colores alegres, intensos y vibrantes. 

Como un presagio, sutilmente perfumado, del futuro que ya está ahí.

Y si no es una señal “mística floral “del destino, me conformo con su belleza, pero creo que tiene toda la pinta de un buen presagio…