Hay un periodo en nuestra vida que creemos en la magia.
Es maravilloso.
Coincide con la época en que nuestra mente es un libro en blanco en el que aún nadie ha escrito nada. Ni nuestra cultura, ni país, ni modelo parental, ni estatus económico. Nadie. Es ese momento en el que nada ( o muy poco) ha interferido en nuestra esencia y somos libres, integradores, positivos, solidarios, ilusos, alegres ,… No nos importa raza, sexo o religión. Podemos aprender varios idiomas a la vez. Podemos creer que una bola de papel es un balón de futbol o que un dibujo con tiza da cobijo a la casa en la que jugamos. Un charco de agua es una oportunidad de divertirse y no tememos a la enfermedad ni a la muerte.
Después, se irá escribiendo en el libro. Esas influencias nos modelarán y nos llevarán a ese otro periodo de la vida en el que ya no sabemos ver la magia.
Pero esta noche, es una de las pocas en las que , por lo menos, podemos recordar que la vimos.
La camelia se está haciendo esperar. El año pasado, por estas fechas, ya había florecido. Incluso asistí a la caída de la primera flor, pero sin escuchar el sonido armonioso que los poetas japoneses llaman “bo-to”. A ver si este año lo oigo…
Ahora, está más alta y han emergido los capullos, pero , de momento, no hay flores. Ni una.
Dicen que lo bueno se hace esperar.
Espero que podamos decir lo mismo del 2022: estamos esperando lo bueno desde hace dos años. Ya toca
Ya entramos ,de pleno, en las Fiestas Navideñas. Deseo que cada uno las celebre de la forma que mejor y más feliz le haga. Las modalidades de celebración son infinitas…
Este año, de nuevo , el virus modifica algunos de estos esquemas de celebración, pero, si es así, hay que afrontarlo desde la versión más optimista : esta va a ser la última Navidad “rara”.
El pasado 22 de noviembre publicaba las fotos de la luna llena. Si me releo el texto, ahora lo veo excesivamente optimista . Me temo que , la realidad , un mes después, es que la última luna llena del año viene con aumento de contagios , posibles restricciones en lo que pensábamos que iba a ser una navidad “más o menos “ normal y la necesidad de la dosis de refuerzo de la vacuna porque nuestros anticuerpos, pasados los meses, han ido bajando…
No estamos peor que el año pasado, pero sí estamos peor que el mes pasado. Así que : vacuna, mascarilla, higiene de manos y distancia social.
Llegará esa luna llena en la que ya todo será “más o menos” normal, pero, no va a ser esta.
En el presente, prudencia y responsabilidad y a ver qué pasa en la próxima…
Me entero de que la noche del 13 al 14 de Diciembre hay la lluvia de Las Gemínidas. Dicen los que saben que, en un entorno poco luminoso, se podían ver bastante bien porque la cosa iba de 120 meteoros/hora. El momento de máxima irradiación era a partir de las dos de la madrugada, pero antes ya se podían observar… A las 12 de la noche, aprovecho que la farola de mi calle se ha puesto en modo intermitente y , después, se ha fundido definitivamente para ubicarme en una zona oscura. Es una calle tranquila y apenas pasan coches así que me planto allí y alzo el rostro. La luna está preciosa e ilumina mi teórica oscuridad, pero veo estrellas. Alguna de las habituales.
Pasa un rato que , a mi cuello se le hace eterno y, nada de nada. Ya en casa, lo vuelvo a intentar. Ni una triste Gemínida y rigidez cervical…
Coloco un adorno en el picaporte de la puerta exterior. Es una estrella roja preciosa, de mimbre envejecido. Voy a buscar la cámara de fotos porque quiero que la veáis en el blog. Me llaman por teléfono y me demoro unos diez minutos en salir de nuevo.
No hay foto porque ya no tengo estrella en la puerta de casa.
Decorará otro sitio con estilo y, mira, hasta me alegro. Supongo que , a quién la cogió, le gustaría muchísimo. Es un regalo de mi puerta a ese humano.
Me gusta la que está en molinillos para poder molerla al momento. Hace ya un par de semanas que la acabé. En la cocina, siempre hay una libretita para apuntar lo que me falta para la lista de la compra. Lo apunté, pero en esa misma hoja, también anoté un teléfono y la arranqué de la libreta. Fui creando una nueva lista en la que no estaba la pimienta negra y, por lo tanto, no la compré.
En el momento de sazonar unas berenjenas recuerdo que no tengo pimienta negra. No es un drama, pero las berenjenas no son lo mismo, aunque les haya añadido una picadita de ajo y perejil.
Vuelvo a apuntarlo y vuelvo a perder la hojita mágica de mis “faltas” gastronómicas. Esta vez, para apuntar planta, despacho y nombre de la enfermera que le va a poner la tercera dosis de la vacuna a mi madre y como no es la habitual, lo apuntó allí, en la primera hoja. La de la pimienta negra.
La vuelvo a echar de menos para unas alcachofas al horno. En la libreta, toda la página está ocupada por la “PIMIENTA NEGRA” para el próximo día de compra, pero , unos días antes, estoy en un pequeño supermercado de forma improvisada y me acuerdo ( ¡bravo!). Cuando llego a la estantería , no hay. No hay. No hay. No me lo puedo creer. Sólo hay pimienta blanca…
Casi un mes después, haciendo caso omiso al universo por si me quería decir algo con estas señales, tengo dos molinillos en mi despensa y un frasco de pimienta molida , por si acaso.
Yo quiero pensar que es un menhir (del bretón “men”= piedra, “hir” = larga), colocado por nuestros ancestros hace miles de años. Su función podría ser marcar los territorios de las tribus o familias, o lugares para conmemoraciones o rituales a la luz de la luna.
Esta pedra dreta se ha quedado aislada ,dentro de un plan urbanístico del humano contemporáneo. Me dicen que esta piedra vertical, en el Alt Empordà, era como un GPS para los pastores: una herramienta de ubicación para trazar sus pasos trashumantes.
Ahora, es ornamental . Por ahí ya no pasan rebaños, ni pastores.
Ya forma parte del paisaje urbano, pero por lo menos , la han dejado. Estaré atenta y si estoy en la zona en una noche de luna llena, iré a cotillear.
No sea que sea un menhir mágico, aunque tenga su acera y una farola…
Data de 1500 a.C. Su cultivo es originario de Japón y China.
En cada zona del mundo tiene un significado. Dime de dónde eres y te tocará un crisantemo triste, poderoso, sabio o alegre.
En España, es una flor melancólica. La de la paz y el descanso eterno. Es la más demandada para decorar cementerios por Todos Los Santos. En cambio, en Japón es una de las flores nacionales, la flor del poder, en China es la flor de la sabiduría y en Estados Unidos la de la alegría.
Pero de lo mejor que he leído es lo del Feng Shui : los crisantemos atraen la risa al hogar.
Viendo a los líderes mundiales en Roma y después en Glasgow, yo solo creo en nuestra juventud. Es la fase la vida , más propicia para que la revolución sea posible.