Obsolescencia : 22011977.17052019.42

Tiempo de lectura : 3 minutos

-. ¿Y con qué criterio colocan los interruptores On/Off?

-. Recibimos un listado con el número de serie. No hay un criterio definido.

-. Entonces, ¿Quién decide que sean 15, 30, 60 o 80 años?

-. Nadie. Los números se generan de forma aleatoria con un sistema de algoritmos que nadie conoce.

-. ¿Y quién creo ese algoritmo?

-. Querido ser humano, eso os lo estáis preguntando desde el principio de los tiempos. Los habéis llamado dioses. A veces son muchos, uno para cada cuestión (guerra, amor, fertilidad, fortuna…). Otras veces, sólo hay uno. Pero no uno para todos, uno y único diferenciado por cada grupo. También, hay quien habla de alienígenas u otras culturas más avanzadas de otros planetas. O del destino. O del karma. Yo no sé quién o qué es el origen. Yo sólo inserto el número de serie en el óvulo fecundado…Y no puedo decirle nada más. Lo siento

-. Una última pregunta, por favor. Yo tengo 40 años, ¿me puede decir cuál es mi número de serie?

-. Puedo, pero no lo haré. Está totalmente prohibido. Me juego este puesto de trabajo en el que estoy integrado desde la eternidad y sin derecho a ninguna compensación si me despiden. Es más, por este tipo de infracción, se activa directamente el modo Off. Me tengo que ir. Está conversación puede comprometerme y puedo tener muchos problemas.

Oigo un chasquido y después, un crujido. La imagen de aquella silueta negra, que me ha parecido un hombre, pero puede no serlo, desaparece de mi campo visual.

Soy periodista. Cuando empecé mi investigación sobre la Obsolescencia Programada, no pensé que las cosas me llevarían hasta aquí. Creamos aparatos con fecha de caducidad programada, pero… ¿En seres humanos? Eso era imposible…

Tras detectarme una lesión cerebral, que me obligó a pasar varias veces por esa máquina de resonancia magnética de última generación que llaman “Disgregación molecular”, empecé a creer en esa posibilidad.  Cuando me dieron el alta médica, repasé todas las piezas del informe del neurólogo sin entender nada, pero, en una de las disgregaciones moleculares, pude ver un número de serie insertado en el esfenoides. La imagen era difusa y desapareció con el tiempo, pero memoricé la cifra. Después, tirando del hilo, llegué a la Deep Web y, de ahí, a la entrevista con el holograma raro que hablaba como yo.

Mi Obsolescencia Programada me da poco margen, así que me dedicaré a divulgar lo que he descubierto a ver si alguien me ayuda y se puede llegar a dónde sea que se crean los algoritmos.

Tengo dos años…

NB : Culpad de este relato a mi última inmersión «Stephen King» .  ; – )

¿Colores?

Relato surrealista, a partir de la Chromatic Typewriter.

He encontrado una preciosa máquina de escribir, en un anticuario del Born de Barcelona. Es una Underwood nº 3 , de las de teclado español, datada de 1929. Me vuelven loco las Underwood...Me he enamorado al instante…

Me produce una emoción especial contemplar mi colección de máquinas de escribir. Se me pone la carne de gallina cuando pienso en la cantidad de palabras que han sido creadas, literal y materialmente, con estos prodigios mecánicos.

Palabras…

Tengo que buscar un hueco, para colocarla Es posible que quepa encima de la nevera…Mi mujer me abandonó cuando empecé la segunda colección: la de las Palabras de Papel…Las escritas con aquellas máquinas y a punto de desaparecer.¿Cuántas de esas palabras quedan por el mundo? Yo me propuse salvarlas y conservarlas…

A ella le parecía muy irritante que preguntara a amigos, familiares, conocidos, a todo el que se me pusiera por delante, si conservaban algún texto o papel, escrito con máquina de escribir.Después, le pareció intolerable que empezará a guardar aquellos archivadores llenos de documentos: facturas, informes médicos, recibos de alquiler, trabajos universitarios, listados, cartas, invitaciones,…todo, escrito con máquina de escribir…

Cuando se fue, me sentí libre para dar rienda suelta a mis dos pasiones . Sin control… Y, ahora, casi no puedo moverme entre las paredes de mi casa. Los archivadores se amontonan en los pasillos y hasta en el WC tengo máquinas de escribir…

Esta salida al Born, ha sido uno de mis últimas incursiones en el exterior. Me gusta estar en casa, entre mis palabras y mis máquinas , sin más contacto con el mundo que el estrictamente necesario.

A mi mujer,  no la había vuelto a ver desde el día en el que me dejó. Sé que me odia y es por eso , que me ha extrañado que llamara a la puerta y que me entregara aquel paquete y… que se riera, de esa forma tan aguda y estridente que sólo utiliza para la venganza. No ha vacilado ni un segundo. Ni tan siquiera ha pestañeado al ver mi aspecto demacrado y gris. Me ha lanzado un paquete entre carcajadas venenosas… Hasta la vecina del 3º, se ha asomado a la puerta para ver qué pasaba…

Cuando se ha ido, he abierto la caja : una preciosa máquina de escribir Underwood Standard de 1937…con un teclado … cromático.

Con las teclas de colores.

¿Colores? ¿Colores?

¿Pero …y las letras?…

¿ Y las palabras?

¿Dónde están las palabr…?

¿!

La vecina del 3º

Que quieres que te diga. Ahora estoy más tranquila. Tanto papel ahí amontonado. ¡Imagínate si hay un incendio! Además, estos últimos meses ya estaba muy raro. No salía de casa para nada…Alguna vez lo veía pasar desde la ventana y parecía un fantasma. Cómo te lo digo: estaba casi transparente…

No sé, chica. Cuando he visto a la policía, a la ambulancia y a  los bomberos, casi me da un infarto. Me han dicho que se lo han llevado en estado casarónico, creo. O caratónico. Bueno, no sé. Algo así…

Lo que le ha pasado ha sido raro. Esta mañana, he visto que lo visitaba su ex-mujer, sí, aquella tan estúpida que no saludaba a los vecinos. Le ha traído una caja…Creo que estaba obsesionado con las máquinas de escribir y que lo han encontrado con la boca abierta y la mirada perdida, delante de una que no escribía palabras. Mira, me han dicho que hacía cuadros. Bueno, no sé. Algo así.

Cuadros, pinturas, me refiero. De colores. No, no, no. No lo entiendes, en vez de palabras, con esa máquina de escribir, se pinta. Bueno, no sé. Algo así. ¡Qué más da! Se ha quedado catarónico …

Y es que se veía venir. Este chico, desde que se separó de su mujer, se vino cuesta abajo…Te lo digo yo…”

NB : La Chromatic Typewriter ( una Underwood Standard de 1937 ; – )  es una obra del pintor americano, Tyree Callahan.

 

 

 

 

 

 

Sant Jordi 2017

Foto de Frank McKenna ( Unsplash)

El próximo domingo será el Día de Sant Jordi. Me he estado preparando a conciencia en estos últimos meses. Ha sido un entrenamiento muy duro. Casi he llegado al límite de mi resistencia física.

Antes, era el día de los libros y las rosas, pero…ya hace décadas que no existen los libros de papel. Ya no se exhiben los tomos en las calles, en tenderetes, como me explicaba mi abuelo. Ahora, se envían los libros por la red. Oyes un leve sonido en tu dispositivo y sabes que has recibido un libro…

Ese día, no paras de oír los bip, bip, bip. Libro, libro, libro… Es verdad que ha perdido parte de su romanticismo, pero, la buena noticia es que se sigue leyendo aún después del cambio de paradigma .Sigue habiendo libros, aunque ya no haya celulosa…Y escritores. Muchísimos…

Foto de Patrick Tomasso (Unsplash)

Lo que no hay, son rosas.

Hace muchos años que desparecieron las flores. Todo empezó con las abejas y su extinción y el resto, ya lo sabéis. Aquí estamos, en un planeta desértico y polvoriento…Esa es la mala noticia.

Aunque, todo ha cambiado en los últimos meses. Se abrió aquella grieta enorme, muy cerca de donde vivo. En las profundidades, se descubrió un asentamiento del siglo XXI. Una de esas casitas, con un pequeño jardín…Y entre los escombros, encontraron unas semillas de rosa en perfecto estado. Se mantuvo en secreto. El gobierno se llevó las semillas e intentó hacer germinar las rosas sin éxito, pero… allí, dónde estaban los restos arqueológicos, se dejaron una. Una semilla pequeña, oscura y seca. La planté, la regué con la escasa agua de mi racionamiento y, ahora, está a punto de florecer.

El domingo, equipado con mi uniforme de camuflaje, recorreré las calles sigilosa y velozmente, me deslizaré por la grieta e iré a buscar mi rosa.

Será la primera vez en mi vida que vea una…

Foto de Diego Hernández (Unsplash)

 

 

 

 

Día Mundial de Saltar Encima de Las Cosas.

Te lo voy a explicar ya que hoy es el Día Mundial de Saltar Encima de Las Cosas pero… no se lo digas a nadie. ¿Vale?

Cristina me dijo, en nuestra tercera cita, que tenía una afición que no desvelaba antes, para no ahuyentar a sus posibles conquistas. Resultó que su afición era visitar a un adivinador, una especie de gurú, que era su guía espiritual. Tampoco es que me entusiasmara la idea, pero, puestos a esperar cualquiera de esas cosas que acaban en “filia”, el adivinador-gurú me pareció un mal menor.

Recuerdo que no pensé lo mismo cuando me vi, sentado en aquella incómoda silla, delante de una mesa llena de ángeles, velas y plantas y con aquel tipo moreno, mirándome fijamente a los ojos.  Tras un intenso momento de silencio atronador y ni un pestañeo, el adivinador sonrió y le hizo un gesto afirmativo a Cristina. Ella, suspiró aliviada. Antes de irnos, quiso hacerme una sesión a solas. Ya no me hablaba, susurraba. “Mira, me caes bien. Te voy a dar el poder del “jump” Hace tiempo que tengo pendiente otorgarlo a un elegido y no lo encuentro. Te lo voy a dar a ti”

¿Jump? ¿Poder? Confieso que, en ese momento, estaba tan sorprendido que ni me di cuenta que el tipo entonaba un cántico y después, tiraba del dedo meñique de mi mano derecha. “Cuando quieras saltar, levantas el dedo meñique y harás un jump.”

Salí de allí muy confuso. Quise olvidar esa experiencia lo antes posible y así lo hice. La borré de mis recuerdos… Con Cristina, las cosas no funcionaron. Lo dejamos el día en que me negué a visitar al gurú de nuevo…Ese mismo día, por eso, hice un jump.

Iba caminando al trabajo porque era el Día de Ir Andando Al Trabajo. Cuando llegué a la calle por la que atajaba el camino, me encontré con un gran container lleno de escombros de demolición de un edificio. Seguir la ruta normal me hubiese supuesto llegar tarde a la oficina así que, sin pensarlo, me acaricié el dedo meñique de la mano derecha. Y, después, lo levanté. Se me antojó como una mini-peineta al obstáculo… Y, no sé cómo lo hice, pero, de repente, me encontré al otro lado del container. Había saltado por encima, sin enterarme…

Me temblaban las piernas. Me seguía acariciando el dedo meñique… ¿Había saltado por encima del container? Miré a mi alrededor buscando otro obstáculo que saltar mientras me aseguraba que no hubiese nadie observándome. ¿De verdad, había saltado esa enormidad de hierro llena de escombros? Entonces, vi aquel coche, aparcado de tal forma que me permitía intentarlo otra vez, sin despertar sospechas… Levanté el dedo meñique y ¡jump!, salté por encima…

Desde ese día, no paré de saltar. Siempre con cuidado de que no me descubrieran, salté por encima de montañas, lagos, edificios, puentes, … Una maravilla…

Foto de Joshua Earle (http://www.unsplash.com)

No volvía a ver al gurú. Lo busqué, pero nunca lo encontré. Se lo había tragado la tierra. Ni siquiera Cristina sabía dónde estaba y lo había sustituido por una anciana que le preparaba tisanas personalizadas. Nunca pude agradecerle que me hubiese otorgado ese poder tan especial y es que, con el tiempo, descubrí que había algo más…

Fue por casualidad, en una comida familiar. Mi madre, parloteaba. Mi cuñada, hacía los ecos. Que si no te casas, que si no me darás nietos, qué que me pasó con Cristina, que si había otra, que sí… Levanté el dedo meñique y… Seguía sentado en la mesa, comiendo con mi familia, pero estábamos hablando de política y de las pensiones. De mi situación personal, de los temas espinosos, nada de nada…

Lo puse en práctica con temas más peliagudos y con personas más complicadas: mi jefe, mi vecino, Cristina, mi hermano, compañeros de trabajo, amigos… A la que la conversación tomaba un tono desagradable, tedioso, molesto, poco interesante o, directamente acusador, levantaba el dedo meñique y me saltaba todo ese torrente de palabras tóxicas. Sin más.

“Saltarme” todas esas conversaciones, me convirtió en una persona más feliz. Sí, estoy seguro que pensaras que, también, en un ser muy egoísta… Todo lo que me molesta, me lo salto, pero… una vez empiezas, no puedes dejar de hacer jump.

Te hablo desde China. ¡Sí! Estoy a punto de saltar por encima de la Gran Muralla. Con el tiempo, he ido perfeccionando mi técnica y me he pedido una excedencia para poder ir a saltar por todo el planeta. ¿Qué dices? ¿Qué me lo estoy inventando todo? ¿Mentiroso, yo?

Pues mira, mira mi dedo meñique.

¡Jump!

Curiosidades  ( de Wikipedia):En China  se considera vulgar el levantar y enseñar el dedo meñique a otra persona de la misma manera que en la cultura occidental se juzga como vulgar o agresivo mostrar el dedo medio.

 En Japón, tener levantado el dedo meñique al hablar sobre dos personas significa que ellas están vinculadas sentimentalmente. Este gesto es considerado anticuado y vulgar, sin embargo en ciertas escenas anime se lo usa intencionalmente.

En Norteamérica, llevar un anillo en el dedo meñique posee un significado simbólico. El dedo meñique es el dedo de las relaciones, y por lo tanto llevar un anillo en él es indicación de que uno es abierto y cariñoso.

En India, levantar el dedo meñique es una señal de «katti» o amistad rota, un signo de que alguien está enojado, o una sugerencia en tono de broma de que la persona que le muestra el meñique a uno no desea hablar con usted.

Superpoder.

Tengo un Superpoder.

Devuelvo la vida.

Como todo Superpoder que se precie, tiene truco. Con cada vida que renace de mis lágrimas durmientes, la mía se acorta un poco. ¿Cuánto? No lo sé…

Sé que mi Superpoder se ha activado, cuando despierto y siento esa extraña sensación. Una mezcla de placer, felicidad, plenitud, armonía…Le caben muchos adjetivos y todos le caben bien así que, para resumir, la he definido como la SuperSensación.

Esta mañana la he percibido, rodeándome. Tan densa que casi la podía tocar. He sabido que, en mis sueños, he recorrido lugares y sentimientos y que he recuperado una vida.

También he oído ese extraño “clic” interior que sé que me descuenta… algo. ¿Un segundo, un minuto, una hora? ¿Un día? …

No quiero pensarlo.

Para distraerme, estoy cosiendo. Como tengo un Superpoder, ahora me estoy haciendo una capa de Superhéroe. Tengo que ir rápido y estoy bordando la “H”, de héroe, en un color azul celeste.

Es sólo una letra…Espero que me dé tiempo a acabarla.

Me está quedando preciosa…

 

Lo he encontrado.

 

Lo he encontrado. Aún no se lo he dicho a los demás, para que crean que me falta pero…ya lo tengo.

Eso, me ha dado una ventaja. Me ha permitido escuchar todo lo que decían, como si yo no estuviera presente. Hablaban de mí y de mi fortuna, de como repartir las cosas y las casas… Y yo, allí, mirando a un punto inexistente en el horizonte (eso es lo que llaman “mirada perdida” ) pero atento a todas las palabras. Todas y cada una de ellas…

La verdad es que lo encontré hace ya una semana  pero necesitaba tiempo para actuar y planificar mi huida. De momento, había intensificado artificialmente los temblores de mi mano derecha, para no firmar ninguno de los papeles que me presentaban como quien no quiere la cosa. El mayor peligro, ahora, era la visita del Notario que iba a certificar mi estado mental. Diferentes tipos de convulsiones simuladas, que había aprendido en el Servicio Militar, me sirvieron para retrasar el momento pero…ya no había tiempo.

El enfermero que me velaba por las noches, se dejaba su portátil encendido mientras salía al jardín a fumarse un cigarrillo. El día anterior, le había robado su teléfono móvil por unos instantes y había contratado un servicio especial. Mi tarjeta de crédito aún estaba activa y por lo que pude comprobar después, había sido utilizada con mucha…intensidad. Necesitaba tiempo para conectarme a la web de la compañía aérea que me llevaría lejos de allí no sin antes traspasar todos mis fondos a las cuentas que ya había abierto en el pasado y de las que “los míos”, desconocían su existencia.

Julio, el enfermero, era un apasionado del porno. Lo que más le gustaban eran las rubias de grandes pechos. O más bien, de pechos muy, muy grandes…Los vídeos que había visto en el ordenador, no dejaban lugar a dudas. Esa noche, la mujer de los sueños más calientes de Julio, se iba a presentar en el jardín, prácticamente desnuda y dispuesta a complacer, justo a la hora del pitillo…

Como había previsto, me ha dado tiempo de comprar el pasaje, hacer el Check On Line e imprimir las tarjetas de embarque. El traspaso del dinero no ha sido difícil. No han cambiado los códigos ni han bloqueado las cuentas. Todo está, ya, fuera de su alcance…

El momento es, sin duda, en el cambio de turno. Julio se va una hora antes de lo previsto (aunque le  diga a su compañero que son diez minutos) y en ese tiempo, recogeré cuatro cosas básicas y mi pasaporte y me largaré de aquí. No me fío de los que dicen que me quieren…Siempre lo he sabido y, ahora, tengo la oportunidad de empezar de nuevo…Desde luego, me faltaba ese tornillo…

Sigo siendo yo. He vuelto. Hice una crisis “de algo” que ni los médicos supieron diagnosticar pero, al final, lo que pasó es que se me cayó un tornillo. Menos mal que di con él…

Aquel día en el que Julio se fue al lavabo tras ver su sesión de porno en Internet, yo me caí de la cama. Me arrastré como pude y, en el suelo, encontré ese tornillo. Lo cogí y me lo quedé mirando, como un tonto, pero entonces, como si fuera un mensaje divino, algo me dijo que lo introdujera en el pequeño orificio que hay debajo de mi pelo, en la zona izquierda del cráneo. Lo hice y encajó a la perfección. Me metí en la cama y me hice el dormido…

Como ahora.

Julio ya está, de nuevo, en la habitación. Su sonrisa es amplia y se despereza, satisfecho. Me observa y después mira la hora. ¡Venga, Julio. Anímate!-pienso mientras me esfuerzo en no abrir los ojos. Falta más de una hora y media para que acabe su turno pero, me parece, que tras la visita especial, Julio va a avanzar el momento.

Recoge sus cosas, cierra el portátil y lo desconecta de la impresora. Me mira por última vez y cierra la puerta con sigilo.

Y yo…me voy.

 

Aire.

aire1

La tienda es muy aséptica. Todo es blanco y está lleno de estanterías dónde están todas esas botellas de cristal azul.  Tengo hora reservada. No hay esperas… A los pocos minutos de entrar por la puerta, estoy estirada en una cómoda camilla. Tengo una mascarilla colocada en la boca. Algo sujeta mi nariz… Oigo la voz del chico que me ha acompañado hasta allí: expire, inspire…

Una leve señal acústica, me indica que ya hemos acabado. Me piden que me espere unos minutos. El chico aparece con una tablet en las manos: le voy a comentar los resultados.

aire2

 Me enseña un gráfico: 75% Barcelona ciudad, 10% Litoral Garraf, 5% Alt Empordà, 5% Litoral Costa Brava, 3% Pirineo de Huesca, 2% Sin determinar.

Como sabe, en Barcelona hay una cifra de dióxido de nitrógeno, muy superior a la que recomienda la OMS por lo que tendrá que utilizar nuestros aires más puros para neutralizarlo.

Los aires más limpios de importación que podemos ofrecerle hoy son : Tallín , Whitehorse, Sidney y Honolulu. De producción nacional, tenemos Arrecife, Marbella y Badajoz.

Me decido por un 70% Arrecife y un 30% de Honolulu.

Nunca pensé que cambiar de aires, tuviera un efecto tan rápido.

Cuando salgo de la tienda, me siento llena de energía. Nueva por dentro…Limpia.

betsy-mccall

De Betsy MCall

NB : Las ciudades del mundo con el aire más limpio.

 

 

 

Rosa.

Tengo un pincel.

Ni recuerdo como llego a mi bote de cristal, en el que están todos los pinceles viejos….Este pincel es…peculiar.

Todo lo que pinta, lo hace de color de rosa… No importa que tono elijas: blanco, azul, incluso negro. El pincel sólo pinta de rosa… Al principio, claro, sólo lo utilizaba para pintar .¿Para qué más vas a utilizar un pincel, no?…Pero un día, apareció encima de mi cama. ¿Cómo? Eso ya no lo sé…

Lo cogí para dejarlo en su lugar y se me cayó al suelo, encima de mis zapatos. Entonces, mis zapatos se volvieron rosa. No quería creer que había pasado lo que habían visto mis ojos. No podía creerlo…pero sí, mis zapatos eran de ese color.

 

Miré el pincel y me acerqué al vestido de tul blanco que colgaba de una percha. Le di un toquecito con el pincel y…rosa.

Pensé que eran imaginaciones mías y quise…aclararme. Me dirigí al salón. Allí, en el sillón descansaba la colcha de ganchillo que me había hecho mi abuela. Era de un color crema,  desvaída por los años. ¿Y rosa? –pensé…

En la cocina, había dejado unos sorbetes de limón, para que se atemperasen un poco. ¿Pruebo?

Y tenía una rodajita de limón para decorarlos…Venga.

El pincel lo pintaba todo de rosa… Pinté  la cama, el iPad, la televisión, el microondas, mi pelo, mi piel… Y, entonces, se me ocurrió una idea maravillosa.

¿Por qué no pintar mi vida de rosa?

Y lo hice pero…nadie me creyó. Nadie. ..

Sí, soy esa mujer que va vestida de rosa y que lleva un pincel en la mano que no suelta jamás. Tengo ilusiones y expectativas. Soy optimista. Todo irá bien, ya lo verás…Siempre sonrío, me paro a deleitarme con los pequeños detalles de la vida y  es posible que, si me dejan, hasta les de una pincelada de rosa.

Ahora, estoy aquí…Cuatro paredes blancas y acolchadas pero…son blanditas y eso está bien….Y me han dejado quedarme con el pincel. He oído como susurraban que no se puede considerar una herramienta peligrosa. ¿Peligroso un pincel que lo pinta todo de rosa?…¡Vamos, hombre!

Y ahora que me miro esta habitación, mejor que le de un poco de color. Esto lo soluciono yo con cuatro pinceladas y, de paso, también pintaré esta camisa de rosa aunque…me va a costar un poco más, con las manos atadas a la espalda…

 

Final Optativo (rosa)

Nadie sabe como ha podido pasar. Se ha prohibido hablar del incidente pero todos saben que la habitación de aislamiento ha amanecido de color rosa. La camisa de fuerza,  del mismo color, estaba tirada en el suelo, en un rincón, al lado del dibujo de una puerta …también rosa. La mujer, la que llamaban «La del pincel» ,  había desaparecido.

Allí, no había nada más.

Ni nadie.

 

 

 

Ya avisaréis.

Ya avisaréis

Voy a huir del país. Me he puesto estas gafas rojas para viajar de incógnito y poder esconderme en algún lugar seguro hasta que ese psicópata vuelva a estar fuera de juego.

Sí, ya sé que soy un juguete, un peluche, un muñeco, pero eso no justifica que una vez al año, me aceche el tarado ese, vestido de rojo.

La amenaza es escalofriante: te secuestran y te llevan a Laponia, te meten en una caja y te envuelven con papel de regalo. La mafia la dirige un tipo gordo (según la OMS ya podríamos decir que es obeso), que se viste de rojo y no para de repetir Ho,Ho,Ho.

Terrorífico.

Mientras luchas contra la asfixia (intenta meterte en una caja y que te envuelvan y me entenderás) vas a un saco, con otras cajas y otros juguetes y sin ningún miramiento, te lanzan a la parte trasera de un trineo.

Eso es lo peor: el trineo vuela comandado por el gordinflón y sus renos que son conocidos por su conducción temeraria. Mareado como una sopa, te sacan del saco y te lanzan por el tiro de una chimenea. Más de un Elmo se ha descoyuntado tras el aterrizaje.

Yo ya no estoy para eso, así que me voy. El psicópata del Ho Ho Ho, cada año llega con más fuerza y es invencible. Antes sólo teníamos que esquivar a aquellos tres tipos que venían en camello desde el quinto pino, a paso de… camello…Un juego de niños.

Este tío de rojo es otra cosa. Puede volar y llega fresco en el inicio de las fiestas. Es peligroso.

Creo que estaré fuera de juego durante un tiempo. Os agradecería que me avisarais cuando veáis que ya no hay peligro.

elmo

Ah! Y muy importante: si nos cruzamos por ahí, haced como que no me conocéis.